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miércoles, 7 de diciembre de 2022
jueves, 7 de abril de 2022
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miércoles, 6 de mayo de 2015
miércoles, 1 de abril de 2015
jueves, 20 de septiembre de 2012
Religión, Pastoral
miércoles 19 de septiembre del 2012
Papiro del siglo IV asegura que Jesús tuvo esposa
El fragmento escrito en idioma copto muestra la división de opiniones que existía en los comienzos del cristianismo sobre el celibato

(Reuters)
Un estudio publicado por la profesora Karen King de la Harvard Divinity School, en Massachusetts, detalla que ese fragmento de papiro incluye la frase en copto, el lenguaje de los antiguos cristianos en lo que en la actualidad es Egipto: “Jesús les dijo, mi esposa…”
Para King, que presentó sus conclusiones en el Congreso Internacional de Estudios Coptos en Roma, este antiguo papiro “aporta la primera prueba de que algunos de los primeros cristianos creían que Jesús había estado casado”.
EL PAPIRO
La tradición cristiana ha sostenido que Jesús no contrajo matrimonio, aunque la responsable de esta investigación asegura que no hay evidencia histórica que soporte esa afirmación, base de doctrinas como la católica.
La lámina, escrita por ambas caras, aunque solo una de ellas contiene líneas claramente legibles, es propiedad de un coleccionista anónimo que contactó a King entre 2010 y finales de 2011 para investigar lo que consideraba una prueba de que Jesús estuvo casado.
Las ocho líneas visibles del fragmento de cuatro por ocho centímetros escritas con tinta negra en copto demuestran la división de opiniones que existía en los comienzos del cristianismo sobre si se debía optar por el matrimonio o el celibato.
EL CELIBATO EN DEBATE
“Desde el comienzo, los cristianos estaban en desacuerdo sobre si era mejor no contraer matrimonio, pero no fue hasta un siglo después de la muerte de Jesús cuando comenzaron a disentir sobre el estado marital del Mesías para defender sus posiciones”, asegura King, quien cree que estas líneas forman parte de un evangelio perdido.
Ese testamento, conocido por los investigadores como “Evangelio de la Esposa de Jesús”, fue probablemente escrito originariamente en griego en la segunda mitad del siglo II y traducido posteriormente a la lengua de los coptos.
Un comunicado de la Universidad de Harvard añade que expertos como Roger Bagnell, director del Instituto para los Estudios del Mundo Antiguo, consideran que el fragmento de papiro analizado es auténtico de acuerdo con un análisis del soporte y la escritura.
“MARÍA”
Los investigadores desconocen el origen exacto del papiro, pero seguramente vino de Egipto, ya que está escrito en el egipcio que utilizaban los cristianos en esa zona durante el Imperio Romano, y forma parte de un códice.
Según King, en el fragmento analizado Jesús habla de su madre y de su esposa, a una de las cuales se refiere como “María”. Además, los discípulos discuten si María es digna y Jesús contesta: “puede ser una de mis discípulos”.
Aunque King reconoce que este fragmento no prueba la teoría de que Jesús estuvo casado con María Magdalena o si fue aceptada como discípulo, reaviva un debate que se ha dado desde los orígenes del cristianismo y que aún hoy perdura entre los que consideran que las mujeres pueden ser ministras de la fe.
sábado, 7 de abril de 2012
Religión, Pastoral
FILOSOFEMAS
El mensaje de Jesucristo
Por: Francisco Miró Quesada *
Viernes 6 de Abril del 2012
Recordemos algunos pasajes de los Evangelios. Por ejemplo, un joven rico, al escucharlo predicar, decide seguirlo al lado de sus discípulos. Y cuando Cristo lo escucha, le dice: “Vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y luego sígueme”. El joven, apenadísimo, siente que no puede hacer lo que el Maestro le dice, y renuncia a su deseo. Cristo ha dicho: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre al Reino de Dios”. ¿Estamos dispuestos a renunciar a nuestra fortuna, sea grande o pequeña, para poder entrar al Reino de los Cielos? Solo muy pocos, hombres o mujeres, pueden renunciar a sus riquezas para seguir al Maestro: estos son los santos y santas, que son una excepción respecto de sus semejantes. Hay algunas personas a las que se tiene por santos, o canonizables, que, en mi modesta opinión, no lo merecen. Pero hay otros que lo merecen, como el papa Juan Pablo II, porque es un Papa que pidió perdón a todos lo que habían sido perseguidos o humillados por la Iglesia.
Como veremos a continuación, el perdón es uno de los puntos centrales predicados por Cristo. Porque Él dice: “A quien te abofetee la mejilla derecha, ofrécele también la otra” (Mt 5, 39). La humildad es también uno de los puntos centrales de su prédica. El orgullo es uno de los peores pecados, todo hombre orgulloso será humillado. El humilde será ensalzado. Venturosos los perseguidos, porque de ellos será el Reino de los Cielos, bienaventurados, los pobres de espíritu, porque ellos entrarán al Reino de Dios.
También dirige su palabra contra los que constantemente critican a los demás. “Ver la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio”. ¿Qué debe hacer un creyente para acercarse lo más posible a la prédica de Cristo? Si es sincero consigo mismo, y no un hipócrita que quiere dar la impresión de ser profundamente creyente, cuando en realidad no cree en nada, lo que debe hacer quien sí es creyente verdadero es tratar de aproximarse a lo que predica Cristo, en la medida de sus posibilidades. No puede renunciar a su peculio, porque no es santo, pero sí, no tratar de acumular más fortuna de la que tiene. Quien hace eso es lo opuesto de un cristiano. Otro rasgo característico del cristiano es la generosidad. Ayudar en todo lo que pueda a los demás. Y cuando dé limosna, no dar unos pocos centavos, sino algo que pueda aliviar al menesteroso en su penuria.
Solo un verdadero santo es capaz de poner la otra mejilla cuando ha recibido una bofetada. Pero, haciendo un esfuerzo, puede no responder con otra bofetada. Otra cosa que puede hacer quien quiera ser cristiano es no ser una de esas personas que constantemente están criticando a los demás. Hay personas que nunca ven con buenos ojos a los otros. Por más méritos que tengan jamás lo reconocen, y solo ven los defectos. Esto es absolutamente anticristiano. Si el mundo que se proclama cristiano siguiera lo más cerca la prédica de Cristo, sería mucho mejor de lo que es hoy. Si hubiera más humildad, menos envidia, menos deseos de acrecentar constantemente su fortuna, el mundo sería más humano.
Pero sea como sea, sin la menor duda, el mensaje de Cristo es lo más grandioso de la historia de la humanidad.
[*] Director General
lunes, 25 de abril de 2011
Religión, Pastoral
Autor: P. Jorge Loring, S.I.
Fuente: Catholic.net
Se puede comprobar la Resurrección?
Nosotros hemos comido y bebido con Él después que resucitó de entre los muertos
Jesucristo, después de ser crucificado, estuvo muerto y enterrado, y al tercer día resucitó juntando su cuerpo y su alma gloriosos para nunca más morir. Por tanto, Jesucristo está ahora en el cielo en cuerpo y alma. La resurrección de Cristo es el dogma fundamental del cristianismo.
La expresión de San Mateo atribuye a Jesús sepultado una duración de "tres días y tres noches". Pero tal expresión venía a ser idéntica a la duración hasta el tercer día, al juzgarse el día como una unidad de día-noche. El decir "tres días y tres noches" es un modismo equivalente a "al tercer día"».
Antes de morir Jesús había profetizado varias veces su resurrección. Por lo tanto, al resucitar por su propio poder, demostraba nuevamente, y con la prueba más convincente, que era Dios. Dice San Mateo, que los fariseos mandaron a sus soldados que habían estado guardando la tumba, que dijeran: «Sus discípulos vinieron de noche estando nosotros dormidos y lo robaron».
San Agustín dio a esto una respuesta definitiva: «Si estaban durmiendo, no pudieron ver nada. Y si no vieron nada, ¿cómo pueden ser testigos?». Los teólogos modernos buscan diversas explicaciones al hecho de la resurrección de Cristo. Pero cualquiera que sea la interpretación debe incluir la revivificación del cuerpo, si no se quiere hundir la teología de la resurrección.
Algunos dicen que la resurrección de Cristo no es un hecho histórico, pues no hay testigos. Este modo de hablar es ambiguo y puede confundir; pues «no histórico» puede confundirse con «no real». Por eso no debe emplearse, como recomienda el padre José Caba, S.I., Catedrático de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en su libro «Resucitó Cristo, mi esperanza». La resurrección de Cristo es un hecho que ha sucedido en la realidad. Aunque no haya habido propiamente ningún testigo del hecho de la resurrección, en cuanto tal, es histórica en razón de las huellas dejadas en nuestro mundo y de las que dan testimonio los Apóstoles.
Si aparece un coche en el fondo de un barranco y está destrozado el pretil de la curva que hay en ese sitio, no necesito haber visto el accidente, para comprender lo que ha pasado. De la misma manera puedo conocer la resurrección de Jesucristo. Para otros sí se puede considerar como hecho histórico, pues puede localizarse en el.espacio y en el tiempo; y según Pannemberg es histórico todo suceso que puede ser colocado en unas coordenadas de espacio y tiempo. Por eso para el P.Ignacio de La Potterie, S.I., que es uno de los mejores especialistas en el mundo del Evangelio de San Juan, la resurrección de Cristo tuvo una realidad física, histórica.
La resurrección de Cristo la refiere San Pablo en carta a los Corintios, el año 57, es decir, a contemporáneos de los hechos:
«Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día»(394). Y lo atestigua San Pedro: «De Jesús resucitado todos nosotros somos testigos». San Lucas lo afirma enfáticamente: «El Señor ha resucitado verdaderamente».
Cristo estaba muerto en la cruz. Por eso los verdugos no le partieron las piernas como solían hacer para rematar a los crucificados. Si no hubiera estado muerto, le hubiera matado la lanzada que le abrió la aurícula derecha del corazón.
La cantidad de sangre que salió después de la lanzada, según el relato de San Juan que estaba allí presente, dicen los médicos, sólo se explica porque la lanza perforó la aurícula derecha que en los cadáveres está llena de sangre líquida. Al tercer día el sepulcro estaba vacío: no estaba el cuerpo de Cristo. La fe en la resurrección de Jesucristo parte del sepulcro vacío. Oscar Cullmann, protestante, de la Universidad de Basilea, dice: la tumba vacía seguirá siendo un acontecimiento histórico . Los Apóstoles no habrían creído en la resurrección de Jesús de haber encontrado su cadáver en el sepulcro. Los cuatro evangelistas relacionan el sepulcro vacío con la resurrección de Cristo:
a) San Mateo: «No está aquí, pues ha resucitado».
b) San Marcos: «Ha resucitado, no está aquí».
c) San Lucas : «No está aquí, sino que ha resucitado».
d) San Juan al ver la tumba vacía y la disposición de los lienzos «vio y creyó» que había resucitado; pues si alguien hubiera robado el cadáver, no hubiera dejado los lienzos tan bien puestecitos.
San Juan vio la sábana, que había cubierto el cadáver de Jesús, yaciendo en el suelo, y doblado aparte el sudario que había estado sobre su cabeza. Según los especialistas la palabra «ozonia» usada por San Juan debe traducirse por «lienzos» y no por «vendas» como hacen algunos equivocadamente. Es verdad que las vendas son lienzos, pero no todos los lienzos son vendas.
El sepulcro vacío sólo tiene dos explicaciones. O alguien se llevó el cadáver o Cristo resucitó. El cadáver no lo robaron los enemigos de Cristo, pues al correrse la noticia de la resurrección la mejor manera de refutarla hubiera sido enseñar el cadáver. Si no lo hicieron, es porque no lo tenían.
Tampoco lo tenían sus amigos, pues los Apóstoles murieron por su fe en Cristo resucitado, y nadie da la vida por lo que sabe es una patraña. Se puede dar la vida por un ideal equivocado, pero no por defender lo que se sabe que es mentira. Es evidente que los Apóstoles no escondieron el cadáver.
Luego si Cristo estaba muerto, y el sepulcro estaba vacío, y nadie robó el cadáver, sólo queda una explicación: Cristo resucitó.
San Pablo nos habla también de la resurrección de Cristo en la Primera Carta a los Tesalonicenses del año 51 de nuestra era : Jesús murió y resucitó; y en la Primera Carta a los Corintios del año 55: Cristo resucitó al tercer día. Una confirmación de la resurrección de Cristo es la Sábana Santa de Turín donde ha quedado grabada a fuego su imagen por una radiación en el momento de la resurrección. No hay explicación más aclaratoria.
La resurrección de Jesucristo es totalmente distinta de la resurrección de Lázaro o de la del hijo de la viuda de Naín: éstos resucitaron para volver a morir, pero Cristo resucita para nunca más morir. «Cristo resucitado de entre los muertos, ya no vuelve a morir». La resurrección de Cristo no fue una reviviscencia para volver a morir, como le pasó a Lázaro; tampoco fue una reencarnación, propia del budismo y del hinduismo; menos aún fue el mero recuerdo de Jesús en el ánimo de sus discípulos. Fue el encuentro con Jesús resucitado lo que provocó la fe de los discípulos en la resurrección, y no viceversa. La resurrección no fue la consecuencia, sino la causa de la fe de los discípulos. (...) Jesucristo fue restituido con su humanidad a la vida gloriosa, plena e inmortal de Dios. (...) Se trata de la transformación gloriosa del cuerpo .
Después de resucitar, antes de subir al cielo con su Padre, estuvo varios días apareciéndose a los Apóstoles que comieron con Él y le palparon con sus propias manos. Los fantasmas no comen ni se dejan palpar. Cristo resucitado cenó con los Apóstoles y se dejó palpar por Santo Tomás. Decía Cristo : «Soy Yo. Tocadme y ved. Un espíritu no tiene carne y hueso, como veis que Yo tengo».
San Pedro lo recuerda: «Nosotros hemos comido y bebido con Él después que resucitó de entre los muertos». En una ocasión se apareció a más de quinientos estando reunidos. Así nos lo cuenta San Pablo escribiendo a los Corintios, y añadiendo que muchos de los que lo vieron, todavía vivían cuando él escribía aquella carta, en los años 55-56 de nuestra Era. El verbo empleado por San Pablo excluye una interpretación subjetiva del término, «aparición». Las apariciones de Jesús son un motivo de credibilidad en la resurrección de Cristo.
Jesús resucitado tiene un cuerpo glorioso con propiedades distintas a las de un cuerpo material .
En la Biblioteca Nacional de Madrid he leído un incunable en el que Poncio Pilato escribe al emperador Tiberio sobre Cristo. Dice:
Después de ser flagelado, lo crucificaron. Su sepultura fue custodiada por mis soldados. Al tercer día resucitó. Los soldados recibieron dinero de los judíos para que dijeran que los discípulos robaron su cadáver. Pero ellos no quisieron callar y testificaron su resurrección. Sabemos con certeza que existieron unas actas oficiales de Poncio Pilato, Procurador de Judea, al Emperador Tiberio, como era obligación y costumbre en el Imperio por testimonio de Tertuliano (siglo III).
Fuente: Catholic.net
Se puede comprobar la Resurrección?
Nosotros hemos comido y bebido con Él después que resucitó de entre los muertos
Jesucristo, después de ser crucificado, estuvo muerto y enterrado, y al tercer día resucitó juntando su cuerpo y su alma gloriosos para nunca más morir. Por tanto, Jesucristo está ahora en el cielo en cuerpo y alma. La resurrección de Cristo es el dogma fundamental del cristianismo.
La expresión de San Mateo atribuye a Jesús sepultado una duración de "tres días y tres noches". Pero tal expresión venía a ser idéntica a la duración hasta el tercer día, al juzgarse el día como una unidad de día-noche. El decir "tres días y tres noches" es un modismo equivalente a "al tercer día"».
Antes de morir Jesús había profetizado varias veces su resurrección. Por lo tanto, al resucitar por su propio poder, demostraba nuevamente, y con la prueba más convincente, que era Dios. Dice San Mateo, que los fariseos mandaron a sus soldados que habían estado guardando la tumba, que dijeran: «Sus discípulos vinieron de noche estando nosotros dormidos y lo robaron».
San Agustín dio a esto una respuesta definitiva: «Si estaban durmiendo, no pudieron ver nada. Y si no vieron nada, ¿cómo pueden ser testigos?». Los teólogos modernos buscan diversas explicaciones al hecho de la resurrección de Cristo. Pero cualquiera que sea la interpretación debe incluir la revivificación del cuerpo, si no se quiere hundir la teología de la resurrección.
Algunos dicen que la resurrección de Cristo no es un hecho histórico, pues no hay testigos. Este modo de hablar es ambiguo y puede confundir; pues «no histórico» puede confundirse con «no real». Por eso no debe emplearse, como recomienda el padre José Caba, S.I., Catedrático de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en su libro «Resucitó Cristo, mi esperanza». La resurrección de Cristo es un hecho que ha sucedido en la realidad. Aunque no haya habido propiamente ningún testigo del hecho de la resurrección, en cuanto tal, es histórica en razón de las huellas dejadas en nuestro mundo y de las que dan testimonio los Apóstoles.
Si aparece un coche en el fondo de un barranco y está destrozado el pretil de la curva que hay en ese sitio, no necesito haber visto el accidente, para comprender lo que ha pasado. De la misma manera puedo conocer la resurrección de Jesucristo. Para otros sí se puede considerar como hecho histórico, pues puede localizarse en el.espacio y en el tiempo; y según Pannemberg es histórico todo suceso que puede ser colocado en unas coordenadas de espacio y tiempo. Por eso para el P.Ignacio de La Potterie, S.I., que es uno de los mejores especialistas en el mundo del Evangelio de San Juan, la resurrección de Cristo tuvo una realidad física, histórica.
La resurrección de Cristo la refiere San Pablo en carta a los Corintios, el año 57, es decir, a contemporáneos de los hechos:
«Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día»(394). Y lo atestigua San Pedro: «De Jesús resucitado todos nosotros somos testigos». San Lucas lo afirma enfáticamente: «El Señor ha resucitado verdaderamente».
Cristo estaba muerto en la cruz. Por eso los verdugos no le partieron las piernas como solían hacer para rematar a los crucificados. Si no hubiera estado muerto, le hubiera matado la lanzada que le abrió la aurícula derecha del corazón.
La cantidad de sangre que salió después de la lanzada, según el relato de San Juan que estaba allí presente, dicen los médicos, sólo se explica porque la lanza perforó la aurícula derecha que en los cadáveres está llena de sangre líquida. Al tercer día el sepulcro estaba vacío: no estaba el cuerpo de Cristo. La fe en la resurrección de Jesucristo parte del sepulcro vacío. Oscar Cullmann, protestante, de la Universidad de Basilea, dice: la tumba vacía seguirá siendo un acontecimiento histórico . Los Apóstoles no habrían creído en la resurrección de Jesús de haber encontrado su cadáver en el sepulcro. Los cuatro evangelistas relacionan el sepulcro vacío con la resurrección de Cristo:
a) San Mateo: «No está aquí, pues ha resucitado».
b) San Marcos: «Ha resucitado, no está aquí».
c) San Lucas : «No está aquí, sino que ha resucitado».
d) San Juan al ver la tumba vacía y la disposición de los lienzos «vio y creyó» que había resucitado; pues si alguien hubiera robado el cadáver, no hubiera dejado los lienzos tan bien puestecitos.
San Juan vio la sábana, que había cubierto el cadáver de Jesús, yaciendo en el suelo, y doblado aparte el sudario que había estado sobre su cabeza. Según los especialistas la palabra «ozonia» usada por San Juan debe traducirse por «lienzos» y no por «vendas» como hacen algunos equivocadamente. Es verdad que las vendas son lienzos, pero no todos los lienzos son vendas.
El sepulcro vacío sólo tiene dos explicaciones. O alguien se llevó el cadáver o Cristo resucitó. El cadáver no lo robaron los enemigos de Cristo, pues al correrse la noticia de la resurrección la mejor manera de refutarla hubiera sido enseñar el cadáver. Si no lo hicieron, es porque no lo tenían.
Tampoco lo tenían sus amigos, pues los Apóstoles murieron por su fe en Cristo resucitado, y nadie da la vida por lo que sabe es una patraña. Se puede dar la vida por un ideal equivocado, pero no por defender lo que se sabe que es mentira. Es evidente que los Apóstoles no escondieron el cadáver.
Luego si Cristo estaba muerto, y el sepulcro estaba vacío, y nadie robó el cadáver, sólo queda una explicación: Cristo resucitó.
San Pablo nos habla también de la resurrección de Cristo en la Primera Carta a los Tesalonicenses del año 51 de nuestra era : Jesús murió y resucitó; y en la Primera Carta a los Corintios del año 55: Cristo resucitó al tercer día. Una confirmación de la resurrección de Cristo es la Sábana Santa de Turín donde ha quedado grabada a fuego su imagen por una radiación en el momento de la resurrección. No hay explicación más aclaratoria.
La resurrección de Jesucristo es totalmente distinta de la resurrección de Lázaro o de la del hijo de la viuda de Naín: éstos resucitaron para volver a morir, pero Cristo resucita para nunca más morir. «Cristo resucitado de entre los muertos, ya no vuelve a morir». La resurrección de Cristo no fue una reviviscencia para volver a morir, como le pasó a Lázaro; tampoco fue una reencarnación, propia del budismo y del hinduismo; menos aún fue el mero recuerdo de Jesús en el ánimo de sus discípulos. Fue el encuentro con Jesús resucitado lo que provocó la fe de los discípulos en la resurrección, y no viceversa. La resurrección no fue la consecuencia, sino la causa de la fe de los discípulos. (...) Jesucristo fue restituido con su humanidad a la vida gloriosa, plena e inmortal de Dios. (...) Se trata de la transformación gloriosa del cuerpo .
Después de resucitar, antes de subir al cielo con su Padre, estuvo varios días apareciéndose a los Apóstoles que comieron con Él y le palparon con sus propias manos. Los fantasmas no comen ni se dejan palpar. Cristo resucitado cenó con los Apóstoles y se dejó palpar por Santo Tomás. Decía Cristo : «Soy Yo. Tocadme y ved. Un espíritu no tiene carne y hueso, como veis que Yo tengo».
San Pedro lo recuerda: «Nosotros hemos comido y bebido con Él después que resucitó de entre los muertos». En una ocasión se apareció a más de quinientos estando reunidos. Así nos lo cuenta San Pablo escribiendo a los Corintios, y añadiendo que muchos de los que lo vieron, todavía vivían cuando él escribía aquella carta, en los años 55-56 de nuestra Era. El verbo empleado por San Pablo excluye una interpretación subjetiva del término, «aparición». Las apariciones de Jesús son un motivo de credibilidad en la resurrección de Cristo.
Jesús resucitado tiene un cuerpo glorioso con propiedades distintas a las de un cuerpo material .
En la Biblioteca Nacional de Madrid he leído un incunable en el que Poncio Pilato escribe al emperador Tiberio sobre Cristo. Dice:
Después de ser flagelado, lo crucificaron. Su sepultura fue custodiada por mis soldados. Al tercer día resucitó. Los soldados recibieron dinero de los judíos para que dijeran que los discípulos robaron su cadáver. Pero ellos no quisieron callar y testificaron su resurrección. Sabemos con certeza que existieron unas actas oficiales de Poncio Pilato, Procurador de Judea, al Emperador Tiberio, como era obligación y costumbre en el Imperio por testimonio de Tertuliano (siglo III).
miércoles, 20 de abril de 2011
Religión, Pastoral
Fuente: Revista «Tierra Santa»
Poncio Pilato ¿culpable o inocente?
Es muy duro llamar a un hombre deicida y echarle todo el peso de la muerte de Jesús
Es difícil escribir sobre Pilato, el gobernador romano que oficialmente condenó a muerte a Jesús. De él se ha dicho todo. Se le han aplicado toda clase de epítetos, desde deicida a débil. Además, está mencionado en el Credo: “Y padeció bajo Poncio Pilato”.
Es muy duro llamar a un hombre deicida y echar todo el peso de la muerte de Jesús a un gobernador que tenía un quinto puesto de responsabilidad dentro de la administración romana: el emperador Tiberio, el Senado, la Cancillería de Asuntos Exteriores, el legado de Siria y, en un quinto lugar, un modesto gobernador o prefecto que vigilaba una pequeña región con apenas un millón de habitantes.
Los Evangelios nos lo presentan como un hombre que, ante la inocencia de Jesús, no quiso condenarle y trató una y otra vez de salvarle, valiéndose de todos los resortes a su alcance. Si es cierto que el juicio de Jesús lo llevó al principio con ecuanimidad, al final la ecuanimidad fue empañada con la condena a muerte del Nazareno.
¿Cómo ha juzgado la historia a Pilato?
Veamos la personalidad de quienes hablaron mal de Pilato:
El rey Herodes Antipas - citado por Filón - decía de Pilato que era un hombre “venal, violento, rapaz, extorsivo y tirano”. Pero era fama y corría la voz entre la gente que el propio rey ejercía el oficio de espía del emperador Tiberio. Esto lo sabía el mismo Pilato. De ahí la enemistad entre los dos según señala el evangelista San Lucas (23,12). Esta enemistad se incrementó a causa de la muerte de unos galileos, súbditos del rey Herodes Antipas, que habían venido a Jerusalén a “ofrecer sacrificios” en el Templo. Pero es lógico pensar que harían algo más que ofrecer sacrificios, pues todos los años, e incluso ese mismo año, vinieron decenas de miles de galileos a celebrar la Pascua a Jerusalén y a ofrecer sacrificios y no les sucedió nada. Esta enemistad alcanzó cotas máximas al enterarse Pilato, por sus espías, que Herodes acumulaba gran cantidad de armas en lugares ocultos de Galilea. ¿Para qué?
El historiador Flavio Josefo lo cita para relatar ciertos hechos acontecidos en la región durante el tiempo de sus mandato, sin recalcar tintas negras sobre su persona.
El filósofo Filón, que vivió en un tiempo en que habían abrazado la fe cristiana numerosos intelectuales que emplearon la pluma en defensa del cristianismo. Los romanos no intervinieron en estas luchas religiosas porque o no conocían la fe cristiana o la tomaban como una de tantas creencias existentes en el imperio. Los judíos sí intervinieron ante la acusación de los cristianos de ser los responsables de la muerte de Jesús. Uno de estos judíos era Filón, quien para aminorar el golpe de los cristianos, recalcó tintas negras sobre Pilato, haciéndole responsable de ella, por ser un gobernador de naturaleza implacable, corrompido y cruel que no retrocedía ante nada, haciendo todo por orgullo y, a su vez, corrompido.
El historiador romano Tácito no conoció a Pilato, pero lo describe como “arbitrario y despiadado”. No sabemos las fuentes que tuvo Tácito para afirmar esto. Lo que sí sabemos es que la buena imagen que Pilato presenta en el juicio de Jesús, en el que quiere ser recto, no corresponde a un hombre despiadado.
Los apologistas cristianos de los primeros siglos son inmisericordes con Pilato por su debilidad.
Por su parte los judíos, atacaron duramente a Pilato como defensa ante las acusaciones de los cristianos que cargaban sobre ellos el peso de la muerte de Jesús.
¿Qué sabemos de Pilato?
La historia nos dice que fue enviado como gobernador a Palestina por Tiberio en el año 26 de nuestra era. Sucedía en el cargo a Valerio Grato y era el quinto gobernador de Roma en esta zona. Roma lo puso al frente de una circunscripción de segunda categoría a la que pertenecían tres pequeñas provincias: Judea, Samaría e Idumea. Esta última tenía fronteras poco definidas por lo que necesitaba vigilancia especial. Era una región difícil y problemática. En ella había frecuentes revueltas. No era procurador, como muchas veces hemos oído, sino un simple prefecto, como lo demuestra la lápida encontrada en Cesarea Marítima en 1961.
Su residencia oficial estaba en Cesarea, ciudad construida por Herodes el Grande, a la que puso tal nombre para congraciarse con el emperador César Augusto. El ambiente de la ciudad era helenizado, por lo que podía llevar una vida regalada, sin oler constantemente a carne asada de los sacrificios, como ocurría de residir en Jerusalén. Pero durante las grandes festividades judías en las que se congregaba gran número de peregrinos, se trasladaba a Jerusalén con el fin de evitar revueltas, ya que las aglomeraciones eran caldo de cultivo para ellas. La guarnición militar de Jerusalén no superaba los 4.500 soldados. No eran legionarios romanos sino tropas auxiliares, reclutadas entre sirios, griegos y samaritanos. Se dividían en “cohortes” y “alas”. En casos excepcionales el prefecto podía recurrir al legado de Siria, su superior inmediato, para pedir refuerzos.
El cometido del prefecto era: advertir a las autoridades religiosas locales que no se entrometieran en asuntos de la administración civil, el de recaudar los impuestos y el de evitar y reprimir levantamientos secesionistas.
El cargo de prefecto se renovaba cada tres años. Pilato estuvo diez, lo que dice mucho en su favor a pesar de las críticas severas que le han hecho y de la acusación de que no se preocupaba de los asuntos de la metrópoli. A este respecto no olvidemos que Tiberio tenía costumbre de retener a algunos funcionarios más de tres años, porque decía que al pretender enriquecerse en tan poco tiempo, podían cometer desmanes. Y ponía por ejemplo el de un hombre solo y abandonado al que acudían las moscas a chuparle la sangre por estar lleno de llagas. Pasó por allí uno que se compadeció del pobre y quiso espantar a las moscas. El llagado se opuso y gritando dijo: “Déjalas, ya me han chupado bastante y están hartas. Si las espantas vendrán otras hambrientas y me chuparán la poca sangre que me queda”.
Pilato, ¿antisemita?
La gestión de Pilato en Palestina estuvo marcada por varios hechos de cierta importancia. Nada mas llegar a esta región como reconocimiento al emperador Tiberio e influido por el ambiente antijudío del que hablaremos, mandó instalar en Jerusalén las insignias de su tropa con el estandarte del emperador, acompañado de las águilas imperiales. La presencia de representaciones humanas en la Ciudad Santa exaltó a los judíos. Fueron a protestar en masa a Cesarea, a la residencia de Pilato. Allí estuvieron vociferando durante cinco días. Al final, Pilato, cansado de tanto griterío, los amenazó con la tropa que ya tenía preparada. Ellos, lejos de temer, hicieron el gesto de desnudar sus cuellos, demostrando que estaban dispuestos a morir. Ante esta reacción inusitada, mandó quitar las imágenes y estandartes de Jerusalén. Poco tiempo después hizo lo mismo. Parece que recibió órdenes de Roma como se desprende de lo que vamos a decir.
Unos años antes, concretamente en el año 19 de nuestra era, cuatro judíos representativos de la comunidad de Roma engañaron a una tal Fulvia, esposa de un alto dignatario llamado Saturnino, amigo de Tiberio. El emperador, instigado por su amigo, mandó expulsar a todos los judíos de Roma y alrededores. El hecho de la expulsión tuvo graves consecuencias no sólo en Roma sino también en muchas provincias del imperio. Se suscitó además, un clima antijudío con repercusiones en el mal trato que se les daba y sobre todo el que los prefectos enviados a Palestina llevaban órdenes concretas de reprimirlos. Se ha de tener en cuenta esta circunstancia para comprender la actitud de Pilato en Palestina y no acusarlo de que no atendía bien los intereses de Roma en la zona, y que en vez de atraer a sus subordinados sentía hacia ellos vivo desprecio que repercutía en su proceder con ellos, buscando ocasiones para humillarlos. Además, sabemos que Tiberio sentía gran antipatía por los judíos y el todopoderoso Sejano, jefe de la guardia imperial, era el prototipo del antisemitismo.
Tomó dinero de las arcas del Templo
Otro de los casos sucedidos durante su mandato fue con ocasión del acueducto que construyó para llevar agua desde las cercanías de Belén a Jerusalén. Necesitaba dinero para costear la obra y lo tomó de las arcas del Templo de Jerusalén. Herodes el Grande también lo había hecho y, aun que fue criticado, no tuvo mayor repercusión. Pero en este caso el que lo hacía era pagano y además invasor. El hecho suscitó una rebelión. Para reprimirla Pilato usó una táctica curiosa. Envió soldados a Jerusalén, vestidos de paisano, sin espadas, pero con un garrote camuflado entre la ropa. Llevaban órdenes de entremezclarse con la gente alborotada y dar garrotazos al todo el que gritara. Como consecuencia de los golpes murieron muchos judíos, otros perdieron la vida pisoteados por la multitud que huía despavorida por las estrechas calles de la ciudad.
Pilato y los samaritanos
El peor de los casos sucedidos durante su mandato fue el del año 35 de nuestra era. Un iluminado samaritano convenció a muchos a alzarse contra los romanos ante la proximidad de los tiempos mesiánicos. El pueblo tomó las armas y se dirigió a Tarante, Monte Garizim. Pilato se anticipó y con sus tropas ocupó el camino que iba al monte sagrado de los samaritanos. Murieron muchos. Otros fueron hechos prisioneros y ejecutó a gran número de gente principal. Pilato esta vez tuvo mala suerte. La operación de su ejército en las faldas del monte coincidió con el nombramiento de un nuevo legado para Siria, del que dependía Palestina. Era Lucio Vitelio. Este, siguiendo su costumbre, quiso informarse de todo lo que había sucedido en la región revisando los archivos. A su vez, los samaritanos, repuestos del susto, enviaron una comisión para quejarse de los sucedido con Pilato, aduciendo que no se habían sublevado contra Roma.
Vitelio, mal compañero de Pilato, lo relevó de su puesto y lo envió a Roma para dar explicaciones al emperador. Tras 54 días de viaje, desembarcó en Italia días después de la muerte de su protector Tiberio, acaecida el 17 de marzo del 37. No sabemos más de él. Lo que sí sabemos es que todas las personas designadas por el emperador para un cargo, perdían sus funciones y pasaban al estado civil, si el emperador no les renovaba el nombramiento. Por eso, todo lo que después de su destitución se ha dicho de Pilato pertenece al género de la leyenda. Los franceses, por ejemplo, lo hicieron morir en Viena del Delfinado, como hicieron venir a Francia a otros personajes evangélicos, como a Marta, María y Lázaro. Son leyendas que aparecieron en los siglos X y XI.
Pilato y el proceso de Jesús
Respecto al comportamiento de Pilato en el proceso civil de Jesús, vemos que una y otra vez quiso salvar su vida. Ante una multitud que presionaba, que amenazaba con acusarlo a Roma, cedió. De haber sido Pilato plenamente contrario a Jesús, los evangelistas no hubieran recalcado tanto y tanto su voluntad de querer salvar a Jesús de la muerte en la cruz. Pilato se encontró entre la espada y la pared, por lo que cansado y asqueado del caso y de los que lo promovieron, sin saber qué hacer, lo remató con un procedimiento jurídico, valedero para las provincias del imperio, que constaba en la “Lex Iulia”, llamado “Extraordinaria cognitio”. De todos modos, condenando a Jesús, fue moralmente culpable y jurídicamente responsable: “El que me entregó a ti, tiene más culpa que tú” (Jn 19,11).
Como nota curiosa anotemos que la Iglesia de Etiopía celebra el 25 de junio su fiesta como mártir, y la Iglesia griega ortodoxa, el 27 de octubre, celebra la de su esposa Prócula.
viernes, 11 de marzo de 2011
Religión, Pastoral
SEGUNDO LIBRO DE SU SANTIDAD YA ESTÁ A LA VENTA
El Papa rechaza que Jesús haya sido un revolucionario político
Benedicto XVI condena la violencia ejercida por fanáticos en el nombre de Dios
Viernes 11 de Marzo del 2011
CIUDAD DEL VATICANO [EL COMERCIO/AGENCIAS]. El papa Benedicto XVI rechazó la imagen de Jesús como un revolucionario político en su libro “Jesús de Nazaret. Desde la entrada en Jerusalén hasta la resurrección”, presentado ayer en el Vaticano.
En el libro, el pontífice insiste en que Jesús nunca abogó por la revolución violenta, como han sugerido algunos seguidores de la Teología de la Liberación. “No. La insurrección violenta, el matar a otros en nombre de Dios no corresponde a su modo de ser”, subraya en la publicación.
Señala, además, que no hay justificación para la violencia en nombre de Dios, sin importar qué tan válida sea la motivación, lo que se contradice con el actuar, en el pasado, de la Iglesia Católica para difundir su fe. “Las crueles consecuencias de la violencia con motivaciones religiosas son demasiado evidentes para todos nosotros”, escribió el Papa.
“La violencia no construye el Reino de Dios, el reino de la humanidad”, relata. Al contrario, escribe en el primer capítulo, la violencia “es el instrumento preferido del anticristo. No sirve a la humanidad, sino a la inhumanidad. Jesús no viene como destructor, no viene con la espada del revolucionario. Viene con el don de la curación”.
El Papa explica también la separación entre la política y la religión: “Jesús, en su anuncio y con toda su obra, había inaugurado un reino no político del Mesías y había empezado a separar dos realidades que hasta ese momento eran inseparables. Pero esta separación entre política y fe, de pueblo de Dios y política, perteneciente a la esencia de su mensaje, era posible, en definitiva, solo a través de la cruz: solo a través de la pérdida de todo poder exterior, a través de la desnudez radical de la cruz, la novedad se convertía en realidad [...]. Pero justo así, en la total ausencia de poder, Él es poder, y solo así la verdad se convierte nuevamente en potencia”.
En el libro, el Papa exonera a los judíos de la muerte de Cristo y reconoce que esa interpretación ha tenido “fatales” consecuencias para ese pueblo durante siglos.
El libro consta de nueve capítulos, además de un prefacio y un epílogo, a través de los cuales el pontífice realiza un recorrido teológico por los cuatro evangelios de la pasión y resurrección de Cristo para tratar de conciliar el Jesús teológico de los evangelios con el Jesús histórico.
Esta es la continuación de su primer libro “Jesús de Nazaret, desde el bautismo hasta la transfiguración”. El Papa prepara ya la tercera parte sobre la infancia de Jesús.
Benedicto XVI indica en el prefacio del segundo libro que espera que la obra “pueda ser útil a todos los lectores que quieren encontrar a Jesús y creer en Él”.
jueves, 3 de marzo de 2011
Religión, Pastoral
AYUDARÁ A LUCHAR CONTRA EL ANTISEMITISMO
Papa exonera a los judíos por la muerte de Jesús
El Vaticano difunde algunos pasajes del libro “Jesús de Nazaret-segunda parte”
Jueves 3 de Marzo del 2011
CIUDAD DEL VATICANO [AP]. El papa Benedicto XVI exoneró de manera general al pueblo judío de la muerte de Jesucristo en un nuevo libro, en el que desarrolla una de las cuestiones más polémicas de la cristiandad.
En “Jesús de Nazaret-segunda parte”, del cual se difundieron ayer algunos pasajes, el pontífice apela a un análisis bíblico y teológico para explicar por qué no tiene fundamento la afirmación de que los judíos como pueblo fueron responsables de la muerte de Jesús.
Las interpretaciones contrarias se han empleado durante siglos para justificar la persecución contra los judíos.
Si bien el Vaticano ha manifestado desde hace cinco décadas que los judíos no fueron colectivamente los responsables, estudiosos judíos dijeron que el argumento desarrollado por el Papa de origen alemán contribuirá a combatir el antisemitismo.
“Hay una tendencia humana natural a dar las cosas por sentadas y, muy a menudo, esto deriva en una falta de lucidez y conciencia sobre el riesgo del antisemitismo”, afirmó el rabino David Rosen, director de Asuntos Interreligiosos en el Comité Judío Americano.
Refirió que el Vaticano había emitido su documento más autorizado sobre la materia en 1965, “Nostra Aetate”, que revolucionó las relaciones de la Iglesia Católica con los judíos al afirmar que la muerte de Cristo no podía ser atribuida a los judíos como pueblo ni en esa época ni en la actualidad.
Benedicto XVI llegó a sus conclusiones por medio de un análisis exhaustivo, Evangelio por Evangelio.
Se trata de la segunda parte de “Jesús de Nazaret” (2007), el primer libro de Benedicto XVI como pontífice, que ofrece una meditación muy personal sobre los primeros años de la vida de Cristo. Esta segunda parte, por ser distribuida el 10 de marzo, abarca la parte final de la vida de Jesús, su muerte y resurrección.
martes, 22 de diciembre de 2009
Ciencias Sociales, Religión

El Comercio 22 de diciembre del 2009
NAZARET. INESPERADO DESCUBRIMIENTO EN VÍSPERAS DE LA NAVIDAD
La vida cotidiana en tiempos de Jesús
NAZARET [EFE]. Arqueólogos israelíes han hecho público ayer el hallazgo de la primera casa de la época de Jesús que se ha localizado en Nazaret, de donde procedía la familia del Mesías para los cristianos.
La construcción, situada en el norte de Israel y a solo unas decenas de metros de la Basílica de la Anunciación, centro de culto popular a la Virgen María, está formada por dos habitaciones y un patio, en el cual hay una cisterna excavada en piedra donde se almacenaba el agua de la lluvia.
“Lo que hemos hallado es una casa típica judía de la época, con habitaciones conectadas”, apuntó la arqueóloga Yardena Alexandre, responsable de las excavaciones.
Las piezas encontradas en la estructura desde el inicio de los trabajos hace un mes son principalmente fragmentos de cuencos de cerámica que se remontan a los siglos I y II de nuestra era. La existencia bajo la casa de un zulo (escondite subterráneo), que bien pudo haber sido empleado para esconderse, ha llamado mucho la atención.
ÉPOCA ESPECIALLa arqueóloga Yardena Alexandre explicó que Nazaret era una pequeña aldea y en la época de la guerra contra Roma, en el siglo I, este recinto pudo haber servido de refugio a la gente, a pesar de que no hubo batallas en la localidad, pero sí en su entorno. También se encontraron en el lugar moldes de yeso, que solo empleaban las familias judías por motivos de purificación religiosa.
“Todos los utensilios hallados responden a lo que sería una familia modesta, no hay joyas ni cristales”, precisó Alexandre. El arqueólogo Dror Barashad destacó la importancia del lugar, sobre todo por su proximidad a la gruta donde la tradición sitúa la visita del arcángel Gabriel a la Virgen María y que está al otro lado de la calle.
domingo, 12 de abril de 2009
miércoles, 8 de abril de 2009
Religión

Autor: P. Constancio Cabezón o.f.m. (Cardiólogo) Fuente: christusrex.orgLa flagelación: cómo, cuándo y por qué
El caso de Jesús fue raro. Su flagelación no fue la legal que precedía a toda ejecución sino que constituyó un castigo especial
La flagelación en sí no fue un castigo exclusivo para Jesús. Lo mandaba la ley. La flagelación era un preámbulo legal a toda ejecución. Había una excepción: los ciudadanos romanos condenados a decapitación no eran flagelados, sino fustigados con la fusta. Esto se hacía, según Tito Livio, en el mismo lugar del suplicio, inmediatamente antes de la decapitación. Los condenados a crucifixión eran flagelados habitualmente durante el trayecto que había entre el lugar donde se dictaba la sentencia y el del suplicio. Muy raro, como en el caso de Jesús, que se llevara a cabo en las dependencias del tribunal. Esto sólo se hacía en los casos en que la flagelación era sustitutiva de la pena capital. El caso de Jesús fue raro. Su flagelación no fue la legal que precedía a toda ejecución y que se daba en el trayecto, camino del suplicio, sino que constituyó un castigo especial, como veremos. Esto exige dos explicaciones: cuándo le flagelaron y el porqué. Mateo y Marcos no nos dicen ni cuándo ni el porqué, sólo constatan el hecho: "Y habiendo hecho flagelar a Jesús, lo entregó (Pilato) para que lo crucificaran". Lucas es más explícito, y cuando está explicando los esfuerzos de Pilato para salvar a Jesús, al final nos cita una frase del Prefecto: "Le castigaré y luego le soltaré". Ya vislumbramos algo. Juan nos afirma que Jesús fue flagelado durante los juicios de Pilato.Ya tenemos el cuándo. Veamos ahora el porqué: Pilato juzga que la primera acusación hecha a Jesús ("Se ha hecho Hijo de Dios y según nuestra ley debe morir" no caía bajo la ley romana. Era cuestión religiosa y la Justicia romana no actuaba en estos casos para dirimirla. Por lo que consideró a Jesús inocente: "No encuentro en él, causa alguna de condenación". Tras una deliberación de los judíos, éstos hacen una segunda acusación que sí entraba dentro de la Lex Julia: (Había permitido ser aclamado Hijo de David que según ellos iba a ser su rey). Quería hacerse rey y esto iba contra el Emperador. Pilato tiene obligación de atender esta acusación. Pilato pregunta a Jesús sobre su realeza y, no sacando nada en claro, lo considera de nuevo inocente. Enterado de la estancia de Herodes en Jerusalén y siendo Jesús su súbdito, Pilato se lo envía a ver si le resuelve el problema. No es así y Pilato en el tercer juicio dice a los judíos: "Ni Herodes ni yo encontramos en él causa alguna de muerte". Después de los fracasos anteriores, Pilato equipara a Jesús con un criminal y ladrón, con Barrabás. La propuesta era, a quién de los dos querían que les soltase. La plebe prefiere a Barrabás, a la vez que grita que Jesús sea crucificado. Ante las decepciones anteriores, Pilato decidió dar a Jesús un sustitutivo de la pena capital, para acallar al pueblo: "Le castigaré y luego le soltare". Después de este episodio, es cuando Jesús es flagelado y viene el hecho del ECCE HOMO. Y tenemos pues, el cuándo y el porqué. Una vez la orden de castigo, Jesús fue atado con cuerdas gruesas y resistentes.Las manos por encima de la cabeza, quedando así, casi suspendido de la parte alta de la columna o del techo. De esta manera quedaba inutilizado, para que no pudiera defender algunas partes del cuerpo con los brazos, y para que en el caso de shock, no cayera al suelo. El instrumento utilizado para la flagelación, fue el flagrum taxillatum, que se componía de un mango corto de madera, al que estaban fijos tres correas de cuero de unos 50 cms., en cuyas puntas tenían dos bolas de plomo alargadas, unidas por una estrechez entre ellas; otras veces eran los talli o astrágalos de carnero. El más usado era el de bolas de plomo. El número de latigazos, según la ley hebrea, era de 40, pero ellos por escrúpulos de sobrepasarse, daban siempre 39. Pero Jesús fue flagelado por los romanos, en dependencia militar romana, por tanto more romano, es decir, según la costumbre romana, cuya ley no limitaba el número. Sólo estaban obligados a dejar a Jesús con vida, por dos razones: una, para poder mostrarle al público para que éste se compadeciera (era la intención de Pilato), y la otra, para que en caso de condena a muerte, llegara vivo al lugar de suplicio y crucificarlo vivo: era le ley. Cuando los clásicos latinos nos hablan de esta flagelación more romano, nos dicen que el reo quedaba irreconocible en su aspecto y sangrando por todo el cuerpo. Así quedó Jesús. Por eso a la pregunta: ¿cuántos latigazos dieron a Jesús? la respuesta es, hasta que le dejaron irreconocible; hasta que se cansaron. La ley romana no limitaba el número. Todas las partes del cuerpo de Jesús fueron objeto de latigazos. Eso sí, respetaron la cabeza y la parte del corazón, porque hubiera podido morir, como les había sucedido con otros. Y en este caso tenían una consigna: no matarlo. Así lo había mandado Pilato: "Le castigaré y luego le soltaré".. Las correas de cuero del flagrun taxillatum, cortaron en mayor o menor grado la piel de Jesús en todo su cuerpo: en la espalda, el tórax, los brazos, el vientre, los muslos, las piernas. Las bolas de plomo, caídas con fuerza sobre el cuerpo de Jesús, hicieron toda clase de heridas: contusiones, irritaciones cutáneas, escoriaciones, equímosis y llagas. Además, los golpes fuertes y repetidos sobre la espalda y el tórax, provocaron, sin duda, lesiones pleurales e incluso pericarditis, (como demostraremos en otra ocasión), con consecuencias muy graves para la respiración, la marcha del corazón y el dolor. Pero si en la parte externa Jesús quedó irreconocible por las heridas y por la sangre, en el interior de su organismo sufrieron también lesiones muy graves órganos vitales, como el hígado y el riñón. Los golpes fuertes sobre la zona renal, instauraron sin duda, una disfunción en los riñones. Lo mismo podemos decir sobre el hígado, donde provocaron también una disfunción del mismo. A esta disfunción o insuficiencia hepato-renal, junto a mayor pérdida de sangre, fueron acompañadas de cambios electrolíticos y de otros parámetros biológicos con todas las consecuencias gravísimas para la supervivencia. La disminución de la volemia por la nueva y abundante pérdida de sangre, aumentaron más gravemente la disnea o dificultad respiratoria, comenzada en Getsemaní. Esta disnea se aumentó todavía más, si cabía, por los golpes en la espalda y en el pecho que afectaron a órganos respiratorios y que además la hicieron dolorosa. Una hipercadmia muy seria estaba instaurada. Jesús tenía graves síntomas de asfixia. La hipotensión arterial comenzada en Getsemaní y aumentada con la desnutrición y la nueva pérdida de líquido corporal y de sangre, le dejaron materialmente sin fuerzas. Jesús no se tenía. Sin duda cayó, al desatarle las cuerdas, sobre el charco de sangre que había salido de su cuerpo. No olvidemos, que todo esto recayó sobre una dermis y epidermis sumamente sensible al dolor después de la hemathidrosis. En las circunstancias de Jesús es imposible explicar médicamente el dolor que sentiría cada vez que recibía un correazo con las bolas de plomo. Podríamos decir que en estos momentos Jesús era SÓLO DOLOR.
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