PUNTO DE VISTA
La crisis del euro: versión corta
Por: Maki Miró Quesada Columnista
Lunes 21 de Noviembre del 2011
Un alemán llega a un pequeño hotel griego en busca de un cuarto. Le entrega un billete de 100 euros al hotelero para que se lo reserve y se va a dar una vuelta. El hotelero toma los 100 y se va corriendo a pagar una deuda que tiene con el carnicero, el carnicero va donde el pulpero y le da los 100 euros, el pulpero pasa donde el mecánico y le paga con el mismo billete, el mecánico va al bar y le paga al dueño que vuela donde el hotelero a pagarle el cuarto que le alquiló en días pasados antes que su mujer se entere. El alemán regresa, le dice que no se hospedará allí, recoge su billete de 100 euros y se marcha. Todos han sido pagados y nadie se ha enriquecido. Un poco lo que pasará con la ayuda de la UE a Grecia, donde el dinero que les llegaría serviría para arreglar las cuentas sin por ello lograr hacer arrancar la economía. Nosotros en esta parte del mundo tenemos la gran oportunidad de aprender en cabeza ajena, siempre duele menos, y no repetir los errores de otros. Un crecimiento económico alimentado solo por el consumo, el crédito o por los programas asistenciales nos llevará a la quiebra si no está acompañado de importante inversión en infraestructura, en modelos industriales modernos pero sobre todo en un plan de educación sostenido y una rigurosa fiscalización. Europa ha logrado espantar el fantasma de un conflicto bélico, tener una cobertura social casi perfecta pero a costa de perder competitividad poniendo en peligro su moneda y su estabilidad. Por un lado es extraordinario comprobar que hoy en día si Francia y Alemania no se ponen de acuerdo en Europa nada camina, en los mismos momentos que en Chile y Perú se alzan voces para alertarnos de posibles conflictos entre nosotros, un tema de nostalgia trasnochada muy alejado a lo que aspiramos los demócratas. Nuestro proyecto debe ser la construcción de una clase media fuerte, cada vez más incluyente y extendida, motor y amortiguador social, y quien sabe también un socio comercial más poderoso que no le vendría mal a Europa, porque nos guste o no, todos estamos conectados.
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