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lunes, 2 de julio de 2018
martes, 29 de mayo de 2018
viernes, 23 de septiembre de 2016
Historia, geografía y economía
El crimen de Greenpeace, por Bjorn Lomborg
La campaña de la ONG ambientalista contra los alimentos transgénicos.
- Bjørn Lomborg
- Ambientalista y director del Centro para el Consenso de Copenhague
¿Está cometiendo Greenpeace un crimen contra la humanidad? Una
carta de 113 premios Nobel así lo sugiere. En ella, los laureados instan
al grupo ecologista a abandonar su campaña contra los alimentos
genéticamente modificados, especialmente contra el arroz dorado, que
podría ayudar a evitar millones de muertes en países en vías de
desarrollo.
Al referirse a los alimentos producidos a partir de un Organismo Genéticamente Modificado (OGM) como ‘frankenfood’ (comida Frankenstein), los activistas han conseguido un término brillante y ciertamente alarmista, que ha sido fuertemente promovido por Greenpeace. Pero este concepto no tiene ningún fundamento que se sostenga.
Hace solo un par de meses, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos concluyó que los transgénicos “son tan seguros” como los alimentos no transgénicos. Asimismo, la Unión Europea ha llegado a la conclusión, después de 130 proyectos de investigación y 25 años de estudios, que “no hay, hasta la fecha, evidencia científica alguna que relacione los OGM con mayores riesgos para el medio ambiente o para la seguridad de los alimentos que las plantas y organismos convencionales”.
Entonces, ¿por qué Greenpeace insiste en que estos alimentos podrían ser “una amenaza para la salud humana y del medio ambiente”? Cuando se trata del calentamiento global, Greenpeace y otras organizaciones ecologistas son bastante claras. Afirman, correctamente, que debemos tener en cuenta la abrumadora evidencia científica de que el calentamiento global es real y que causará problemas importantes. Sin embargo, en lo referente a los OGM hacen caso omiso a las abrumadoras pruebas científicas.
Uno de los premios Nobel involucrados, Sir Richard Roberts, encuentra una explicación a todo esto: una campaña basada en el miedo siempre ayuda a recaudar fondos.
Es cierto que la información negativa es mejor para recaudar fondos que la positiva. Respecto al calentamiento global, la ciencia ofrece un gran número de historias negativas para ayudar a recaudar fondos, pero seguir las abrumadoras evidencias científicas en torno a los alimentos transgénicos no ayuda tanto. Con la necesidad de recaudar US$366 millones al año, Greenpeace no es exactamente un pequeño negocio familiar.
Claro que, en este caso, no tener en cuenta las abrumadoras pruebas científicas provoca muertes en el mundo real. Cuando la hambruna afectó a 3 millones de zambianos en el 2002, su presidente se negó a recibir donaciones de maíz transgénico, describiéndolo como “veneno”. Con millones de sus propios ciudadanos enfrentándose al hambre, Zimbabue también rechazó maíz transgénico argumentando que no serían “utilizados como conejillos de indias”, pese a que los estadounidenses ya lo venían consumiendo desde hacía siete años.
Sin embargo, la desinformación en torno al arroz dorado ha sido aun más letal. Se trata de arroz modificado genéticamente que contiene altos niveles de caroteno, que el cuerpo convierte en vitamina A. Esto es importante porque 3.000 millones de personas dependen del arroz como alimento básico, pero el arroz convencional carece de vitamina A.
La Organización Mundial de la Salud estima que la falta de vitamina A provoca que entre 250.000 y 500.000 niños queden ciegos anualmente y que la mitad de ellos muera en el plazo de un año. De manera ingeniosa, el arroz dorado podría permitir a miles de millones de personas alimentarse con arroz, pero con más vitamina A que comiendo espinacas (50 gramos proporcionarían el 60% de la dosis diaria recomendada).
Sin embargo, Greenpeace, junto con otras organizaciones, ha estado luchando contra el arroz dorado durante al menos 15 años, argumentando que podría haber “riesgos inespecíficos para la salud humana”. Esto es inexcusable y pone en riesgo la vida de millones de personas innecesariamente, tal y como los 113 premios Nobel han señalado en términos muy claros.
La reacción de Greenpeace ha sido aleccionadora y deprimente. Afirman que el arroz dorado es una solución fracasada debido a que aún no está disponible para la venta. Sin embargo, el retraso se debe principalmente a la propia campaña que Greenpeace y otras organizaciones han estado librando. En el 2013, organizaciones no gubernamentales destruyeron en Filipinas las terrazas de cultivo que formaban parte de un ensayo con arroz dorado, un acto que Greenpeace apoyó mediante numerosas declaraciones.
Greenpeace reconoce que cientos de millones de personas, las más pobres del mundo, carecen de vitamina A, pero sorprendentemente sugiere que deberíamos eliminar el arroz dorado como parte de la solución. Sugiere que estos pobres, los más pobres del planeta, simplemente deben comer mejor y con alimentos más caros.
Por supuesto, Greenpeace debería dejar de ignorar la abrumadora evidencia científica. Pero también debemos aprender de esta situación. En una sociedad plural, es esencial que existan organizaciones ecologistas como Greenpeace para desafiar las verdades establecidas. El problema es que confiamos en ellos demasiado. Las encuestas muestran que confiamos en organizaciones ecologistas mucho más que en organismos de protección medioambiental, en los que se confía a su vez mucho más que en las corporaciones.
Está claro que nunca debemos aceptar simplemente la palabra de los grandes productores de alimentos sin hacer preguntas. Pero del mismo modo, la historia de los alimentos transgénicos muestra que deberíamos ser también escépticos con Greenpeace.
Al referirse a los alimentos producidos a partir de un Organismo Genéticamente Modificado (OGM) como ‘frankenfood’ (comida Frankenstein), los activistas han conseguido un término brillante y ciertamente alarmista, que ha sido fuertemente promovido por Greenpeace. Pero este concepto no tiene ningún fundamento que se sostenga.
Hace solo un par de meses, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos concluyó que los transgénicos “son tan seguros” como los alimentos no transgénicos. Asimismo, la Unión Europea ha llegado a la conclusión, después de 130 proyectos de investigación y 25 años de estudios, que “no hay, hasta la fecha, evidencia científica alguna que relacione los OGM con mayores riesgos para el medio ambiente o para la seguridad de los alimentos que las plantas y organismos convencionales”.
Entonces, ¿por qué Greenpeace insiste en que estos alimentos podrían ser “una amenaza para la salud humana y del medio ambiente”? Cuando se trata del calentamiento global, Greenpeace y otras organizaciones ecologistas son bastante claras. Afirman, correctamente, que debemos tener en cuenta la abrumadora evidencia científica de que el calentamiento global es real y que causará problemas importantes. Sin embargo, en lo referente a los OGM hacen caso omiso a las abrumadoras pruebas científicas.
Uno de los premios Nobel involucrados, Sir Richard Roberts, encuentra una explicación a todo esto: una campaña basada en el miedo siempre ayuda a recaudar fondos.
Es cierto que la información negativa es mejor para recaudar fondos que la positiva. Respecto al calentamiento global, la ciencia ofrece un gran número de historias negativas para ayudar a recaudar fondos, pero seguir las abrumadoras evidencias científicas en torno a los alimentos transgénicos no ayuda tanto. Con la necesidad de recaudar US$366 millones al año, Greenpeace no es exactamente un pequeño negocio familiar.
Claro que, en este caso, no tener en cuenta las abrumadoras pruebas científicas provoca muertes en el mundo real. Cuando la hambruna afectó a 3 millones de zambianos en el 2002, su presidente se negó a recibir donaciones de maíz transgénico, describiéndolo como “veneno”. Con millones de sus propios ciudadanos enfrentándose al hambre, Zimbabue también rechazó maíz transgénico argumentando que no serían “utilizados como conejillos de indias”, pese a que los estadounidenses ya lo venían consumiendo desde hacía siete años.
Sin embargo, la desinformación en torno al arroz dorado ha sido aun más letal. Se trata de arroz modificado genéticamente que contiene altos niveles de caroteno, que el cuerpo convierte en vitamina A. Esto es importante porque 3.000 millones de personas dependen del arroz como alimento básico, pero el arroz convencional carece de vitamina A.
La Organización Mundial de la Salud estima que la falta de vitamina A provoca que entre 250.000 y 500.000 niños queden ciegos anualmente y que la mitad de ellos muera en el plazo de un año. De manera ingeniosa, el arroz dorado podría permitir a miles de millones de personas alimentarse con arroz, pero con más vitamina A que comiendo espinacas (50 gramos proporcionarían el 60% de la dosis diaria recomendada).
Sin embargo, Greenpeace, junto con otras organizaciones, ha estado luchando contra el arroz dorado durante al menos 15 años, argumentando que podría haber “riesgos inespecíficos para la salud humana”. Esto es inexcusable y pone en riesgo la vida de millones de personas innecesariamente, tal y como los 113 premios Nobel han señalado en términos muy claros.
La reacción de Greenpeace ha sido aleccionadora y deprimente. Afirman que el arroz dorado es una solución fracasada debido a que aún no está disponible para la venta. Sin embargo, el retraso se debe principalmente a la propia campaña que Greenpeace y otras organizaciones han estado librando. En el 2013, organizaciones no gubernamentales destruyeron en Filipinas las terrazas de cultivo que formaban parte de un ensayo con arroz dorado, un acto que Greenpeace apoyó mediante numerosas declaraciones.
Greenpeace reconoce que cientos de millones de personas, las más pobres del mundo, carecen de vitamina A, pero sorprendentemente sugiere que deberíamos eliminar el arroz dorado como parte de la solución. Sugiere que estos pobres, los más pobres del planeta, simplemente deben comer mejor y con alimentos más caros.
Por supuesto, Greenpeace debería dejar de ignorar la abrumadora evidencia científica. Pero también debemos aprender de esta situación. En una sociedad plural, es esencial que existan organizaciones ecologistas como Greenpeace para desafiar las verdades establecidas. El problema es que confiamos en ellos demasiado. Las encuestas muestran que confiamos en organizaciones ecologistas mucho más que en organismos de protección medioambiental, en los que se confía a su vez mucho más que en las corporaciones.
Está claro que nunca debemos aceptar simplemente la palabra de los grandes productores de alimentos sin hacer preguntas. Pero del mismo modo, la historia de los alimentos transgénicos muestra que deberíamos ser también escépticos con Greenpeace.
miércoles, 13 de julio de 2016
martes, 5 de julio de 2016
Ciencia, tecnología y ambiente
Transgénicos: sobre dogmas y emociones, por David Rivera
Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. dice que uso de transgénicos no aumentó el rendimiento por hectárea en ese país
(Foto: Referencial)
En los últimos tres años, en dos investigaciones periodísticas realizadas primero por Ricardo Uceda y luego por Moisés Navarro para la revista “Poder” expusimos las conclusiones de las más recientes investigaciones científicas sobre el impacto de los transgénicos y cómo, efectivamente, paulatinamente se han ido derrumbando algunos mitos que existían sobre ellos respecto a su impacto en la salud. Pero en esos mismos artículos también hemos desarrollado tres aspectos relevantes sobre los que el día de ayer el doctor Elmer Huerta ha llamado la atención a partir de un reciente reporte de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.
Huerta nos revela que este informe dice lo siguiente: (i) que el uso de transgénicos no aumentó el rendimiento por hectárea de soya o maíz en Estados Unidos; (ii) que si bien existe cierto beneficio para los agricultores que los usan, este solo es pasajero, depende del tamaño de los campos de cultivo y que los pequeños agricultores, sin acceso a crédito y que tienen que pagar por las semillas transgénicas por adelantado, pueden ser los más perjudicados; y (iii) que debido a que los productos orgánicos y no transgénicos son cada día más valiosos, cada país debe decidir qué le conviene más en base a sus oportunidades.
La pregunta se cae de madura. Si asumimos que efectivamente los transgénicos no tienen ningún impacto en la salud (aunque la Academia de Ciencias reconoce que es más fácil estudiar los efectos agudos o inmediatos de cualquier alimento que los crónicos de largo plazo), pero también que el Perú es un país de pequeños agricultores, muchos de ellos pobres, y que nuestra principal oportunidad de mercado radica en nuestra biodiversidad, ¿debemos o no abrirnos a la posibilidad del ingreso y cultivo de productos transgénicos? ¿Hay acaso una única respuesta cierta?
No. Y en cualquier caso, esta no es sencilla. Más allá de clichés, para nuestro país implica tomar conciencia de lo que representa realmente ser uno de los países más diversos del planeta; tener una visión de hacia dónde queremos ir y cómo queremos posicionarnos en el mundo; y priorizar nuestras oportunidades y crear el marco institucional necesario para conseguirlo. Para ello, efectivamente, tenemos que desprendernos de dogmas y emociones.
lunes, 4 de julio de 2016
martes, 30 de septiembre de 2014
martes, 7 de mayo de 2013
viernes, 7 de diciembre de 2012
martes, 4 de diciembre de 2012
viernes, 16 de diciembre de 2011
Ciencias
“Debe aprobarse reglamento que exige identificar los OGM”
Por: Crisólogo Cáceres Presidente de Aspec
Viernes 16 de Diciembre del 2011
El artículo 37° del Código del Consumidor reconoce expresamente este derecho al señalar que: “Los alimentos que incorporen componentes genéticamente modificados deben indicarlo en sus etiquetas”. Así de simple, así de claro.
Concurrentemente, su cuarta disposición complementaria final determina que esta obligación debió empezarse a cumplir a los 180 días calendario, contados a partir de la vigencia del código. Esto es el pasado 2 de abril.
Sin embargo, han transcurrido ocho meses adicionales y el reglamento sobre etiquetado de los OGM aún no ve la luz.
¿Cuál es la razón? Como siempre ocurre en estos casos, se ensayan todo tipo de excusas para justificar la demora: que el etiquetado de transgénicos será un obstáculo al comercio, que generará sobrecostos a las empresas que se trasladarán al consumidor, que se pretende legislar a base de consideraciones políticas y no técnicas, etc.
Muchas palabras, muchos discursos que lo único que hacen es confundir al consumidor y tranquilizar las conciencias de algunos. Empero, lo que sí queda claro es que el mencionado retraso en la publicación del reglamento implica un menoscabo del derecho a la información de los consumidores y una transgresión a la ley por cuanto el Poder Ejecutivo está fuera del plazo estipulado por el código.
Cabe precisar que hace pocos meses la Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios (Aspec) divulgó los resultados de un estudio según el cual, en cuando menos 10 de 13 alimentos envasados analizados se comprobó la presencia de los OGM.
Obviamente, ninguno de los productos analizados lo revelaba en su etiquetado. En consecuencia, se corroboró lo que sospechábamos hace tiempo: es un hecho que los alimentos transgénicos están en las estanterías de los mercados y bodegas y los consumidores los compramos y los llevamos a nuestras casas para comerlos sin saberlo.
Nadie nos informa, nadie nos dice nada, lo cual implica una clara vulneración de nuestro derecho a la información. Por eso es fundamental que la Presidencia del Consejo de Ministros apruebe el reglamento pendiente y que entre en vigencia de inmediato. Solo así se pondrá coto a esta situación totalmente injusta para el consumidor.
domingo, 11 de diciembre de 2011
viernes, 4 de noviembre de 2011
domingo, 22 de mayo de 2011
jueves, 19 de mayo de 2011
Ciencias
BANCOS LOCALES EN EL LADO DE LA COMPRA
Crean comisión multisectorial sobre el ingreso de transgénicos
Grupo tendrá 30 días para debatir el tema y emitir un informe final
Por: Marienella Ortiz
Jueves 19 de Mayo del 2011
En los exteriores de Palacio de Gobierno, el nuevo titular de Agricultura, Jorge Villasante, reconoció que esta es una respuesta a la polémica que ha suscitado la proximidad de los cultivos transgénicos en el país.
Esta comisión estará adscrita al Ministerio de Agricultura y dispondrá de un plazo de 30 días para recibir los aportes y evaluar las sugerencias o propuestas de modificación de la norma. Después de ello, lemitirá un informe final.
El comité estará integrado por dos representantes del Ministerio de Agricultura, así como de los ministerios del Ambiente (Minam), de la Producción, de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur) y de Salud (Minsa).
También participará un representante del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Concytec), de la Convención Nacional del Agro Peruano (Conveagro), de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep), de la Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios (Aspec), de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI) y de la Sociedad de Comercio Exterior del Perú (ComexPerú).
En los últimos días hubo un entredicho por este tema entre el respetado chef y opositor a las semillas transgénicas Gastón Acurio y el jefe de Estado, Alan García.
ES POSITIVO
Tanto los que están a favor como en contra del uso de esta tecnología en territorio peruano calificaron de positivo el anuncio gubernamental.
El presidente de Inform@ccion, Fernando Cillóniz, consideró que es acertado abrir el debate “con menos pasión y más ciencia”. Recomendó tomar nota de los estudios de la Organización Mundial de la Salud y de otras experiencias como la brasileña en el uso sin complicaciones de los transgénicos.
El presidente de la Asociación de Consumidores y Usuarios, Crisólogo Cáceres, consideró que el reglamento debe aplicarse luego de un fortalecimiento de las capacidades de infraestructura y de personal para resguardar nuestra biodiversidad.
La directora de Diversidad Biológica del Ministerio del Ambiente, Miriam Cerdan, señaló que antes de publicarse el reglamento se debió modificar la ley que le dio origen y que data de 1999, año en que no existía el Ministerio del Ambiente ni se había pasado por la descentralización. “Lo ideal es que el Ministerio del Ambiente conjuntamente con el sector agricultura puedan evaluar las solicitudes de ingreso de estos cultivos, como ocurre en otros países, sostuvo.
Proyecto en veremos
El titular de Agricultura, Jorge Villasante, se mostró a favor de una moratoria de cinco años al ingreso de los transgénicos, con el fin de tener lista una regulación clara y garantizar que la biodiversidad no se vea afectada con el ingreso de esas semillas.
En declaraciones a una radio local, dijo que el Poder Ejecutivo respetará la decisión del Congreso, que hoy debatirá si se define una moratoria. “Hay propuestas de 3 a 15 años… de repente 5 años puede ser lo más adecuado. Veamos qué dice el Congreso, finalmente está en su cancha. El Ejecutivo respetará lo que apruebe el Parlamento y en su momento lo evaluará”, afirmó.
Con ello, dijo que será posible hacer un mapeo, para definir las zonas donde ingresarían las semillas transgénicas, trabajo que realiza hoy el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA).
El pleno del Parlamento inició la semana pasada el debate de este dictamen. Se espera que hoy culmine y se ponga al voto.
lunes, 25 de abril de 2011
Ciencias
MEGADIVERSIDAD EN RIESGO
Irresponsabilidad frente a transgénicos
Por: Manuel Luque Casanave*
Lunes 25 de Abril del 2011
El reglamento de bioseguridad pone a nuestro país en peligro de perder la ventaja comparativa y competitiva que representa contar con una de las mayores riquezas biodiversas del planeta. En un mundo que valora lo orgánico, debemos reflexionar frente a este irresponsable reglamento que abre las puertas a organismos genéticamente modificados (OGM) o transgénicos, que son causa de alergias, resistencia a los antibióticos, afectación al sistema inmunológico, riesgo de mutaciones genéticas, potencial daño a los riñones y al hígado, como se ha comprobado en México con algunas variedades de maíz genéticamente modificado.
La incorporación de transgénicos compromete la seguridad alimentaria al generarse una dependencia económica continua de las semillas transgénicas.
En cada campaña de siembra, el agricultor tendrá que comprarlas, pues las patentes impedirán que el agricultor las use para la siguiente siembra; la empresa transnacional propietaria de la semilla podría acudir a los tribunales internacionales para hacer valer sus derechos de propiedad intelectual y demandar a los agricultores nacionales.
Dentro del alcance del reglamento nuestros recursos autóctonos pueden ser modificados genéticamente y después patentados, luego las empresas propietarias nos los venderán como semillas transgénicas al amparo de la propiedad intelectual. Ello supondrá la pérdida de variedades de plantas, al privilegiar el cultivo de solo unas pocas con alta productividad y verse desplazadas nuestras variedades autóctonas.
Las semillas transgénicas generarán contaminación genética, poniendo en riesgo nuestro patrimonio genético, por la polinización cruzada de OGM de cultivos adyacentes vía el viento, insectos, aves y otros vectores polinizadores, como también los cultivos orgánicos de exportación, generalmente de comunidades campesinas y pequeños agricultores.
Frente a la arremetida de los transgénicos debemos implementar bancos genéticos para ir patentando nuestros recursos genéticos (excipientes y germoplasmas) para no perder las oportunidades que ofrece el mercado mundial a lo natural, evitando al mismo tiempo la biopiratería a partir de nuestra biodiversidad.
Nuestra gastronomía está en riesgo: las variedades transgénicas de limón, maíz, ají y cebolla, tomate alterarán los sabores de nuestros platos de bandera.
No podemos ni debemos ceder a los lobbies de las grandes transnacionales que intentan dominar el mercado alimentario del mundo.
Nuestro país no es uno cualquiera y, por ello, apetecible por las empresas que quieren ingresar y lograr patentes transgénicas a partir de nuestra megadiversidad. La experiencia demuestra que las semillas modificadas genéticamente tienden a desplazar y eliminar en el campo a las semillas naturales por polinización cruzada.
Nuestra seguridad alimentaria está en juego por la dependencia de nuestra agricultura a las semillas transgénicas, dependencia que ahondaría las condiciones de pobreza de nuestra población rural.
El presidente García no puede dejar esta bomba de tiempo al próximo gobierno, tiene la enorme responsabilidad de rechazar y dejar sin efecto el reglamento por el incalculable e irreversible daño económico, social y ambiental que ocasionaría a nuestro país.
(*) Ingeniero
martes, 14 de septiembre de 2010
Enfermería

EL CONSUMIDOR DEBE INFORMARSE
Decida si consume transgénicos
Martes 14 de Setiembre del 2010
¿Alguna vez ha escuchado hablar de los alimentos transgénicos? ¿Sabe exactamente qué son estos componentes presentes en algunos de los alimentos que usted adquiere en el supermercado?.
“Los alimentos transgénicos son aquellos que han sufrido modificación en su estructura genética. Se les ha agregado o quitado parte de la secuencia original, a fin de crear un organismo con características específicas, por lo general con más ventajas que su versión original. En este proceso, se puede incorporar genes de otra especie –de bacterias, virus, animales o plantas– en un alimento, creando así un alimento con una estructura genética distinta”, define el nutricionista Arnaldo Hurtado.
La extensión de los cultivos transgénicos y el incremento de su consumo han desatado polémica. “El tema es controversial. Por un lado muchos expertos consideran que los transgénicos pueden ser la solución al hambre y la pobreza, puesto que estos ‘supercultivos’ podrían eventualmente ser resistentes a todo y los alimentos podrían ser potenciados”.
No obstante, agrega el nutricionista, sus detractores advierten que los transgénicos pondrían en riesgo los cultivos tradicionales y podrían desaparecer algunas variedades exóticas o regionales, como el maíz gigante del Cusco. “A través de la polinización, los cultivos transgénicos pueden ‘contaminar’ con sus genes a las especies convencionales”, dice Hurtado.
Faviola Jiménez, directora de la Red Peruana de Alimentación y Nutrición (R-PAN),recomienda que se indique en la etiqueta la presencia de estos componentes para que el comprador tome una decisión informada.
PARA TENER EN CUENTA
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Actualmente se está investigando si los alimentos transgénicos causan riesgos como alergias en las personas, nuevas enfermedades producto de la combinación de virus y bacterias, el incremento de los residuos tóxicos en los alimentos, entre otros.
La única manera de saber si un alimento tiene componentes transgénicos es que el producto lo declare en su etiqueta. Por ello, es importante que el consumidor ejerza su derecho a la información.
Puede acudir a un nutricionista para que lo guíe en temas nutricionales y resuelva sus dudas.
La R-PAN indica que el consumidor latinoamericano es uno de los que menos se informa sobre el valor nutricional de los productos.
domingo, 16 de mayo de 2010
lunes, 19 de abril de 2010
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