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martes, 3 de abril de 2012
Persona, familia y RR.HH.
De la imaginación a la razón
Por: Juan Monroy Abogado
Martes 3 de Abril del 2012
Un dato histórico trascendente no tiene siempre la certeza que las obras científicas aseguran. Un sabio afirma un hecho y su prestigio convierte en teoría su conjetura. Salimos del error cuando, afortunadamente, un “investigador incorrecto” descubre su origen defectuoso. Montaigne soporta una “verdad” de estas, lamentablemente poco revelada y por eso fuente de incomprensión y olvido.
La modernidad empieza cuando el pensamiento se libera de su carga mítica y la razón se transforma en el instrumento excluyente para lograr el progreso final del hombre. Es un valor entendido considerar que empezó en el siglo XVII, con los estudios y descubrimientos en filosofía, física y matemática (Descartes, Newton, Leibniz, etc.).
Toulmin niega tal tesis. Usando el ajedrez, afirma que cuando Descartes propuso buscar la certeza en la abstracción de las leyes absolutas que rigen la naturaleza, solo respondió con negras a una apertura ejecutada por Montaigne –un gambito de salida por su astucia y humor– quien, así, es el verdadero iniciador de la modernidad.
Desde un escepticismo clásico y simple, Montaigne enseñó que la filosofía y la política son instrumentos para que el hombre comprenda sus vivencias interiores desde sus reflexiones cotidianas. Al conectar la dimensión física del mundo (cosmos) con la dimensión natural del hombre en sociedad (polis), advirtió que este no necesita certezas sino dudas creativas que le concedan la fuerza moral e intelectual imprescindibles para construir un mundo distinto, proponiendo un modelo de sociedad en lo moral, lo político y lo científico. Una concepción llamada ahora cosmopolitismo.
En literatura, Montaigne logró que los temas narrativos clásicos –leyendas, dragones y antepasados misteriosos– cedieran su lugar al universo íntimo del hombre, a su subjetividad. Por eso, es perfectamente comprensible la aparición de Shakespeare y Cervantes y, con ellos, de la universalidad íntima y a la vez colectiva de Hamlet, –aunque Falstaff es inolvidable– y Don Quijote, modelos de lo que somos y seremos y razones de por qué somos y así seremos.
Para Harold Bloom, la novela fue el centro de la narrativa de ambición estética desde Cervantes a Proust. Y si en esa etapa encontramos a Tolstoi, Dostoievski, Kafka, Stevenson o Dickens; y a posproustianos como Borges, Georghiu, Kazantzakis, García Márquez o Vargas Llosa, se lo debemos a Montaigne. Él colocó a la imaginación en el lugar donde el espíritu se transforma en felicidad y emoción sublimes.
Lamentablemente la partida de ajedrez siguió y la razón derribó las torres y los caballos de la imaginación. Ahora la única certeza es que luego de un siglo XX racionalmente demencial (millones de hombres muertos en vano), seguimos al borde del abismo. Con furia asesina buscamos la felicidad acumulando riqueza, depredando y explotando hasta que no quede nada por destruir. El hombre no es el único animal que engaña, pero sí el único capaz de creerse sus mentiras.
Al borde del jaque mate, todavía tenemos a Montaigne y su idea de que el humanismo –filosofía, literatura y otras expresiones– es la manifestación de las “preocupaciones prácticas de la vida humana”. Si Internet nos provee todo el conocimiento que queremos y necesitamos, ¿no será el momento de agregarle sabiduría práctica a nuestras decisiones sin obsesionarnos por el estado de ganancias y pérdidas?
viernes, 4 de diciembre de 2009
Comunicación

El Comercio 4 de diciembre del 2009
FILOSOFEMAS
Del absurdo al sentido de la vida
Por: Francisco Miró Quesada Canturas *
El próximo año se cumplirá medio siglo de la muerte de Albert Camus, uno de los literatos y filósofos franceses más grandes de su época. Cuando era joven leí su primera novela “El extranjero”. El argumento era original, el desarrollo del tema era perfecto y el estilo en que estaba escrito fue considerado por los críticos, elegante y puro. Resumiendo, la trama se basaba en un hecho absurdo, un joven paseándose por una playa desierta mata, sin querer, a otro joven y es condenado a muerte. Uno de los motivos de su condena es que declaró que no había llorado en el entierro de su madre. Todo lo sucedido desde el principio hasta el fin de la novela es absurdo. Es que Camus consideraba, con profunda convicción, que la vida era absurda y que no tenía sentido. La causa principal de esta desesperanza fue, tal vez, la rápida derrota de Francia por Alemania, apenas iniciada la Segunda Guerra Mundial.
Quedé tan impresionado por “El extranjero” que comencé a leer todas las obras que pude adquirir de su autor. “Calígula”, “El malentendido”, “La peste”, “El hombre rebelde”. Solo me referiré a la primera y la tercera.
“Calígula” es una pieza teatral en la que Camus intenta explicar la crueldad del emperador romano, que tenía este nombre. La razón es la muerte de la mujer que amaba. ¿Cómo es posible, se pregunta Calígula, que muera la persona que uno ama? La muerte de mi amada es absurda. Esta rebelión ante el absurdo es la causa de su crueldad.
“La peste” relata una epidemia en un país africano. Para curar a los enfermos viaja un médico que se distingue no solo por su talento, sino porque es capaz de correr todos los riesgos con tal de salvar a un semejante. Logra curar a muchos pero, un día, muere contagiado por la peste.
Hace algún tiempo el director de la Alianza Francesa me pidió que escribiera un artículo para la revista de la institución pero yo me negaba. Hasta que leí a Camus. Entonces lo llamé y le dije: Ahora sí voy a escribir en su revista y será sobre Camus. En mi artículo decía que el argumento de “La peste”, revelaba que Camus había cambiado su posición inicial sobre el absurdo, pues el sacrificio del médico francés, morir por salvar a otro, daba sentido a la vida.
El director de la Alianza Francesa de aquella época me dijo que debía enviar mi artículo a Camus. Me negué de plano. Entonces él se lo envió. Camus, quien sabía español, lo leyó, y me envió una carta. Sería de mal gusto relatar lo que decía sobre mi artículo. Pero, además me dijo que si algún día iba a París fuera a visitarlo. Tuve la suerte de viajar a París seis meses después. Lo primero que hice fue visitarlo. Me recibió en su cuarto de trabajo y me impresionó mucho la serenidad que irradiaba de sus ojos azules. Conversamos como una hora y al despedirme me dijo: Lo autorizo a que reproduzca en su diario todo lo que usted desee de mis escritos.
Pero el 4 de enero de 1960 murió de manera absurda. El auto en que estaba y que era conducido por su hijo chocó contra un árbol. Camus murió inmediatamente. Así dejó de existir uno de los escritores más extraordinarios de la primera mitad del siglo XX.
[*] Director General
FILOSOFEMAS
Del absurdo al sentido de la vida
Por: Francisco Miró Quesada Canturas *
El próximo año se cumplirá medio siglo de la muerte de Albert Camus, uno de los literatos y filósofos franceses más grandes de su época. Cuando era joven leí su primera novela “El extranjero”. El argumento era original, el desarrollo del tema era perfecto y el estilo en que estaba escrito fue considerado por los críticos, elegante y puro. Resumiendo, la trama se basaba en un hecho absurdo, un joven paseándose por una playa desierta mata, sin querer, a otro joven y es condenado a muerte. Uno de los motivos de su condena es que declaró que no había llorado en el entierro de su madre. Todo lo sucedido desde el principio hasta el fin de la novela es absurdo. Es que Camus consideraba, con profunda convicción, que la vida era absurda y que no tenía sentido. La causa principal de esta desesperanza fue, tal vez, la rápida derrota de Francia por Alemania, apenas iniciada la Segunda Guerra Mundial.
Quedé tan impresionado por “El extranjero” que comencé a leer todas las obras que pude adquirir de su autor. “Calígula”, “El malentendido”, “La peste”, “El hombre rebelde”. Solo me referiré a la primera y la tercera.
“Calígula” es una pieza teatral en la que Camus intenta explicar la crueldad del emperador romano, que tenía este nombre. La razón es la muerte de la mujer que amaba. ¿Cómo es posible, se pregunta Calígula, que muera la persona que uno ama? La muerte de mi amada es absurda. Esta rebelión ante el absurdo es la causa de su crueldad.
“La peste” relata una epidemia en un país africano. Para curar a los enfermos viaja un médico que se distingue no solo por su talento, sino porque es capaz de correr todos los riesgos con tal de salvar a un semejante. Logra curar a muchos pero, un día, muere contagiado por la peste.
Hace algún tiempo el director de la Alianza Francesa me pidió que escribiera un artículo para la revista de la institución pero yo me negaba. Hasta que leí a Camus. Entonces lo llamé y le dije: Ahora sí voy a escribir en su revista y será sobre Camus. En mi artículo decía que el argumento de “La peste”, revelaba que Camus había cambiado su posición inicial sobre el absurdo, pues el sacrificio del médico francés, morir por salvar a otro, daba sentido a la vida.
El director de la Alianza Francesa de aquella época me dijo que debía enviar mi artículo a Camus. Me negué de plano. Entonces él se lo envió. Camus, quien sabía español, lo leyó, y me envió una carta. Sería de mal gusto relatar lo que decía sobre mi artículo. Pero, además me dijo que si algún día iba a París fuera a visitarlo. Tuve la suerte de viajar a París seis meses después. Lo primero que hice fue visitarlo. Me recibió en su cuarto de trabajo y me impresionó mucho la serenidad que irradiaba de sus ojos azules. Conversamos como una hora y al despedirme me dijo: Lo autorizo a que reproduzca en su diario todo lo que usted desee de mis escritos.
Pero el 4 de enero de 1960 murió de manera absurda. El auto en que estaba y que era conducido por su hijo chocó contra un árbol. Camus murió inmediatamente. Así dejó de existir uno de los escritores más extraordinarios de la primera mitad del siglo XX.
[*] Director General
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