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jueves, 8 de septiembre de 2022

La humildad cuenta en la educación (León Trahtemberg)

La humildad cuenta en la educación (León Trahtemberg)
La muerte de la más grande idea ocurre cuando su inventor se enamora de ella. La muerte de todo buen estudiante ocurre cuando se cree el más listo de su clase y que no tiene nada que aprender de los demás. La muerte de todo gran profesor ocurre cuando se enamora del sonido de su propia voz y deja de escuchar las voces de los estudiantes. La muerte de todo gran director ocurre cuando cree que es el único que puede mover la escuela para adelante y deja de escuchar a los alumnos, profesores y padres a los que sirve.
La verdadera humildad demanda entender que el empoderamiento personal no debe venir a expensas del de alguien más. Pero no se trata solo de escuchar a otros que discrepan. Se trata de ceder el control, dar un paso atrás y dejar que otros hagan por sí solos. Dejar que otros sean dueños de sus ideas y dejar que hagan cosas que uno mismo jamás hubiera hecho.
(inspirado en diversos textos de Building School 2.0, Chase Lehmann, pags. 35/37)

 

miércoles, 16 de noviembre de 2016

PFRRHH; Pastoral






Oda a los perdedores, por Carmen McEvoy

"A lo largo de nuestra breve existencia, los seres humanos experimentamos un sinnúmero de pérdidas irreparables".


Oda a los perdedores, por Carmen McEvoy
Ilustración: Giovanni Tazza Guevara
Carmen McEvoy
La semana pasada falleció Leonard Cohen (1934-2016), una leyenda de la música y, por qué no decirlo, de la poesía universal. La finitud de la vida y su absurdidad, a pesar del constante esfuerzo que hacemos los seres humanos por dotarla de sentido, impregnan una obra que asume la pérdida como uno de sus pilares fundamentales. Esa “grieta” sin la cual sería imposible dejar pasar aquel “rayo de luz” que revela la vulnerabilidad pero también la grandeza de nuestra imperfecta humanidad.
El coraje para descifrar y celebrar los misterios de la vida –pese a su sentido trágico– hace de Cohen un clásico en el sentido estricto del término. Para muchos de sus seguidores, el bardo canadiense fue una suerte de profeta contemporáneo que miró cara a cara la violencia humana para explicarla sin ahorrarnos el horror y mucho menos la compasión. Sin embargo, junto a las canciones de “cuna por el sufrimiento”, las flores de piedra, los soles sin luz, las cartas marcadas de los eternos perdedores o las noches de insoportable oscuridad, Cohen rescató la fuerza curadora del amor, de la palabra y del ritual.
La primera pérdida de Cohen fue la de su padre, a los nueve años. En la última entrevista que concedió, pocos meses antes de su partida, habló de la muerte de su progenitor y del profundo impacto que ello causó en su joven existencia.
Al enterarse de la trágica noticia, el pequeño Leonard cortó un pedazo de la corbata del ser que más adoraba y la enterró con una anotación en el jardín de su casa. Desde ese momento, el “acto sacramental” y la palabra se convirtieron en el instrumento que lo ayudaría a superar con dignidad todas sus pérdidas, que fueron muchas y dolorosas.
Recuerdo vívidamente haber escuchado a Cohen mientras volaba a Lima al funeral de mi padre, y también cuando recolectaba fotos y recuerdos personales del hombre que me enseñó a amar los libros y cuyas cenizas traje conmigo a Sewanee. Recuerdo, como si fuera ayer, la depresión que se apoderó de mí por haberme perdido su último adiós y la fuerza que me dieron mis pequeños rituales personales. Entre ellos, leer las cartas que mi papá me enviaba religiosamente a San Diego-California, donde completaba mi doctorado, ver sus viejas fotografías vestido de beisbolista o recorrer con mi mano las anotaciones que hizo en uno de sus libros favoritos: “Las hojas de hierba” de Walt Whitman.
Es por mi experiencia personal con la pérdida y la depresión que discrepo con la afirmación de la señora Keiko Fujimori sobre el hecho de que la enfermedad que afecta a más de un millón de peruanos es un asunto de perdedores. Y mucho menos, como lo afirma el señor José Barba Caballero, que ese cangrejo que devora lentamente tus entrañas hasta quitarte el aire está asociado a la falta de estima personal.
A lo largo de nuestra breve existencia, los seres humanos experimentamos un sinnúmero de pérdidas irreparables, entre ellas la de la propia vida y la de los seres que más amamos. Situaciones en verdad inevitables que llevan –como fue mi caso particular– a depresiones profundas de las que es difícil escapar. Hablar, entonces, de un mundo de ganadores y perdedores, donde los últimos son estigmatizados por su fragilidad ante los desafíos de la vida es incurrir en una absoluta falta de humanidad. Es no entender lo vulnerable que somos y la enorme necesidad que tenemos de fortalecer la compasión hacia el que sufre y es incapaz de mitigar su dolor en soledad.
Enseño en una universidad donde asisten alumnos afluentes, como fue el caso de la señora Fujimori en su paso por Boston College, y siempre trato de que estos hijos e hijas del privilegio vean la historia de los ‘losers’, como se les llama a los perdedores por estos lares. Uno de los casos emblemáticos que presento es el de Alvar Núñez Cabeza de Vaca (1490-1560), autor de la obra “Naufragios”. Sobreviviente de una tragedia de dimensiones épicas, Cabeza de Vaca pierde todo referente con la civilización occidental e incluso es esclavizado por los indios durante varios años. Sin embargo, en su peregrinaje sin rumbo por el sudoeste norteamericano, Cabeza de Vaca se reencuentra con su humanidad imperfecta y se redime. El conquistador, conquistado por la geografía y la contingencia, se convierte en un perdedor que, al estilo de Cohen, exhibe una grieta enorme en el alma por donde ingresa el rayo de luz de la sabiduría y el respeto por la otredad.
La política del siglo XXI requiere de asertividad, de afán de superación y de excelencia, pero sobre todo de compasión y respeto por el otro. Escuchar los gritos destemplados de la congresista Cecilia Chacón humillando sin piedad a un ministro de la república. Observar a la lideresa de su partido, cuyo padre es depresivo, afirmando que la depresión es solo para los ‘losers’ o ver al alcalde de Lima sosteniendo, en medio de las brasas ardientes de un incendio que se llevó las casas además de los recuerdos de los shipibos-konibos, que lo que se les vendió fueron falsas ilusiones muestra lo poco que hemos avanzado como sociedad. A pesar de que no llega la luz a nuestra república maltrecha, hay todavía algunas grietas que nos permiten adivinar que detrás de las carencias está el sol. No cerremos, con la soberbia y la falta de respeto, esos resquicios que nos permitirán en algún momento ver la luz en esta etapa de desaliento y confusión.

martes, 28 de mayo de 2013

Religión, pastoral, PFRRHH

martes 28 de mayo del 2013 09:35

"La moral humana viene de los simios"

Es la evolución y no la religión la que determina los comportamientos morales de los individuos, plantea un polémico libro
Los bonobos y los chimpancés se reconcilian después de pelear con un par que consideran valioso.



(BBC Mundo). Ni Jesús ni Rousseau ni Hobbes. Más bien la mona chita, o Darwin, para los más letrados, tendrían que ver con la moral.
La moral humana tiene un pasado evolutivo ligado al comportamiento social, no religioso ni filosófico. Así lo plantea el primatólogo y profesor Frans de Waal en su último libro “El bonobo y el ateo”.
“Muchos de los patrones que consideramos ‘morales’ vienen de la evolución de las especies”, le explica De Waal a BBC Mundo.
Basado en 40 años de observación de primates, De Waal asegura que lo que los seres humanos denominamos como “moral” está mucho más cerca del comportamiento social de los simios que a una imposición divina o una decisión filosófica.
Para el científico, la moral no pasa por una decisión que se toma o que se impone desde arriba -filosofía, religión o incluso autoridad- sino que es innata al comportamiento social humano. No sólo eso: no es exclusiva, sino que viene como parte del “paquete social” que también puede encontrarse en otros animales como nuestros parientes primates.
Según el autor, los dos pilares de la moral: reciprocidad y justicia, por un lado y empatía y compasión por el otro, están presentes en el comportamiento social de los simios, el cual es ampliamente retratado en el libro.
ÉTICA PRIMATE
Lo anterior está relacionado con los dos grados de moralidad que De Waal distingue en el comportamiento de estos animales. La primera, denominada moral “uno a uno”, tiene que ver con cómo un individuo espera ser tratado.
Los estudios de De Waal, así como los de otros investigadores, han comprobado que chimpancés y bonobos respetan el concepto de propiedad y tratan a sus pares según la escala de jerarquía.
Sin embargo, muchas otras especies parecieran regirse por un sistema parecido. Entonces, ¿cuándo un comportamiento social se vuelve moral?
La clave es que estos primates esperan que se les respeten sus “derechos” y ser tratados según su grado jerárquico. Como animales sociales, muestran gratitud e incluso pueden tomar venganza, dependiendo del comportamiento de otros hacia ellos.
El segundo grado de moralidad se denomina “preocupación social” y tiene relación con un concepto más abstracto, que involucra el sentido de armonía de la comunidad o grupo como un todo. Aunque bastante rudimentario, los simios sí muestran ciertas formas de reconocimiento de este grado de moralidad al compartir su comida, tranquilizar a sus vecinos o incluso “intervenir” en peleas de terceros para evitar disturbios en la comunidad.
En una charla TED dictada por De Waal previo al lanzamiento del libro, el autor explicó que una de las cosas que más le llamó la atención de los primates que estudió fue su afán por reconciliarse luego de una pelea. “El principio es que tienes relaciones valiosas que resultan dañadas por el conflicto, por lo que tienes que hacer algo al respecto”, explicó en esa ocasión.
Todo, siempre en miras a la aceptación -y cooperación- social.
Los humanos, tal como nuestros parientes simios, evolucionamos en pequeños grupos donde la cooperación se volvió fundamental. Tal como ellos, también, ser sensible a las necesidades, intenciones y ánimos de nuestros pares se volvió una necesidad vital. Y eso, según de Waal, no tiene nada que ver con una decisión o un mandato superior, sino con la básica supervivencia.
“Los seres humanos tenemos todo tipo de intereses egoístas y conflictos individuales que necesitamos resolver para lograr una sociedad cooperativa. Por eso es que tenemos moral, y las abejas u hormigas no”, señaló De Waal en una entrevista.
Sin embargo, tampoco es que la moral provenga de una especie de Leviatán hobbesco.
“El concepto de ‘el hombre es un lobo para el hombre’ es bastante injusto. Tanto para los lobos, que son animales bastante cooperativos, como para la humanidad que también es bastante más cooperativa y empática que lo que suele decirse”, aseguró el científico en su charla TED.
POLÉMICA RELIGIOSA
Ni dios ni la filosofía entonces habría influido en el desarrollo del comportamiento moral.
Sin embargo las teorías de De Waal, basadas en sus descubrimientos, no caen muy bien entre filósofos, antropólogos e incluso economistas, según el mismo De Waal ha contado.
“Ellos decidieron en su mente que la justicia es un concepto muy complejo y que los animales no pueden tenerlo. Hubo un filósofo incluso que nos escribió quejándose de que era imposible que los monos tuvieran un sentido de equidad, ya que la equidad era un concepto inventado durante la Revolución Francesa”, relató el científico en su charla TED.
Y hoy se ha visto envuelto en otra polémica. Esta vez con religiosos. O no religiosos, para ser exactos.
“La religión no es irrelevante, pero no es la base de la moralidad”, le dice De Waal a BBC Mundo.
Originario de los Países Bajos, De Waal le cuenta a BBC Mundo que el libro es también una reacción a una sociedad como la estadounidense, donde la mayoría de las personas asocian directamente la moral con la religión.
En su libro, el científico dedicó un capítulo completo al ateísmo. “Estoy por un rol reducido de la religión, con menos foco en Dios todopoderoso y más foco en la potencialidad humana”, escribe. Pero eso parece no ser suficiente para los ateos.
Prominentes representantes del ateísmo como PZ Myers y AC Grayling han criticado duramente el libro, molestos no sólo porque De Waal es un científico que no “demoniza” la religión, sino que además critica al ateísmo, advirtiendo sobre los peligros de convertirlo en un dogma tan fuerte como la propia religión.
“Creo que deberían calmarse un poco”, le dice De Waal a BBC Mundo, poniendo paños fríos a la discusión.
“Si dios existe es una pregunta interesante, pero no es la pregunta de mi libro y tampoco es una pregunta que un científico va a poder contestar”, concluye.

lunes, 10 de octubre de 2011

General






CULTURA POLÍTICA

El valor de los valores

Por: Ernesto Velit Granda Analista político
Lunes 10 de Octubre del 2011
Hablar de valores, a propósito del sistema, es hablar de cultura política. Al buscar definir los espacios en que se pretende ejercer la actividad política, los valores deben ocupar lugar de privilegio.
Podríamos decir que en el ejercicio de esa actividad, los sujetos se prolongan a través de los valores y se incorporan así a la dinámica del sistema. La importancia que cada uno conceda a estos valores estará en razón directa a la manera como ellos hayan penetrado en el desenvolvimiento de cada individuo y en la moral que lo condiciona.
El valor implica una cultura, una forma de expresión, una manifestación de la condición humana.
Sin embargo, no es de extrañar que muchas veces el ejercicio irracional – hasta salvaje – de la política haga que a esos mismos valores se les pretenda conceder significados más acordes con los intereses de grupo que con la correspondencia que marca la moral. Así, nuevamente la relación medios y fines se convierte en un maridaje perverso y el bien común se transforma en un valor extraño.
Hacemos estas reflexiones porque, no obstante el poco tiempo transcurrido desde el inicio del presente gobierno, ya parecen acumularse sombras y nubosidades que nos restan luz y nos dificultan la claridad.
Sabemos que una gobernabilidad no marcha si determinados parámetros como disciplina, autoridad, legitimidad, transparencia, no se cumplen en la dimensión que la ley señala. Pero todo ello, para ser auténtico, requiere acompañarse de la participación ciudadana en la redistribución del poder y en la perfección del sistema. Siempre habrá, inevitablemente, susceptibilidades afectadas.
Por ejemplo, las reacciones a la voluntad de querer democratizar el ejercicio de la diplomacia, aunque sabemos que se llegará, finalmente, a comprender y justificar.
La ley de la consulta previa, que abre horizontes de diálogo respetuoso y ensaya habilidades, las nuevas visiones en lo tributario, la política a aplicar con el gas, las coordinaciones con el trabajo fecundo de la Municipalidad de Lima, la lealtad, en suma, con el compromiso contraído.
Aquí hay espacio para el juego de valores y su responsabilidad en el ejercicio de la cultura política.
Pero frente a ellos se levantan los antivalores que, con el disfraz de defender a muchos, encubren intereses específicos y buscan llegar al poder o no abandonarlo, y pretenden enmascarar las incongruencias entre sus feudos políticos y el bien colectivo.
Los valores se trastocan cuando la improvisación, el pago de favores, la lealtad mal entendida, el parentesco, pretenden orientar la conducta de los que gobiernan y deciden por los demás. Aquí el error resulta catastrófico, y si no se tienen presentes valores y responsabilidad en la toma de decisiones no lograremos disipar las nieblas que nos envuelven hace tiempo, como una maldición bíblica. La ecología política nos enseña a tomar conciencia de esos riesgos.
De lo contrario, concluiremos, como sucede con el actual Parlamento, que todo es más de lo mismo.

jueves, 31 de marzo de 2011

Orientación y Consejería

Un artículo muy interesante sobre la procastinación, se los recomiendo:

Perú 21, 24 de marzo del 2011

La Import an CIA de Cumplir Nuestras Obligaciones

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Ciencias






NOBEL DE MEDICINA

La técnica vs. la ética


Por: Hugo Calienes Bedoya Rector *


Miércoles 3 de Noviembre del 2010

La Academia sueca anunció que el ganador del deseado Premio Nobel de Fisiología y Medicina era el fisiólogo inglés Robert Geoffrey Edwards, por el desarrollo de la técnica de fecundación in vitro (FIV), que supuso un hito en la historia de la medicina y contribuyó a solucionar los problemas de fertilidad que afectan al 10% de las parejas.

Si bien la Academia está compuesta por expertos, esto no la hace inmune al error. En un campo tan importante como es la fisiología y la medicina no se puede privilegiar la técnica a secas y desconocer a su par que es la ética. Los galardones que se otorgan a estas disciplinas deben apuntar al logro de la vida buena, que se apoya en el supuesto de respeto a la dignidad de la persona. De lo contrario es una falacia.

¿Cuál es el precio que se debe pagar en dignidad y vidas de no nacidos para conseguir el hijo deseado?

Una síntesis estadística: “Son pocas, relativamente, las transferencias que se siguen de un embarazo que llegue a término. Las estadísticas más favorables afirman que solo el 45% de las parejas terminan con un hijo en casa, siempre que cada pareja candidata acepte someterse a cinco transferencias de embriones. Este resultado óptimo, publicado por el centro estrella mundial, se da en mujeres jóvenes (20 a 34 años), y disminuye con la edad: es solo del 28,9% si tienen de 35 a 39 años, y cae al 14,4% para las mayores de 40. Otras estadísticas dan cifras medias de 18,7% de embarazos (solo llegarán a término el 75% aproximadamente), lo que supone un leve aumento desde el 15% de mediados de los ochenta [...], el rendimiento de la técnica es exiguo: para obtener un niño, es necesario, en el caso óptimo, haber empleado una media de 24 embriones: para cada niño nacido, en los matrimonios sin éxito se emplean 15 embriones (5 ciclos x 3 embriones = 15) y, en el matrimonio que termina con un hijo, otros 9 (aceptando que el embarazo se consiga al tercer ciclo: 3 ciclos x 3 embriones = 9)”.

Esta información es proporcionada por las clínicas dedicadas a la FIV.

La Academia aplaude al laureado científico por haber hecho posible que cinco millones de parejas hayan conseguido tener un hijo. Con simples matemáticas calculemos cuántos embriones fecundados han perdido la vida para que uno solo se privilegie.

[*] Director del Instituto de Bioética y rector de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo – USAT

martes, 2 de noviembre de 2010

Orientación y Consejería







NO A LA VIOLENCIA INFANTIL

Confirmación
Por: Patricia De Las Casas Psicoterapeuta

Martes 2 de Noviembre del 2010

La confirmación es el sacramento por el cual la persona bautizada recibe el Espíritu Santo y se integra como miembro de la comunidad cristiana. Suele administrarlo el obispo, el que extiende las manos sobre el confirmado, hace una unción en forma de cruz con óleo y le da con la mano derecha una ligera bofetada diciendo: “La paz sea contigo”.

En el Perú se está dando una peculiar versión de la confirmación que dista significativamente de ser un símbolo de paz. La mayoría de los peruanos hemos experimentado un sentimiento de rechazo y censura al enterarnos de que –presuntamente– Luis Torres Oré actuó con violencia y abuso sobre el niño Edison por rayar su automóvil. Agresión que llegó a tal brutalidad que puso en peligro la visión del niño y, más allá del daño físico, aspectos psicológicos. Resulta que Torres Oré ha desmentido que agrediera al niño, y afirma que este se golpeó solo contra la pared en un forcejeo, versión que no coincide con la de los vecinos.

Días antes, en otro incidente, Richard Gálvez acusó al máximo representante de todos los peruanos de abofetearlo por haberlo insultado, hecho también desmentido por Óscar Rachumi, quien dijo ser autor de la bofetada.

Finalmente, un alto dignatario del Poder Judicial declara que se debía responder con una acción violenta a un insulto o correr el riesgo de ser considerado “no hombre”, de lo cual luego también se retractó y disculpó.

¿Qué nos está sucediendo? Consideramos y sin discusión que los hechos deben esclarecerse y que atacante del niño Edison, en caso de demostrarse su culpabilidad, debe recibir todo el castigo que la ley impone. Pero ello no es el único hecho a considerar. Cabe preguntarse qué estaba pasando con Edison para que con 10 años de edad raye un vehículo con un clavo. Se espera que por su edad un niño tenga suficiente conciencia para identificar que actuaba mal o, por lo menos, no bien. Me pregunto: qué sucede con un niño cuya madre, Nancy Padilla, ha emigrado a un país vecino para trabajar. Seguro para darle lo mejor a su hijo al que llamó, al ser entrevistada, “lo que más quiere en su vida”.

Sería posible pensar que Edison al rayar el vehículo atacaba el instrumento con el cual su madre parte de su lado a otro país. Manifestaba –en un lugar que no correspondía– el dolor que experimentaba porque su madre no estaba con él. Más aun que no lo acompañase en sus clases de nivelación, dado que él no está bien en matemáticas. En sus sumas, madre más hijo son dos, pero a él le está resultando que uno más uno son uno.

Todo esto son especulaciones, pero creo que además de esclarecer los hechos, debemos censurar la violencia, en particular contra un menor. Es fundamental preguntarnos cómo ayudar a este niño Edison (o a muchos otros), porque podría estar expresando (de manera no correcta) un dolor, incomprensión o resentimiento. Debemos preguntarnos con sinceridad cómo solemos reaccionar como padres cuando los hijos pueden cometer actos inadecuados que, lamentablemente, no siempre entendemos.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Orientación y Consejería, Ciencias Sociales







PUNTO DE VISTA

La fuerza de los jóvenes
Por: Jorge Medina Méndez Contador*


Miércoles 27 de Octubre del 2010

Luego de recoger la opinión de unos 300 jóvenes de Lima y provincias, con el apoyo de Perú 2021, otro grupo de ellos –de entre 23 y 33 años– trabajará en cuatro áreas claves para el desarrollo del país: valores y ética, educación, medio ambiente y pobreza. Respecto al primer tema, analizarán cómo se puede lograr una mayor participación ciudadana en temas de transparencia, buscando un cambio de comportamiento en la vigilancia que debe hacer la sociedad civil para combatir la corrupción.

Estos futuros líderes del país plantean el reto de lograr que el Perú sea un referente global en valores y ética en el 2021. Saben que tienen la fuerza suficiente para cuestionar y cambiar el statu quo, y –con su enorme poder transformador– ayudar a construir ese país sin corrupción que tanto desean.

En el mundo hay varias iniciativas en ese sentido. La Asociación de Centros de Estudiantes de Lituania promueve la integridad entre los estudiantes de ese país con seminarios sobre integridad y rendición de cuentas. En Corea del Sur, el Índice de Integridad de Juventud monitorea los cambios en las opiniones de los estudiantes sobre ética. En Papúa Nueva Guinea, la Youth Against Corruption Association empodera a los jóvenes para que participen activamente en la lucha contra la corrupción. Y, sin ir muy lejos, la Organización Iberoamericana de Juventud señala a la transparencia, la rendición de cuentas y la integridad, como los principales desafíos que deben enfrentar los jóvenes de nuestra región, existiendo en Colombia y Argentina iniciativas juveniles en ese sentido.

Al enfrentar el desafío de desarrollar los valores y la ética en nuestro país, estos jóvenes peruanos jugarán un rol clave para pasar de un enfoque basado en la oferta (es decir, “esperar sentados” a que lleguen las reformas) a uno que impulse la demanda (o sea, exigir tales reformas con la participación de la sociedad civil). La intervención positiva, fresca y disruptiva de nuestra juventud incentivará la participación cívica de los mayores, tan ajena y distante en procesos de gobernabilidad.

Los jóvenes constituyen el presente y el futuro del Perú y creen en las soluciones del mañana con su activa participación. Al poner en agenda temas de integridad y transparencia, la fuerza de los jóvenes generará cambios positivos de largo plazo, pues los problemas de educación, medio ambiente y pobreza son originados –en gran parte– por la carencia de ética y valores.


(*) Country Managing Partner Ernest & Young Perú.

martes, 26 de octubre de 2010

Orientación y Consejería, Pastoral, Persona, Familia y RR.HH.







RINCÓN DEL AUTOR

El negro, el cholo y el abusador
Por: Mariella Balbi


Martes 26 de Octubre del 2010

Que la violencia cotidiana va in crescendo en nuestro país no es algo reciente. Lo relativamente nuevo es que se exprese cada vez con más intensidad en el mundo infantil y adolescente. Un verdadero termómetro de que estamos mal como sociedad, porque no hemos podido proteger al grupo humano más vulnerable de la brutalidad y del salvajismo de los adultos. Dos casos nos han estallado en la cara como dolorosos ejemplos de la desprotección en la que viven nuestros jóvenes. Clinton, de 13 años y origen provinciano, está tumbado en una cama paralizado por la golpiza que le propinaron sus compañeros de colegio, quienes lo insultaban constantemente llamándolo: serrano, cholo y provinciano. Clinton aún conserva algo de inocencia y se describe a sí mismo como humilde y respetuoso. Una vecina vio cómo tres escolares lo tenían tirado en el suelo y uno lo agarraba a feroces puntapiés, un linchamiento. Su presencia hizo que se detuvieran.

El agresor principal, menor de edad, da su descargo y solloza; afirma que Clinton lo llamaba negro permanentemente y también se sentía insultado. Niega cualquier agresión, la vecina es un testigo clave. Hay quienes afirman que el racismo va amainando en el Perú, no parece ser una realidad en el mundo del serrano ni en el del negro. El testimonio de Clinton deja entender que ese acento andino, tierno para algunos, fastidia y libera odio en los púberes limeños de segunda o tercera generación. No es descabellado pensar que esto se repite en todos los sectores sociales. Al despectivo calificativo de serrano se asocia también pobre, sucio y memo. Produce escalofríos escribir esto, pero es la realidad de nuestros adolescentes citadinos: golpear hasta matar si es posible y una gran inseguridad por su color de piel, por su manera de vestir.

En el espacio femenino la violencia cotidiana está imbricada perversamente con el sexo. El pedófilo y violador Carlos Visalot, atrapado con dificultad y con poco apoyo de las autoridades pertinentes, abusó de 14 niñas pertenecientes a la misma escuela estatal. Les tomó fotos desnudas, las grabó, las tocó, las obligó a tener sexo. Y aunque la expresión provoque náuseas, lo novedoso de todo esto es que las ‘niñas mayores’, de 14 y 15 años proveían de menores al miserable personaje por dinero. No mucha plata, 30 o 50 dólares, también pollo a la brasa. Eran ‘jaladoras’ y además se denigraban por dinero. Explorando su interioridad intuimos que su representación de lo femenino se basa en que el cuerpo, el sexo, el respeto por el otro se supeditan al dinero. También, que la mejor ‘arma’ de una mujer es su aspecto físico, siempre y cuando sea deseado y aprobado por los hombres, pedófilos o no. Cero en valores.

lunes, 25 de octubre de 2010

Pastoral, Orientaci´´on y Consejería




Aquí lo que sobra es corazón

Orientación y Consejería, Pastoral, Persona, Familia y RR.HH.






INTEGRIDAD, HONRADEZ Y VOCACIÓN DE SERVICIO

Vivir la vida con valores
Por: Beatriz Merino Defensora Del Pueblo


Sábado 23 de Octubre del 2010

En la actualidad, cuando muchos peruanos afrontan con cinismo o pesadumbre su vida cotidiana, es preciso citar a Goethe, el gran escritor alemán del siglo XVIII, quien nos advierte en su célebre “Fausto” que no merece disfrutar ni de la libertad ni de la vida quien no sepa reconquistarlas todos los días. De este modo, el autor nos enseña que una vida es digna de ser vivida solo con un esfuerzo permanente. Para hacerlo, así como se construye un alto edificio, necesitamos una piedra angular que brinde soporte a su altura y armonía a la edificación. Esa piedra angular está constituida por nuestros valores.

¿Cuáles son los valores para vivir una vida digna de tal nombre? La integridad, la honradez y la vocación de servicio. La primera nos permite decir lo que pensamos y hacer lo que decimos. Nos torna deudores de nuestra palabra empeñada y nos mueve a ejercer nuestras acciones según nuestras creencias personales. Cuando no somos íntegros –es decir, cuando pensamos una cosa, decimos otra y hacemos una tercera distinta a las dos anteriores– nos traicionamos en lo más profundo de nuestro ser. No tenemos principios o, si los tenemos, no nos importan; nos volvemos cínicos y nadie confía en nosotros. “Odio, como las puertas de la muerte, al hombre que dice una cosa, pero oculta otra en el corazón”, exclama el angustiado Aquiles en “La Ilíada”. La integridad nos procura la seguridad de ser nosotros mismos y, al ser los primeros en respetar lo que pensamos y actuar en consecuencia, ganamos el respeto de los demás.

La honradez consiste en realizar cada acto de nuestra vida con transparencia. La honradez expresa respeto por uno mismo y por los demás, implica comprometerse con la verdad, expresa la disposición de vivir a la luz, tiñe la vida de apertura, confianza y sinceridad. Se opone a la deshonestidad, que representa el desprecio por el prójimo, que busca la sombra y el encubrimiento, que sobrevive y medra en la oscuridad. Si la honradez, al igual que la libertad, nos define como seres humanos, se debe mantener como una postura ética, no por mezquina conveniencia o satisfacción egoísta –que son, ambas, el festín de los aduladores–, sino porque informa a todos la clase de persona que somos, haciéndonos confiables. “La honestidad es mejor que toda política”, señaló, con perspicacia, Kant.

La vocación de servicio es el tercero de los valores que nos permiten vivir con dignidad. Servir a los demás no nos hace inferiores. Por el contrario, revela nuestro compromiso con el otro y nos hace solidarios con sus problemas. Es la tarea más relevante, pues denota desprendimiento, entrega, altruismo y búsqueda de una mejor calidad de vida para todos.


Esa vocación de servicio no está reñida con el óptimo beneficio empresarial. Ludwig von Mises enseña en “La acción humana” que el empresario más exitoso será aquél que sirva de mejor manera a sus consumidores. Esto es visible en las sociedades que han alcanzado el bienestar –gracias a su defensa de la libertad, el Estado de derecho y la economía de mercado–, que son las más solidarias que existen: en ellas, las horas dedicadas al servicio comunitario son las más altas del orbe.

Estos tres valores, ejercidos con energía y prudencia, configuran nuestro carácter y le confieren una extraordinaria fuerza. Si somos honestos con nosotros mismos, lo seremos con los demás y arribaremos, sin duda, a asumir la consecuencia de nuestros actos, lo que equivale a vivir sujetos a un deber inevitable, la responsabilidad.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Orientación y Consejría, Religión, Pastoral

Fuente: es.catholic.net
Autor: Fela Saborit / Joaquín Fuster*

Fuente: www.menorca.info
Crisis, valores y libertad

La crisis económica ha ocurrido encima de lo que yo llamo una crisis de valores más profundos que el dinero
Crisis, valores y libertad

Detrás de un curriculum apabullante encontramos a Joaquín Fuster, médico psiquiatra y uno de los especialistas más prestigiosos del mundo en neurociencia cognitiva, una persona afable, cercana y con sentido del humor y uno de los mejores científicos del mundo en su especialidad.

¿En qué términos se define el cerebro actualmente?

En líneas muy generales es un sistema complejo de adaptación al mundo, el sistema por el que el humano se adapta tanto al mundo físico como al mundo de los demás.

El alzheimer nos deja sin memoria, sin recuerdos, ¿podrá curarse?
Yo no trabajo específicamente en el tratamiento del alzheimer, sino en los fundamentos neurológicos del conocimiento que se afecta con esta enfermedad. Muchos de estos fundamentos nerviosos se alteran en el alzheimer y con ello vienen los desastres como la pérdida de la memoria. Si un día entendemos mejor estos fundamentos, quizás lo podamos tratar mejor.

Dicen que con la crisis hay más ansiedad, estrés y depresión. ¿Es normal?
Es un problema muy complicado, porque la crisis económica ha ocurrido encima de lo que yo llamo una crisis de valores más profundos que el dinero. Durante un tiempo nos acostumbramos a una vida hedonista, de satisfacción inmediata, sin tener muy en cuenta los efectos futuros de esa conducta, sobre nuestros hijos y el resto de la sociedad. Adquirimos deudas, no sólo de dinero sino de explicación y de valores. Con la caída financiera se desvirtuó el papel del dinero en medio de esa crisis de valores y la gente se encontró sin nada, sin el bienestar y sin el apoyo moral, humano, de los otros valores que se habían olvidado. Se desvirtúan las relaciones humanas.

¿A qué valores se refiere?
Hay ciertos valores que tenemos en la raza humana que son los que nos permiten acumular conocimiento y establecer un fundamento lógico y razonable, entre ellos el principal es el de la familia. Es el núcleo de la sociedad, la escuela en la que aprendemos a cuidar de los demás, a establecer relaciones y a ligar entre nosotros mismos en comunidad trascendiendo el yo.

¿Qué consecuencias puede tener esta crisis general?
No sólo conduce a ansiedad, sino a revoluciones en realidad. Cuando la gente tiene una existencia precaria y unas autoridades que no saben cómo resolver los problemas se desalienta mucho. El temor al futuro es lo que produce más ansiedad. Pero la crisis también puede ser positiva, sirve para concienciarnos de que esas otras cosas se han dejado demasiado de lado y deben volver a su centro. Cuando salgamos, que será lento, dos valores fundamentales se restablecerán, la generosidad y el ahorro. Leer más

martes, 10 de agosto de 2010

Orientación y Consejería







PUNTO DE VISTA
¿Los peruanos somos generosos?
Por: Inés Temple Administradora *
Martes 10 de Agosto del 2010
Imagine el día que en el Perú muchas de las postas médicas rurales sean levantadas por el comerciante al que le va bien, las losas deportivas por el emprendedor exitoso y los comedores populares por el ejecutivo que triunfa en lo suyo.
Imagine ahora el gran hospital donado por los señores B; el museo por el patrón de las artes, el Sr. V; el teatro por su benefactora, la Sra. H; y la red de colegios gratuitos por el ahora filántropo Sr. R (¡obviamente de los que más tienen esperamos más!).
¿Falta mucho para ese día? No lo creo. En general, los peruanos somos generosos y solidarios, especialmente los de menores recursos y, cada vez más, los jóvenes. Además, las empresas, vía proyectos de responsabilidad social, vienen haciendo mucha obra social.
Pero en lo que aún tenemos que trabajar es en grabar en nuestro ADN cultural el valor de la obligación personal de retribuir voluntariamente a la sociedad lo que ella nos da.
¿Cómo lograrlo? La semana pasada Warren Buffett, uno de los hombres más ricos del mundo, hizo un llamado a los billonarios de su país a no solo donar sus fortunas, sino a hacerlo públicamente para modelar conductas aspiracionales, alentando a otros a hacer donaciones.
Por mucho tiempo en nuestro país abundaron las razones por las que muchos se abstuvieron de retribuir a una sociedad que tampoco les cumplía. El caos y la inseguridad económica, política y ciudadana llevaron a muchos a desconfiar del sistema y ahorrar fuera del país en legítima búsqueda de seguridad.
Sin embargo, hoy estamos viviendo en una nueva sociedad más próspera y más comprometida, que viene orgullosamente redefiniendo su peruanidad, identidad y valores.
Este momento nos da la oportunidad de convertirnos en una sociedad capaz de retribuir lo recibido. Una nación que celebra el poder de la generosidad como la mejor manera de trascender.
Es una buena oportunidad también para modelar un cambio hacia una cultura en que empresarios, ejecutivos y personas de todo nivel se definan por las obras y proyectos que apoyan con dinero, tiempo o ideas. Y que sean admirados y reconocidos por lo que generosa y desinteresadamente dan a la sociedad, sin esperar a ser ricos para contribuir.
[*] Presidenta DBM Perú & DBM Chile