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viernes, 6 de mayo de 2011

Religión, Pastoral

Autor: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net
¿Libertad o predestinación?
El hombre puede aceptar o rechazar la salvación que Dios le ofrece

¿Libertad o predestinación?
¿Libertad o predestinación?

¿Está escrito mi destino? ¿Tiene razón de ser esforzarse en la práctica de la vida cristiana? ¿Estaré "predestinado" a condenarme o a salvarme? Y si es así... ¿importa algo lo que yo haga o deje de hacer en la vida?


Estas preguntas y otras similares están hoy en día de moda, difundidas sobre todo por las sectas y grupos religiosos fundamentalistas, que hablan de la predestinación, de un designio fatalista, utilizando como argumento que Dios antes de crear a cada persona, establece quiénes se salvarán y quiénes se condenarán. Esta idea no es nueva, la podemos encontrar en la historia del cristianismo desde el siglo XVI, cuando surgió el cisma, con Lutero y Calvino, que dio origen al protestantismo. Desde entonces, las sectas nacidas de esta separación, han propagado doctrinas con bases poco sólidas en la fe.


La Iglesia Católica, fiel al mensaje de Cristo, no niega la doctrina de la predestinación, sino que nos la recuerda constantemente. San Pablo, en la primera carta a los Efesios, nos habla del "designio benevolente" (Ef 1,9) que concibió Dios para nosotros antes de la creación del mundo, "predestinándonos a la adopción filial en él" (Ef 1, 4-5) Esta predestinación, entonces, consiste en que Dios nos ha designado para ser felices a su lado. Nos ha creado para salvarnos, para la vida eterna, para el amor que no tiene fin...


Nosotros los hombres, creados con libertad, voluntad e inteligencia, debemos encaminarnos hacia nuestro destino último por elección libre y amor. Si hubiera un destino fatalista, caminaríamos hacia él sin tener que hacer elecciones, pero al no ser así, podemos desviarnos; Dios lo permite respetando la libertad de su criatura, y misteriosamente, sacando de él el bien, como señala san Agustín: Porque el Dios Todopoderoso... por ser soberanamente bueno, no permitiría jamás que en sus obras existiera ningún mal, si Él no fuera suficientemente bueno y poderoso para hacer surgir un bien del mismo mal.


Uno de los atributos de Dios es la bondad, por lo tanto, no puede ser cruel y arbitrario y crear a los hombres para la salvación o la condenación según su capricho. De hecho, Cristo nos enseñó que Dios es nuestro Padre y quiere que todos los hombres se salven.


Junto a este misterio de la misericordia divina, encontramos el misterio de la libertad humana. Dios crea al hombre con inteligencia y voluntad, y además como un ser libre. El hombre por su libertad decide aceptar o rechazar con su voluntad la salvación que Dios le ofrece.


Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica (1036 ss.), las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe hacer uso de su libertad en relación con su destino eterno.


Dios no predestina a nadie al Infierno, para que eso suceda es necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), y persistir en él hasta el final.


Por todo esto, ¿dejaremos que las supuestas profecías dirijan nuestro destino o tomaremos las riendas de nuestra vida encaminándola a la predestinación de ser felices en el Cielo por los siglos de los siglos?


Para profundizar
Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 257, 600, 1021-1022, 1033-1037.
Juan Pablo II, Redemptor hominis, n. 9.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Orientación y Consejría, Religión, Pastoral

Fuente: es.catholic.net
Autor: Fela Saborit / Joaquín Fuster*

Fuente: www.menorca.info
Crisis, valores y libertad

La crisis económica ha ocurrido encima de lo que yo llamo una crisis de valores más profundos que el dinero
Crisis, valores y libertad

Detrás de un curriculum apabullante encontramos a Joaquín Fuster, médico psiquiatra y uno de los especialistas más prestigiosos del mundo en neurociencia cognitiva, una persona afable, cercana y con sentido del humor y uno de los mejores científicos del mundo en su especialidad.

¿En qué términos se define el cerebro actualmente?

En líneas muy generales es un sistema complejo de adaptación al mundo, el sistema por el que el humano se adapta tanto al mundo físico como al mundo de los demás.

El alzheimer nos deja sin memoria, sin recuerdos, ¿podrá curarse?
Yo no trabajo específicamente en el tratamiento del alzheimer, sino en los fundamentos neurológicos del conocimiento que se afecta con esta enfermedad. Muchos de estos fundamentos nerviosos se alteran en el alzheimer y con ello vienen los desastres como la pérdida de la memoria. Si un día entendemos mejor estos fundamentos, quizás lo podamos tratar mejor.

Dicen que con la crisis hay más ansiedad, estrés y depresión. ¿Es normal?
Es un problema muy complicado, porque la crisis económica ha ocurrido encima de lo que yo llamo una crisis de valores más profundos que el dinero. Durante un tiempo nos acostumbramos a una vida hedonista, de satisfacción inmediata, sin tener muy en cuenta los efectos futuros de esa conducta, sobre nuestros hijos y el resto de la sociedad. Adquirimos deudas, no sólo de dinero sino de explicación y de valores. Con la caída financiera se desvirtuó el papel del dinero en medio de esa crisis de valores y la gente se encontró sin nada, sin el bienestar y sin el apoyo moral, humano, de los otros valores que se habían olvidado. Se desvirtúan las relaciones humanas.

¿A qué valores se refiere?
Hay ciertos valores que tenemos en la raza humana que son los que nos permiten acumular conocimiento y establecer un fundamento lógico y razonable, entre ellos el principal es el de la familia. Es el núcleo de la sociedad, la escuela en la que aprendemos a cuidar de los demás, a establecer relaciones y a ligar entre nosotros mismos en comunidad trascendiendo el yo.

¿Qué consecuencias puede tener esta crisis general?
No sólo conduce a ansiedad, sino a revoluciones en realidad. Cuando la gente tiene una existencia precaria y unas autoridades que no saben cómo resolver los problemas se desalienta mucho. El temor al futuro es lo que produce más ansiedad. Pero la crisis también puede ser positiva, sirve para concienciarnos de que esas otras cosas se han dejado demasiado de lado y deben volver a su centro. Cuando salgamos, que será lento, dos valores fundamentales se restablecerán, la generosidad y el ahorro. Leer más