miércoles, 16 de noviembre de 2011

Ciencias Sociales






REFLEXIÓN DESDE UNA PERSPECTIVA FILOSÓFICA

De la moral kantiana y Omar Chehade

Por: Diego Miró Quesada Mejía (*)
Miércoles 16 de Noviembre del 2011
Kant nos dice en “La crítica de la razón práctica” que una acción moralmente buena depende de su correspondencia con la ley moral universal. La ley moral universal, por otra parte, se basa en el deber, el cual nos indica cómo debemos actuar en la realidad.
Ello no significa que nosotros decidamos actuar según el deber, ya que a veces nos guiamos por máximas que van en contra de lo que este nos indica. Es claro, antes de avanzar, explicar el concepto de máxima.
Una máxima es un principio que guía nuestras acciones diarias, pero que no necesariamente está en correspondencia con la ley moral universal. Yo puedo decidir robar, porque así mejoraré mi situación financiera, pero ello no quiere decir que la ley moral universal me diga que yo debo robar.
Para actuar moralmente debemos, entonces, procurar que las máximas que nos llevan a actuar en la realidad estén en correspondencia con la ley moral universal.
Y es a través de lo que Kant llama el imperativo categórico que la ley moral universal nos dice cómo actuar, pues este nos indica que debemos actuar de una determinada manera, porque ella es simplemente la adecuada.
Pongamos el caso de Omar Chehade, por ejemplo. Él sabía que el tráfico de influencias que hizo para desalojar a los trabajadores que han tomado la azucarera Andahuasi era inadecuado, pero de todas formas lo realizó. En ese caso, Chehade no ha actuado según lo que el deber le indicaba, sino en función a una máxima propia, la cual le decía que con el desalojo podía beneficiar al grupo Wong. Chehade parece haber actuado, entonces, en contra de la ley moral universal, lo cual, en mi opinión, debe ser sancionado.
Se podría discutir si Kant tenía razón y si la moral se sostiene en una norma universal que nos indica cómo actuar y que no depende de la bondad del ser humano y de las acciones correspondientes a dicha bondad; sin embargo, lo que no se puede negar es que hay normas morales en la sociedad y es correcto y adecuado actuar de acuerdo a ellas, de otro modo, caemos en actitudes reprobables para los demás y que podrían llegar a afectarles negativamente.
Chehade estaba en la megacomisión que investigará a Alan García por corrupción, pero ha renunciado, lo cual me parece adecuado. Lo que no me parece correcto es que siga en su cargo después de haber realizado un tráfico de influencias. ¿Sería mejor que renunciase? Pienso que sí, pues no podemos tener un vicepresidente inmiscuido en este tipo de cosas. Además, según las últimas informaciones, no es su único tráfico de influencias, ya que habló a favor de la empresa brasileña Andrade Gutiérrez para que le den la concesión del tren eléctrico. ¿Hasta cuándo tendremos que aguantar este tipo de cosas? Solamente el tiempo lo dirá.
(*) Estudiante de Filosofía y poeta

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