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jueves, 20 de septiembre de 2012

Religión, Pastoral


miércoles 19 de septiembre del 2012 

Papiro del siglo IV asegura que Jesús tuvo esposa

El fragmento escrito en idioma copto muestra la división de opiniones que existía en los comienzos del cristianismo sobre el celibato
Matrimonio, Egipto, Cristianismo, Jesucristo, Celibato, Massachusetts, Estados Unidos
(Reuters)
Washington (EFE). Un fragmento de un papiro del siglo IV al que hasta ahora no se había prestado atención y que podría formar parte de un evangelio apócrifo hace una mención de Jesucristo y su esposa, lo que alimenta la teoría de que el Mesías del cristianismo estuvo casado.
Un estudio publicado por la profesora Karen King de la Harvard Divinity School, en Massachusetts, detalla que ese fragmento de papiro incluye la frase en copto, el lenguaje de los antiguos cristianos en lo que en la actualidad es Egipto: “Jesús les dijo, mi esposa…”
Para King, que presentó sus conclusiones en el Congreso Internacional de Estudios Coptos en Roma, este antiguo papiro “aporta la primera prueba de que algunos de los primeros cristianos creían que Jesús había estado casado”.
EL PAPIRO
La tradición cristiana ha sostenido que Jesús no contrajo matrimonio, aunque la responsable de esta investigación asegura que no hay evidencia histórica que soporte esa afirmación, base de doctrinas como la católica.
La lámina, escrita por ambas caras, aunque solo una de ellas contiene líneas claramente legibles, es propiedad de un coleccionista anónimo que contactó a King entre 2010 y finales de 2011 para investigar lo que consideraba una prueba de que Jesús estuvo casado.
Las ocho líneas visibles del fragmento de cuatro por ocho centímetros escritas con tinta negra en copto demuestran la división de opiniones que existía en los comienzos del cristianismo sobre si se debía optar por el matrimonio o el celibato.
EL CELIBATO EN DEBATE
“Desde el comienzo, los cristianos estaban en desacuerdo sobre si era mejor no contraer matrimonio, pero no fue hasta un siglo después de la muerte de Jesús cuando comenzaron a disentir sobre el estado marital del Mesías para defender sus posiciones”, asegura King, quien cree que estas líneas forman parte de un evangelio perdido.
Ese testamento, conocido por los investigadores como “Evangelio de la Esposa de Jesús”, fue probablemente escrito originariamente en griego en la segunda mitad del siglo II y traducido posteriormente a la lengua de los coptos.
Un comunicado de la Universidad de Harvard añade que expertos como Roger Bagnell, director del Instituto para los Estudios del Mundo Antiguo, consideran que el fragmento de papiro analizado es auténtico de acuerdo con un análisis del soporte y la escritura.
“MARÍA”
Los investigadores desconocen el origen exacto del papiro, pero seguramente vino de Egipto, ya que está escrito en el egipcio que utilizaban los cristianos en esa zona durante el Imperio Romano, y forma parte de un códice.
Según King, en el fragmento analizado Jesús habla de su madre y de su esposa, a una de las cuales se refiere como “María”. Además, los discípulos discuten si María es digna y Jesús contesta: “puede ser una de mis discípulos”.
Aunque King reconoce que este fragmento no prueba la teoría de que Jesús estuvo casado con María Magdalena o si fue aceptada como discípulo, reaviva un debate que se ha dado desde los orígenes del cristianismo y que aún hoy perdura entre los que consideran que las mujeres pueden ser ministras de la fe.

lunes, 11 de mayo de 2009

Religión


Catholoic.net.
Autor: P. Juan Morre, Diócesis de Morón, Argentina Fuente: Diócesis de Morón, Argentina
El celibato sacerdotal, ¿una forma de represión?
El sacerdote, siendo célibe, se puede entregar por completo a todos los hombres


Estimado P. Juan Morre:

Hace unos días conocí a un ex-sacerdote que ha fundado una asociación de ex-sacerdotes que aseguran que el celibato es una forma de represión y aparentan estar felices en su nuevo estado de vida como casados. La verdad, yo noté en sus ojos y en sus palabras un dejo de rencor y una especie de melancolía, pero no supe qué decir y todos los que estaban en la reunión se quedaron convencidos de que la Iglesia era una "tirana" por exigir el celibato a los sacerdotes. ¿Me puede explicar u orientar para tener una respuesta atinada en este tipo de casos?
Cristina

Estimada Cristina:

Sin duda es muy difícil pretender responder desde la teoría, a una situación como la que se plantea, en la que sin duda influyen muchos aspectos de la vida de la persona (afectos, sentimientos, psiquis, formación espiritual, doctrinal, intelectual, etc.)

El celibato es un medio valiosísimo para vivir con alegría la disponibilidad total a las necesidades de la Iglesia y de los hombres, ya que el célibe se consagra por entero al servicio de Dios y de los demás y a la administración de los sacramentos. En otras palabras el sacerdote, siendo célibe, se puede entregar por completo a todos los hombres ¿Sería esto posible si tuviese que atender a una familia y mantener unos hijos? ¿Podría amar con corazón indiviso a todos los hombres?

En esto aparecen varios elementos.

En primer lugar hay que considerar la libertad de la persona. Ni Dios ni la Iglesia obligan a nadie a asumir el sacramento del orden. Es un don de Dios concedido a la Iglesia. Dios da pastores a su pueblo. Por lo tanto aquél que se sabe llamado por el Señor, da una respuesta libre después de un largo proceso de formación.

Esa respuesta libre, asume todo lo que significa ser sacerdote: también el celibato que, como dice Paulo VI, es una riqueza para la Iglesia. Se supone que el sí que cada uno da, es meditado a la luz de la Palabra de Dios con todas sus exigencias y renuncias, como así también considerando la propia vida y las posibilidades de responder que cada uno tiene.

En segundo lugar el celibato es un don, un regalo de Dios que no es para todos, y que en el hoy de nuestra historia es exigido para la recepción y el ejercicio del sacerdocio. Por lo tanto en la Iglesia latina la presencia de este don puede considerarse junto con otras cualidades como signo de verdadera vocación. Quien no lo tiene, insisto, en el hoy de la
Historia de salvación, puede considerar que tampoco posee el llamado.

Un tercer elemento a considerar es la importancia de la formación para el amor que aquél que tiene el don del celibato por el Reino de los cielos, debe recibir. Muchas veces esta formación se reduce al aspecto genital o de relación con el otro sexo, sin considerar los aspectos positivos de la renuncia. Quien está llamado al celibato no renuncia al amor, por el contrario, es convocado a un amor superior, sobrenatural. Por ello nadie puede sentirse solo si descubre este amor.

En cuarto lugar debemos considerar en serio quién es el que llama. Aquél que nos invita a su seguimiento de un modo mas exigente "deja todo y sígueme", Él fue el primero en hacerlo y no sin esfuerzo. No juzgo, ni es mi tarea hacerlo, a quienes no pudieron mantener su promesa. Creo que es mejor que pidan la pérdida del estado clerical y la dispensa del celibato, antes que llevar una doble vida.

Pero me parece que antes de eso, deben buscar los medios para permanecer fieles. Buscar la ayuda de sus superiores, que a veces no es suficiente; la amistad sacerdotal, la oración sincera. Ante la crisis el sacerdote debería preguntarse por qué se siente solo, qué es lo que lo impulsa a buscar una compañía que pone en peligro su decisión vocacional.
Sin duda, mantenerse célibe, es decir que sí cada día al Señor. Y sin duda el sí es la vida toda: el trabajo pastoral, la oración, la liturgia, la predicación, en fin, la dedicación al ministerio.

Cuando alguien falla en alguna de estas cosas o no es feliz, entonces busca sucedáneos y lo mas fácil será encontrarlo en aquello en lo que el hombre es más débil.

Debemos volver a pregonar la pureza entre nuestros jóvenes. Debemos gritar que la virginidad y el celibato son un bien precioso que todos debemos custodiar. Tenemos que decir que todos, aun los casados, estamos llamados a la castidad, al buen uso del sexo.

Debemos acentuar el amor como el primer valor de la relación humana y repetir que el
ejercicio de la sexualidad es signo de ese amor entregado en el matrimonio; que la renuncia a ese ejercicio es el signo del amor en el célibe o la virgen y que la pureza, la continencia de quienes están en búsqueda, manifiesta la verdadera fuerza del amor.

No creo que esto sea contradictorio si algún día la Iglesia permitiera el ministerio sacerdotal a hombres casados. Hoy no es así. Quienes hemos sido llamados a ser célibes no debemos preocuparnos por eso. En todo caso la preocupación debería pasar por la necesidad de atender adecuadamente al pueblo de Dios.

Esa remota posibilidad (de aceptar hombres casados) no traería soluciones al célibe sino problemas a la atención de la Iglesia. Por ello, que el célibe ame su celibato como un don de Dios y que lo cuide.

Si alguno no puede hacerlo, que no tema, la Iglesia que es Madre, tiene la solución por medio de la pérdida del estado clerical y la dispensa del celibato (c. 290 y 291). Si alguno no puede mantenerse fiel a su promesa, que tampoco se ponga en contra.

Termino con una consideración de san Anselmo: "Si alguno no comprende el misterio, que no lo rechace ni se oponga a él, sino que baje humildemente la cabeza y lo adore".

P. Juan Morre, Diócesis de Morón, Argentina