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sábado, 7 de abril de 2012
Religión, Pastoral
FILOSOFEMAS
El mensaje de Jesucristo
Por: Francisco Miró Quesada *
Viernes 6 de Abril del 2012
Recordemos algunos pasajes de los Evangelios. Por ejemplo, un joven rico, al escucharlo predicar, decide seguirlo al lado de sus discípulos. Y cuando Cristo lo escucha, le dice: “Vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y luego sígueme”. El joven, apenadísimo, siente que no puede hacer lo que el Maestro le dice, y renuncia a su deseo. Cristo ha dicho: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre al Reino de Dios”. ¿Estamos dispuestos a renunciar a nuestra fortuna, sea grande o pequeña, para poder entrar al Reino de los Cielos? Solo muy pocos, hombres o mujeres, pueden renunciar a sus riquezas para seguir al Maestro: estos son los santos y santas, que son una excepción respecto de sus semejantes. Hay algunas personas a las que se tiene por santos, o canonizables, que, en mi modesta opinión, no lo merecen. Pero hay otros que lo merecen, como el papa Juan Pablo II, porque es un Papa que pidió perdón a todos lo que habían sido perseguidos o humillados por la Iglesia.
Como veremos a continuación, el perdón es uno de los puntos centrales predicados por Cristo. Porque Él dice: “A quien te abofetee la mejilla derecha, ofrécele también la otra” (Mt 5, 39). La humildad es también uno de los puntos centrales de su prédica. El orgullo es uno de los peores pecados, todo hombre orgulloso será humillado. El humilde será ensalzado. Venturosos los perseguidos, porque de ellos será el Reino de los Cielos, bienaventurados, los pobres de espíritu, porque ellos entrarán al Reino de Dios.
También dirige su palabra contra los que constantemente critican a los demás. “Ver la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio”. ¿Qué debe hacer un creyente para acercarse lo más posible a la prédica de Cristo? Si es sincero consigo mismo, y no un hipócrita que quiere dar la impresión de ser profundamente creyente, cuando en realidad no cree en nada, lo que debe hacer quien sí es creyente verdadero es tratar de aproximarse a lo que predica Cristo, en la medida de sus posibilidades. No puede renunciar a su peculio, porque no es santo, pero sí, no tratar de acumular más fortuna de la que tiene. Quien hace eso es lo opuesto de un cristiano. Otro rasgo característico del cristiano es la generosidad. Ayudar en todo lo que pueda a los demás. Y cuando dé limosna, no dar unos pocos centavos, sino algo que pueda aliviar al menesteroso en su penuria.
Solo un verdadero santo es capaz de poner la otra mejilla cuando ha recibido una bofetada. Pero, haciendo un esfuerzo, puede no responder con otra bofetada. Otra cosa que puede hacer quien quiera ser cristiano es no ser una de esas personas que constantemente están criticando a los demás. Hay personas que nunca ven con buenos ojos a los otros. Por más méritos que tengan jamás lo reconocen, y solo ven los defectos. Esto es absolutamente anticristiano. Si el mundo que se proclama cristiano siguiera lo más cerca la prédica de Cristo, sería mucho mejor de lo que es hoy. Si hubiera más humildad, menos envidia, menos deseos de acrecentar constantemente su fortuna, el mundo sería más humano.
Pero sea como sea, sin la menor duda, el mensaje de Cristo es lo más grandioso de la historia de la humanidad.
[*] Director General
martes, 3 de abril de 2012
Religión, Pastoral
SEMANA SANTA, TIEMPO PARA LA MEDITACIÓN
Dicen que ha resucitado
Por: Rossana Echeandía Periodista
Martes 3 de Abril del 2012
Es Semana Santa y algo de la espiritualidad que se vive estos días nos salpica aunque tratemos de esquivarla. Si no se cuela a través de la multitud que recorre iglesias, lo hará en un vía crucis que interrumpe nuestra marcha, en una película de esas que repiten cada año o en la predicación de algún curita en la radio o en la tele.
Pero también estamos en pleno siglo XXI, cuando la autosuficiencia y el individualismo se han instalado tan firmemente en nuestra sociedad que solo creemos necesitar aquello que se puede comprar. ¿Servirán de algo la religión y sus manifestaciones o será que sus días están contados?
Para quienes pasamos los 40, es evidente que esta semana ha ido perdiendo como manifestación religiosa para ir ganando como oportunidad para pasarla bien. Los recuerdos de estas fechas cuando fuimos niños son muy diferentes de la realidad actual. No obstante, a pesar de la bulla mundana, la Semana Santa sigue imponiendo una especie de misterioso silencio que invita al hombre a mirarse hacia dentro y desde allí hacia Dios o, más bien, allí a Dios.
Al fin y al cabo, de lo que trata esta historia es de un Dios que se ha hecho hombre, que ha muerto en una cruz y que ha resucitado para reparar lo que estaba roto.
La religión, que viene de religar, unir de nuevo, sirve para eso: volver a unir al ser humano con Dios. Las manifestaciones religiosas están presentes a lo largo de toda la historia de la humanidad, desde el hombre de las cavernas hasta el que aspira a llegar a otras galaxias. Y es así porque es una vocación natural la que impulsa al hombre a trascender, a ir más allá de lo evidente e intentar acercarse al misterio, haciéndolo capaz de Dios. Algo tendrá que ver aquello de haber sido creados a imagen y semejanza de Dios. Es un sello indeleble, en cada persona, que busca su original.
Ese mundano pecador de Hipona, intelectual brillante de los siglos IV y V que luego fue San Agustín, después de probar de todo llegó a ciertas conclusiones sabias acerca de la verdad y el sentido de la vida. “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”, escribió Agustín al comenzar sus “Confesiones”, dándonos una pauta luminosa para entender cuál es la única fuente donde es posible saciar esa sed permanente que ni aturdidos por el éxito, la fama o el dinero es posible ignorar.
Ya sea en las multitudes que se reúnen en Ayacucho, en el Centro de Lima o en las procesiones de vía crucis que algunos veraneantes organizan en sus vecindarios playeros, se tratará siempre de un encuentro entre dos: Dios y cada individuo. La fe no es una ciencia ni un saber, tampoco un sentimiento o una emoción, es un don que se hace efectivo solo con el consentimiento de la persona libre y se concreta en su experiencia personal de encuentro con Dios.
Esta semana puede ser otra de diversión y descanso, pero también ocasión para religarnos con Aquel que, a tiempo y a destiempo, caídos o de pie, sordos o ciegos, de manera insistente nos llama por nuestro nombre.
En su estupendo libro “Dicen que ha resucitado”, el periodista italiano Vittorio Messori afirma que los acontecimientos de la vida, la muerte y la resurrección de Jesús o permanecen todos de pie o se vienen todos abajo. Quien cree en Él, le cree completo.
lunes, 25 de abril de 2011
Orientación y Consejería, Religión, Pastoral
EN SEMANA SANTA
La importancia de la gratitud
Por: Joaquín Díez Esteban Sacerdote
Lunes 25 de Abril del 2011
Una expresión de amor y de unidad es el agradecimiento. La gratitud es la manifestación de la generosa valoración del bien recibido. Es la apreciación valiosa del don que nos han regalado. A veces se percibe el Jueves Santo con un sentido cristiano de pena o dolor, a causa de la inminente traición y encarcelamiento de Jesús de Nazaret en aquella memorable noche. Pero su grandeza nos lleva a detener nuestros afanes diarios para reflexionar sobre el agradecimiento, el sentido divino de nuestra vida y de los acontecimientos del mundo.
Son tan significativos y decisivos para la fe cristiana los acontecimientos sucedidos en Semana Santa, que impulsan a dar gracias a Dios por tantos dones que nos entrega. Magníficos dones, inmensos regalos para la Iglesia, pero que tienen una repercusión benéfica para toda la humanidad. Se siente que el Señor está presente en todos nuestros acontecimientos personales.
¿Qué falta en el mundo actual? El amor sincero, auténtico y generoso. Dios que es amor se hizo hombre para enseñarnos a amarnos. Estaba ya mandada la necesidad de amar a los demás como a uno mismo. Pero Cristo con un mandamiento nuevo nos pide un amor más intenso con el prójimo. Amar a todos los demás como Él los amó en su vida terrena: hasta el sacrificio.
Después de veinte siglos, subsisten mucha violencia, guerras civiles, corrupción de costumbres y la falta de un amor desinteresado. El mandamiento sigue nuevo, ignorado, desvirtuado por los planteamientos egoístas.
Cerca de medio millón de sacerdotes católicos han renovado en la Iglesia sus promesas de fidelidad. Es verdad que algunos han faltado o faltan a esta fidelidad. También es verdad que por este motivo una nube de dudas se ha cernido sobre la figura del sacerdote. Pero como las nubes que se destilan en un pequeño aguacero desaparecen, para dar lugar al sol, también brillan como estrellas en el firmamento algunos sacerdotes que dan la vida por la fidelidad a Dios.
Amor con amor se paga. La gratitud sin obras de correspondencia al bien recibido es como el viento que sopla sin dejar rastro.
Como decía Marta a María: “El Señor está allí y te llama”. Nos llama a todos para que aprendamos la lección de amor y servicio que Él dio a su apóstoles, con el humilde servicio de lavarles los pies, para que vivamos –en todas las circunstancias de nuestra vida y con todas las personas sin ninguna excepción– el mandamiento del amor que hoy nos enseña con la magistral pedagogía de su ejemplo.
miércoles, 20 de abril de 2011
Religión, Pastoral
Estimados amigos los dejamos hasta el dia lunes 25, con esta presentación, que nos permite meditar sobre la Semana Santa
viernes, 15 de abril de 2011
Religión, Pastoral
Los dejamos hoy con esta reflexión para este Domingo de Ramos que marca el inicio de la celebración de la Semana Santa.
Autor: Churchforum
Fuente: Churchforum
El Domingo de Ramos
La palma y el ramo de olivo se conservan, ante todo, como un testimonio de la fe en Cristo, rey mesiánico, y en su victoria pascual
La liturgia de la Semana Santa comienza con la bendición de las palmas y una procesión el Domingo, con una solemne proclamación de la narración de la Pasión según San Mateo en la misa.
La procesión de Ramos viene evidentemente del recuerdo de lo que pasó en la vida de Jesús días antes de su pasión y muerte. En los primeros siglos, en Jerusalén se comenzó a venerar los lugares donde había sucedido algún acontecimiento en la vida de Jesús.
"Por eso el domingo anterior al Viernes Santo todo el pueblo se reunía en el Monte de los Olivos junto con el obispo y desde allí se dirigían a la ciudad con ramos en las manos y gritando Viva, como habían hecho los contemporáneos de Jesús".
La famosa monja peregrina española, Egeria, nos cuenta como se celebraba el Domingo de Ramos y nos detalla que el obispo de Jerusalén, representando a Cristo, se montaba en un burro y que la gente llevaba a sus recién nacidos y a los niños a la procesión.
Pero cada Iglesia fue tomando esta costumbre y celebrándola en particular. En Roma para el siglo IV se le llamaba a este día "Domingo de la Pasión" y en él se proclamaba solemnemente la Pasión del Señor, haciendo ver que la cruz es el camino de la resurrección. Sólo hasta el siglo XI se comenzó allí también la costumbre de la procesión. Se nos dice que en Egipto la cruz era cargada triunfalmente en esta procesión. En Francia y en España en el siglo VII se habla de la bendición de ramos y de la procesión.
Tras el concilio de Trento se quiso que en todas partes de la Iglesia Latina se celebrara de la misma manera este domingo y entonces se juntó lo que se hacía en Jerusalén (procesión de Ramos) con lo que se hacía en Roma (celebración de la pasión, como si fueran cosas distintas, ya que cada una se celebraba con ornamentos de distinto color y con oraciones iniciales y finales propias.
Con las reformas que hizo el Papa Paulo VI a las celebraciones de Semana Santa después del Concilio Vaticano II, se unificó la celebración con oraciones y ornamentos comunes haciendo ver mas claramente que en ella se vive el único misterio pascual de vida y muerte y que una y otra de sus partes se relacionan y se enriquecen mutuamente: no hay verdadera celebración del Domingo de Ramos sin procesión y sin lectura solemne de la Pasión en Una misma Eucaristía.
"La procesión que conmemora la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén tiene un carácter festivo y popular. A los fieles les gusta conservar en sus hogares, y a veces en el lugar de trabajo, los ramos de olivo o de otros árboles, que han sido bendecidos y llevados en la procesión.
Sin embargo es preciso instruir a los fieles sobre el significado de la celebración, para que entiendan su sentido. Será oportuno, por ejemplo, insistir en que lo verdaderamente importante es participar en la procesión y no simplemente procurarse una palma o ramo de olivo; que estos no se conserven como si fueran amuletos, con un fin curativo o para mantener alejados a los malos espíritus y evitar así, en las casas y los campos, los daños que causan, lo cual podría ser una forma de superstición.
La palma y el ramo de olivo se conservan, ante todo, como un testimonio de la fe en Cristo, rey mesiánico, y en su victoria pascual." (Directorio sobre la Piedad Popular y los Sacramentos. Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 17 de diciembre de 2001)
Autor: Churchforum
Fuente: Churchforum
El Domingo de Ramos
La palma y el ramo de olivo se conservan, ante todo, como un testimonio de la fe en Cristo, rey mesiánico, y en su victoria pascual
La liturgia de la Semana Santa comienza con la bendición de las palmas y una procesión el Domingo, con una solemne proclamación de la narración de la Pasión según San Mateo en la misa.
La procesión de Ramos viene evidentemente del recuerdo de lo que pasó en la vida de Jesús días antes de su pasión y muerte. En los primeros siglos, en Jerusalén se comenzó a venerar los lugares donde había sucedido algún acontecimiento en la vida de Jesús.
"Por eso el domingo anterior al Viernes Santo todo el pueblo se reunía en el Monte de los Olivos junto con el obispo y desde allí se dirigían a la ciudad con ramos en las manos y gritando Viva, como habían hecho los contemporáneos de Jesús".
La famosa monja peregrina española, Egeria, nos cuenta como se celebraba el Domingo de Ramos y nos detalla que el obispo de Jerusalén, representando a Cristo, se montaba en un burro y que la gente llevaba a sus recién nacidos y a los niños a la procesión.
Pero cada Iglesia fue tomando esta costumbre y celebrándola en particular. En Roma para el siglo IV se le llamaba a este día "Domingo de la Pasión" y en él se proclamaba solemnemente la Pasión del Señor, haciendo ver que la cruz es el camino de la resurrección. Sólo hasta el siglo XI se comenzó allí también la costumbre de la procesión. Se nos dice que en Egipto la cruz era cargada triunfalmente en esta procesión. En Francia y en España en el siglo VII se habla de la bendición de ramos y de la procesión.
Tras el concilio de Trento se quiso que en todas partes de la Iglesia Latina se celebrara de la misma manera este domingo y entonces se juntó lo que se hacía en Jerusalén (procesión de Ramos) con lo que se hacía en Roma (celebración de la pasión, como si fueran cosas distintas, ya que cada una se celebraba con ornamentos de distinto color y con oraciones iniciales y finales propias.
Con las reformas que hizo el Papa Paulo VI a las celebraciones de Semana Santa después del Concilio Vaticano II, se unificó la celebración con oraciones y ornamentos comunes haciendo ver mas claramente que en ella se vive el único misterio pascual de vida y muerte y que una y otra de sus partes se relacionan y se enriquecen mutuamente: no hay verdadera celebración del Domingo de Ramos sin procesión y sin lectura solemne de la Pasión en Una misma Eucaristía.
"La procesión que conmemora la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén tiene un carácter festivo y popular. A los fieles les gusta conservar en sus hogares, y a veces en el lugar de trabajo, los ramos de olivo o de otros árboles, que han sido bendecidos y llevados en la procesión.
Sin embargo es preciso instruir a los fieles sobre el significado de la celebración, para que entiendan su sentido. Será oportuno, por ejemplo, insistir en que lo verdaderamente importante es participar en la procesión y no simplemente procurarse una palma o ramo de olivo; que estos no se conserven como si fueran amuletos, con un fin curativo o para mantener alejados a los malos espíritus y evitar así, en las casas y los campos, los daños que causan, lo cual podría ser una forma de superstición.
La palma y el ramo de olivo se conservan, ante todo, como un testimonio de la fe en Cristo, rey mesiánico, y en su victoria pascual." (Directorio sobre la Piedad Popular y los Sacramentos. Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 17 de diciembre de 2001)
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