Ribeyro por él mismo: 25 frases a propósito de sus 25 años de ausencia
Al cumplirse el 4 de diciembre un cuarto de siglo de la muerte del
excepcional cuentista, seleccionamos 25 de sus lúcidas reflexiones para
recordar su mirada tragicómica de la existencia.
Bohemia, depresión, hipocondría y una soledad casi metafísica. Conmemoramos 25 años del fallecimiento del escritor limeño.
“Vivimos
en un mundo ambiguo, las palabras no quieren decir nada, las ideas son
cheques sin provisión, los valores carecen de valor, las personas son
impenetrables, los hechos amasijos de contradicciones, la verdad una
quimera y la realidad un fenómeno tan difuso que es difícil distinguirla
del sueño, la fantasía o la alucinación”.
Texto 2 de sus “Prosas apátridas” (1975).
JULIO
DE 1998
ENTREVISTA AL ESCRITOR PERUANO JULIO RAMON RIBEYRO.
SESION DE
FOTOS HECHA PARA LA REVISTA SOMOS.
FOTO: MONICA NEWTON/ EL COMERCIO
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“¿Por
qué la palabra del mudo? Porque en la mayoría de mis cuentos se
expresan aquellos que en la vida están privados de la palabra, los
marginados, los olvidados, los condenados a una existencia sin sintonía y
sin voz. Yo les he restituido este hálito negado y les he permitido
modular sus anhelos, sus arrebatos y sus angustias”.
Carta enviada al editor Milla Batres para discutir el título de su libro publicado en 1974.
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“Nunca
he podido comprender el mundo y me iré de él llevándome una imagen
confusa. Otros pudieron o creyeron armar el rompecabezas de la realidad y
lograron distinguir la figura escondida, pero yo viví entreverado con
las piezas diversas, sin saber dónde colocarlas”.
Texto 199 de sus “Prosas apátridas” edición aumentada. (1982).
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“Costumbre de tirar mis colillas por el balcón, en plena Place
Falguiere, cuando estoy apoyado en la baranda y no hay nadie en la
vereda. Por eso me irrita ver a alguien parado allí cuando voy a cumplir
este gesto. ‘¿Qué diablos hace ese tipo metido en mi cenicero?’”
Texto 161 de sus “Prosas apátridas” edición aumentada. (1982).
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“En
realidad –tengo casi la evidencia- si alguna vez escribo un libro
importante, será un libro de recuerdos, de evocaciones. Este libro lo
compondré no sólo con los fragmentos de mi vida, sino con los fragmentos
de mis estilos y de todas mis imposibilidades literarias. Un libro de
memorias –en un grado mucho mayor que la novela- es un verdadero cajón
de sastre. En él caben as anécdotas, las reflexiones abstractas, el
comentario de los hechos, el análisis de los caracteres, etcétera. Es un
libro, además, sin problemas de composición”.
De
“La tentación del fracaso” (1992), línea de su diario personal fechada
en 1957. Ribeyro apunta con asombrosa anticipación que sus diarios
serían una obra literaria en sí misma.
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“Yo
he notado qua ahora hay un lector limeño fervoroso, por escritores como
nosotros que venimos del extranjero esporádicamente. Hay un tipo de
lector anónimo, del cual no conocemos el rostro. Los lectores de hace
diez o quince años eran profesores universitarios, amigos. Ahora yo
encuentro en la calle gentes que me reconocen y me piden un autógrafo.
Pero yo dudo: ¿Son lectores o son presonas impresionadas por el mito,
por la figura del escritor en la televisión?”
“Las
letras nuestras de cada día”, entrevista a Julio Ramón Ribeyro y
Alfredo Bryce Echenique a cargo de Augusto Ortiz de Zevallos, Abelardo
Sánchez León y José Luis Sardón. Revista “Debate” (1986).
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“(El
festín) fue en homenaje a Vargas llosa, que vino a París para la
presentación de su novela “La guerra del fin del mundo”, publicada por
Gallimard. Como siempre que pasa por aquí, aproveché para agasajarlo y
reunirnos en casa con algunos amigos. Por coincidencia Alfredo Bryce,
que reside actualmente en Montpellier, llegó anoche de su provincia, de
modo que vino a casa y, luego de varios años atrás, volvimos a estar
juntos los tres ‘escritores’, lo que rara vez sucede. Claro que ni
pudimos hablar entre nosotros. En esas reuniones siempre sucede que cada
cual es acaparado por uno o varios interlocutores y no sabes cómo
deshacerte de ellos. Solo un momento fuimos a mi escritorio para que el
hijo de Luis Jaime Cisneros nos tomara unas fotos. Estas fotos
seguramente quedarán y desde ahora me pregunto qué dirán de nosotros y
qué quedará de nosotros cuando veinte o cincuenta años más tarde alguien
vea estas fotos, publicadas en alguna revista o periódico de entonces.
Se dirá seguramente: ese guapo es Vargas llosa, ese con bigote y
anteojos es Bryce y el flaco de allí Ribeyro. Pero ¿qué más se dirá?
¿Quién puede saberlo?”
Del libro “Cartas a Juan Antonio. Correspondencia”. París, 18 de junio de 1983.
Julio Ramón Ribeyro en retrato limeño a mediados de los años setenta.
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“Lo
que le falta, a mi juicio, a esta obra ejemplar es lo secreto, lo no
dicho, lo callado, lo que debe adivinarse o leerse entre líneas, esa
dimensión invisible pero operante de las obras que más admiro”.
De “Algunas digresiones en torno a “El otoño del patriarca”, ensayo sobre la novela Gabriel García Márquez (1975).
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“El
novelista se encuentra así, pues, en nuestra época, en una situación
inconfortable. Las ciencias sociales acaparan y reivindican la
transmisión del saber y de lo novedoso, lo que antes pertenecía a la
novela. La historia banalizada expropia el pasado y el periodismo de
actualidad, el presente. ¿Qué le queda pues al novelista? Felizmente le
queda algo: le queda el lenguaje, le queda la fantasía, le queda la
libertad de composición, le queda el carácter no inmediatamente
utilitario de su quehacer, le queda tal vez la insatisfacción”.
Del ensayo “Problemas del novelista actual” (1969), reunido en su libro “La caza sutil”.
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“Tres
son los defectos capitales del escritor limeño aspirante a novelista:
su escaso sentido de la dramaticidad, su excesivo espíritu crítico y su
poca capacidad de trabajo”.
De su ensayo “Lima, ciudad sin novela” (1953).
Para
Ribeyro, la tarea del escritor era comprender la realidad arbitraria y
oscura. La antigua metáfora del mundo como una escritura que no sabemos
leer.
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“La
discusión continúa siendo uno de los ejercicios mentales más inútiles
de cuatos existen. Citar en su apoyo el viejo proverbio “de la discusión
sale la luz” es contentarse con una idea recibida y revela su
desconocimiento vergonzoso de la naturaleza humana”
De su ensayo “Las discusiones” (1957).
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“La
importancia de un maestro se mide no solo por la cantidad de discípulos
que lo imitan, sino por la calidad de quienes se apartan de él luego de
haberlo frecuentado”
Ensayo “Maupassant y el cuento”, publicado en 1993.
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“Al
escribir tengo a menudo la impresión de estar realizando una actividad
clandestina o estar practicando un juego, lo que es un acto serísimo,
como todos los juegos. Por ello, igualmente, leyendo y admirando a los
escritores profesionales, no reconozco en ellos a mis pares, no solicito
su atención ni su reconocimiento, no me intereso mayormente por las
reputaciones, no acepto las declaraciones magníficas y curales, y no
excluyo, en mi caso, la hipótesis de un fracaso en toda la línea”.
Del epílogo a “Pasos a desnivel”, libro del crítico literario Wolfgang A. Luchting (1968).
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“Lo
que admiramos en Arguedas, principalmente, es el amor con que escribe,
con que describe. Cada objeto de la naturaleza, sea una piedra, un río,
una planta, es para él un motivo de deslumbramiento. Estos objetos que
para nosotros, hombres de la ciudad, mecanizados y sometidos a un
paisaje de manufactura, no son más que desorden o zar tienen para
Arguedas infinidad de matices, de secretos, de significaciones y de
nombres”.
“Sobre Los ríos profundos”. ensayo publicado en 1959 y recogido en “La casa sutil”.
Ribeyro enciende un cigarrillo al lado de la Catedral de Notre Dame, en París.
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“La cultura no es un almacén de autores leídos, sino una forma de razonar. Un hombre culto que cita mucho es un incivilizado”.
Texto 25 de “Prosas Apátridas” (1975).
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“No he sido insultado, ni perseguido, ni agredido, ni encarcelado, ni
desterrado -dice Luder-. Debo, en consecuencia, ser un miserable”.
De “Dichos de Luder” (1989).
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“¿Por
qué estaré hoy tan decepcionado? Sin dinero, sin éxitos, sin amores,
mis días van cayendo como las hojas secas de un árbol. Rodeado de
oscuridad, de cenizas. Hoy me siento incapaz de todo. Una pereza moral
irresistible. Sólo ansío viajar. Cambiar de panorama. Irme donde nadie
me conozca. Aquí ya soy definitivamente como han querido que sea.
Conforme me aleje irán cayendo mis vestiduras, mis etiquetas y quedaré
limpio, desnudo, para empezar a ser distinto, como yo quisiera ser.
Pero, ¿a dónde ir? Si llevo dentro de mi el germen de todo mi destino,
¿para qué hacer rodar por todos los paisajes, como un circo ambulante,
el espectáculo de mi vida equivocada?”
De “La tentación del fracaso” (1992). Línea de su diario personal fechada en Lima, 3 de junio de 1950.
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“No
tiene objeto mirar por la ventana cuando no se espera a nadie. Las
cinco calles que se cruzan frente a mi hotel son como los cinco rostros
de la indiferencia. Preferible es cerrar las cortinas y encender la luz.
El domingo es largo. Sólo mi soledad me pertenece”.
De “La tentación del fracaso” (1992). Línea de su diario personal fechada en París, 14 de octubre de 1956.
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“Le hacen notar a Luder que nunca ha manifestado celo ni envidia por el triunfo de sus colegas.
-Es verdad. Eso les puede dar una idea de la magnitud de mi soberbia”.
De “Dichos de Luder” (1989) .
Retrato de Ribeyro en su departamento en Barranco en 1994. FOTO: SERGIO URDAY.
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“A
mí los tullidos, los tarados, los pordioseros y los parias. Ellos
vienen naturalmente a mí sin que tenga necesidad de convocarlos. Me
basta subir a un vagón de metro para que, en cada estación, de uno en
uno, suban a su vez y vayan cercándome hasta convertirme en algo así
como el monarca siniestro de una Corte de los Milagros. La juventud, la
belleza, en el andén del frente, en el vagón vecino, en el tren que se
fue”.
Texto 60 de “Prosas apátridas” (1975).
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-¡No,
por favor! -protesta Luder cuando vienen a buscarlo una vez más para
que firme un manifiesto humanitarista o participe en un mitin a favor
del pueblo oprimido-. Amar a la humanidad es fácil, lo difícil es amar
al prójimo”.
De “Dichos de Luder” (1989).
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“El
amor, para existir, no requiere necesariamente del consentimiento, ni
siquiera del conocimiento del ser amado. Podemos querer a una persona
que nos desprecia o incluso que nos ignora. La amistad, en cambio, exige
la reciprocidad, no se puede ser amigo de quien no es nuestro amigo.
Amistad, sentimiento solidario, amor solitario. Superioridad de la
amistad”.
Prosa 145 de “Prosas apátridas”, edición aumentada. (1982).
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- ¿No te preocupa escribir desde hace treinta años para haber alcanzado tan minúscula celebridad? -le preguntan a Luder.
- Por supuesto. Me gustaría escribir treinta años más para llegar a ser completamente desconocido.
De “Dichos de Luder” (1989)
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“En
Lima estamos perseguidos por el fantasma del alcohol, ¿has llevado la
cuenta de la cantidad de poetas, de pintores que tanto prometían que
fueron tragados por el pantano? Cuando veo un borracho me digo: a lo
mejor era un Joyce, un Picasso”.
(De la novela “Los geniecillos dominicales”, 1965)
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“Una
novela es para mí, en las actuales circunstancias, una tarea superior a
mis fuerzas. Tiene razón Roland Barthes cuando sostiene que una novela
es ‘una forma de muerte’ porque ‘convierte la vida en destino”.
De “La tentación del fracaso” (1992). Línea de su diario personal fechada en París, 11 de septiembre de 1955.