La Controversia Por La Llegada Del Hombre a América by Biblioteca Carmelitas-Secundaria on Scribd
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viernes, 28 de abril de 2017
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viernes, 13 de julio de 2012
martes, 12 de octubre de 2010
Ciencias Sociales, Comunicación
EN EL DÍA DE LA HISPANIDAD
Triunfo del idioma castellano
Por: Héctor López Martínez Historiador
Martes 12 de Octubre del 2010
El 12 de octubre España celebra el Día de la Hispanidad. Se recuerda el Descubrimiento de América o encuentro de dos mundos que tuvo lugar en esa venturosa fecha del año 1492. La hispanidad es un concepto que presupone la existencia de una misión civilizadora de España que se extiende, a la vez, sobre la península ibérica y los países hispanoamericanos. A diferencia de la Commonwealth británica, cuyas bases son económicas, militares y políticas, el fundamento de la hispanidad es más bien espiritual, afectivo y sus postulados fundamentales son: la religión católica, la lengua castellana y la herencia de un pasado común con sus luces y sombras.
En 1492, en Salamanca, el humanista Antonio de Nebrija presentó a la reina Isabel de Castilla el primer ejemplar de la “Gramática de la lengua castellana”, con vocablos que se utilizaban en la vida cotidiana. En el prefacio del libro explicaba: “Una cosa hallo y saco por conclusión muy cierta, que siempre la lengua fue compañera del Imperio, y de tal manera lo siguió, que juntamente comenzaron, crecieron y florecieron”. Lengua –ha escrito Henry Kamen– implicaba la imposición de una cultura, de unas costumbres y, sobre todo, de una religión a los pueblos conquistados.
La Guerra de Reconquista, que culminó con la captura de Granada, también en 1492, congregó en torno de los reyes católicos a pueblos ibéricos tan diferentes como los astures, gallegos, vizcaínos, guipuzcoanos, andaluces, etc. Esta colaboración de españoles tan diversos con el reino de Castilla para terminar con el último reducto árabe en la península ibérica tuvo un elemento común: el empleo por todos de la lengua castellana. Estas mismas gentes, más tarde, combatirían juntas en Italia y luego, aunque en mucho menor proporción que los castellanos, procederían a la conquista de América. Todos los documentos de esa singular empresa se hicieron en idioma castellano. Los cronistas de Indias utilizan la lengua de Castilla y hay en muchos de ellos, como ha explicado Irving A. Leonard, influencia de las novelas de caballería que encendían imaginaciones y procuraban sensaciones desconocidas.
El tema americano está presente en el Siglo de Oro en obras de Tirso de Molina, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Francisco de Quevedo, Luis de Góngora y Mateo Alemán. El gran Miguel de Cervantes solicitó, sin éxito, un empleo en el Nuevo Mundo y en diversos pasajes de sus obras encomia a los talentos literarios que escribían en tierra americana, incluso el Perú.
Actualmente el castellano lo hablan más de 500 millones de personas desde México al Cabo de Hornos, con diverso acento y enriquecido por infinidad de americanismos que, precisamente este año, se han reunido en un diccionario auspiciado por la Asociación de Academias de la Lengua Española. El volumen de 2.333 páginas es un primer ensayo que sin duda habrá de mejorarse y enriquecerse en futuras ediciones. Hace pocos días Mario Vargas Llosa ha obtenido el Premio Nobel de Literatura. De este modo, tan preciado galardón lo poseen seis americanos y cinco españoles, lo cual es muy significativo. Mayor número de escritores hispanoamericanos han logrado el ansiado Nobel contribuyendo a que nuestra lengua sea cada vez más caudalosa y que en los cinco continentes exista vivo interés por aprenderla.
martes, 20 de julio de 2010
Ciencias Sociales

PUNTO DE VISTA
La pesadilla del libertador
Por: Juan Velit Internacionalista
Martes 20 de Julio del 2010
Los indicativos son evidentes. Una serie de elementos configuran un modelo de naciones que se han convertido exactamente en lo opuesto a lo que soñó el gran libertador Simón Bolívar. La fragmentación de América cada día se hace más aguda y la división cada noche es más profunda.
Pero no le carguemos a una sola nación toda la responsabilidad, porque el compromiso de hacer realidad un sueño es de un continente y no solo de un país y muchos, de una u otra manera, se prestan a la conspiración del fraccionamiento que le sirve a los grandes.
Pero dejemos la elipsis lingüística y adentrémonos en los hechos concretos. El Gobierno Colombiano ha denunciado que Venezuela le ha dado albergue a varios altos mandos de las FARC en su territorio y ello es no solo un delito, sino que también representa una flagrante muestra de violación a compromisos con tratados internacionales y con organismos como la ONU, OEA y la flamante Unasur.
El presidente venezolano, Hugo Chávez, ha dicho reiteradas veces: “Nosotros no ocultamos a nadie y que si sigue Uribe con sus locuras, en las próximas horas romperemos relaciones”. Pero lo cierto se hace dudoso en boca de algunos políticos cuando los preceden algunas experiencias, como es el caso del refugio al discutido asesor de inteligencia y factótum del gobierno de Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos, cuya presencia se negó hasta la saciedad y resultó que estaba en tierras llaneras y gozando, aunque no muy cómodamente, de su tradicional hospitalidad.
Pero también hay algunos factores políticos a considerar, como el hecho, que es vox pópuli en Colombia, de que el distanciamiento del presidente Álvaro Uribe, que se resiste a dejar el poder, es cada día más agudo con el victorioso Juan Manuel Santos y que ello es un obstáculo para un acercamiento entre las dos naciones caribeñas.
Por otro lado, las posiciones ideológicas y las constantes violaciones a los derechos humanos de Colombia y de Venezuela las han llevado a ambas a un aislacionismo que empieza a generar una preocupación en las cancillerías latinoamericanas.
Todo este cuadro se agrava en la nación llanera, cuando se considera que la carestía de algunos productos alimenticios y medicinales empieza a hacer crisis y a desorientar a su único líder, el cual con una falta de tacto político se abre un frente con la Santa Sede, al plantear la necesidad de revisar algunos acuerdos internacionales.
Como se sabe, la Santa Sede es la máxima institución de la Iglesia Católica que mantiene relaciones con más de 175 países, es decir, más que Estados Unidos, y que solo no las tiene con regímenes totalitarios o fundamentalistas.
Con todo este contexto adverso, qué lejano nos parece el sueño de ese alfarero de repúblicas que fue Simón Bolívar y cuya gran aspiración fue la unidad continental y que el istmo de Panamá fuera lo que el istmo de Corinto fue para los griegos.
La pesadilla del libertador
Por: Juan Velit Internacionalista
Martes 20 de Julio del 2010
Los indicativos son evidentes. Una serie de elementos configuran un modelo de naciones que se han convertido exactamente en lo opuesto a lo que soñó el gran libertador Simón Bolívar. La fragmentación de América cada día se hace más aguda y la división cada noche es más profunda.
Pero no le carguemos a una sola nación toda la responsabilidad, porque el compromiso de hacer realidad un sueño es de un continente y no solo de un país y muchos, de una u otra manera, se prestan a la conspiración del fraccionamiento que le sirve a los grandes.
Pero dejemos la elipsis lingüística y adentrémonos en los hechos concretos. El Gobierno Colombiano ha denunciado que Venezuela le ha dado albergue a varios altos mandos de las FARC en su territorio y ello es no solo un delito, sino que también representa una flagrante muestra de violación a compromisos con tratados internacionales y con organismos como la ONU, OEA y la flamante Unasur.
El presidente venezolano, Hugo Chávez, ha dicho reiteradas veces: “Nosotros no ocultamos a nadie y que si sigue Uribe con sus locuras, en las próximas horas romperemos relaciones”. Pero lo cierto se hace dudoso en boca de algunos políticos cuando los preceden algunas experiencias, como es el caso del refugio al discutido asesor de inteligencia y factótum del gobierno de Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos, cuya presencia se negó hasta la saciedad y resultó que estaba en tierras llaneras y gozando, aunque no muy cómodamente, de su tradicional hospitalidad.
Pero también hay algunos factores políticos a considerar, como el hecho, que es vox pópuli en Colombia, de que el distanciamiento del presidente Álvaro Uribe, que se resiste a dejar el poder, es cada día más agudo con el victorioso Juan Manuel Santos y que ello es un obstáculo para un acercamiento entre las dos naciones caribeñas.
Por otro lado, las posiciones ideológicas y las constantes violaciones a los derechos humanos de Colombia y de Venezuela las han llevado a ambas a un aislacionismo que empieza a generar una preocupación en las cancillerías latinoamericanas.
Todo este cuadro se agrava en la nación llanera, cuando se considera que la carestía de algunos productos alimenticios y medicinales empieza a hacer crisis y a desorientar a su único líder, el cual con una falta de tacto político se abre un frente con la Santa Sede, al plantear la necesidad de revisar algunos acuerdos internacionales.
Como se sabe, la Santa Sede es la máxima institución de la Iglesia Católica que mantiene relaciones con más de 175 países, es decir, más que Estados Unidos, y que solo no las tiene con regímenes totalitarios o fundamentalistas.
Con todo este contexto adverso, qué lejano nos parece el sueño de ese alfarero de repúblicas que fue Simón Bolívar y cuya gran aspiración fue la unidad continental y que el istmo de Panamá fuera lo que el istmo de Corinto fue para los griegos.
jueves, 25 de marzo de 2010
lunes, 21 de septiembre de 2009
Ciencias Sociales
Mi Hogar 20 de setiembre del 2009
LA COLUMNA DE COELHO
Diferente a lo dicho en la escuela
Por: Paulo Coelho Escritor
He leído en estos días el ensayo “Américo”, escrito en 1942 por Stefan Zweig, escritor austríaco de origen judío que se refugió en Brasil durante la Segunda Guerra Mundial.
En este pequeño libro, Zweig parte de una pregunta muy sencilla que aprendemos a responder en el colegio: ¿Por qué se llama América el continente en el que nací?
Nuestros profesores nos enseñaron que todo se debe a una carta de Américo Vespucio. Pero la cosa se complica cuando se intenta entender la importancia de Vespucio en esta historia: una carta, por muy bien elaborada que esté, no justifica semejante honra. Lo lógico habría sido que el continente se llamase Colombia, ya que todos sabemos que quien lo descubrió (o mejor, redescubrió, pues los vikingos y los fenicios ya habían pasado antes por aquí) fue el genovés Cristóbal Colón financiado por los soberanos españoles.
Al intentar entender por qué las cosas se dieron de esta manera, Zweig va descubriendo una enorme maraña de malentendidos que hicieron posible la inmortalidad de Américo Vespucio.
¿Qué fue lo que sucedió exactamente? Vespucio realizó tres viajes al nuevo continente entre 1499 y 1502, y a partir de cada uno de ellos elaboró un escrito para relatar sus experiencias. No obstante, una de estas cartas, titulada Nuevo Mundo, fue uno de los mayores “best sellers” de su época.
La recién nacida imprenta de tipos móviles se encargó de divulgar las novedades por toda Europa (libre de derechos de autor, dígase de paso). Y ciertos geógrafos de la pequeña ciudad de Saint Dié, en Francia, fueron los primeros que dibujaron las costas de este nuevo mundo, y le dieron el nombre de América usando el nombre del autor de la carta como posible descubridor del nuevo continente.
En una Europa feudal, que había salido derrotada de las Cruzadas, la promesa de un nuevo mundo tuvo el efecto de una bomba: un milagro, una oportunidad que se daba a la gente de poder volver a soñar dirigiendo la mirada al sol poniente, sabiendo que el mundo aún reservaba un tesoro, al otro lado de las aguas, para aquellos que tuviesen el valor de superar sus propios límites.
La inmortalidad de Américo Vespucio, por tratarse de una de las mayores consagraciones que han honrado a un hombre a lo largo de la historia de la humanidad, tuvo también su lado oscuro. Como era de esperar, una vez bautizado el nuevo continente, comenzó a propagarse que Vespucio había “robado” la gloria que le correspondía a Colón. Se decía incluso que no era más que un charlatán que había difundido conscientemente una mentira. Se daba inicio, de esta manera, a una especie de duelo académico entre Colón y Vespucio que se prolongaría dos siglos. Vespucio pasaba de descubridor a villano, hasta que alrededor del 1700 se descubrió la correspondencia entre ambos viajeros, que demuestra que los dos se encontraban completamente al margen de la polémica que otros generaron.
Leyendo el texto de Zweig, me pregunto: ¿Cuántas veces nos vemos arrastrados a situaciones que no buscamos, que acaban siendo imposibles de controlar y que solo resultan esclarecidas después de que dejamos este mundo?
(c) Traducción del portugués: Diego Chozas Ruiz.
LA COLUMNA DE COELHO
Diferente a lo dicho en la escuela
Por: Paulo Coelho Escritor
He leído en estos días el ensayo “Américo”, escrito en 1942 por Stefan Zweig, escritor austríaco de origen judío que se refugió en Brasil durante la Segunda Guerra Mundial.
En este pequeño libro, Zweig parte de una pregunta muy sencilla que aprendemos a responder en el colegio: ¿Por qué se llama América el continente en el que nací?
Nuestros profesores nos enseñaron que todo se debe a una carta de Américo Vespucio. Pero la cosa se complica cuando se intenta entender la importancia de Vespucio en esta historia: una carta, por muy bien elaborada que esté, no justifica semejante honra. Lo lógico habría sido que el continente se llamase Colombia, ya que todos sabemos que quien lo descubrió (o mejor, redescubrió, pues los vikingos y los fenicios ya habían pasado antes por aquí) fue el genovés Cristóbal Colón financiado por los soberanos españoles.
Al intentar entender por qué las cosas se dieron de esta manera, Zweig va descubriendo una enorme maraña de malentendidos que hicieron posible la inmortalidad de Américo Vespucio.
¿Qué fue lo que sucedió exactamente? Vespucio realizó tres viajes al nuevo continente entre 1499 y 1502, y a partir de cada uno de ellos elaboró un escrito para relatar sus experiencias. No obstante, una de estas cartas, titulada Nuevo Mundo, fue uno de los mayores “best sellers” de su época.
La recién nacida imprenta de tipos móviles se encargó de divulgar las novedades por toda Europa (libre de derechos de autor, dígase de paso). Y ciertos geógrafos de la pequeña ciudad de Saint Dié, en Francia, fueron los primeros que dibujaron las costas de este nuevo mundo, y le dieron el nombre de América usando el nombre del autor de la carta como posible descubridor del nuevo continente.
En una Europa feudal, que había salido derrotada de las Cruzadas, la promesa de un nuevo mundo tuvo el efecto de una bomba: un milagro, una oportunidad que se daba a la gente de poder volver a soñar dirigiendo la mirada al sol poniente, sabiendo que el mundo aún reservaba un tesoro, al otro lado de las aguas, para aquellos que tuviesen el valor de superar sus propios límites.
La inmortalidad de Américo Vespucio, por tratarse de una de las mayores consagraciones que han honrado a un hombre a lo largo de la historia de la humanidad, tuvo también su lado oscuro. Como era de esperar, una vez bautizado el nuevo continente, comenzó a propagarse que Vespucio había “robado” la gloria que le correspondía a Colón. Se decía incluso que no era más que un charlatán que había difundido conscientemente una mentira. Se daba inicio, de esta manera, a una especie de duelo académico entre Colón y Vespucio que se prolongaría dos siglos. Vespucio pasaba de descubridor a villano, hasta que alrededor del 1700 se descubrió la correspondencia entre ambos viajeros, que demuestra que los dos se encontraban completamente al margen de la polémica que otros generaron.
Leyendo el texto de Zweig, me pregunto: ¿Cuántas veces nos vemos arrastrados a situaciones que no buscamos, que acaban siendo imposibles de controlar y que solo resultan esclarecidas después de que dejamos este mundo?
(c) Traducción del portugués: Diego Chozas Ruiz.
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