«La buena información que está oculta es inútil; la mala información que está fácilmente disponible es nefasta»
Mostrando entradas con la etiqueta Europa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Europa. Mostrar todas las entradas
martes, 13 de agosto de 2024
La biblioteca encadenada más grande del mundo
La biblioteca encadenada más grande del mundo se encuentra en la Catedral de Hereford en el Reino Unido, donde todos los libros aún se mantienen bajo llave con sus cadenas originales.
Ha sido reconstruida en su disposición original como lo había sido desde 1611 hasta 1841.
martes, 9 de abril de 2024
miércoles, 25 de octubre de 2023
martes, 3 de octubre de 2023
miércoles, 21 de julio de 2021
miércoles, 4 de diciembre de 2019
viernes, 23 de agosto de 2019
miércoles, 21 de agosto de 2019
lunes, 8 de julio de 2019
lunes, 8 de abril de 2019
jueves, 5 de julio de 2018
martes, 6 de marzo de 2018
viernes, 2 de marzo de 2018
Ciencia, tecnología y ambiente
Árbol genealógico gigante desvela nuevos secretos de la humanidad
Estudio publicado en la revista Science conectó a 13 millones de personas de 11 generaciones de los últimos 500 años

(Foto: Olichel en pixabay.com/ Bajo licencia Creative Commons)
Un grupo internacional de investigadores elaboró un árbol genealógico que conecta a 13 millones de personas que abarca hasta 11 generaciones, según un estudio publicado en la revista especializada Science.
Los autores del
informe descargaron 86 millones de perfiles públicos de uno de los
sitios web de genealogía colaborativa más grandes del mundo y utilizaron
teoría matemática de gráficos para organizar los datos.
Lo que surgió
fue un árbol de 13 millones de personas que abarca 11 generaciones de
los últimos 500 años, un hito "emocionante para la ciencia ciudadana",
según Melinda Mills, demógrafa de la Universidad de Oxford.
El enorme
conjunto de datos, elaborado en un 85 % a partir de perfiles originarios
de EE.UU. y Europa, detalla cuándo y dónde nació y murió cada persona
que aparece en el árbol.
Teóricamente, los investigadores tendrían que retroceder otras 65 generaciones para converger en un ancestro común y completar el árbol genealógico.
Para los investigadores, estos datos representan un éxito al trasladar las búsquedas de historia familiar entre obituarios de periódicos y archivos de la iglesia a la era digital, haciendo posible también estudios poblacionales.
Publicado en la revista Science, el nuevo conjunto de datos ofrece nuevas perspectivas sobre los últimos 500 años de matrimonio y migración en Europa y América del Norte, y el papel de los genes en la longevidad.
"A través del arduo trabajo de muchos genealogistas con curiosidad sobre su historia familiar, colaboramos en un enorme árbol genealógico único", apuntó el autor principal del estudio, Yaniv Erlich, científico informático de la Universidad de Columbia.
--- Importantes hallazgos ---Teóricamente, los investigadores tendrían que retroceder otras 65 generaciones para converger en un ancestro común y completar el árbol genealógico.
Para los investigadores, estos datos representan un éxito al trasladar las búsquedas de historia familiar entre obituarios de periódicos y archivos de la iglesia a la era digital, haciendo posible también estudios poblacionales.
Publicado en la revista Science, el nuevo conjunto de datos ofrece nuevas perspectivas sobre los últimos 500 años de matrimonio y migración en Europa y América del Norte, y el papel de los genes en la longevidad.
"A través del arduo trabajo de muchos genealogistas con curiosidad sobre su historia familiar, colaboramos en un enorme árbol genealógico único", apuntó el autor principal del estudio, Yaniv Erlich, científico informático de la Universidad de Columbia.
Entre otros hallazgos, el estudio determinó que antes de 1750, la mayoría de los estadounidenses encontraron un cónyuge dentro de un rango de 10 kilómetros del lugar donde nacieron, pero para los nacidos en 1950, esa distancia se había extendido a cerca de 100 kilómetros.
"Se hizo más difícil encontrar el amor de tu vida", bromeó Erlich.
Además, antes del año 1850 era un hecho común casarse con algún familiar lejano -primos cuartos-.
Según la hipótesis de los autores, cambiar las normas sociales, en lugar de aumentar la movilidad puede haber llevado a las personas a rechazar a parientes cercanos como parejas matrimoniales.
En una observación relacionada, descubrieron que las mujeres en Europa y EE.UU. han emigrado más que los hombres en los últimos 300 años, pero cuando los hombres emigraron, viajaron significativamente más lejos en promedio.
Fuente: EFE
lunes, 9 de octubre de 2017
lunes, 21 de noviembre de 2016
jueves, 8 de septiembre de 2016
martes, 19 de abril de 2016
Pastoral, Religión
Ecumenismo desde las periferias, por Ernesto Cavassa S. J.
La declaración del sábado ha expresado el clamor de las iglesias cristianas ante una Europa ciega y sorda.
- Ernesto Cavassa, S.J.
- Rector de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya
¿Qué tienen en común Cuba y Lesbos? Fácil. Ambas son islas, la
primera ubicada en el Caribe, la segunda en el Egeo, en el Mediterráneo.
¿Qué relevancia tienen para la historia de la Iglesia? La respuesta
requerirá entonces de un mayor conocimiento de los recorridos recientes
del papa Francisco y sus relaciones con la Iglesia ortodoxa.
En efecto, en poco más de dos meses, Francisco se ha reunido con los más importantes jerarcas de esta confesión cristiana. El 12 de febrero hizo escala en La Habana, en su viaje a México, para sostener una reunión con Kirill, patriarca de Moscú y de todas las Rusias, que se encontraba de visita apostólica en esa ciudad.
El pasado sábado 16 de abril, Francisco visitó la isla de Lesbos, invitado por el arzobispo de Atenas y de toda Grecia, Jerónimo, y por el arzobispo de Constantinopla y patriarca ecuménico, Bartolomé I. Concentrados en nuestro avatar político, estas situaciones no han merecido entre nosotros la atención que merecen.
Estos acontecimientos están produciendo profundos cambios en las relaciones entre Oriente y Occidente al mismo tiempo que marcan una ruta irreversible al movimiento ecuménico. Nada más exacto que calificarlos de “históricos” en el sentido más pleno de la expresión.
Desde su elección como patriarca en 1991, Bartolomé I suscribió con Juan Pablo II un documento para el fortalecimiento del diálogo entre ambas iglesias. En el 2006 se reunió en Turquía con Benedicto XVI, firmaron una declaración conjunta y participaron de una liturgia común en la catedral ortodoxa de San Jorge, en Estambul. El paso mayor lo dio asistiendo a la inauguración del pontificado del papa Francisco, un hecho que no ocurría desde el siglo XI, cuando se produjo el cisma entre ambas confesiones.
Mientras que estos encuentros iban allanando el camino entre Roma y Constantinopla (Estambul), no sucedía lo mismo con el patriarca de Moscú. En este caso, razones políticas hacían más difícil el encuentro. Por ello, la escala técnica de Francisco en La Habana revistió especial importancia. Es el primer encuentro entre las máximas autoridades de las iglesias de Roma y Moscú en mil años de historia.
Un encuentro –hay que subrayarlo– que se produjo fuera de Europa y de los grandes centros religiosos de ambas confesiones. Es decir, en la periferia, el lugar preferido por Francisco para empujar la historia.
Más importante aun: lo que impulsa a este nuevo ecumenismo es la preocupación por los sufrientes. Del encuentro de La Habana surgió una declaración conjunta que centró su atención en el genocidio que padecen los cristianos en Medio Oriente así como en la crítica situación de Siria e Iraq. Comentó luego con acierto el obispo de Aleppo: “El encuentro entre el Papa y Kirill es también fruto de nuestro sufrimiento”.
La declaración conjunta de Francisco, Bartolomé y Jerónimo en Lesbos, firmada en el campo de refugiados (o, más exactamente, de detención) de Moria, ha sido aun más nítida en manifestar su preocupación por la situación de “los refugiados, emigrantes y demandantes de asilo, que han llegado a Europa huyendo de situaciones de conflicto y, en muchos casos, de amenazas diarias a su supervivencia”.
Esta declaración se produce solo un mes después del acuerdo entre la Unión Europea y Turquía destinado a bloquear el acceso a los refugiados que utilizan precisamente las islas griegas para pasar a Europa, un acuerdo duramente cuestionado por la Agencia de la ONU para los Refugiados y por Médicos sin Fronteras.
La declaración del sábado pasado ha expresado el clamor de las iglesias cristianas –ortodoxa y católica– ante una Europa ciega y sorda, preocupada en resguardar su seguridad sin importarle la situación de estas personas. Por ello, el Papa ha subrayado en Lesbos: “Los emigrantes, antes que números, son personas, rostros, nombres, historias”.
Las iglesias han dirigido el foco de atención al rostro adolorido de quienes Europa quisiera invisibilizar, llamando a la comunidad internacional a ofrecer “una respuesta de solidaridad, compasión, generosidad y un inmediato compromiso efectivo de recursos”.
Al mismo tiempo que denuncian el fundamentalismo asesino, las iglesias cristianas están practicando un ecumenismo valiente y profético, desde las periferias y sus sufrientes. Como lo señaló la “Carta Ecuménica” del 2001, ecumenismo y justicia van de la mano: “la reconciliación (entre los cristianos) significa promover la justicia social en todos los pueblos y entre ellos [...]. Juntos queremos contribuir a que los emigrantes, los refugiados y los demandantes de asilo se vean acogidos con dignidad en Europa”.
No perdamos, pues, de vista el escenario internacional. Nos llena de esperanza saber que en él se van dando pasos que están marcando la historia.
En efecto, en poco más de dos meses, Francisco se ha reunido con los más importantes jerarcas de esta confesión cristiana. El 12 de febrero hizo escala en La Habana, en su viaje a México, para sostener una reunión con Kirill, patriarca de Moscú y de todas las Rusias, que se encontraba de visita apostólica en esa ciudad.
El pasado sábado 16 de abril, Francisco visitó la isla de Lesbos, invitado por el arzobispo de Atenas y de toda Grecia, Jerónimo, y por el arzobispo de Constantinopla y patriarca ecuménico, Bartolomé I. Concentrados en nuestro avatar político, estas situaciones no han merecido entre nosotros la atención que merecen.
Estos acontecimientos están produciendo profundos cambios en las relaciones entre Oriente y Occidente al mismo tiempo que marcan una ruta irreversible al movimiento ecuménico. Nada más exacto que calificarlos de “históricos” en el sentido más pleno de la expresión.
Desde su elección como patriarca en 1991, Bartolomé I suscribió con Juan Pablo II un documento para el fortalecimiento del diálogo entre ambas iglesias. En el 2006 se reunió en Turquía con Benedicto XVI, firmaron una declaración conjunta y participaron de una liturgia común en la catedral ortodoxa de San Jorge, en Estambul. El paso mayor lo dio asistiendo a la inauguración del pontificado del papa Francisco, un hecho que no ocurría desde el siglo XI, cuando se produjo el cisma entre ambas confesiones.
Mientras que estos encuentros iban allanando el camino entre Roma y Constantinopla (Estambul), no sucedía lo mismo con el patriarca de Moscú. En este caso, razones políticas hacían más difícil el encuentro. Por ello, la escala técnica de Francisco en La Habana revistió especial importancia. Es el primer encuentro entre las máximas autoridades de las iglesias de Roma y Moscú en mil años de historia.
Un encuentro –hay que subrayarlo– que se produjo fuera de Europa y de los grandes centros religiosos de ambas confesiones. Es decir, en la periferia, el lugar preferido por Francisco para empujar la historia.
Más importante aun: lo que impulsa a este nuevo ecumenismo es la preocupación por los sufrientes. Del encuentro de La Habana surgió una declaración conjunta que centró su atención en el genocidio que padecen los cristianos en Medio Oriente así como en la crítica situación de Siria e Iraq. Comentó luego con acierto el obispo de Aleppo: “El encuentro entre el Papa y Kirill es también fruto de nuestro sufrimiento”.
La declaración conjunta de Francisco, Bartolomé y Jerónimo en Lesbos, firmada en el campo de refugiados (o, más exactamente, de detención) de Moria, ha sido aun más nítida en manifestar su preocupación por la situación de “los refugiados, emigrantes y demandantes de asilo, que han llegado a Europa huyendo de situaciones de conflicto y, en muchos casos, de amenazas diarias a su supervivencia”.
Esta declaración se produce solo un mes después del acuerdo entre la Unión Europea y Turquía destinado a bloquear el acceso a los refugiados que utilizan precisamente las islas griegas para pasar a Europa, un acuerdo duramente cuestionado por la Agencia de la ONU para los Refugiados y por Médicos sin Fronteras.
La declaración del sábado pasado ha expresado el clamor de las iglesias cristianas –ortodoxa y católica– ante una Europa ciega y sorda, preocupada en resguardar su seguridad sin importarle la situación de estas personas. Por ello, el Papa ha subrayado en Lesbos: “Los emigrantes, antes que números, son personas, rostros, nombres, historias”.
Las iglesias han dirigido el foco de atención al rostro adolorido de quienes Europa quisiera invisibilizar, llamando a la comunidad internacional a ofrecer “una respuesta de solidaridad, compasión, generosidad y un inmediato compromiso efectivo de recursos”.
Al mismo tiempo que denuncian el fundamentalismo asesino, las iglesias cristianas están practicando un ecumenismo valiente y profético, desde las periferias y sus sufrientes. Como lo señaló la “Carta Ecuménica” del 2001, ecumenismo y justicia van de la mano: “la reconciliación (entre los cristianos) significa promover la justicia social en todos los pueblos y entre ellos [...]. Juntos queremos contribuir a que los emigrantes, los refugiados y los demandantes de asilo se vean acogidos con dignidad en Europa”.
No perdamos, pues, de vista el escenario internacional. Nos llena de esperanza saber que en él se van dando pasos que están marcando la historia.
jueves, 17 de marzo de 2016
lunes, 23 de noviembre de 2015
jueves, 19 de noviembre de 2015
Historia, geografía y economía
Estado Islámico: ¿Estamos ante una tercera guerra mundial?
En una visita a Kosovo, el rey de Jordania llamó a la comunidad internacional a enfrentar unida al grupo terrorista
No hay una definición exacta de guerra mundial. Pero si nos referimos a los dos terribles eventos que se perpetraron durante la primera mitad del siglo XX y los comparamos con el escenario actual, las diferencias con esta "Tercera Guerra Mundial" que, según el rey de Jordania, habría declarado el Estado Islámico, saltarán de inmediato.
Durante la primera y la segunda guerras mundiales, los principales enfrentados fueron coaliciones de países, específicamente de potencias mundiales. “Hoy, estamos frente a un conflicto internacional que implica a muchos países, pero es exagerado llamarlo guerra mundial”, apunta el analista internacional Oscar Vidarte al ser consultado por El Comercio sobre si la guerra contra el Estado Islámico puede ser llamada una Tercera Guerra Mundial.
El conflicto actual suma cada día nuevos actores, todos de un mismo bando contra un solo enemigo. La coalición de países contra el Estado Islámico crece a diario, pero no podemos dejarnos sorprender por el nombre del grupo. Ya que no se trata de un Estado-nación, siendo precisos con los términos, el Estado Islámico es "un grupo combatiente irregular, a la luz del Derecho Internacional Humanitario", según dice el especialista Francisco Belaunde.
“Una guerra mundial implica que sean grandes países los enfrentados, esto es una guerra contra un grupo, no contra un país. Es una guerra global contra el terrorismo”, agrega sobre el Estado Islámico.
Sin embargo, a pesar de que nos alejamos del término que tanto nos asusta, los objetivos del Estado Islámico no dejan de ser nocivos para la humanidad. “El objetivo del Estado Islámico es un intento por cambiar el orden político internacional, una reconfiguración del orden mundial. Desde el momento en que quiere fundar o crear un califato desde la península ibérica hasta la India, al mismo estilo medieval”, precisa Vidarte.
La peligrosidad de este objetivo radica en que el Estado Islámico busca reconquistar territorios del antiguo Imperio Otomano, así como imponer su versión del Islam. La cual no es compartida por muchos musulmanes chiítas e incluso sunitas. "Es una guerra por imponer el Islam, su versión del Islam, en el mundo. Y claro que se podría hablar de un ataque contra la humanidad, ya que están dispuestos a matar a todo aquel que se le opone", señala Belaunde.
La actual coalición liderada por Estados Unidos está en conversaciones con Rusia. Sin embargo, la unión entre estos países es inestable: los conflictos están a flor de piel entre rusos y norteamericanos en relación a Ucrania o a las relaciones con el gobierno sirio de Bashar al-Assad.
La fórmula que podría sacarnos de este problema, para Vidarte, no está en apuntar hacia la guerra, sino a tomar decisiones políticas. “Yo creo que en lo político está la herramienta de éxito en la lucha contra la transnacionalización del terrorismo”, dijo el especialista. “No se va a resolver nada si es que sigue habiendo un conflicto civil en Siria. Tampoco en Iraq, si las diferencias entre chiítas, sunitas y kurdos siguen marcando la pauta. No se va a resolver nada si es que Libia sigue fracturada en dos gobiernos. Es necesario pragmatismo ante esta realidad”, agregó.
Por pronto, si bien la lucha contra el Estado Islámico no debe ser nombrada como una guerra mundial, el llamado del rey Abdalá II de Jordania a lograr “un enfoque global” ante los yihadistas debería ser escuchado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






