miércoles, 23 de septiembre de 2009

Ciencias Sociales, Educación por el arte

El Comercio 23 de setiembre del 2009
MISTURA 2009

Fusión sin confusión
Por: Virgilio Levaggi Analista

La cocina peruana es un producto cultural que hunde sus raíces en Caral y ha demostrado capacidad para proyectarse, renovándose y renovando al país, hacia un futuro mejor. Es, por tanto, más que la suma de sus autores más reconocidos e, incluso, más que la de sus productos.

Nuestra cocina también es patrimonio común y, desde esa perspectiva, supone responsabilidades. Entre estas evitar que se convierta en una moda pasajera o se desvirtúe al masificarse, como le sucedió a la comida “tex-mex”.

Los hábitos pueden convertirse en modas, por definición pasajeras; pero solo el arte puede trascender las coyunturas.

En Wikipedia se denomina arte a la actividad o producto en los que el ser humano expresa ideas, emociones o, en general, una visión del mundo, a través de diversos recursos; como los plásticos, lingüísticos, sonoros o mixtos. La cocina peruana expresa nuestras ideas o emociones y nuestra particular visión del mundo a través de insumos animales, vegetales y minerales —tratados con técnicas de cocción específicas— orientadas al consumo humano. La cocina peruana, gracias a sus misturas, es un arte que puede expresar una identidad específica: la de quienes hemos nacido en la patria de la papa y del pisco.

La capacidad de expresar la identidad nacional, de forma clara y distinta, es una contribución en la era de la globalización. Esta tiende a la homogeneización de usos y costumbres a través de modas que se generalizan gracias a los medios de comunicación. La capacidad de mantener la propia identidad cuando se tiende a difuminar lo distintivo es un valor.

El “design” italiano, el “style” francés o el fútbol brasileño distinguen a sus respectivos países en el mundo globalizado. Ellos hacen de Italia, Francia o Brasil marcas deseables. La gastronomía comienza a distinguir lo peruano en el mundo y a hacerlo apetecible. En el pasado ciertas cosas valían “un Perú” y, dependerá de nosotros, que el futuro volvamos a ser paradigma de calidad.

Quienes visitamos la Expo Mundial de Sevilla, en 1992, nos sentimos orgullosos del restaurante peruano que allí se instaló. Esa experiencia es un hito en la historia de la internacionalización de nuestra cocina; tanto como el restaurante de María Rosa Ríos de Barrenechea, cuando los turistas venían a conocer Machu Picchu y a comer en él. Turismo y gastronomía es un binomio triunfador en nuestra patria.

Mistura 2009 espero permita, dado el escenario elegido, la conexión de la cocina peruana con su realidad constituyente: todas las sangres, esa fusión sin confusión que debe caracterizarnos y hacernos reconocibles en el mundo. Es importante que Mistura 2009 recoja la riqueza de las cocinas regionales que componen la fusión que nos identifica con olores propios, sabores únicos y mezclas con carácter.

Una contribución de la cocina peruana a la civilización actual, en la que la primacía de lo audiovisual puede separar (nada más moderno que alguien con un iPod rodeado de gente, sin comunicarse con ella, y quizás con otros reproductores de música), es que la buena mesa une, reclama convivialidad y ha permitido recuperar un viejo arte: el de la conversación, en ella mujeres y hombres, adultos y niños nos podemos implicar y enriquecer.

Quizás nuestra mejor contribución a la globalización sea que las personas recuperemos en Tokio o Madrid, convocados por platos peruanos, la capacidad de comunicarnos más y mejor. Espero que eso mismo ocurra en el Parque de la Exposición y se proyecte a nuestras casas para que construyamos un Perú mejor.

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