Falleció Fernando de Szyszlo: esta es la última entrevista que dio a El Comercio
"Lo único que veo son estafas artísticas", dijo maestro De Szyszlo, antes de recibir un homenaje a finales de setiembre. Murió a los 92 años
Fernando de Szyszlo: "Lo único que veo son estafas artísticas". (Foto: Nancy Chappell)
En su sala, donde originalmente fue su taller, cada respuesta del maestro
Fernando de Szyszlo
llega con calma, pausada. Delante de él, una antología de Blanca
Varela, su primera esposa, reposa sobre la mesa. Pocos metros más allá,
frente a la puerta de ingreso a su casa, la escultura de un esqueleto
casi de tamaño natural parece dar la bienvenida al visitante, junto a
una serie de huacos eróticos que completan un inquietante conjunto
visual.
Subiendo las
escaleras, ingresar al estudio del artista es como adentrarse en una
atmósfera de eternidad. Su mundo, dominado por lienzos, óleos y las
melodías de Chopin, incluye también un balón de oxígeno y una
reproducción, en su versión original, de aquel cartel reversionado por
el márketing contemporáneo hasta decir basta: “Keep calm and carry on”.
— ¿Para qué sirven los homenajes?
Pues
no para mucho. Estoy muy agradecido que a alguien se le ocurra hacerme
un homenaje, pero no tiene otro objeto que reconocer de alguna manera el
trabajo que uno ha hecho durante tantos años, sin calificarlo. Mi
cuadro más viejo es del año 45, o sea que son 72 años, ¡qué horror!
Nunca he dejado de pintar, nunca.
— ¿A quién homenajearía usted?
A
todas las personas que admiro, pero desgraciadamente el 99 por ciento
están muertas. A Eielson, a Blanca Varela, a Sologuren, a Westphalen, a
César Moro, a Octavio Paz, que fue realmente importante en mi vida. Me
llevaba 11 años, pero siempre me trató como a un igual, y siempre fue
muy generoso conmigo. Bueno, y a Mario Vargas Llosa, por quien siempre
he tenido mucha admiración.
— Alguna vez dijo usted que Paz, hacia el final de su vida, se había sentido impotente y furioso.
Los
dos últimos meses de su vida. Estaba furioso porque no podía hablar
casi, pero no de furia, sino porque las cuerdas vocales no le
funcionaban. Fui a México a despedirme de él porque el cáncer lo había
tomado ya totalmente, y yo estaba conversando con su mujer cuando él
entró en una silla de ruedas llevado por un mozo, y entonces me di
cuenta de que estaba furioso porque escuchaba la conversación que le
interesaba mucho y no podía exponer su punto de vista, no podía expresar
lo que sentía. Fue muy doloroso para mí.
— Vargas Llosa ha dicho que usted es su mejor amigo.
Es
verdad, y yo lo he dicho también siempre: mi mejor amigo vivo es Mario,
pero he tenido otros amigos: José María Arguedas, el arquitecto Ricardo
Sarria, Cartucho Miró Quesada, pocas personas, pero van sumándose.
Tengo en mi computadora un ‘file’ cuyo título es “Ausentes”, y ahí
figuran todas las personas que he querido seriamente durante mi vida,
desde mis padres, mi hermana, mi hijo y todos mis amigos. Son más de 50
personas. O sea, se ha muerto alrededor mío todo el mundo. Soy uno de
los pocos sobrevivientes de la generación del 50.
— Sobre
Vargas Llosa, precisamente, usted ha dicho que siente envidia de su
nueva relación. ¿Qué es lo que le envidia, exactamente?
Que haya
redescubierto ese estado fantástico que es estar enamorado. Eso con el
tiempo se vuelve una cosa que no cambia. Yo soy muy feliz con mi mujer,
pero Mario… era muy feliz, y de repente se enamoró y ahí está en las
nubes.
— ¿Qué batallas ha dado por perdidas?
Yo
luché tanto por que el Museo Nacional de Arqueología fuera hecho en el
corazón de la ciudad, para mostrarle a los peruanos y extranjeros que
para nosotros era una cosa muy importante lo que habíamos heredado de
las personas que hicieron el Perú prehispánico. Pero ya doy esa batalla
por perdida. Uno no manda las cosas valiosas que tiene a 30 kilómetros
de la ciudad. ¿Se imagina usted que un habitante de San Juan de
Lurigancho o de San Cosme va a ir hasta allá, tomando tres buses,
viajando más de dos horas? A los turistas los llevan en un autobús
acondicionado… Pero todavía no he dado por perdida la batalla del amor
por el Perú. Sigo creyendo que este país tiene un gran destino y que
cuando nos pongamos serios vamos a desarrollar lo que este país tiene,
que es todo. Tiene agricultura, minería, cultura en cantidad, los
mejores poetas.
— Usted,
como muchos otros, se mostró muy entusiasta del Gobierno de PPK, pero ha
dicho luego que ese entusiasmo y efervescencia ya pasó, como lo
demuestran las encuestas también.
Sigo creyendo que Kuczynski es
un buen presidente, pero estoy decepcionado de que no se hayan puesto en
movimiento las cosas que prometió, que son las que hubieran dado la
sensación de un aire nuevo, como el ferrocarril de cercanías y el agua
para todos. La hostilidad y la mala voluntad del Congreso fujimorista
frustró todo eso, porque el Gobierno ha sido hostigado, censurado, por
un grupo que después se ha probado hasta en conversaciones hace poco
[que han dicho] “que no lo vayan a hacer antes de que lleguemos al
Gobierno”. Lo que para mí quiere decir que no va a ser nunca, porque
ellos nunca van a llegar al Gobierno. Yo creo que, para bien o para mal,
aquí termina el fujimorismo, aquí termina la dinastía fujimorista.
—Está usted pronto a cumplir 30 años de matrimonio. ¿Cómo lograr tal hazaña?
Los
franceses a veces son cínicos y dicen: “l’amour c’est un que souffre et
un que s’enmerde”, uno que sufre y uno que se aburre, pero eso no es.
Los dos tienen que tener voluntad de que eso dure. Cuando yo me casé con
Blanca, intelectualmente estábamos muy desarrollados, habíamos leído
todo lo que se puede leer, pero humanamente éramos un par de chicos
irresponsables que no sabían lo que querían, y no supimos conservar eso
[el amor], y se fue perdiendo. Felizmente, encontré a Lila. Ninguno de
los dos éramos jóvenes ya, pero teníamos la virtud de estar enamorados y
querer que durara para siempre… Eso es todo.
— ¿Es leyenda urbana o Blanca jugaba Monopolio con Simone de Beauvoir cuando se aburrían?
Sí,
eran muy amigas... Cuando llegamos a París, Blanca y yo nos separamos
ideológicamente. Ella se juntó con el grupo de los existencialistas, con
Simone de Beauvoir, con Sartre, y yo me incliné hacia la teoría del
surrealismo, hacia Breton, Éluard. El primer distanciamiento que tuvimos
fue ese. Yo nunca oí a Blanca alabar a Stalin, pero frecuentaba un
grupo que era muy comunista, de intelectuales marxistas, y yo he visto a
Sartre vendiendo los domingos el periódico comunista “L’Humanité
Dimanche”. Nunca me atrevería a decir que Blanca era comunista, pero se
dio la suerte de que ella en París frecuentara a un grupo que lo era.
Los surrealistas eran más bien trotskistas.
— Pero compartían los pocos francos que tenían en los mismos cafés.
Ah,
sin duda, y vivimos juntos en un departamentito que nos alquiló
Claudine Fitte, que era la mujer con que Sérvulo vivió mucho tiempo acá.
El departamento quedaba a media cuadra del Colegio de Francia, donde se
reúnen los más grandes intelectuales del país. Yo estaba a un paso,
pero nunca entré, tenía 24 años, era delgadito y no tenía qué comer,
pero fumaba tres paquetes diarios, qué horror. Dejé de fumar cuando
cumplí 60, de un día para otro. Nunca más fumé ni una pitada. Si lo
hubiera hecho, volvía a la cadena. Juan Rulfo estuvo una vez en mi casa
para comer, cuando todavía estaba casado con Blanca. Él había sido un
alcohólico de esos que lo encontraban tirado en una banca durmiendo, y
me llamó por teléfono en la mañana del día que iba a comer a la casa y
me dijo: “Fernando, por favor, que no haya en la comida ni un caldo que
tenga jerez, ni un postre que tenga licor”. Eso lo podía volver a tirar
abajo. Nunca más bebió él, pero nunca más escribió. Terrible.
— ¿Cuál es la última gran estafa artística que ha visto usted?
Uy,
lo único que veo son estafas artísticas. Lo que llaman arte
contemporáneo para mí es una estafa, porque pegar periódicos en cuadros
no requiere ningún compromiso, nadie pone el alma en lo que hace. Antes
yo criticaba mucho a estos pintores, pero me doy cuenta de que son fruto
de su época y pintan lo que su época merece. La civilización actual es
banal, no le gusta profundizar.
— ¿Merecemos los cadáveres de Hirst?
Yo creo, yo creo. Mire, y la música pop, rock, que cada vez se acerca más al tan tan primitivo, al tan tan prehistórico.
— ¿Necesitamos un gran terremoto quizá?
Ojalá.
¿Cómo es que decía Borges? En un cuento dice: “La copulación y los
espejos son abominables, porque multiplican el número de los hombres”.
— ¿Es corta la vida?
¡Ay,
qué horror, qué horror! Piense usted que el otro día decía: “¿Cómo se
llama esa prima que vivía en Barranco y que frecuentábamos con mi
familia?”. No me acuerdo, y no tengo a quién preguntarle porque ya todos
los que participaron no existen. Es efímera, totalmente.
—¿Qué es lo que más extraña de la juventud?
La
energía y la voracidad por la vida, la voracidad por ser feliz. Octavio
Paz decía una cosa que es muy cierta: “¿Qué ha pasado con nuestra
civilización que la palabra placer se ha vuelto obscena?”. Tener placer
es obsceno, y mucho tiene que ver el cristianismo: el placer genera
culpa, y no tiene por qué.
— ¿Sigue siendo divertido pintar o nunca lo fue?
Tiene
etapas. Todo cuadro es una derrota para mí, pero cuando el cuadro está a
la mitad o a tres cuartos es divertidísimo, es una pasión, siente que
va a cogerlo y plasmarlo finalmente, pero entonces comienza a verle los
defectos.
— ¿Como con el amor?
Exacto,
exacto, pero el amor tiene compostura, pues. La pintura no, pero tiene
algo sagrado que participa en una forma oscura que los surrealistas
llamaban “lo sagrado laico”, que es la misma sensación de cuando va a
Machu Picchu. Como dice la Biblia en el Génesis: “Este lugar es
terrible, Dios habita aquí”.
— Una última pregunta: ¿por qué es usted tan generoso dando entrevistas?
Le
decía a Mario [Vargas Llosa] que soy como Zeffirelli, quien una vez
dijo: “Si yo fuera mujer estaría siempre embarazada; no sé decir que
no”.
MÁS INFORMACIÓN
La Noche de Arte 2017
Es
una megaexposición con fines benéficos. Con lo recaudado se brindará
apoyo a quienes luchan por la reconstrucción de sus vidas luego de El
Niño costero.
Lugar: BBVA Continental en San Isidro (Av. República de Panamá 3055 ).
Fechas: del 29 de setiembre al 1 de octubre.
Entradas: Teleticket.
El homenaje a Szyszlo será el sábado 30 a las 7 p.m.
Especial interactivo:
http://elcomercio.pe/especiales/fernando-de-szyszlo-90-anos/