martes, 2 de agosto de 2011

Ciencias Sociales






PUNTO DE VISTA

¿Nueva geopolítica?

Por: Juan Velit Granda Internacionalista
Martes 2 de Agosto del 2011
Cualquier lego en política internacional entiende que en el planeta se ha configurado, en los últimos tiempos, una nueva cartografía geopolítica. Esta disciplina, cuestionada por muchos años al considerarse como parte de una doctrina de la dominación, vuelve como un faro que ilumina la navegación de las relaciones internacionales.
A comienzos del siglo XX, el geógrafo alemán Friedrich Ratzel manifestaba que los imperios se expanden para sobrevivir y que cual elástico colosal se extienden para propagar su influencia.
Posteriormente Rudolf Kjellén crea el término ‘geopolitik’, del que se apropió el geógrafo nazi Karl Haushofer para instrumentalizarla como ciencia que justificara la dominación pangermánica dándole un tinte racista.
Pero es un estratega naval el que da la fórmula para resolver la ecuación: Alfred Mahan, quien argumentaba que la clave de la expansión residía en el poder naval y su pensamiento esta resumido en su célebre frase “El imperio de los mares equivale, sin duda, al imperio del mundo”. Desde entonces son los océanos las áreas geopolíticas más importantes.
Actualmente tres grandes potencias gravitan en el mundo: Europa, China y EE.UU. A pesar de la crisis económica del primero y del último, estos imperios cada día se mezclan más y han dado inicio a un proceso de globalización, que es la dinámica que ha generado un nuevo orden mundial.
Aunque los tres, con algún desdén, se acercan a su entorno. EE.UU. se aproxima a América Latina, Europa de igual manera se acerca al mundo árabe y China con el sudeste asiático.
Pero el caso de Sudamérica tiene una dimensión singular, donde los antiguos conceptos y sus mitologías han ido mutando aceleradamente a otros cuadros.
No existen los ejes tradicionales y las alianzas que los geopolíticos consideraron inalterables gran parte del siglo XX. El eje Santiago-Quito ha entrado en una total obsolescencia, de la misma manera que el eje Buenos Aires-Lima ya no responde a ningún interés estratégico.
Oswaldo de Rivero ha manifestado con gran agudeza que los dirigentes brasileños han detectado que ha sonado la hora histórica de su nación. Pero su suerte de potencia mundial está en gran parte condicionada por una presencia más determinante y enfática en un área obligada, que es el Océano Pacífico, en el que tenemos un gran litoral.
Por su parte, Chile, país con pretensiones de potencia regional, atraviesa un proceso de insularidad geopolítica, producto muchas veces de su autocomplacencia, a pesar de su armamentismo y sus logros económicos.
Nuestro país tiene un gran interés en acercarse a Brasil y ser considerado por el coloso del Amazonas como socio estratégico, porque también cremos que nos ha llegado nuestra hora histórica.
Brasil por un lado no está totalmente convencido de aceptarnos y, por el otro, no asume su condición de potencia regional en toda su extensión. Brasil debe tener presente que las potencias modernas no son solo para buscar mercados para sus productos, fuentes de ocupación para sus servicios o asegurarles esquemas de inversión a sus financistas, sino que las alianzas generan deberes y obligaciones con los otros.
Este alambicado trabajo de diplomacia es el que va a tener que asumir nuestro flamante presidente peruano, su agudo y sereno canciller y, por supuesto, el afamado elenco de la cancillería.

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