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lunes, 21 de noviembre de 2016

Religión, Pastoral





Papa autoriza indefinidamente el perdón a mujeres que abortaron

Todos los sacerdotes podrán perdonar casos de aborto. Antes solo un obispo o un confesor especial podían hacerlo

El papa Francisco. (Foto: AP)
El papa Francisco anunció el lunes que dará a todos los sacerdotes católicos romanos la potestad de perdonar casos de aborto, una facultad previamente reservada a obispos o confesores con un estatus especial.

Francisco, que ha hecho de la Iglesia inclusiva e indulgente una característica de su papado, realizó el anuncio en un documento conocido como "carta apostólica" después de la clausura el domingo del Jubileo de la Misericordia, o Año Santo, para la fe católica.
Papa: Matrimonios que fracasaron no están fuera de la Iglesia
El papa dijo que insiste "tan firmemente como pueda en que el aborto es un pecado grave ya que termina con una vida inocente", aunque "no existe pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y limpiar cuando encuentra un corazón arrepentido que busca reconciliarse (con Dios)".
Francisco ya había dado temporalmente a todos los sacerdotes la facultad de entregar lo que se conoce como la "absolución sacramental" para el aborto durante el Año Sagrado, que se extendió desde el 8 de diciembre del 2015 al 20 de diciembre del 2016.
Pero el tono solemne de sus palabras en la carta del lunes sugiere que esta facultad podría extenderse al menos por el resto de su papado.
"Entrego de aquí en adelante a todos los sacerdotes, en virtud de su ministerio, la facultad de absolver a aquellos que han cometido el pecado de procurar un aborto. La provisión que he hecho en esta materia, limitada a la duración del Año Santo, por la presente es extendida", dijo el papa.
De acuerdo a las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana, el aborto es un pecado tan grave que aquellos que lo procuren o se lo realicen incurren inmediatamente en la excomunión, hasta ser absueltos en confesión.
En el pasado, solo un obispo o un confesor especial designado podía dar la absolución en un caso de aborto.
Fuente: Agencias

martes, 15 de julio de 2014

PFRRHH, Religión, Pastoral

Les hago llegar este artículo del científico francés Jérôme Lejeune sobre el aborto y el comienzo de cada vida humana, lo recomienda leer  a su vez el  periodista Arturo Salazar Larraín en su artículo publicado esta mañana en el diario El Comercio cuyo título es: ¿Crimen terapéutico?

Fuente:  http://tertuliadeamigos.webcindario.com/bioetica053.html

El comienzo del ser humano
Por Jéromê Lejeune.

El profesor Lejeune, catedrático de Genética Fundamental en la Universidad de la Sorbona, está considerado como el fundador de la citogenética clínica: ha sido el primer científico en verificar que el síndrome de Down, el mongolismo, es resultado de una alteración en el cariotipo humano: presencia por triplicado de un elemento 21. Firme defensor de la vida humana y de la dignidad de la profesión médica es fundador y actual presidente de la sociedad Laissez les vivre.

Este estudio constituye una comunicación del autor a la Academia de Ciencias Morales y Políticas de Francia, de la que es miembro, presentada el 1 de octubre de 1973. Su exposición sobre el inicio y primer desarrollo de la vida humana es excelente; y conduce a una conclusión sugestiva: la de que el hombre nunca está terminado.

La transmisión de la vida es muy paradójica. Sabemos con certeza que el lazo que une padres e hijos es siempre material, puesto que es del encuentro de dos células, el óvulo de la madre y el espermatozoide del padre, de donde saldrá el nuevo ser.

Pero también sabemos con la misma certeza que ninguna molécula, ningún átomo constitutivos de la célula original tiene la menor oportunidad de ser transmitida tal cual a la generación siguiente. Evidentemente lo que se transmite no es la materia, sino una modificación de ésta o más exactamente una forma.

Sin necesidad de evocar el complejo mecanismo de las macromoléculas portadoras del código de la herencia, esta paradoja aparente se borra si señalamos lo que es común a todos los procedimientos de reproducción, naturales o artificiales.

Una estatua, por ejemplo, requiere un sustrato material, de bronce, mármol o arcilla. En el momento de su producción es verdad que existe una contigüidad material entre la estatua y el molde, y luego entre el molde y la reproducción. Pero lo que se ha reproducido no es ciertamente la materia, que puede variar a voluntad del fundidor, sino exactamente la forma impresa en la materia por el genio del escultor.

Ciertamente la reproducción de seres vivos es infinitamente más delicada que la de una forma inanimada, pero procede del mismo modo, como se verá con un ejemplo familiar.

Sobre la cinta de un magnetofón es posible inscribir, por minúsculas modificaciones locales magnéticas una serie de señales que correspondan, por ejemplo, a la ejecución de una sinfonía.

Tal cinta, instalada en un aparato en marcha, reproducirá la sinfonía, aunque ni el magnetofón, ni la cinta contengan instrumentos o partituras.

Algo así ocurre con la vida. La banda de registro es increíblemente tenue, pues está representada por la molécula de D.N.A. cuya miniaturización confunde al entendimiento. Para dar una idea, diremos que si se reuniese el conjunto de moléculas de D.N.A. que especificaran todas y cada una de las cualidades de los tres mil millones de hombres que nos reemplazarán en el planeta, esa cantidad de material cabría cómodamente en la mitad de un dedal de coser.

Este avance de los conocimientos permite pensar que algunos de los cambios que separan las dos especies, no responden en absoluto a la divergencia paso a paso postulada por la ingeniosa simplificación neo-darwinista. Parece incluso que algunos «hallazgos» evolutivos no resultan de una modificación progresiva de las instrucciones -como las variantes de un manuscrito con el correr de los años y en la medida de los errores sucesivos de los copistas-, sino como una puesta en orden de instrucciones muy antiguas, a las que una nueva sintaxis viniera a conferir una significación muy distinta. Como ti del jardín de las raíces griegas artificiosamente ordenadas, un poeta inspirado hiciera surgir un día los cantos de la Odisea.

El hecho de que el chino y el patagón, el lapón y el bosquimano, todos los hombres tengan los mismos cromosomas idénticos, nos demuestra que descienden todos de los mismos antepasados. Resulta que las razas humanas no son más que variaciones de un tema común, asociaciones de límites inciertos, y -que la antigua idea de que los hombres son hermanos no es simplemente un sentimiento poético o una esperanza de moralista sino una realidad observable.

La unidad original del individuo

Sin discutir demasiado sobre el origen de la especie humana en general, lo que nos llevaría demasiado lejos de nuestro propósito, el estudio de los cromosomas nos permite analizar el comienzo de cada ser humano. En cuanto pronunciamos esas dos palabras «ser humano» se perfila una noción conexa, la de que el individuo es uno y único. Uno porque es enteramente él mismo en todas sus partes y único porque no puede ser reemplazado por ningún otro que le sea idéntico.

Aunque la ciencia no puede decirnos por qué señales se reconoce la emergencia del individuo, puede enseñarnos en qué estadio de desarrollo la individualidad podría ser todavía discutida. Un hecho muy raro, sacado de la patología puede permitirnos estudiarlo.

Muy excepcionalmente ocurre que algunos sujetos son portadores al mismo tiempo de células masculinas (reconocibles por sus cromosomas XY) y células femeninas (reconocibles por sus dos cromosomas X); estos sujetos se encuentran provistos por ello simultáneamente de los atributos masculinos de Hermes y de los femeninos de Afrodita; de ahí el nombre de hermafroditismo.

La célula primordial es comparable al magnetofón cargado con su cinta magnética. Tan pronto el mecanismo se pone en marcha, la obra humana es vivida estrictamente conforme a su propio programa y si nuestro organismo es precisamente un volumen de materia animada por una naturaleza humana, esto se debe a esta información primitiva y sólo a ella. El hecho de que el organismo humano haya de desarrollarse durante sus nueve primeros meses en el seno de la madre no modifica en nada esta constatación, como lo muestran claramente los experimentos realizados con huevos de gallina.

De acuerdo con el más estricto análisis determinista el comienzo del ser se remonta exactamente a la fecundación y toda la existencia, desde las primeras divisiones a la extrema vejez, no es más que la ampliación del tema primitivo.

La fraternidad humana

Que esta reducción del ser humano a su propia naturaleza sea intuitivamente satisfactoria depende exclusivamente de la confianza que se otorgue al conocimiento de los fenómenos. Ciertamente el teórico de la biología molecular puede parecer demasiado abstracto cuando define el ser por un verdadero logos que anima la materia, pero no me parece que esto sea pretencioso por su parte.

Cuando un profano oye por primera vez una composición musical debe escuchar toda la obra a fin de conocerla. Pero el melómano reconoce a Mozart en el primer movimiento y puede citar la obra en el segundo o tercero. Así ocurre con la sinfonía humana, que el especialista reconoce en sus primeros acordes aunque sean precisos muchos movimientos diversos para que su forma completa sea evidente para todos.

Que existe una naturaleza humana es fácilmente observable, aunque no sepamos descifrar la inmensa suma de información contenida en las moléculas de D.N.A.

Efectivamente esos filamentos infinitos se encuentran cuidadosamente acumulados en estructuras bien visibles con un microscopio ordinario, los cromosomas. Un poco al modo de cintas magnéticas cuidadosamente enrolladas en un minicassette.

Hace veinte años nadie habría sabido distinguir una célula humana de la célula de un chimpancé. Hace diez años el simple recuerdo de los cromosomas hubiera dado la respuesta: 46 en el hombre, 48 en el chimpancé. Habiendo aumentado prodigiosamente en los últimos meses la finura del análisis, es posible reconocer un aire de familia entre estas dos especies y descubrir al mismo tiempo diferencias marcadas.

Podría creerse que dos óvulos fecundados, uno destinado a ser niño y el otro destinado a ser niña se han unido estrechamente. Puesto que imitar los falsos pasos de la naturaleza está mucho más a nuestro alcance que igualar sus éxitos, la habilidad de los manipulados ha permitido reproducir este error en el animal, más concretamente en los ratones, para observarlo más de cerca.

Reuniendo células tomadas de embriones extremadamente jóvenes, procedentes de diversos cruzamientos, es posible obtener el desarrollo de individuos compuestos. La elección de procreadores de pelea diferente permite reconocer el origen múltiple de esas verdaderas quimeras gracias a los dameros pigmentarios que llevan en su piel.

Tales quimeras artificiales no son de temer en el hombre mientras que prevalezcan las tradicionales maneras de perpetuarse, pero nos enseñan que esta infracción a la regla del individuo no puede darse más que en un estado extremadamente precoz. Volviendo a los hermafroditas todo conduce a creer que resultan de una fecundación simultánea de dos células femeninas recíprocas (el óvulo y su glóbulo polar que sería aquí desmesuradamente voluminoso) y que finalmente esta excepción natural es casi contemporánea de la fecundación.

Al lado de esta preciosa enseñanza cronológica sobre la unidad del individuo, estas quimeras nos ofrecen un ejemplo sorprendente de integración armoniosa de dos razas celulares. ¿Sería totalmente quimérico esperar que esta coexistencia fructífera y pacífica entre líneas que difieren por sus tablas de la ley de la vida pueda servir de modelo a las naciones y a las sociedades?

Junto a esta constitución que parece infringir la unidad del individuo reuniendo dos naturalezas en una sola persona, se conoce también su recíproca, que viola la regla según la cual cada uno de nosotros es único, separando una misma naturaleza en varias personas. Gemelos idénticos, surgidos de un único óvulo fecundado poseen exactamente el mismo patrimonio genético y es evidente, sin embargo, que cada uno de ellos es un individuo aislado. Aquí la experimentación apenas ayuda, al menos en los mamíferos, y no tenemos más remedio que sacar de nuestros conocimientos embriológicos una simple inferencia razonable.

Es prácticamente cierto que tras la implantación uterina, que se produce unos 6 ó 7 días después de la fecundación, la separación de un solo óvulo en dos individuos distintos es prácticamente imposible. En todo caso, puesto que la división completa resulta imposible apenas se apunta el sistema nervioso primitivo, su límite absoluto puede establecerse a los doce o trece días de la fecundación.

En la medida que podemos conjeturar, parece que el mecanismo de separación de dos gemelos idénticos a partir de un óvulo común es extremadamente precoz y probablemente contemporáneo de la primera división en dos células, es decir, en el momento de la puesta en común de los cromosomas de origen paterno y de origen materno. no.

Estas observaciones sobre el individuo uno y único confirman plenamente la noción, que el teórico de la biología molecular nos propone, de que la individualidad del ser humano surge extremadamente pronto, es decir, en su primer comienzo.

Estas nociones puramente teóricas pueden en ocasiones ser comprobadas en ciertas condiciones extremas como nos lo mostrará el caso particular siguiente.

Un accidente absolutamente singular del que no se conocen más que unos pocos ejemplos se da a veces en la constitución de los gemelos. A partir de un óvulo fecundado XY, es decir masculino, puede suceder que al dividirse en dos, uno de los gemelos, reciba un patrimonio equitativo y persista en su destino de varón, mientras que el segundo no reciba el cromosoma Y, perdido en la separación. Este gemelo imperfecto que posee un solo cromosoma X en lugar de dos (pero que tiene por otra parte los otros cromosomas no sexuales) no puede desarrollarse hasta ser una mujer completa. Dos X son efectivamente indispensables para el completo desarrollo de la feminidad. Sin embargo estos individuos portadores de un solo X tienen una constitución femenina, pero no poseen ovarios y de ahí la esterilidad y la ausencia de desarrollo de los caracteres sexuales secundarios. Una jovencita con esta anomalía se quejaba de una molestia extraña: tenía la sensación de ver a su hermano cuando se miraba en el espejo. En lugar de ser una anomalía mental, esta impresión era una intuición extraordinaria, bien femenina por otra parte, que le permitía sentir profundamente la realidad de una condición genética que ignoraba totalmente. Con excepción del cromosoma Y era, en efecto, muy precisamente, un fragmento de su hermano, del que había salido.

Verdaderamente esta posibilidad de sacar una mujer imperfecta de un fragmento de un varón aún sumergido en el sueño embrionario, evoca una historia muy antigua que los teóricos harían mal en rechazar como un cuento inventado; la naturaleza presenta a veces analogías sorprendentes.

Pero, volviendo atrás, esta primera célula que se divide activamente, este primer conjunto en incesante organización, esta pequeña mórula que va a alojarse a la pared uterina, ¿es ya un ser humano distinto de su madre? No solamente su individualidad genética está perfectamente establecida, como hemos visto ya, sino que -cosa casi increíble- el minúsculo embrión al sexto o séptimo día de su vida, con nada más que un milímetro y medio de longitud es ya capaz de presidir su propio destino. Es él y sólo él quien por un mensaje químico estimula el funcionamiento del cuerpo amarillo del ovario y suspende el ciclo menstrual de la madre. Obliga así a su madre a mantenerle su protección; ya hace de ella lo que quiere y Dios sabe que no dejará de hacerlo en el futuro.

A los quince días de retraso de la regla, es decir a la edad real de un mes puesto que la fecundación no puede tener lugar sino el decimoquinto día del ciclo, el ser humano mide cuatro milímetros y medio. Su corazón minúsculo late ya desde hace una semana. Sus brazos, sus piernas, su cabeza, su cerebro están esbozados.

A los sesenta días, es decir, a los dos meses de edad, o un mes y medio tras el retraso de la regla, mide alrededor de tres centímetros de la cabeza a las posaderas. Cabría, plegado, en una cáscara de nuez. Dentro de una mano cerrada sería invisible y ese puño cerrado lo aplastaría por inadvertencia sin darse cuenta de ello. Pero abrid la mano y vedlo casi acabado: manos, pies, cabeza, órganos, cerebro. Todo está en su sitio y sólo tiene que desarrollarse. Miradlo más de cerca: se podría leer incluso en la palma de su mano y echarle la buenaventura. Contempladlo más cerca aún; con un microscopio ordinario, y distinguiréis sus huellas digitales. Está todo lo necesario para hacer su carnet de identidad. El sexo parece aún mal definido, pero fijémonos de cerca en la glándula genital: ha evolucionado ya como un testículo si es un muchacho o como un ovario si es una niña.

El increíble Pulgarcito, el hombre más pequeño que el dedo pulgar, existe realmente: no el de la leyenda, sino el que cada uno de nosotros hemos sido.

Pero, ¿funciona ya el sistema nervioso a los dos meses? Desde luego: si se le roza el labio superior con un cabello mueve los brazos, el cuerpo y la cabeza en un movimiento de huida.

A los tres meses cuando un cabello toca su labio superior vuelve la cabeza, bizquea, frunce las cejas, cierra los puños, aprieta los labios, después sonríe, abre la boca y se consuela tomando un trago de líquido amniótico. A veces nada vigorosamente a braza en su globo amniótico y da la vuelta en un segundo.

A los cuatro meses se agita tan vivamente que su madre nota los movimientos. Gracias a la casi falta de peso de su cápsula de astronauta da numerosas volteretas, hazaña que le costará años volver a realizar al aire libre.

A los cinco meses agarra firmemente el bastoncillo que se pone en su mano y comienza a chuparse el dedo esperando su liberación.

Es verdad que la mayor parte de los niños no nacen hasta los . nueve meses. Pero el más precoz de ellos, que se haya desarrollado luego perfectamente, no tenía más que cinco meses de edad real en el momento de abandonar el abrigo materno.

La ciencia nos descubre cada día un poco más las maravillas de la existencia escondida, este mundo hormigueante de vida de los hombres minúsculos, más maravillosa aún que el de los cuentos de hadas. Porque los cuentos fueron inventados sobre esa historia verdadera, y si las aventuras de Pulgarcito han encantado siempre a los niños es porque todos los niños, todos los adultos en que se han convertido, fueron un día Pulgarcito en el seno de su madre. Así se hacía la educación sexual antiguamente.

Queda la cualidad más específicamente humana, la que nos separa de todos los animales: la inteligencia. ¿Cuándo aparece? ZA los seis días, a los seis meses, a los seis años o más tarde? Responder con una sola palabra no tendría ningún sentido, pero delimitar las etapas del substratum de la inteligencia es accesible a la observación.

El cerebro en formación está en su sitio a los dos meses. Pero serán precisos nueve meses para que sus cerca de cien mil millones de células estén todas constituidas. El cerebro, ¿está entonces acabado cuando el niño nace? No. Las innumerables conexiones que enlazan las células con millares de contactos entre cada una de ellas no estarán establecidas todas hasta los seis o siete años. Lo que corresponde a la edad de la razón. Y este inextricable conjunto de circuitos no podrá desarrollar su pleno poder más que cuando su mecanismo químico y eléctrico esté suficientemente rodado o sea hacia los quince o dieciséis años, edad de la plenitud de la inteligencia abstracta.

Y esto es tan cierto que, a partir de esta edad, los psicómetras comienzan a otorgar puntos a los candidatos para compensar el debilitamiento que entraña el inevitable envejecimiento que, según ellos, comienza a los veinte años.

Pero, ¿qué decir de las inexpresables modificaciones que debe efectuar cada día el ejercicio mismo del pensamiento? ¿Cuántas ínfimas podas, rectificaciones minúsculas, químicas o anatómicas, de esta inmensa red pensante se precisan para definir este carácter, esta experiencia, premio de consolación, a veces beneficioso que nos proporciona el tiempo pasado?

¿Cuánto tiempo para hacer un hombre? Napoleón decía que eran necesarios veinte años. Toda una vida, diría un filósofo..., y después la eternidad, añade el creyente, coincidiendo así casi con el instante del biólogo. Por el camino largo de la paciente observación, el médico redescubre una verdad evidente que el lenguaje común ha reconocido siempre. El hombre no está terminado jamás.

¿Terminado el Pulgarcito que llega a ser un bebé? ¿Terminado el escolar que llega a ser adulto? Y el mismo adulto, ¿estará concluido mientras persista en él el devenir que le es propio?

Decir que un hombre está acabado, ¿no es la más grave condena? Y si recibe el golpe de gracia, ¿no se afirma que se le ha rematado?

Juzgar sobre lo realizado y sobre las pruebas practicadas no puede dejar de conducir a la sanción: recompensa o represalia, como lo requiere la justicia. Pero, ¿quién puede demandar a la inocencia misma? Porque si un feto es juzgado sobre el futuro, es el hombre quien está ya ahí, despertándose.

En el coma profundo o bajo anestesia general el accidentado no piensa. Está inerte, insensible y sin entendimiento. ¿Por qué, en esta ausencia de toda actividad mental continuamos considerando sagrada su vida? Porque esperamos que despierte. Pretender que el sueño de la existencia oscura no es el sueño de un hombre es un error de método. Porque si todos los razonamientos no lograran conmover, si se considerará insuficiente toda la biología moderna, si se rechazaran incluso átomos y moléculas, si todo eso no pudiera convencerles, un solo hecho lo conseguiría. Esperen un tiempo, aquel que se considera una mórula informe nos dirá algún día que era y llega a ser, como nosotros, un hombre. Y la experiencia lo prueba. No ocurriría nada igual si nosotros hubiéramos predicho tal acontecimiento a propósito de un tumor o incluso de un chimpancé.

Una lenta maduración

¿Qué es, entonces, este pensamiento lógico del que estamos tan orgullosos y que nos llega tan tarde? ¿Es sólo un movimiento de la materia? ¿Puede estar encarnado hasta el punto de reconocerse, aunque inexpresable en la sustancia primaria de la primera célula? ¿Se encontraría entonces, según la afortunada fórmula de los matemáticos, reducido a su más simple expresión?

Las nociones más elementales de la matemática, esas ideas cuyo descubrimiento Platón confiaba al sabio, esos universales siempre incomprensibles y sin embargo evidentes, ¿estarían también codificados en el mensaje de la vida? Todo el saber humano, ¿no sería más que reconocimiento?. Podría darse muy bien, al menos en cierto sentido. La experiencia nos enseña que el gato recién nacido posee, inscrita en su cerebro, la ecuación de la línea recta. Si el conjunto de puntos que se proyecta sobre su retina están perfectamente alineados, algunas de sus células cerebrales se encuentran excitadas, y solamente éstas, con exclusión de las demás. Ocurre como si en la existencia oscura un circuito específico hubiera quedado ingeniosamente ajustado, capaz de descubrir de inmediato y automáticamente la rectitud de una línea.

Cuando Pascal renunciaba a definir los primeros objetos de la Geometría porque las explicaciones que se pudieran dar al respecto no harían más que oscurecer estas nociones evidentes, ¿presentía ya que por decisión de la naturaleza las líneas rectas ideales estaban ya topológicamente inscritas en esta admirable red? ¿Y qué hubiera pensado Euclides si hubiera sabido que las tres dimensiones que cierran su espacio se encuentran materializadas en los canales semicirculares del órgano del equilibrio? ¿Serían los postulados de evidencia descubrimiento de ciertos hallazgos de la vida?

Y si el experimentador descubre que las más elementales nociones de la Geometría están genéticamente impresas en el cerebro de un hábil acróbata, aunque torpe matemático -me refiero al gato callejero-, ¿qué no podrá descubrir escudriñando con mayor profundidad su propio cerebro?

Si todo puede ser dicho en la más simple expresión, si el mensaje de vida formula a todo el hombre, ¿por qué necesita esperar esta lenta maduración? ¿Por qué tantas mutaciones y crecimientos diversos antes de que el incomprensible poder del pensamiento lógico pueda al fin manifestarse? Quizás, simplemente, a causa del espacio y el tiempo sin los que no existe nada que nos sea accesible. Una completa naturaleza de hombre no es suficiente a sí misma, es necesario todavía que se le reconozca el derecho de expresarse, que es, para ella, el de vivir.

Ante esta aparente simplicidad y esta desconcertante complejidad del desarrollo del hombre, el médico no puede evitar su inquietud y su admiración.

Inquietud porque sabe que los hombres no nacen iguales. Y aun sin invocar los riesgos del infortunio o los rigores de la injusticia, sabe que el camino de la vida es largo y siempre temible. Muy al contrario de las hadas inclinadas sobre la cuna, que descubren la felicidad, el médico, desafortunadamente, no puede sino predecir la mala fortuna; la buena se le escapa por completo. Puede incluso escudriñar los caracteres del niño, todavía en el vientre de su madre, y leer en sus cromosomas o en sus reacciones químicas un destino desgraciado. Algunos estarán marcados ya desde su primera existencia y su misma constitución estará quebrantada, otros serán lesionados más tarde en su propia génesis y quedarán señalados por una terrible impronta. Incluso los más afortunados, los que se dicen normales, serán tarde o temprano afligidos por inevitables deficiencias.

Ante este inmenso espectáculo de las condiciones humanas, le queda a la medicina una sola actitud, que establece a la vez su nobleza y razón de ser: intentar sin reticencia y sin abandonos, restablecer sin tregua esta imposible igualdad, devolviendo a cada uno, si es posible, lo que el destino le ha sustraído o negado.

Y también admiración. Porque al descubrir el mensaje de vida que plasma la materia en una naturaleza humana, ve en todo instante esta obstinada persistencia del ser bajo sus diversos aspectos. Ser humano por naturaleza desde su comienzo. Jamás tumor, o ameba, pez o cuadrúpedo, el ser humano se elabora en un silencio oscuro con infatigable esperanza.

Para disertar acerca de su derecho a realizar y para decidir sobre el respeto que sus semejantes le deben, habría que ir más allá de la medicina, y entrar en el campo de la moral o incluso de la política. Pero el historiador de la infancia no puede hacer otra cosa que someter a esta ilustre asamblea de estudios de las ciencias morales y políticas estas últimas preguntas:

¿Es moral disponer de los seres humanos? ¿Es político correr el riesgo de una cesión semejante?

viernes, 23 de marzo de 2012

Convivencia y normas educativas, Psicopedagogía







EL DERECHO A LA VIDA

Sí al niño por nacer

MONS. JOSÉ ANTONIO EGUREN ANSELMI, S.C.V.-ARZOBISPO DE PIURA
Viernes 23 de Marzo del 2012
El 25 de marzo de cada año, celebramos el Día del Niño por Nacer, jornada instituida en el Perú el 2002 gracias a la Ley 27654, norma que se encuentra en plena sintonía con lo que dice nuestra Constitución que toda persona tiene derecho a la vida, a su identidad, a su integridad moral, psíquica y física y a su libre desarrollo y bienestar, y que el concebido es sujeto de derecho en todo cuanto le favorece. Así como tú, yo también tengo derecho a vivir, es el lema escogido para la jornada de este año. Estas palabras las pronuncia el Niño por Nacer. Se las dice en primer lugar al Estado que cree equivocadamente que bajo ciertas circunstancias debe despenalizar y legalizar el aborto. Se las dice a los grupos antivida quienes creen que bajo ciertos supuestos derechos sexuales y reproductivos debe reconocerse a las madres el derecho a abortar, es decir el derecho a matar. Se las dice a quienes por indiferencia o ignorancia aprueban el aborto. Finalmente se las dirige sobre todo a su propia madre, a aquella que es la última depositaria de su esperanza de no ser eliminado: Mamá, así como tú, yo también tengo derecho a vivir.
En relación a la vida naciente, hoy en día hay tendencias culturales que tratan de anestesiar las conciencias con motivaciones falaces. Casi todos nosotros hemos escuchado alguna vez los argumentos pro aborto que quieren dar paradójicamente la impresión de libertad, de derechos, de humanidad, hasta con un pretendido aire científico, pero que son argumentos tramposos que encierran siempre la muerte de un inocente. Es bien conocido que respecto al embrión en el seno materno, “la ciencia misma pone de relieve su autonomía capaz de interacción con la madre, la coordinación de los procesos biológicos, la continuidad del desarrollo, la creciente complejidad del organismo. No se trata de un cúmulo de material biológico, sino de un nuevo ser vivo, dinámico y maravillosamente ordenado, un nuevo miembro de la especie humana. Así fue Jesús en el seno de María; así fue para cada uno de nosotros en el seno de nuestra madre” (Benedicto XVI).
Hoy en día, la persona es objeto de cálculo, es considerada bajo la categoría “cantidad”. Pero la verdad es otra. Cada persona humana desde la concepción es única e irrepetible, alguien eternamente ideado y elegido por Dios, llamado y conocido por su propio nombre. En cada ser humano en cualquier fase o condición de su vida resplandece un reflejo de la misma realidad de Dios. Por eso la vida humana desde su inicio con la concepción hasta su fin natural con la muerte, tiene un valor sagrado e inviolable y cada ser humano tiene derecho a ver respetado totalmente este bien primero suyo. Más aun en el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política.
En su Mensaje de Cuaresma el Papa nos ha pedido fijarnos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras. Es todo un llamado a descubrirnos responsables de los demás. Por tanto fijemos nuestra mirada de amor solidario en el Niño por Nacer y defendamos ardorosamente su derecho sagrado e inviolable a la vida. Su vida tiene que ver con mi vida. Respetemos, defendamos, amemos y sirvamos toda vida humana, en particular la naciente. Solo siguiendo este camino encontraremos justicia, desarrollo, libertad y paz para nuestro mundo.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Religión, Pastoral






NADA JUSTIFICA SU LEGALIZACIÓN

El aborto tergiversa el valor de la vida

Por: Monseñor Miguel Cabrejos Vidarte (*)
Miércoles 16 de Noviembre del 2011
La discusión sobre el tema del aborto se viene suscitando con más fuerza desde que algunos estados han propiciado leyes que permiten, en ciertos casos o hasta determinados días o meses de embarazo, abortar. Esto no deja de llamar la atención observando que el mundo cada vez es más sensible a todo aquello que implique destrucción de la vida: se condena todo tipo de guerra, se prohíbe la tortura, se intenta abolir la pena de muerte, se proclama la imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad y, sin embargo, surgen propuestas para liberalizar el aborto .
Ante este dilema, hay que recordar que la historia del aborto es tan antigua como su condenación. Las posiciones del Sí y del No siempre han estado presentes. La Iglesia ha considerado siempre al feto como lo que es: alguien sagrado, y reconoce que tiene alma desde el mismo instante de su concepción. Actualmente, la humanidad está en condiciones de afirmar certeramente que con la fecundación del óvulo por parte del espermatozoide se inicia una vida, que tiene ya en sí todos los derechos que le pertenecen a la especie humana. Una vida que, biológicamente, es distinta a la vida de la madre y que, además, es irrepetible y única.
Este planteamiento lo enseña y proclama el Magisterio de la Iglesia, cuya misión intrínseca es defender la salvación integral del hombre, como un aporte incondicional a la vida. De aquí que siempre se haya sostenido que la vida humana debe ser protegida desde su inicio, como en cada una de las diversas etapas de su desarrollo, hasta la muerte natural. La Iglesia, por tanto, desea que se reconozca el valor de la vida en todos sus niveles. Y, en consecuencia, enseña, predica y pide una protección total de la vida: tanto en su fase inicial como terminal.
La vida es el primer derecho de todos y, en consecuencia, su defensa debe estar por encima de cualquier otro valor social, económico, psicológico, afectivo, sanitario y familiar. Todos estos valores no superan al primero: el de la vida misma. Una sociedad que no asegura la vida de los no nacidos es una sociedad que vive como una tragedia su misión fundamental: dar, reconocer, proteger y promover la vida de todos. Por esta razón, siempre ha considerado un acto intrínsecamente malo el aborto provocado por atentar gravemente contra la dignidad de un ser inocente, quitándole la vida.
Asumiendo el criterio de que la vida es el primer y gran valor, ninguna circunstancia, por dramática que sea, puede justificar el aborto. Y si no tuviéramos claro esto, habría que preguntarnos: ¿hay alguna situación más inhumana que quitar la vida a un ser indefenso? Por eso, habría que reaccionar con más fuerza frente a la propaganda que presenta el aborto como una simple intervención quirúrgicamente higiénica y segura o como una simple “interrupción” de un embarazo no deseado y donde la ley vendría en ayuda de una “libertad” que pide el derecho a la autodeterminación.
Para la Iglesia, la protección al no nacido no puede admitir dudas de ningún tipo. Ser embrión, feto o persona es una misma cadena que nos une al punto donde aparece la imagen de Dios que es vida y da la vida a cada uno y a todos. La comodidad, la ley del mínimo esfuerzo y los contratiempos de la naturaleza humana, nunca podrán determinar o decidir sobre un asunto tan importante y esencial como es el don y el derecho a la vida. Un crimen siempre será un crimen por más legalizado que esté.
(*) Presidente de la Conferencia Episcopal

viernes, 4 de marzo de 2011

Orientación y Consejería, Pastoral, Religión

Fuente: Catholic.net
Autor: Dr. Bernad Nathanson

Fuente: www.forumvida.org
El testamento del Dr. Nathanson


Cómo legalizar el crimen del aborto: Hacerse con los medios de comunicación; falsificar estadísticas; jugar la carta del anticatolicismo; ignorar la evidencia científica



El testamento del Dr. Nathanson


El pasado 21 de febrero, falleció Bernard Nathanson, el médico que de “rey del aborto”, como se lo llamó, se convirtió en uno de los más importantes defensores de la vida humana desde la concepción.

Su cambio radical de médico abortero a médico pro-vida, se concretó a través de evidencias científicas. “Como científico no creo, yo se y conozco que la vida humana comienza en la concepción”, escribió en 1992.

Se reconoció como responsable directo de la muerte de 75.000 niños no-nacidos. Abandonó la industria del abominable crimen del aborto en 1979. Su testimonio, especialmente a través de dos películas, “El Grito Silencioso” (1984) y “El eclipse de la razón” (1987) y de su autobiografía “La Mano de Dios” (1996), es capital para el esclarecimiento y la promoción de la defensa de la vida del niño no-nacido en todo el mundo.

En 1992, escribió una carta pública que constituye un testimonio excepcional y una advertencia a tener muy en cuenta, sobre todo en los países que sufren la presión abortista para legalizar el crimen abominable del aborto.

En 1996, el Dr. Nathanson, judío de nacimiento, fue bautizado en la Iglesia Católica por el Cardenal John O’Connor, en la catedral de San Patricio de Nueva York, en la fiesta de la Inmaculada Concepción.

Carta abierta del Dr. Bernard Nathanson (1992):

“Soy responsable directo de 75.000 abortos, lo que me empuja a dirigirme al público poseyendo credibilidad sobre la materia.

Fui uno de los fundadores de la Asociación Nacional para Revocar las Leyes sobre el Aborto en los Estados Unidos, en 1968. Entonces una encuesta veraz hubiera establecido el hecho de que la mayoría de los norteamericanos estaban en contra de leyes permisivas sobre el aborto. No obstante, a los 5 años conseguimos que la Corte Suprema legalizara el aborto, en 1973. ¿Como lo conseguimos? Es importante conocer las tácticas que utilizamos, pues con pequeñas diferencias se repitieron con éxito en el mundo Occidental.

Nuestro primer gran logro fue hacernos con los medios de comunicación; les convencimos de que la causa proaborto favorecía un avanzado liberalismo y sabiendo que en encuestas veraces seríamos derrotados, amañamos los resultados con encuestas inventadas y las publicamos en los medios; según ellas el 60% de los norteamericanos era favorable a la implantación de leyes permisivas de aborto. Fue la táctica de exaltar la propia mentira y así conseguimos un apoyo suficiente, basado en números falsos sobre los abortos ilegales que se producían anualmente en USA. Esta cifra era de 100.000 (cien mil) aproximadamente, pero la que reiteradamente dimos a los medios de comunicación fue de 1.000.000 (un millón). Y una mentira lo suficientemente reiterada, la opinión pública la hace verdad.

El número de mujeres que morían anualmente por abortos ilegales oscilaba entre 200 y 250, pero la cifra que continuamente repetían los medios era 10.000 (diez mil), y a pesar de su falsedad fue admitida por muchos norteamericanas convenciéndoles de la necesidad de cambiar las leyes sobre el aborto.

Otro mito que extendimos entre el público, es que el cambio de las leyes solamente implicaría que los abortos que se practicaban ilegalmente, pasarían a ser legales. Pero la verdad es que actualmente, el aborto es el principal medio para controlar la natalidad en USA. Y el número de anual de abortos se ha incrementado en un 1500%, 15 veces más.

La segunda táctica fundamental fue jugar la carta del anticatolicismo.

Vilipendiamos sistemáticamente a la Iglesia Católica, calificando sus ideas sociales de retrógradas; y atribuimos a sus Jerarquías el papel del "malvado" principal entre los opositores al aborto permisivo. Lo resaltamos incesantemente. Los medios reiteraban que la oposición al aborto procedía de dichas Jerarquías, no del pueblo católico; y una vez más, falsas encuestas "probaban" reiteradamente que la mayoría de los católicos deseaban la reforma de las leyes antiaborto. Y los tambores de los medios persuadieron al pueblo americano de que cualquier oposición al aborto tenía su origen en la Jerarquía Católica y que los católicos proaborto eran los inteligentes y progresistas. El hecho de que grupos cristianos no católicos, y aún ateos, se declarasen pro-vida, fue constantemente silenciado.

La tercera táctica fundamental fue denigrar o ignorar, cualquier evidencia científica de que la vida comienza con la concepción.

Frecuentemente me preguntan que es lo que me hizo cambiar. ¿Cómo pasé de ser un destacado abortista a un abogado pro-vida? En 1973 llegué a ser Director de Obstetricia en un gran Hospital de la ciudad de Nueva York, y tuve que iniciar una unidad de investigación perinatal; era el comienzo de una nueva tecnología que ahora utilizamos diariamente para estudiar el feto en el útero materno. Un típico argumento pro aborto es aducir la imposibilidad de definir cuando comienza el principio de la vida, afirmando que ello es un problema teológico o filosófico, no científico.

Pero la fetología demuestra la evidencia de que la vida comienza en la concepción y requiere toda la protección de que gozamos cualquiera de nosotros.

Ud. podría preguntar: ¿Entonces, por qué algunos doctores, conocedores de la fetología, se desacreditan practicando abortos?

Cuestión de aritmética: a 300 dólares cada uno, un millón quinientos cincuenta mil (1.550.000) abortos en los Estados Unidos, implican una industria que produce 500 millones de dólares anualmente. De los cuales, la mayor parte van a los bolsillos de los doctores que practican el aborto.

Es un hecho claro que el aborto voluntario es una premeditada destrucción de vidas humanas. Es un acto de mortífera violencia. Debe de reconocerse que un embarazo inesperado plantea graves y difíciles problemas. Pero acudir para solucionarlo a un deliberado acto de destrucción supone podar la capacidad de recursos de los seres humanos; y, en el orden social, subordinar el bien público a una respuesta utilitarista.

Como científico no creo, yo se y conozco que la vida humana comienza en la concepción. Y aunque no soy de una religión determinada, creo con todo mi corazón que existe una divinidad que nos ordena finalizar para siempre este infinitamente triste y vergonzoso crimen contra la humanidad”.

jueves, 22 de abril de 2010

Persona, Familia y Relaciones Humanas, Orientación y Consejería, Religión, Ciencias







LA POLÍTICA DE LA OMS, EL MINISTERIO DE SALUD Y EL TC
Dos conceptos de aborto en juego
Por: Federico Prieto Celi Periodista
Jueves 22 de Abril del 2010
El 8 de marzo el Ministerio de Salud decidió distribuir la píldora del día siguiente (AOE) en desacato a una resolución del Tribunal Constitucional (TC), argumentando que la OMS no la considera abortiva. Lo que no dijo es que el concepto de aborto de la OMS no es el que tiene la Constitución ni el TC.
Como ha declarado a El Comercio el médico especialista Patricio Ventura Junca, la OMS solo considera aborto “cuando se produce el embarazo desde el momento que el embrión se implanta hasta 23 o 24 semanas de embarazo”, excluyendo la antiimplantación, que es el aborto en el primer momento de la nueva vida, después del acto sexual, para decirlo periodísticamente.
Los laboratorios que fabrican esta píldora no tienen empacho en afirmar en EE.UU., donde el aborto es legal, que dichos productos pueden tener efecto anti-implantatorio, o sea, ser abortivos de acuerdo con la legislación peruana, aunque no lo sea para la OMS, que ha inventado un nuevo concepto de aborto, para saltarse la prohibición de la AOE, que tiene críticas en muchos lugares.
Insisto. El ministerio está usando la definición de embarazo que promueve la OMS, recogida de la idea del Colegio de Ginecoobstetricia de EE.UU. (ACOG), modificando la definición clásica de concepción y embarazo, para decir que el embarazo comienza con la implantación del blastocisto, y así esquivar las objeciones éticas de la manipulación de embriones humanos.
Y el producto que se vende en el Perú, que proviene de una fábrica de Budapest, filial de otra estadounidense, reconoce que previene la implantación, además de su efecto antiovulatorio, como me comentaba el doctor Manuel Quimper, precisando que todos los embriólogos que se respetan en el mundo coinciden en que el embrión humano es un nuevo ser humano, independientemente de donde esté.
El magistrado Carlos Mesía, vicepresidente del TC, declaró a El Comercio el 8 de marzo que tal actitud “parece un abierto desacato a la sentencia del TC, que significa pasar de la civilización a la barbarie. Si en el país no se respetan los fallos de los órganos jurisdiccionales, entonces los ciudadanos tampoco tienen por qué respetar la ley ni los decretos que den los ministros”. Desacatar dicha sentencia, afirmó, “es un golpe de Estado”.
El TC ha ordenado al Ministerio de Salud que no distribuya gratuitamente la píldora del día siguiente por su posible efecto abortivo, por lo que cualquier cambio en esa orden tendría que estar contenido en una nueva sentencia del TC, ante un nuevo caso que le toque resolver. Lo que está haciendo el Ministerio de Salud es, a juicio del constitucionalista Óscar Díaz Muñoz, un incumplimiento del fallo del TC, frente a lo cual plantea tres consideraciones.
1) La resolución que ha expedido el Ministerio de Salud puede ser calificada como un “acto homogéneo”, al que dio lugar a la sentencia del TC sobre la píldora y, por tanto, de conformidad con el art. 60 del Código Procesal Constitucional, puede pedirse al juez de ejecución de dicha sentencia la represión de este acto homogéneo. Este pedido puede ser formulado no solo por el demandante —Acción de Lucha Anticorrupción—, sino por cualquier persona, pues el TC ha señalado que en la controversia sobre los efectos de la mencionada píldora está en juego el interés de los consumidores, que es un “derecho difuso”, el cual puede ser defendido por cualquiera.
2) Con su resolución, el Ministerio de Salud estaría incumpliendo la referida sentencia del TC, lo cual puede dar lugar a la imposición de multas fijas o acumulativas, que pueden ascender hasta el 100% cada día, hasta el cumplimiento de la sentencia; e incluso a la destitución del responsable (art. 22 del Código Procesal Constitucional).
3) El ministro de Salud podría ser objeto de una acusación constitucional (arts. 99 y 100 de la Constitución) por el delito de no cumplir un mandato judicial, como es la sentencia del TC, recaída en el Exp. 02005-2009-PA/TC, y por infracción de los artículos 118 (inciso 9) y 139 (inciso 2) de la Constitución.
En efecto, la congresista piurana Fabiola Morales ha presentado una acusación constitucional contra el ministro de Salud, Óscar Ugarte, por haber autorizado que se vuelva a distribuir de manera gratuita el AOE, recordando que los estudios de la OMS presentados por Ugarte son antiguos —ya se conoce su truco— y ya los sabía el TC, en octubre del 2009, cuando dio la sentencia.
Para los hombres y mujeres de buena voluntad, de acuerdo con la ley natural, el aborto es —ha sido y será— inmoral e inconstitucional; para los partidarios de la dictadura del relativismo —la verdad es relativa, cada cual tiene la suya— el aborto es moral y legal. Ese parece ser el sentir de la OMS. Que Dios libre al Perú de perseverar en sus políticas de salud pública.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Orientación y Consejería, Persona, Familia y Relaciones Humanas

El Comercio 25 de diciembre del 2009
EL POLÉMICO TEMA DEL ABORTO

La vida, don de Dios
Por: Luis Bambarén G S J*

La vida termina cuando el alma se separa del cuerpo; entonces ya no hay una persona sino un cadáver.

Esto que vemos y experimentamos cada día frente a la muerte, debemos sentirlo y defenderlo frente al comienzo de toda vida humana. ¿Cuándo empieza a existir un nuevo ser? No basta la unión y entrega de los esposos, porque podría ser estéril. ¡Cuántas parejas desean y buscan tener un hijo y no lo consiguen!

Cuando Dios infunde el alma con el soplo de vida, comienza la vida humana de un nuevo ser, que será único e irrepetible y eterno. Por ello, la vida es sagrada desde su concepción, hasta su término natural.

Por hermosas experiencias, vivo convencido de que la vida humana es un don de Dios, y en Él tiene su origen. Tengo el caso de 37 niños que han nacido de parejas que, a pesar de la asistencia médica, no habían podido tener hijos. Con ellas hemos orado juntos y les he impuesto las manos, pidiendo al Señor de la Vida, les conceda el don de la maternidad y de la paternidad, de tener sus propios hijos, quienes un día serán hijos de Dios por el bautismo. Eran parejas, de entre 3 y 14 años de matrimonio, que solo eran esposos y ahora son papá y mamá.

Apreciemos y respetemos la vida como un don de Dios.

El aborto siempre es y será un crimen. Es liquidar y terminar la vida de un ser débil e indefenso en el lugar más sagrado: en el seno materno, que es fuente de vida.

Se pretende justificar el aborto por dos motivos: Uno, la salud de la madre, y dos, por violación.

1. En moral tenemos “el principio del doble efecto”: se busca un bien y el resultado podría ser un mal, no pretendido pero previsible. Por ejemplo, antes de una operación de alto riesgo, el médico explica al paciente que podría ser la única forma de salvarle la vida, pero que también podría haber peligro de muerte. El paciente lo sabe y autoriza la operación, que puede tener el doble efecto: salud o muerte. El médico procede con un fin bueno, la salud. Si habiendo puesto todos los medios de la ciencia médica el paciente muere, no habría falta moral.

En el caso de peligrar la vida de la madre durante el embarazo, si el tratamiento para lograr su salud trae como consecuencia la pérdida del feto, tampoco habría falta moral, porque se buscaba un fin bueno, pero hubo un aborto no pretendido.

2. En el caso de la violación, ¿por qué se le va a quitar la vida a un ser inocente e indefenso? El culpable es el violador y debe ser sancionado.

Una ley no convierte en bueno lo que es inmoral por ser intrínsecamente malo.

La ley que se pretende aprobar abrirá las puertas para multiplicar los abortos con el pretexto de ser terapéuticos. Si ahora que el aborto es un delito hay tantos, con la nueva ley tendríamos un holocausto de bebitos inocentes, no en una cámara de gas, sino en miles de vientres maternos. Al crimen se le añadirá el drama para toda su vida de mujeres que fueron sometidas a una “práctica legal” para eliminar a sus hijitos.

Invoco a los legisladores y al Tribunal Constitucional a que no introduzcan la pena de muerte para seres inocentes, cuando por la Constitución está eliminada hasta para grandes criminales.

Confío en que el señor presidente de la República vetará esa ley, como se lo prometió a su eminencia el cardenal Juan Landázuri Ricketts en su primer gobierno: “Mientras yo sea presidente, no se aprobará una ley del aborto”, le dijo.

(*) OBISPO EMÉRITO DE CHIMBOTE


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viernes, 23 de octubre de 2009

Orientación y Consejería, Persona, Familia y Relaciones Huamanas

El Comercio 23 de octubre del 2009
COLOMBIA. TEMA SENSIBLE

Gobierno propone diálogo abierto sobre el aborto
Iglesia se opone a que colegios enseñen cuándo la interrupción del embarazo es legal

BOGOTÁ [DPA]. El Gobierno propuso ayer a la Iglesia Católica un diálogo abierto sobre el aborto, a propósito de una sentencia de la Corte Constitucional que ordena que en los colegios se enseñen las circunstancias en las que legalmente se puede interrumpir un embarazo. La Conferencia Episcopal ya anunció que los colegios católicos, cristianos y judíos se negarán a dar ese tipo de orientación.

“Es muy importante que los muchachos tengan todos los puntos de vista. Creo que podemos convencer a quienes en este momento están nerviosos por cómo va a ser la difusión del tema”, dijo la ministra de Educación, Cecilia Vélez.

La Corte Constitucional despenalizó en el 2006 el aborto únicamente en tres casos: por violación, cuando el embarazo ponga en riesgo la vida de la madre y por malformaciones congénitas del feto. Sin embargo, desde entonces las mujeres que han acudido a los hospitales para que les hagan el procedimiento, previa certificación de esas tres causales, han encontrado obstáculos porque muchos médicos se han negado a intervenir argumentando objeciones de conciencia.

La ministra Vélez señaló que el Gobierno debe acatar la sentencia de la Corte Constitucional y que la orientación que recibirán los estudiantes no busca fomentar el aborto, sino informar en qué casos se ha despenalizado la interrupción del embarazo.