Reacciones, Exageraciones y... by Biblioteca Carmelitas-Secun... on Scribd
«La buena información que está oculta es inútil; la mala información que está fácilmente disponible es nefasta»
lunes, 18 de mayo de 2020
lunes, 17 de septiembre de 2018
viernes, 4 de octubre de 2013
lunes, 29 de abril de 2013
jueves, 8 de marzo de 2012
martes, 18 de octubre de 2011
Ciencias Sociales
Crisis y déficit fiscal
Esto es lo que le ha ocurrido a los gobiernos de Estados Unidos y de varios países de Europa. Cuando los ingresos superan los gastos aparece el superávit fiscal. En caso contrario surge el déficit fiscal.
Algunos sostienen que debe aumentarse tal déficit para que el mayor gasto público incentive la demanda y reactive la producción; otros, entre los cuales me incluyo, defienden la posición de ajustarse (bajar el gasto público) para reducir el déficit fiscal. El primer camino se intentó hacia 2010 sin éxito sostenible.
Durante la década del 90, el Gobierno de Estados Unidos tuvo superávit fiscales; los primeros diez años del siglo XXI mostró la figura opuesta: déficit fiscal. Esto significa dos cosas: por un lado, el problema fiscal venía desde antes de la crisis financiera que estalló en 2008; por otro, el Gobierno se endeudó más, para poder financiar los programas de estímulo económico del 2010.
Ahora quiere gastar igual que antes y no puede, pues ya no es posible endeudarse más. Solo quedan las dos opciones: aumentar los ingresos o ajustar los gastos. Los años de exceso tienen que pagarse. Es el costo de no haber respetado un equilibrio económico básico. Por eso el déficit fiscal no es de izquierda ni de derecha.
El problema es que las soluciones son políticamente difíciles. Si los contribuyentes decidieran pagar la deuda pública de los Estados Unidos, cada uno tendría que aportar 132 mil dólares por encima de los impuestos que paga regularmente. La historia muestra que la alternativa es reducir el gasto público con el consiguiente costo político y social de modo de liberar recursos para pagar la deuda. No queda otra. América Latina ya lo hizo durante la década de los años 80.
[*] Universidad del Pacífico
viernes, 14 de octubre de 2011
Ciencias Sociales
La crisis bancaria
Dexia es un banco franco-belga grande para Bélgica pero considerado intermedio. La quiebra ha sido producida por el deterioro del valor de los papeles de deuda griega.
El impacto de su quiebra, de no haber sido rescatado por los gobiernos de Francia y Bélgica el lunes de la semana que termina, hubiera impactado sobre Estados Unidos y toda Europa.
Se estima que la banca europea necesitaría 100.000 millones de euros de capital adicional para que 56 bancos en riesgo puedan enfrentar la crisis, según “El País”. De estos, 14 son bancos españoles que incluyen a BBVA, Santander y la Caixa, recién privatizada. Esto pondría el 40% de la banca en manos de los estados europeos.
El tema ahora es la velocidad con la que esto se llevará a cabo. Mientras que Europa sigue peloteando a Grecia, el problema de ese país se acerca a su desenlace. Con una deuda de 157% de su PBI y un déficit público resistente que sigue en 12% del PBI, Grecia no parece tener una salida viable dentro del sistema. Cualquier rescate convencional aumenta su deuda.
Soros, 1.300 banqueros, políticos y economistas notables urgen a los gobiernos a capitalizar los bancos de inmediato antes de que Grecia y la quiebra de Dexia contagien al resto. El Banco Central Europeo (BCE) anunció el 6 de octubre que abriría sus ventanillas de crédito de emergencia ante el cierre del crédito interbancario, para evitar que la banca europea deje de prestar ante el ‘credit crunch’ existente. El Banco de Inglaterra ha hecho lo mismo dejando los temores inflacionarios de lado.
Los bancos comerciales griegos ya han tomado préstamos del Banco Central Europeo por 100.000 millones de euros contra bonos soberanos griegos y están procediendo a tomar prestado del banco central griego a una tasa mayor. Los dos bancos más grandes de Grecia ya se fusionaron y el tercero, Banco Pireus, podría hacerlo con un banco estatal.
Las calificadoras de riesgo redujeron la calificación de las bancas italiana, española y británica durante las dos semanas pasadas, y se anticipa que hará lo propio para las bancas francesa y alemana. Mientras tanto, el precio del oro retomó el camino de ascenso del que salió, en un momento de consolidación de ganancias.
[*] Investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas UNAM e investigador visitante del Instituto Latinoamericano de la U. Libre de Berlín
lunes, 12 de septiembre de 2011
Ciencias Sociales
¿Cuáles son los riesgos que enfrentan las empresas?
En términos generales, los cambios de gobierno que experimentan todos los países impactan directamente en los objetivos estratégicos de las organizaciones, que tienen que adoptar las medidas justas y necesarias en función de la inclinación del gobierno de turno: izquierda, derecha o centro; o las diversas variantes entre ellas.
Dentro de los aspectos que generalmente tienen mayor impacto en los negocios se encuentran aquellos relacionados con las barreras de entrada y salida, tales como los efectos impositivos y la apertura a la inversión extranjera, entre otros. Estas situaciones se han presentado a lo largo de la historia de todos los países en mayor o menor medida, ya que cada nuevo gobierno toma decisiones diversas con variantes modulares y extremas. En este sentido, la reacción natural es mantener un statu quo, mientras no se definan los impactos de las principales variables económicas vinculadas con nuestro sector de origen y se realicen los análisis pertinentes. Pero esta situación no debe mantenerse por mucho tiempo, pues en casos de empresas en marcha lo permanente es justamente el cambio.
Si no nos decidimos sobre qué riesgos asumir, seguiremos viviendo en ellos, incluso con la gran posibilidad de estancamiento, pues podrían perderse nuevas y prometedoras oportunidades. Una pregunta que siempre funciona es: ¿estamos enfocándonos en intentar evitar el riesgo o en hacer que el riesgo trabaje en beneficio nuestro? Recordemos que si seguimos haciendo lo que siempre hacemos, obtendremos los mismos resultados.
En este caso, una opción es mantenerse ‘quietos’ por la incertidumbre de no conocer qué es lo que pasará. Otro escenario es moverse como siempre o lentamente, hasta que funcione lo que se espera, vinculado al tipo de riesgo y negocio, junto con las posibles alternativas de solución.
No solo es imposible eliminar todo riesgo, sino que no es saludable siquiera intentarlo. Especialmente en épocas de crisis, intentemos resistirnos a la tentación de eliminar todos los riesgos de nuestro camino. Bien reza el dicho popular: “el que no arriesga no gana”.
(*) Socia de Price WaterhouseCoopers
viernes, 11 de junio de 2010

PUNTO DE VISTA
La crisis fiscal europea y los ajustes
Los ataques especulativos contra el euro de las recientes semanas, y sobre todo el ataque contra bonos europeos, han puesto sobre la mesa las dificultades de los países ricos altamente endeudados. Lo peculiar de los ataques es que se centraron desde la libra y el dólar contra el euro; tres países con déficits tan malos como Grecia quedaron invictos de estos ataques, quizás porque se realizan desde Nueva York y Londres y no se van a disparar en el pie.
La infeliz actuación de Alemania que no permitió que el Banco Central Europeo comprara bonos hace seis meses en el mercado secundario hundió no solo a Grecia sino a toda Europa. Tras haber luchado por la autonomía regional de las políticas durante 40 años, se pusieron recientemente en las manos del Fondo Monetario Internacional (FMI), es decir, del Tesoro de Estados Unidos.
Las recomendaciones del FMI son las de siempre, reducir salarios y demanda agregada y aumentar ingresos públicos vía impuestos. Esto por razones teológicas va acompañado de la reducción del tamaño y rol del Estado en la economía y con eso se consolida el pensamiento neoliberal y el dominio anglosajón en el campo económico. Hasta ahí todo está claro. La reacción social a eso es esperable en un futuro inmediato.
Menos obvio es que al contraerse la demanda se introducirá una recesión de larga duración en Europa. Reducir los déficits públicos en un promedio de 12% del PBI a alrededor del 3% tardará varios años que serán de contracción de la demanda.
Eso no tendría mayor importancia si no fuera porque Europa es el principal mercado de Estados Unidos y este país es el principal mercado extrarregional del Viejo Continente.
Eso, de primera intención, no se sentirá, porque los precios de las materias primas están sostenidos por operaciones de derivados que los han mantenido altos artificialmente con el argumento de la demanda asiática. Después, de todos modos.
(*) Investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de UNAM
miércoles, 3 de marzo de 2010
viernes, 11 de diciembre de 2009
Ciencias Sociales
ENTREVISTA. PAUL DANOS
Hay que mejorar la labor de regulación
Por: Alberto Limache Ramírez
Los primeros signos del fin de la crisis internacional van surgiendo de a pocos y el mundo comienza a recoger las lecciones aprendidas tras ella. El ámbito académico es uno de estos campos. A raíz de una cita de egresados, en Lima, conversamos con Paul Danos, decano de Tuck School of Business Administration, que pertenece a Dartmouth College. Ubicada en New Hamp- shire, EE. UU., Tuck fue fundada en 1900 y es una de las escuelas de negocios más antiguas del orbe.
Parece que la crisis financiera global está terminando. ¿Cómo se reflejó esta crisis en la enseñanza de las escuelas de negocios del mundo?
Creo que la crisis reveló que muchos de los ejecutivos que se entrenaron en las escuelas de negocios del mundo tenían un problema entre el pensamiento y su alma. Las escuelas brindamos los cursos que desarrollan las habilidades funcionales de los ejecutivos con mucha profundidad, pero la realidad evidenció muchos errores de entendimiento que llevaron a una mala aplicación de las teorías. Esto nos reveló muchas brechas de ética y de liderazgo en nuestros egresados, quienes fueron finalmente los protagonistas de esta crisis.
¿De qué manera concreta se percataron de que existía esta brecha?
Hicimos investigaciones en las que nos percatamos de que algunos líderes de la banca estadounidense y de los reguladores del mercado comprendían la teoría, pero no entendieron su responsabilidad con la sociedad. Y creo que algunas escuelas de negocios no tuvimos el coraje de cuestionar esto, y de ver en ello una oportunidad para mejorar el entrenamiento de liderazgo de nuestros estudiantes. El énfasis lo pusimos en la profundidad del análisis y en las habilidades ejecutivas funcionales. Este es un tema que ya estamos corrigiendo.
¿Cómo se expresa ese poco entendimiento del compromiso social de los empresarios?
En las escuelas de negocios entrenamos expertos en flujos financieros, teorías y resultados, y en muchas casas de estudios la tradición es construir confianza. En algunos casos, esto fue traducido a un audaz márketing de ideas. Se aplicaban los modelos de gestión y se vendieron ideas sin reflexionar en las circunstancias y las consecuencias de esas decisiones. Creo que las escuelas de negocios, no solo en Estados Unidos sino en otras partes del mundo, se tomaban poco tiempo para entender los profundos cuestionamientos del espíritu.
Lo que usted comenta explicaría los muchos casos de prácticas reñidas contra la ética que se revelaron a medida que la crisis se fue esparciendo por el mundo.
Efectivamente. Pero aclaremos que no me refiero a prácticas poco éticas o actos de deshonestidad como robar (que seguro también ocurrieron en esta crisis). Me refiero a irresponsabilidad. Muchos ejecutivos honestamente creían en el modelo vigente bajo el cual se desempeñaban, y no lo cuestionaban. Por ejemplo, Alan Greenspan, al frente de la Reserva Federal, admitió que su mayor error fue aceptar la teoría de que los mercados se iban a autorregular. Y yo digo que fue irresponsable creer en eso a ciegas.
¿Cómo balanceamos la importancia de los principios éticos que usted comenta en un mundo que nos exige ser más competitivos?
Creo que, fundamentalmente, hay que mejorar la labor de los organismos reguladores. Ellos tienen la responsabilidad primordial de controlar las malas prácticas en el mercado. Por ejemplo, en el sistema financiero de hoy no hay sustituto para su regulación. Pero esto requiere de mucho trabajo y es un camino realmente difícil. Recordemos que parte de la crisis financiera global, que estalló a finales del 2008, también se produjo porque los reguladores fueron perezosos y no hicieron un adecuado análisis de lo que estaba sucediendo en sus mercados.
Según lo que nos explica, ¿hacia dónde se orienta hoy la enseñanza de negocios para los ejecutivos?
Se dirige a buscar un equilibrio entre las habilidades operativas y los principios éticos. En las universidades de Estados Unidos estamos siendo muy estrictos en solicitar requerimientos éticos y de liderazgo a todos los alumnos que postulan a nuestras escuelas de negocios. Por ejemplo, en el caso de Tuck, se ha establecido como requisito que cada estudiante cuente con un “feedback” positivo de su empleador antes de entrar a nuestro programa. Además, la mitad de nuestros profesores incluyen algo de ética en sus cursos.
¿Cree usted que con ello sentamos las bases que nos alejen de nuevos escenarios de crisis financiera como los que el mundo está superando?
Ciertamente. Así como aprendimos las lecciones de lo sucedido en la crisis de 1932, creo que hoy el mundo es más capaz de evitar las malas prácticas corporativas. Pero, en forma paralela, creo que necesitamos mejores reguladores. Esta es una preocupación global. El mundo de las finanzas es peligroso pero necesario. Por eso, pienso que requerimos de una regulación más estrecha para este tipo de actividades. Tengamos en cuenta que hoy sería impensable aplicar la filosofía de autocontrol de los mercados como la que estaba en vigencia bajo la óptica de Alan Greenspan.
LA FICHA
Nombre: Paul Danos.
Edad: 66 años.
Cargo: Decano de la Escuela de Negocios Tuck, puesto que ocupa desde 1995.
Estudios: Egresado de la Universidad de Nueva Orleans, en 1964 y MBA en la misma universidad, en 1968. PhD de la Universidad de Texas, en 1974.
Experiencia: Director de empresas como General Mills y BJ’s Wholesale Club Inc., entre otras.
miércoles, 4 de noviembre de 2009
jueves, 10 de septiembre de 2009
Ciencias Sociales
PUNTO DE VISTA
Economistas dulces y salados
Por: Jürgen Schuldt Economista*
Hace unos días “The New York Times” publicó un extenso y provocador ensayo de Paul Krugman, en el que trata de responder por qué los economistas no previeron la crisis que hoy soportan EE.UU. y las demás economías.
El autor considera que esto se debió a que algunos economistas insistían en la visión idealizada de una economía en la que individuos racionales interactúan en mercados perfectos, y perdieron de vista “las limitaciones de la racionalidad humana; los problemas de instituciones que quiebran; las imperfecciones de los mercados —en especial de los financieros—, y los peligros que crean los reguladores que no creen en la regulación”.
En tal sentido su ataque se dirige contra los economistas dulces (“freshwater” economists), que dictan en universidades a la vera de ríos o lagos —Chicago y Minnesota—, contrastándolos con los salados (“saltwater” economists) de las escuelas keynesianas de economía de las costas oceánicas —las de Boston y algunas de California— a las que él mismo pertenece, pero a las que también propina alguna cachetadita.
Aunque no dice que debemos reconstruir la macroeconomía desde cero, sí plantea que es imperativo modificarla profundamente sobre algunas nuevas bases.
Son tres las “lecciones” que Krugman propone para no hacer papelones: reconocer y aceptar que los mercados financieros no son perfectos ni eficientes; que el enfoque económico keynesiano sigue siendo el mejor para entender y enfrentar las depresiones y recesiones; y, finalmente, que deben incorporar las realidades de las finanzas —a partir de las lecciones que ofrece la “economía del comportamiento”— en sus teorías y políticas macroeconómicas.
Sin duda, ese texto sacará chispas entre los economistas de allá y seguramente también en nuestro medio, que es lo que parece buscar adrede el premio Nobel, aunque sabe bien que es igualmente delicioso bañarse en el lago de Michigan como en las playas californianas, así como un buen chifa solo lo es si combina adecuadamente lo dulce con lo salado.
CATEDRÁTICO U. PACÍFICO.
lunes, 27 de abril de 2009
lunes, 9 de marzo de 2009
jueves, 5 de marzo de 2009
miércoles, 4 de marzo de 2009
Ciencias Sociales
PUNTO DE VISTA
Ahorro y crisis: una paradoja
Por: Jaysuño Abramovich Economista *
Una de las primeras lecciones que recibí y aprendí en mis años de estudiante fue que el ahorro es la base del crecimiento y la riqueza, que sin ahorro el desarrollo no es posible. Uno de los axiomas en mi curso de Teoría del Desarrollo se basa en la explicación de que todos los países en un tiempo de la historia fueron igualmente ricos o igualmente pobres. Que las sociedades que aceptaron e internalizaron el concepto de bancos y tasas de interés como moralmente adecuados, así como que el trabajo y el ahorro son éticamente necesarios, fueron las que lograron despegar hacia el desarrollo y las que consiguieron ser las sociedades de los países ricos.
El pasado lunes leí en “The New York Times” un artículo del profesor de la Universidad de Princeton, Paul Krugman, el Nobel de Economía del año pasado. En este artículo, citando a Ben Bernanke, el actual presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Krugman elabora una muy interesante explicación de la actual crisis económica y financiera. Afirma que su origen está en Asia y su causa en el enorme ahorro producto del crecimiento económico de los países de ese continente. En la subsecuente exportación del excedente de capitales desde esos países hacia el resto del mundo. Que la consecuencia de esa exportación de capitales desde Asia fue la expansiva presencia de dinero barato buscando algún destino donde ser prestado. Que esta coyuntura favoreció el incremento del déficit de cuenta corriente de Estados Unidos, así como también la ilusión de riqueza que apareció con la llegada de estos capitales a naciones como Islandia, Irlanda y Estonia.
Estos países, que hasta hace muy poco eran vistos como modelos de desarrollo, ahora su riqueza, como una ilusión, se evaporó y su deuda es su realidad.
La crisis global es así, la revancha del exceso, del exceso de ahorro. Es la paradoja en la que la voluntad de ahorro excede a la voluntad de inversión de las empresas.
La otra paradoja, y esta es otra manera de interpretar la crisis, reside en que un país pobre como China (aunque de rápido crecimiento) con un PBI per cápita de unos US$1.400 haya financiado tan masivamente al país más rico del mundo y se haya convertido en el principal prestamista de Estados Unidos.
Resultó así que los chinos, al no revaluar su moneda para mantener su competitividad y al apoyar a un dólar alto para potenciar el valor de sus enormes depósitos en los bancos americanos, financiaron así la orgía consumista de Estados Unidos que devino en ser otra de las causas de lo que ahora el mundo lamenta.
Tanto ahorro disponible con una mínima regulación gubernamental y la osadía combinada con la perversa e irresponsable codicia de ciertos banqueros y agentes de bolsa hicieron posible que el ahorro y la crisis sean en nuestros tiempos las partes componentes de esta paradoja.
CATEDRÁTICO UNIVERSIDAD RICARDO PALMA
lunes, 2 de marzo de 2009
Ciencias Sociales
PUNTO DE VISTA
La cigarra y la hormiga
Por: Maki Miró Quesada
La cigarra cantó todo el verano mientras la hormiga trabajó y continuó yendo y viniendo, construyendo puentes, reforzando el hormiguero, guardando comida para el mal tiempo. El verano terminó, la cigarra calló y de golpe se dio cuenta de que no tenía dónde vivir ni qué comer. No le quedaba nada a su alrededor y lo poco que había estaba cubierto con un manto de nieve. La hormiga en cambio se metió dentro del hormiguero donde calentita se dedicó a esperar el regreso del buen tiempo.
La vieja fábula de La Fontaine nos viene del siglo XVII y nunca perdió vigencia pero hoy está más de actualidad que nunca y desgraciadamente refleja claramente lo que pasó en el siglo XXI en los mercados de capitales. Durante los últimos diez años los inversionistas, los propietarios, los rentistas observaron encantados cómo el valor de su patrimonio se incrementaba solito año tras año sin que ellos hicieran ningún esfuerzo; bastaba sentarse y recibir estados de cuenta que reflejaban siempre mayores incrementos en el valor de las propiedades, mayores ganancias y mejores beneficios.
El crecimiento del mercado no parecía tener fin y las pocas voces que levantaban dudas eran acalladas rápidamente por los gurúes de Wall Street y el gobierno republicano alérgico como era a las malas noticias. Así envalentonados vino la época del despilfarro y el derroche, “el tiempo de todos los excesos”.
Los EE.UU., un país cuya alza meteórica como primer poder económico se debió en gran parte a su capacidad innovadora, su ética de trabajo y su frugalidad, perdió el norte y de tener una política de producción y ahorro pasó a tener una política de consumo desenfrenado. Pero ellos no eran los principales alimentadores del consumo lo cual agravó el círculo vicioso. En la industria no había nuevas tecnologías importantes, en los productos de consumo masivo no había competitividad y en los productos de lujo no había calidad lo cual dejó la puerta abierta para el ingreso masivo de bienes de Japón, China y Europa, y todo el mundo empezó a endeudarse.
Del gobierno al particular, de capitán a paje la deuda creció como la espuma y rápidamente dejó atrás a los ingresos. El ahorro personal de los americanos pasó del 9% en la década de los ochenta a 5% en los noventa a 0,6% en el 2007, simple matemática. A la hormiga le quedan dos caminos, o prestarle a la cigarra y así asegurarse que en el futuro la cigarra trabajará para ella o dejarla caer nomás; en ambos casos la cigarra está frita.
O como dijo La Fontaine: “Así como entonces cantabas, baila ahora”.
jueves, 8 de enero de 2009
Ciencias Sociales
PUNTO DE VISTA
Los más vulnerables
Por Pamela Cox. Economista*
Tras cinco años de sostenido crecimiento económico con un promedio del 5% anual, América Latina no pudo escapar a la crisis financiera global y este año verá recortada sus expectativas de crecimiento a un promedio cercano al 2%. Si bien la región no entrará en una recesión como el mundo industrializado, el golpe se hará sentir.
Por primera vez en 30 años, varios países lograron revertir los marcados índices de desigualdad. Desde Brasil a Chile, pasando por Argentina, El Salvador o Colombia, la pobreza se había reducido en parte como resultado del espacio fiscal creado por mejores políticas macroeconómicas que permitieron generar un gasto social más inteligente y focalizado.
Este nuevo énfasis en lo social se amparó en la puesta en práctica de políticas fiscales y macroeconómicas sólidas que arrojaron superávit presupuestarios, aumentos de las reservas internacionales y una inflación relativamente bajo control.
Pero cuando una empresa importadora en la Unión Europea o Rusia carece de crédito para asegurar la compra de materias primas de la región y cuando los precios de los productos de exportación caen, quienes primero sufren son los trabajadores, que quedan sin empleo.
Tras enfrentar hace pocos meses las crisis alimentaria y energética que aumentaron los precios de la canasta familiar, ahora los sectores más humildes deben afrontar un fenómeno creado en el extranjero pero que los afecta.
Afortunadamente, los gobiernos de la región son conscientes de que es el momento de actuar. En aquellos países en los cuales existen redes de protección social sólidas como Brasil, México, El Salvador, Panamá, Jamaica y Colombia, hay posibilidades de evitar que la crisis financiera se transforme en una crisis social.
Mientras los países ricos continúan preparando paquetes fiscales para estimular la economía, la región debería --con fondos propios o con asistencia de organismos de cooperación-- priorizar los paquetes con fuerte contenido social para evitar una recaída en los índices de pobreza. En América Latina, las redes de protección social representan bases sólidas sobre las cuales edificar una plataforma más amplia que cubra a la población más vulnerable.
Tras casi una década de aprendizaje, los programas de transferencias monetarias condicionadas (TMC), a partir de los cuales la jefa de familia se compromete a que sus hijos asistan regularmente a la escuela y a los chequeos médicos a cambio de una transferencia monetaria de apoyo, han permitido que millones de personas retomen una senda de esperanza, que los jóvenes tengan más oportunidades en su educación, extendiendo puentes para ingresar al mercado laboral. De esta forma, al tiempo que se apoya a los más humildes, los TMC generan una corresponsabilidad en la lucha contra la pobreza.
Ahora, en tiempos de crisis, se trata de expandir su cobertura y servicios para adelantarse al impacto que ella ha de tener.
Ser oportuno es esencial. Si la experiencia dicta que en tiempos de crisis como la actual se debe expandir el gasto público dirigido a las redes sociales de emergencia, se trata de hacerlo antes de que sea tarde y así prepararse para cuando la tormenta pase y la sociedad pueda retomar una agenda vigorosa de crecimiento tendiente a continuar reduciendo la brecha social que en América Latina separa a tantos de tan pocos.
* VICEPRESIDENTA DEL BANCO MUNDIAL PARA AMÉRICA LATINA


