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martes, 10 de octubre de 2017

Arte





Falleció Fernando de Szyszlo: esta es la última entrevista que dio a El Comercio

"Lo único que veo son estafas artísticas", dijo maestro De Szyszlo, antes de recibir un homenaje a finales de setiembre. Murió a los 92 años


Fernando de Szyszlo: "Lo único que veo son estafas artísticas"

Fernando de Szyszlo: "Lo único que veo son estafas artísticas". (Foto: Nancy Chappell)
En su sala, donde originalmente fue su taller, cada respuesta del maestro Fernando de Szyszlo llega con calma, pausada. Delante de él, una antología de Blanca Varela, su primera esposa, reposa sobre la mesa. Pocos metros más allá, frente a la puerta de ingreso a su casa, la escultura de un esqueleto casi de tamaño natural parece dar la bienvenida al visitante, junto a una serie de huacos eróticos que completan un inquietante conjunto visual.
Subiendo las escaleras, ingresar al estudio del artista es como adentrarse en una atmósfera de eternidad. Su mundo, dominado por lienzos, óleos y las melodías de Chopin, incluye también un balón de oxígeno y una reproducción, en su versión original, de aquel cartel reversionado por el márketing contemporáneo hasta decir basta: “Keep calm and carry on”.
— ¿Para qué sirven los homenajes?
Pues no para mucho. Estoy muy agradecido que a alguien se le ocurra hacerme un homenaje, pero no tiene otro objeto que reconocer de alguna manera el trabajo que uno ha hecho durante tantos años, sin calificarlo. Mi cuadro más viejo es del año 45, o sea que son 72 años, ¡qué horror! Nunca he dejado de pintar, nunca.
— ¿A quién homenajearía usted?
A todas las personas que admiro, pero desgraciadamente el 99 por ciento están muertas. A Eielson, a Blanca Varela, a Sologuren, a Westphalen, a César Moro, a Octavio Paz, que fue realmente importante en mi vida. Me llevaba 11 años, pero siempre me trató como a un igual, y siempre fue muy generoso conmigo. Bueno, y a Mario Vargas Llosa, por quien siempre he tenido mucha admiración.
— Alguna vez dijo usted que Paz, hacia el final de su vida, se había sentido impotente y furioso.
Los dos últimos meses de su vida. Estaba furioso porque no podía hablar casi, pero no de furia, sino porque las cuerdas vocales no le funcionaban. Fui a México a despedirme de él porque el cáncer lo había tomado ya totalmente, y yo estaba conversando con su mujer cuando él entró en una silla de ruedas llevado por un mozo, y entonces me di cuenta de que estaba furioso porque escuchaba la conversación que le interesaba mucho y no podía exponer su punto de vista, no podía expresar lo que sentía. Fue muy doloroso para mí.
— Vargas Llosa ha dicho que usted es su mejor amigo.
Es verdad, y yo lo he dicho también siempre: mi mejor amigo vivo es Mario, pero he tenido otros amigos: José María Arguedas, el arquitecto Ricardo Sarria, Cartucho Miró Quesada, pocas personas, pero van sumándose. Tengo en mi computadora un ‘file’ cuyo título es “Ausentes”, y ahí figuran todas las personas que he querido seriamente durante mi vida, desde mis padres, mi hermana, mi hijo y todos mis amigos. Son más de 50 personas. O sea, se ha muerto alrededor mío todo el mundo. Soy uno de los pocos sobrevivientes de la generación del 50.

Fernando de Szyszlo: "Lo único que veo son estafas artísticas"

"Se ha muerto alrededor mío todo el mundo. Soy uno de los pocos sobrevivientes de la generación del 50". (Foto: Nancy Chappell)
— Sobre Vargas Llosa, precisamente, usted ha dicho que siente envidia de su nueva relación. ¿Qué es lo que le envidia, exactamente?
Que haya redescubierto ese estado fantástico que es estar enamorado. Eso con el tiempo se vuelve una cosa que no cambia. Yo soy muy feliz con mi mujer, pero Mario… era muy feliz, y de repente se enamoró y ahí está en las nubes.
— ¿Qué batallas ha dado por perdidas?
Yo luché tanto por que el Museo Nacional de Arqueología fuera hecho en el corazón de la ciudad, para mostrarle a los peruanos y extranjeros que para nosotros era una cosa muy importante lo que habíamos heredado de las personas que hicieron el Perú prehispánico. Pero ya doy esa batalla por perdida. Uno no manda las cosas valiosas que tiene a 30 kilómetros de la ciudad. ¿Se imagina usted que un habitante de San Juan de Lurigancho o de San Cosme va a ir hasta allá, tomando tres buses, viajando más de dos horas? A los turistas los llevan en un autobús acondicionado… Pero todavía no he dado por perdida la batalla del amor por el Perú. Sigo creyendo que este país tiene un gran destino y que cuando nos pongamos serios vamos a desarrollar lo que este país tiene, que es todo. Tiene agricultura, minería, cultura en cantidad, los mejores poetas.
— Usted, como muchos otros, se mostró muy entusiasta del Gobierno de PPK, pero ha dicho luego que ese entusiasmo y efervescencia ya pasó, como lo demuestran las encuestas también.
Sigo creyendo que Kuczynski es un buen presidente, pero estoy decepcionado de que no se hayan puesto en movimiento las cosas que prometió, que son las que hubieran dado la sensación de un aire nuevo, como el ferrocarril de cercanías y el agua para todos. La hostilidad y la mala voluntad del Congreso fujimorista frustró todo eso, porque el Gobierno ha sido hostigado, censurado, por un grupo que después se ha probado hasta en conversaciones hace poco [que han dicho] “que no lo vayan a hacer antes de que lleguemos al Gobierno”. Lo que para mí quiere decir que no va a ser nunca, porque ellos nunca van a llegar al Gobierno. Yo creo que, para bien o para mal, aquí termina el fujimorismo, aquí termina la dinastía fujimorista.
—Está usted pronto a cumplir 30 años de matrimonio. ¿Cómo lograr tal hazaña?
Los franceses a veces son cínicos y dicen: “l’amour c’est un que souffre et un que s’enmerde”, uno que sufre y uno que se aburre, pero eso no es. Los dos tienen que tener voluntad de que eso dure. Cuando yo me casé con Blanca, intelectualmente estábamos muy desarrollados, habíamos leído todo lo que se puede leer, pero humanamente éramos un par de chicos irresponsables que no sabían lo que querían, y no supimos conservar eso [el amor], y se fue perdiendo. Felizmente, encontré a Lila. Ninguno de los dos éramos jóvenes ya, pero teníamos la virtud de estar enamorados y querer que durara para siempre… Eso es todo.

Fernando de Szyszlo: "Lo único que veo son estafas artísticas"

Fernando de Szyszlo: "La pintura tiene algo sagrado que participa en una forma oscura que los surrealistas llamaban 'lo segundo laico'". (Foto: Nancy Chappell)
— ¿Es leyenda urbana o Blanca jugaba Monopolio con Simone de Beauvoir cuando se aburrían?
Sí, eran muy amigas... Cuando llegamos a París, Blanca y yo nos separamos ideológicamente. Ella se juntó con el grupo de los existencialistas, con Simone de Beauvoir, con Sartre, y yo me incliné hacia la teoría del surrealismo, hacia Breton, Éluard. El primer distanciamiento que tuvimos fue ese. Yo nunca oí a Blanca alabar a Stalin, pero frecuentaba un grupo que era muy comunista, de intelectuales marxistas, y yo he visto a Sartre vendiendo los domingos el periódico comunista “L’Humanité Dimanche”. Nunca me atrevería a decir que Blanca era comunista, pero se dio la suerte de que ella en París frecuentara a un grupo que lo era. Los surrealistas eran más bien trotskistas.
— Pero compartían los pocos francos que tenían en los mismos cafés.
Ah, sin duda, y vivimos juntos en un departamentito que nos alquiló Claudine Fitte, que era la mujer con que Sérvulo vivió mucho tiempo acá. El departamento quedaba a media cuadra del Colegio de Francia, donde se reúnen los más grandes intelectuales del país. Yo estaba a un paso, pero nunca entré, tenía 24 años, era delgadito y no tenía qué comer, pero fumaba tres paquetes diarios, qué horror. Dejé de fumar cuando cumplí 60, de un día para otro. Nunca más fumé ni una pitada. Si lo hubiera hecho, volvía a la cadena. Juan Rulfo estuvo una vez en mi casa para comer, cuando todavía estaba casado con Blanca. Él había sido un alcohólico de esos que lo encontraban tirado en una banca durmiendo, y me llamó por teléfono en la mañana del día que iba a comer a la casa y me dijo: “Fernando, por favor, que no haya en la comida ni un caldo que tenga jerez, ni un postre que tenga licor”. Eso lo podía volver a tirar abajo. Nunca más bebió él, pero nunca más escribió. Terrible.
— ¿Cuál es la última gran estafa artística que ha visto usted?
Uy, lo único que veo son estafas artísticas. Lo que llaman arte contemporáneo para mí es una estafa, porque pegar periódicos en cuadros no requiere ningún compromiso, nadie pone el alma en lo que hace. Antes yo criticaba mucho a estos pintores, pero me doy cuenta de que son fruto de su época y pintan lo que su época merece. La civilización actual es banal, no le gusta profundizar.
— ¿Merecemos los cadáveres de Hirst?
Yo creo, yo creo. Mire, y la música pop, rock, que cada vez se acerca más al tan tan primitivo, al tan tan prehistórico.
— ¿Necesitamos un gran terremoto quizá?
Ojalá. ¿Cómo es que decía Borges? En un cuento dice: “La copulación y los espejos son abominables, porque multiplican el número de los hombres”.
— ¿Es corta la vida?
¡Ay, qué horror, qué horror! Piense usted que el otro día decía: “¿Cómo se llama esa prima que vivía en Barranco y que frecuentábamos con mi familia?”. No me acuerdo, y no tengo a quién preguntarle porque ya todos los que participaron no existen. Es efímera, totalmente.
—¿Qué es lo que más extraña de la juventud?
La energía y la voracidad por la vida, la voracidad por ser feliz. Octavio Paz decía una cosa que es muy cierta: “¿Qué ha pasado con nuestra civilización que la palabra placer se ha vuelto obscena?”. Tener placer es obsceno, y mucho tiene que ver el cristianismo: el placer genera culpa, y no tiene por qué.

Fernando de Szyszlo: "Lo único que veo son estafas artísticas"

"Todavía no he dado por perdida la batalla del amor por el Perú. Sigo creyendo que este país tiene un gran destino", afirma De Szyszlo. (Foto: Nancy Chappell)
— ¿Sigue siendo divertido pintar o nunca lo fue?
Tiene etapas. Todo cuadro es una derrota para mí, pero cuando el cuadro está a la mitad o a tres cuartos es divertidísimo, es una pasión, siente que va a cogerlo y plasmarlo finalmente, pero entonces comienza a verle los defectos.
— ¿Como con el amor?
Exacto, exacto, pero el amor tiene compostura, pues. La pintura no, pero tiene algo sagrado que participa en una forma oscura que los surrealistas llamaban “lo sagrado laico”, que es la misma sensación de cuando va a Machu Picchu. Como dice la Biblia en el Génesis: “Este lugar es terrible, Dios habita aquí”.
— Una última pregunta: ¿por qué es usted tan generoso dando entrevistas?
Le decía a Mario [Vargas Llosa] que soy como Zeffirelli, quien una vez dijo: “Si yo fuera mujer estaría siempre embarazada; no sé decir que no”.
MÁS INFORMACIÓN
La Noche de Arte 2017
Es una megaexposición con fines benéficos. Con lo recaudado se brindará apoyo a quienes luchan por la reconstrucción de sus vidas luego de El Niño costero.
Lugar: BBVA Continental en San Isidro (Av. República de Panamá 3055 ).
Fechas: del 29 de setiembre al 1 de octubre.
Entradas: Teleticket.
El homenaje a Szyszlo será el sábado 30 a las 7 p.m.

Especial interactivo: http://elcomercio.pe/especiales/fernando-de-szyszlo-90-anos/


martes, 14 de febrero de 2012

Educación por el arte




Un Montero Que Sale a La Luz

viernes, 30 de septiembre de 2011

Educación por el arte






CRÓNICA. UN HEREDERO DE SABOGAL

La genialidad de Pedro Azabache

A sus 93 años, lúcido y poseedor de una sonrisa envidiable, el patriarca de la pintura trujillana habla sobre sus trabajos, la muerte, los cuadros que aún tiene por hacer y los que quizás ya no pueda concretar
Por: Renzo Guerrero De Luna Zárate
Viernes 30 de Setiembre del 2011
Avanza lento, pero seguro. Nadie lo apura. Se lo ve feliz. El que menos quiere saludarlo, estrechar esas manos prodigiosas que lo consagraron como uno de los pintores indigenistas más importantes del país. Se deja tomar fotos y sonríe como un niño. Es un día especial para el maestro Pedro Azabache. La gente que llegó hasta la Casa de la Emancipación también lo cree así: para el deleite de todos los trujillanos, al artista de 93 años le ofrecen otra vez –porque se lo merece– una nueva muestra antológica, en la que se expone, y hasta fines de octubre, lo mejor de su trabajo.
Aparece siempre elegante, con chalina y sombrero, así como en los tiempos que caminaba por las calles de Cusco junto a José Sabogal, su maestro y amigo, y quien lo consideró, por las características de su estilo colorido, por la fuerza de su cuadros, “en el postrer depositario de su confianza, esperanza y doctrina”.
Emocionado por la presencia de amigos, por ver otra vez parte de su trabajo reunido –cortesía de los propietarios–, el maestro Azabache se toma un tiempo y conversa sobre lo que ha sido su vida. Recuerda su querida campiña de Moche, el robusto y leal espino de más de 200 años que siempre pintó y los pueblos que alguna vez visitó y que tiene ganas de plasmar en cuadros.
“Puedo decir que le saqué provecho a la vida y nunca dejé de pintar”, dice con la humildad que lo caracteriza y que, sin duda, más allá de la magia de luz y color que regala en cada obra es su gran virtud.
Le parece un sueño que parte de su producción visite Washington, Sao Paulo y Buenos Aires. Sus obras harán, sostiene, lo que él no puede. “Para mí es una satisfacción ya que no he podido salir del Perú. De haberlo hecho, me hubiera gustado conocer Florencia, Roma, todos esos sitios donde los grandes maestros del renacimiento caminaron”, afirma con cierta nostalgia.
VIDA Y PINTURA
Dice que cuando le preguntan por su obra él la define como auténticamente peruana. Resaltan así sus conmovedoras procesiones, sobrecogedores nocturnos, sus impresionantes ocasos y los paisajes de los lugares que conoció y que tanto le gustó plasmar en óleos, acuarelas, tinta, pastel, grabados, témperas y otras técnicas que dominó con la misma sensibilidad.
Así, recuerda con cariño Cusco, Cajamarca, Huamachuco, Santiago de Chuco y, últimamente, Bambamarca, una ciudad a la que le debe aún algunas pinturas que no sabe si podrá culminar.
“Siempre en la vida se quedan muchas cosas por hacer. Ahora, por ejemplo, estoy pensando en muchas cosas que debí pintar y que las tengo anotadas. Ojalá me recupere pronto de estas dolencias, aunque debo admitir que el pulso no me da fuerzas para seguir trabajando como antes”, señala.
Los achaques propios de la edad lo han hecho pensar, aunque no muy a menudo, en la muerte. Afirma no haber pintado sobre ese tema, salvo aquel cuadro en el que plasmó a su padre en su ataúd. “Cuando Dios disponga tendré que morir, pero eso sí, pintaré hasta el último día de mi vida”, dice y sonríe, como para no perder la costumbre.
No tiene una obra preferida, aunque sí una que recuerda con cariño. Se trata de la que expuso en 1944 en la ya desaparecida institución Insula, en Miraflores. Un cuadro del Santo Crepúsculo que ahora se encuentra en el Museo de la Nación. Habla de él como si lo estuviera observando. Así de intenso. Se le podría dar un pincel para que lo pintara, otra vez.
Eso extraña, el maestro ahora que no pinta tan seguido. Dice que en esos tiempos de ocio, no puede alejarse de sus azules amarillos, de sus verdes, por lo que sigue pintando en su memoria.
“Cuando no pinto estoy pensando en los temas que debo pintar. Como si estuviera bien, me veo resolviendo mis cuadros…”, repite y guarda silencio. A su lado está María, quien lo llama Papito. Ella es su interlocutora. El maestro ya no escucha bien, aunque está muy lúcido.
Ya es casi hora de volver. Es jueves y es mediodía. Más tarde puede hacer frío. Sentado sobre su silla de ruedas, muy elegante él, se despide. Gilbert Tarazona, su amigo y más grande admirador, quien organiza la espectacular muestra, lo acompaña. Alguien no duda en gritar: “Ahí va el Van Gogh de Moche”. Como diría Tarazona, faltaría agregar: “Allá se marcha un hombre de convicciones, honesto de pensamiento y acciones… el patriarca de la pintura trujillana”.

viernes, 27 de febrero de 2009

Educación por el arte

El Comercio 27 de febrero del 2009

NUEVA VERSIÓN

Gauguin cortó la oreja de Van Gogh
Investigadores alemanes aseguran que ambos se pelearon cerca a un burdel

BERLÍN [EFE]. Los investigadores alemanes Rita Wildgans y Hans Kaufmann dijeron que Vincent Van Gogh no se cortó la oreja sino que la perdió en una pelea con el también célebre pintor Paul Gauguin. “La oreja de Van Gogh. Paul Gauguin y el pacto del silencio” es el título del libro de Wildgans y Kaufmann, que ofrece una nueva versión de los hechos ocurridos en Arles (sur de Francia) en diciembre de 1888.

La versión parte de un enfrentamiento entre los dos amigos, generado por la decisión de Gauguin de abandonar Arles y regresar a París. Van Gogh le habría lanzado a Gauguin un vaso en un bar y luego le habría perseguido para tratar de persuadirle de que se quedara en Arles.

En la pelea, Gauguin, que era un buen espadachín, habría desenfundado su daga y le habría cortado de un tajo la oreja a Van Gogh, no lejos del burdel donde posteriormente aparecería la misma y desde donde la policía siguió un rastro de sangre que la llevó hasta la famosa casa amarilla, donde vivían Van Gogh y Gauguin. “Usted calla y yo también lo haré”, fueron las últimas palabras de Van Gogh a Gauguin, lo que es interpretado por los dos investigadores como un pacto de silencio.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Suplemento Domingo del diario La República





Domingo, 28 de setiembre del 2008




Perfil Óscar Allain Cottera. Estampas costeñas
La vida de las urbes costeñas y de sus citadinos personajes de mediados del siglo XX fue registrada con singularidad por Óscar Allain. Una muestra de su obra se aprecia ahora en la Casona de San Marcos.
Por: Ghiovani hinojosaFotos: Claudia Alva
Las siete de la mañana es una buena hora para que Óscar Allain ya haya sido levantado a ladridos por su perro, desayunado a la volada lo que el día disponga y sentado frente a su lienzo a fantasear marineras y caletas costeñas. Sus 86 años recién cumplidos han transcurrido sin importarle si su apellido lleva tilde y si su condición de bisnieto de ciudadano francés ha influido, de alguna forma, en su apasionada forma de arte.
"Soy chiclayano nacido en Lima", ironiza el pintor con aire jocoso. Su taller concentra la experiencia de 70 años describiendo el Perú, sus costumbres y mujeres. Allain, hijo de un militar y de una novicia que murió cuando él era niño, vivió su infancia entre Lima y Lambayeque. En ese tiempo, interpelado por la idea de "traer algo a casa", se empleó como vendedor ambulante y cosechador de choclos, a pesar de que reconozca que "era para hacerme el agrandado: como si hubiera sido adulto, siempre me gustaba trabajar en algo".

Santa rosa. Acrílico sobre lienzo (Izquierda).
Óscar Allain Cottera siempre fue un criollazo. "He tirado mucho para el norte, la costa. Soy muy criollo, me gusta el canto y la guitarra", señala. Pero también se desvivió en largos viajes imaginando el otro Perú. Son famosos sus recorridos por Huánuco, Ayacucho, Cusco, Puno y Tacna. En Arequipa se detuvo un año "estudiando la luz de la zona", y en Iquitos fue profesor de arte invitado por el pintor Ángel Chávez López, su compañero de trazos y mar.
El mar, un escenario sublime para él. Lo retrató en Santa Rosa, uno de esos balnearios lambayecanos en que la cultura mochica instaló la sagrada costumbre de pescar para hervir, luego, un chilcano o caldo marino concentrado. Y es que Allain, como retratista y dibujador de paisajes, se ha caracterizado por colorear lo cotidiano, aquella amalgama de situaciones diarias que representan el empuje peruano y su laboriosa alegría.

LAS FLORISTAS. Acrílico sobre lienzo (al lado).
De otra forma no se puede describir aquel lienzo suyo en que dos mujeres caminan de espaldas, con paquetes de flores amarillas y rojas descansando sobre sus cabezas. Al fondo, se difumina el camino que deben continuar, "como yendo a buscar oportunidades", según el artista. Es ineludible observar la presencia de la mujer peruana en su obra como motivo importante de actividad creadora. Pero no sólo se trata de pintar a las féminas, según Allain, sino de darles movimiento.
Primero el lenguaje
En algún momento de su vida, cuenta el pintor, se hizo locutor y boxeador. La cima de lo primero llegó una noche de los años cuarenta, cuando participó del Noticiero Nacional de la desaparecida Radio Central. Por otro lado, el deporte de los golpes fue una verdadera tentación para él: sólo un consejo de su amigo Max Aguirre, promotor deportivo descorazonado por los tristes finales de algunos boxeadores, logró apartarlo de sus intenciones. "Quería hacerme luchador profesional, si no hubiera obedecido su recomendación, hoy estaría bajo tierra lleno de tumores y cicatrices".
Así, su vida fue un compendio de oficios. Pero lo versátil de esta actitud lo contrasta con lo detallista que es al momento de bosquejar una playa marrón de olas tímidas. Se trata de la forma artística que, según él, es la columna vertebral de los pintores que luego les permite explayarse con contenidos diversos de acuerdo con cada realidad. "Yo me he afanado siempre en la técnica para hacer un buen cuadro. Primero aprendo el lenguaje, luego puedo hablar".
Y su voz pronuncia cerros sobre cielos de costas y guitarristas criollos ardiendo en el fuego de su música. Todo debido a su primigenia preocupación por el manejo del color, la composición y la armonía, conceptos que empezó a aprender en la Escuela Nacional de Bellas Artes y perfeccionó en un recorrido por los principales museos de Europa, en que conoció la obra de maestros como el español Diego Velázquez o el holandés Rembrandt.
Allain autodefine su estilo pictórico como "expresionismo telúrico", es decir, un intento por exagerar las figuras representadas con el fin de lograr mayor impacto visual, abordando tópicos propios de su mismo terruño. Tal vez por ello el artista Juan Manuel Ugarte lo considera el continuador de la "línea expresiva localista que introdujera el indigenismo y que persiste en aquellos pintores peruanos que sienten el arte no como especulaciones modernoides, sino como conmemoración de tipos, usos y costumbres".
Es esta impresión la que deja el "Homenaje a Óscar Allain Cottera", una exposición de sus perlas de arte figurativo que remiten desde un baile de vals costeño hasta la faena de los pescadores del litoral peruano. El acogedor salón de muestra se encuentra en el Centro Cultural San Marcos y estará abierto al público hasta el 19 de octubre. El conjunto de obras, pertenecientes a la colección privada de William y Cristina Kallop, conmueve a quien busca un poco de Perú.
Existo, luego pinto
"No soy pintor de cosas, sino de sensaciones. Si trazo una jarana es porque yo he sido uno de los jaranistas, si pinto un borracho es porque yo lo he sido", señala el artista con contundencia. Para él, como para una larga tradición de creadores, sólo se puede hacer arte de lo que se ha vivenciado, en todo el sentido del término. "Pinto lo que está pegado a mí; no hablo de mis sueños, sino de mi realidad. Cuando voy a la playa, me saturo de la sal del mar, de la humedad y de la arena".
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