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viernes, 6 de octubre de 2023
jueves, 8 de septiembre de 2022
De conejos y liebres: estas son las principales diferencias entre ambos animales
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A pesar de las similitudes morfológicas, conejos y liebres tienen diferencias importantes en su gestación, su conducta y su forma de vivir
ngenespanol.com
miércoles, 15 de junio de 2022
Observan por primera vez a un grupo de chimpancés atacando a gorilas hasta la muerte
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Nunca antes se había registrado un ataque letal entre estos grandes simios y el cambio climático podría
estar detrás.
ngenespanol.com
miércoles, 27 de octubre de 2021
martes, 10 de agosto de 2021
jueves, 18 de julio de 2019
jueves, 18 de octubre de 2018
viernes, 31 de agosto de 2018
lunes, 11 de junio de 2018
Ciencia, tecnología y ambiente
¿Por qué el cóndor hace su nido en Chile pero se alimenta en Argentina?
El cóndor andino habita a lo largo de la Cordillera de los Andes y anida en acantilados rocosos. Es un ave que se alimenta de carroña

El
científico argentino Sergio Lambertucci lleva dos décadas estudiando el
comportamiento de los cóndores en el noroeste de la Patagonia. (Foto:
archivo El Comercio)
¿Por qué muchos cóndores hacen su nido a más de 100 km del lugar en el que se alimentan?
El enigma desconcertó a un equipo de expertos en Argentina encabezados
por Sergio Lambertucci, investigador del Instituto de Investigaciones
en Biodiversidad y Medioambiente argentino (Inibioma) y de la
Universidad Nacional del Comahue.
Lambertucci,
quien lleva más de dos décadas estudiando al cóndor andino (Vultur
gryphus), investiga el comportamiento deestas aves en el noroeste de la
Patagonia y monitorea sus movimientos colocándoles transmisores GPS.
El cóndor
andino habita a lo largo de la Cordillera de los Andes y anida en
acantilados rocosos. Es un ave carroñera, que se alimenta de animales
muertos.
Los
investigadores notaron que muchos cóndores adultos cruzaban la
cordillera hacia Chile para nidificar, pero volaban grandes distancias
para alimentarse en Argentina.
"La primera pregunta que nos vino es por qué tienen los nidos allá(en el lado chileno) si realmente no comen allá", señaló Bertolucci a BBC Mundo.
¿Cómo se explica el misterio?
Ballenas filtradoras
"La
hipótesis que surgió es que estos cóndores venían actualmente a comer
del lado argentino porque del lado chileno ya no tenían alimento",
señaló Lambertucci.
Los nidos eran cercanos a la costa y en algunos casos estas aves necesitaron hacer recorridos de hasta de 176 km para alimentarse.

Los
investigadores colocaron transmisores GPS en las aves. El transmisor
puede verse en este cóndor hembra. (Foto: Gonzalo Ignazi)
"Creíamos
que la existencia de esos nidos localizados en una zona tan apartada de
su lugar de alimentación actual se debería a que tiempo atrás estas aves se nutrirían de los cadáveres de mamíferos marinos -principalmente las ballenas filtradoras- hoy muy reducidos a nivel mundial debido a la acción del hombre en los últimos cien años", agregó el científico argentino.
El secreto está en las plumas
Para poder
verificar esta hipótesis, los investigadores realizaron análisis
isotópicos de las plumas de cóndores actuales de la Patagonia y de
individuos de la misma especie que habitaron la zona entre 1841-1933.

Lambertucci (centro) y sus colegas soltando un cóndor al que se colocó un transmisor GPS. (Foto: gentileza Sergio Lambertucci)
"Los
resultados que obtuvimos son muy interesantes y apoyan nuestra hipótesis
respecto de la modificación de la dieta de los cóndores. Mientras para
los individuos actuales los recursos marinos componen en promedio menos
de un 8% de su alimentación, para los antiguos representaba cerca de un
tercio de la misma", explicó Lambertucci.
Los
científicos capturaron individuos en la actualidad para tomarle muestras
de sus plumas y buscaron en museos de todo el mundo cóndores que
tuvieran al menos entre 80 y 100 años de antigüedad.
"Utilizamos
una técnica que ahora se usa muchísimo que es la de isotopos estables.
Uno puede a partir de la caracterización de la composición de carbono,
nitrógeno y azufre, ver de qué estaba compuesta la dieta", señaló el
investigador argentino a BBC Mundo.
El nuevo estudio de Lambertucci y sus colegas fue publicado en la revista de la Academia de Ciencias de Reino Unido, Proceedings of the Royal Society B.
"Vuelven a la zona donde nacieron"
Uno de los
enigmas no resueltos es por qué muchos cóndores nidifican tan lejos de
su fuente de alimento cuando esto les implica un gran gasto de energía.

Los machos tienen una cresta y pesan cerca de 16 kilos, el doble que las hembras. (Foto: Gonzalo Ignazi)
"No tenemos la respuesta, pero podemos pensar en posibles explicaciones", afirmó Bertolucci a BBC Mundo.
"Muchas de estas aves son muy filopátricas, es decir, nacen y vuelven a la zona donde nacieron cuando ya son adultos y pueden reproducirse, y eso es un comportamiento que está muy fuertemente fijado genéticamente".
"También tenemos que pensar que es una especie muy longeva que en cautiverio puede llegar a vivir 70 años,
con lo cual las parejas que están ahora del otro lado hace 50 años
seguramente ellas o sus padres se alimentaban de ballenas y otros
recursos marinos, y esta puede que sea la primera o segunda generación
de aves que ya no tiene ese recurso tan a la mano".
Además de
la reducción de ballenas hay otro factor clave que puede haber
modificado los patrones alimenticios del cóndor. "No lo podemos probar
pero en muchos otros lugares del mundo se ha visto un efecto combinado
del aumento de la cantidad de gente debido a la urbanización en las
costas".

Las
ballenas filtradoras y otros recursos marinos fueron un alimento
tradicional de los cóndores, pero se han reducido debido a la acción
humana. (Foto: Maria Constanza Marchesi)
"Son animales a los que no les gusta nada bajar a comer donde hay gente".
"Requieren de áreas abiertas"
La razón
por la cual tantos los cóndores que anidan al este como al oeste de la
cordillera se alimentan en territorio argentino se debe a las
características del paisaje y de la fauna a ambos lados de la cadena
montañosa.
"El margen
occidental de la cordillera termina en la costa del Pacífico, mediada
por una zona boscosa en la que los animales al morir no se transforman
en un recurso disponible para los cóndores que requieren de áreas
abiertas para poder buscar y descender", explicó Lambertucci.

Los cóndores son monógamos y muy longevos. Viven cerca de 70 años.
"En cambio,
del lado argentino se une a la estepa patagónica, muy abundante en
herbívoros nativos y exóticos, donde también se realiza la cría
extensiva de ganado", explica el investigador.
Por otra
parte, si bien en el lado chileno también hay ganado, "este se produce
en parcelas de pocas hectáreas, por lo que los productores remueven
rápidamente a los animales muertos porque puede ser un foco infeccioso, y
no dan tiempo a que se conviertan en alimento para las aves
carroñeras".
"Los ecosistemas están interconectados"
La
fascinación de científico argentino con el cóndor comenzó desde niño.
"Hay una anécdota. Desde muy chico cada vez que iba a un museo me
sacaban una foto apuntando a un cóndor".
La fascinación con la especie continuó cuando Lambertucci decidió dedicarse a la biología de la conservación.
"Es una especie que es realmente muy difícil de estudiar".
"Pone un solo huevo cada dos años y puede moverse a lo largo de un solo día 400 km".
"Los
cóndores con GPS que marcamos acá en Bariloche han recorrido casi la
totalidad de Patagonia y uno puede preguntarse cómo hace un ave de este
tipo para sobrevivir en la actualidad con los cambios que el hombre está
haciendo en el paisaje.
"Los ecosistemas están interconectados de muchas maneras y los efectos que producimos son muchas veces impensados". Sergio Lambertucci.
"Nuestros
resultados sugieren fuertemente que si bien la distribución de los nidos
a ambos costados de la cordillera no ha sido modificada por la acción
humana en las últimas décadas -se trata de acantilados en la roca muy
agrestes- sí se ha modificado mucho la fuente de alimentación, que del
lado argentino pasó a ser principalmente ganado y del chileno se perdió
al reducirse de forma drástica la fauna marina", afirma el investigador.
"Los
cambios que el hombre realiza en un ambiente tan distante a la
cordillera como el océano pueden estar impactando a decenas de
kilómetros del mismo", señaló Lambertucci.
"Esto es
algo que muchas veces no se considera, pero que es clave, ya que los
ecosistemas están interconectados de muchas maneras y los efectos que
producimos son muchas veces impensados".
jueves, 30 de noviembre de 2017
jueves, 30 de mayo de 2013
Ciencia, tecnología y ambiente
ElComercio.pe
jueves 30 de mayo del 2013 08:41
Un estudio muestra que los chimpancés tienen pataletas
Científicos estadounidenses descubrieron que los primates reaccionan emocionalmente cuando toman decisiones equivocadas, como los humanos
Los simios tienen mucho más en común con los hombres de lo que se se pensaba.
Ésa es la conclusión de un grupo de investigadores de la Universidad de Duke, en Estados Unidos, que desarrolló varios experimentos sobre toma de decisiones, en los que los simios juegan para conseguir premios comestibles.
Algunos de los animales que perdían en el juego, al conseguir un insípido trozo de pepino en lugar de una deseada banana, reaccionaron con lo que podría ser el equivalente simio de una pataleta humana.
El hallazgo de los investigadores fue publicado en la última edición de la revista Plos One, de la Academia de Ciencias de Estados Unidos.
HUÉRFANOS
Los científicos trabajaron con 23 chimpancés y 15 bonobos en dos santuarios de simios en la República del Congo.
“Todos los animales son huérfanos rescatados del mercado de carne de animales silvestres”, le explicó a la BBC Alexandra Rosati, líder del proyecto, que ahora trabaja en la Universidad de Yale, también en EE.UU.
“Están en una suerte de semicautiverio, pero es posible interactuar con ellos en juegos”, dijo.
“Es lo más cerca que podemos estar de ellos sin llegar a estar en la selva”, añadió.
Señalan que el estudio sugiere que los sentimientos de frustración y lamentación -tan fundamentales para nuestras propias decisiones- no son únicamente humanos.
La doctora Rosati, que estudia la capacidad de solucionar problemas de los simios para examinar el origen del comportamiento humano, diseñó dos juegos para el experimento.
En el primero, los animales podían escoger entre recibir un premio comestible relativamente pequeño inmediatamente o recibir otro más grande pero después de esperar un tiempo.
En el segundo experimento (vea un extracto en el video), los simios debían escoger entre una opción “segura” y otra “arriesgada”.
La alternativa segura era la de seis maníes o cacahuetes escondidos bajo un cuenco. Mientras que la arriesgada era o bien un decepcionante trozo de pepino o un preferido trozo de banana.
Muchos de los chimpancés expresaron emoción tanto cuando tenían que esperar como cuando tomaron un riesgo que no valió la pena.
Los investigadores registraron en cámara algunas de las reacciones, que son muy parecidas a las pataletas humanas e incluyen gritos y “pucheros”.
Además, según Rosati, algunos simios reaccionaron rascándose ansiosamente o moviendo las barras de su jaula.
“Algunas de las reacciones se parecen mucho a las de un niño gritando “no, yo quería eso””, describió la investigadora.
ESTADOS DE HUMOR PARECIDOS
Según explicó Roseti, los resultados de este estudio sugieren que el componente emocional del proceso de toma decisiones no es único de la especie humana.
Los sentimientos de frustración y de arrepentimiento, tan fundamentales en nuestra toma de decisiones, están presentes también en la sociedad de los simios.
Además, los investigadores encontraron diferencias en la manera en que las dos especies observadas respondieron a los juegos: los chimpancés tenían más predisposición a arriesgarse que los bonobos.
Esto podría sugerir, según Rosati, que la capacidad de los simios para sentir emociones pudo haber ayudado a moldear su forma de vida.
“Estas diferencias pueden verse reflejadas en las distintas maneras en las que buscan comida en la vida silvestre”, dijo la doctora.
“Tal vez por eso es más probable que los chimpancés se involucren en arriesgadas estrategias como la caza, en el sentido de que pueden pasarse un día entero persiguiendo algo y acabar con nada”, añadió.
En términos generales, dijo la investigadora, los resultados sugieren que el proceso de toma de decisiones de los simios tiene motivaciones y pasa por estados de ánimo similares a los nuestros.
martes, 28 de mayo de 2013
Religión, pastoral, PFRRHH
martes 28 de mayo del 2013
09:35
(BBC Mundo). Ni Jesús ni Rousseau ni Hobbes. Más bien la mona chita, o Darwin, para los más letrados, tendrían que ver con la moral.
La moral humana tiene un pasado evolutivo ligado al comportamiento social, no religioso ni filosófico. Así lo plantea el primatólogo y profesor Frans de Waal en su último libro “El bonobo y el ateo”.
“Muchos de los patrones que consideramos ‘morales’ vienen de la evolución de las especies”, le explica De Waal a BBC Mundo.
Basado en 40 años de observación de primates, De Waal asegura que lo que los seres humanos denominamos como “moral” está mucho más cerca del comportamiento social de los simios que a una imposición divina o una decisión filosófica.
Para el científico, la moral no pasa por una decisión que se toma o que se impone desde arriba -filosofía, religión o incluso autoridad- sino que es innata al comportamiento social humano. No sólo eso: no es exclusiva, sino que viene como parte del “paquete social” que también puede encontrarse en otros animales como nuestros parientes primates.
Según el autor, los dos pilares de la moral: reciprocidad y justicia, por un lado y empatía y compasión por el otro, están presentes en el comportamiento social de los simios, el cual es ampliamente retratado en el libro.
ÉTICA PRIMATE
Lo anterior está relacionado con los dos grados de moralidad que De Waal distingue en el comportamiento de estos animales. La primera, denominada moral “uno a uno”, tiene que ver con cómo un individuo espera ser tratado.
Los estudios de De Waal, así como los de otros investigadores, han comprobado que chimpancés y bonobos respetan el concepto de propiedad y tratan a sus pares según la escala de jerarquía.
Sin embargo, muchas otras especies parecieran regirse por un sistema parecido. Entonces, ¿cuándo un comportamiento social se vuelve moral?
La clave es que estos primates esperan que se les respeten sus “derechos” y ser tratados según su grado jerárquico. Como animales sociales, muestran gratitud e incluso pueden tomar venganza, dependiendo del comportamiento de otros hacia ellos.
El segundo grado de moralidad se denomina “preocupación social” y tiene relación con un concepto más abstracto, que involucra el sentido de armonía de la comunidad o grupo como un todo. Aunque bastante rudimentario, los simios sí muestran ciertas formas de reconocimiento de este grado de moralidad al compartir su comida, tranquilizar a sus vecinos o incluso “intervenir” en peleas de terceros para evitar disturbios en la comunidad.
En una charla TED dictada por De Waal previo al lanzamiento del libro, el autor explicó que una de las cosas que más le llamó la atención de los primates que estudió fue su afán por reconciliarse luego de una pelea. “El principio es que tienes relaciones valiosas que resultan dañadas por el conflicto, por lo que tienes que hacer algo al respecto”, explicó en esa ocasión.
Todo, siempre en miras a la aceptación -y cooperación- social.
Los humanos, tal como nuestros parientes simios, evolucionamos en pequeños grupos donde la cooperación se volvió fundamental. Tal como ellos, también, ser sensible a las necesidades, intenciones y ánimos de nuestros pares se volvió una necesidad vital. Y eso, según de Waal, no tiene nada que ver con una decisión o un mandato superior, sino con la básica supervivencia.
“Los seres humanos tenemos todo tipo de intereses egoístas y conflictos individuales que necesitamos resolver para lograr una sociedad cooperativa. Por eso es que tenemos moral, y las abejas u hormigas no”, señaló De Waal en una entrevista.
Sin embargo, tampoco es que la moral provenga de una especie de Leviatán hobbesco.
“El concepto de ‘el hombre es un lobo para el hombre’ es bastante injusto. Tanto para los lobos, que son animales bastante cooperativos, como para la humanidad que también es bastante más cooperativa y empática que lo que suele decirse”, aseguró el científico en su charla TED.
POLÉMICA RELIGIOSA
Ni dios ni la filosofía entonces habría influido en el desarrollo del comportamiento moral.
Sin embargo las teorías de De Waal, basadas en sus descubrimientos, no caen muy bien entre filósofos, antropólogos e incluso economistas, según el mismo De Waal ha contado.
“Ellos decidieron en su mente que la justicia es un concepto muy complejo y que los animales no pueden tenerlo. Hubo un filósofo incluso que nos escribió quejándose de que era imposible que los monos tuvieran un sentido de equidad, ya que la equidad era un concepto inventado durante la Revolución Francesa”, relató el científico en su charla TED.
Y hoy se ha visto envuelto en otra polémica. Esta vez con religiosos. O no religiosos, para ser exactos.
“La religión no es irrelevante, pero no es la base de la moralidad”, le dice De Waal a BBC Mundo.
Originario de los Países Bajos, De Waal le cuenta a BBC Mundo que el libro es también una reacción a una sociedad como la estadounidense, donde la mayoría de las personas asocian directamente la moral con la religión.
En su libro, el científico dedicó un capítulo completo al ateísmo. “Estoy por un rol reducido de la religión, con menos foco en Dios todopoderoso y más foco en la potencialidad humana”, escribe. Pero eso parece no ser suficiente para los ateos.
Prominentes representantes del ateísmo como PZ Myers y AC Grayling han criticado duramente el libro, molestos no sólo porque De Waal es un científico que no “demoniza” la religión, sino que además critica al ateísmo, advirtiendo sobre los peligros de convertirlo en un dogma tan fuerte como la propia religión.
“Creo que deberían calmarse un poco”, le dice De Waal a BBC Mundo, poniendo paños fríos a la discusión.
“Si dios existe es una pregunta interesante, pero no es la pregunta de mi libro y tampoco es una pregunta que un científico va a poder contestar”, concluye.
"La moral humana viene de los simios"
Es la evolución y no la religión la que determina los comportamientos morales de los individuos, plantea un polémico libro
Los bonobos y los chimpancés se reconcilian después de pelear con un par que consideran valioso.
La moral humana tiene un pasado evolutivo ligado al comportamiento social, no religioso ni filosófico. Así lo plantea el primatólogo y profesor Frans de Waal en su último libro “El bonobo y el ateo”.
“Muchos de los patrones que consideramos ‘morales’ vienen de la evolución de las especies”, le explica De Waal a BBC Mundo.
Basado en 40 años de observación de primates, De Waal asegura que lo que los seres humanos denominamos como “moral” está mucho más cerca del comportamiento social de los simios que a una imposición divina o una decisión filosófica.
Para el científico, la moral no pasa por una decisión que se toma o que se impone desde arriba -filosofía, religión o incluso autoridad- sino que es innata al comportamiento social humano. No sólo eso: no es exclusiva, sino que viene como parte del “paquete social” que también puede encontrarse en otros animales como nuestros parientes primates.
Según el autor, los dos pilares de la moral: reciprocidad y justicia, por un lado y empatía y compasión por el otro, están presentes en el comportamiento social de los simios, el cual es ampliamente retratado en el libro.
ÉTICA PRIMATE
Lo anterior está relacionado con los dos grados de moralidad que De Waal distingue en el comportamiento de estos animales. La primera, denominada moral “uno a uno”, tiene que ver con cómo un individuo espera ser tratado.
Los estudios de De Waal, así como los de otros investigadores, han comprobado que chimpancés y bonobos respetan el concepto de propiedad y tratan a sus pares según la escala de jerarquía.
Sin embargo, muchas otras especies parecieran regirse por un sistema parecido. Entonces, ¿cuándo un comportamiento social se vuelve moral?
La clave es que estos primates esperan que se les respeten sus “derechos” y ser tratados según su grado jerárquico. Como animales sociales, muestran gratitud e incluso pueden tomar venganza, dependiendo del comportamiento de otros hacia ellos.
El segundo grado de moralidad se denomina “preocupación social” y tiene relación con un concepto más abstracto, que involucra el sentido de armonía de la comunidad o grupo como un todo. Aunque bastante rudimentario, los simios sí muestran ciertas formas de reconocimiento de este grado de moralidad al compartir su comida, tranquilizar a sus vecinos o incluso “intervenir” en peleas de terceros para evitar disturbios en la comunidad.
En una charla TED dictada por De Waal previo al lanzamiento del libro, el autor explicó que una de las cosas que más le llamó la atención de los primates que estudió fue su afán por reconciliarse luego de una pelea. “El principio es que tienes relaciones valiosas que resultan dañadas por el conflicto, por lo que tienes que hacer algo al respecto”, explicó en esa ocasión.
Todo, siempre en miras a la aceptación -y cooperación- social.
Los humanos, tal como nuestros parientes simios, evolucionamos en pequeños grupos donde la cooperación se volvió fundamental. Tal como ellos, también, ser sensible a las necesidades, intenciones y ánimos de nuestros pares se volvió una necesidad vital. Y eso, según de Waal, no tiene nada que ver con una decisión o un mandato superior, sino con la básica supervivencia.
“Los seres humanos tenemos todo tipo de intereses egoístas y conflictos individuales que necesitamos resolver para lograr una sociedad cooperativa. Por eso es que tenemos moral, y las abejas u hormigas no”, señaló De Waal en una entrevista.
Sin embargo, tampoco es que la moral provenga de una especie de Leviatán hobbesco.
“El concepto de ‘el hombre es un lobo para el hombre’ es bastante injusto. Tanto para los lobos, que son animales bastante cooperativos, como para la humanidad que también es bastante más cooperativa y empática que lo que suele decirse”, aseguró el científico en su charla TED.
POLÉMICA RELIGIOSA
Ni dios ni la filosofía entonces habría influido en el desarrollo del comportamiento moral.
Sin embargo las teorías de De Waal, basadas en sus descubrimientos, no caen muy bien entre filósofos, antropólogos e incluso economistas, según el mismo De Waal ha contado.
“Ellos decidieron en su mente que la justicia es un concepto muy complejo y que los animales no pueden tenerlo. Hubo un filósofo incluso que nos escribió quejándose de que era imposible que los monos tuvieran un sentido de equidad, ya que la equidad era un concepto inventado durante la Revolución Francesa”, relató el científico en su charla TED.
Y hoy se ha visto envuelto en otra polémica. Esta vez con religiosos. O no religiosos, para ser exactos.
“La religión no es irrelevante, pero no es la base de la moralidad”, le dice De Waal a BBC Mundo.
Originario de los Países Bajos, De Waal le cuenta a BBC Mundo que el libro es también una reacción a una sociedad como la estadounidense, donde la mayoría de las personas asocian directamente la moral con la religión.
En su libro, el científico dedicó un capítulo completo al ateísmo. “Estoy por un rol reducido de la religión, con menos foco en Dios todopoderoso y más foco en la potencialidad humana”, escribe. Pero eso parece no ser suficiente para los ateos.
Prominentes representantes del ateísmo como PZ Myers y AC Grayling han criticado duramente el libro, molestos no sólo porque De Waal es un científico que no “demoniza” la religión, sino que además critica al ateísmo, advirtiendo sobre los peligros de convertirlo en un dogma tan fuerte como la propia religión.
“Creo que deberían calmarse un poco”, le dice De Waal a BBC Mundo, poniendo paños fríos a la discusión.
“Si dios existe es una pregunta interesante, pero no es la pregunta de mi libro y tampoco es una pregunta que un científico va a poder contestar”, concluye.
viernes, 19 de abril de 2013
Ciencia, tecnología y ambiente
viernes 19 de abril del 2013
07:44
(BBC Mundo). Los monos lanudos plateados pueden identificar a humanos cazadores por su conducta, según un nuevo estudio.
Los Lagothrix poeppigii viven en los bosques tropicales de Ecuador, Perú y Brasil amenazados por la población local de la Amazonía, que los cazan para comérselos.
Para entender cómo responden los monos a esta amenaza, un grupo de científicos del Imperial College de Londres viajó a Ecuador.
“Les presentamos a personas que se comportaban como cazadores, recolectores o investigadores, en dos lugares en los que la intensidad de la caza era distinta”, explica Sara Papworth, coautora del estudio.
DEPENDE DE QUIÉN
Los recolectores eran locales que recogen comida y materiales cerca de los asentamientos y los investigadores, académicos que estudian la selva y sus animales.
“Cuando veían a un cazador, los monos lanudos hacían menos ruido, se movían menos y eran menos visibles que si se trataba de los otros“, señala Papworth, quien además notó que lo que los llevaba a comportarse así no eran sólo las evidencias visuales.
Los cazadores “usan armas como pistolas y sopletes”. Estos últimos “son más de dos metros de largo y sólo los cargan los cazadores, así que son una indicación de que la intención de quien los carga es letal”.
“Pero como los monos plateados se la pasan en las copas de los árboles, su campo visual puede ser bloqueado por hojas y ramas, así que tienen que recurrir a otras pistas, como el nivel de ruido”.
Comparando las reacciones de los monos en un área asociada con la cacería y otra que no, Papworth descubrió algo más.
Cuando los monos estaban en el área más peligrosa, se mantenían callados si los recolectores se acercaban. Pero si se trataba de investigadores, hacían más vocalizaciones.
En contraste, cuando estaban en el área segura, se escondían de los investigadores pero no de los recolectores. Papworth piensa que esto se debe a que viven tan alejados de asentamientos humanos que quizás sólo se sentían cómodos con los recolectores que les eran familiares.
MÁS FLEXIBLES QUE LOS AFRICANOS
En cualquier caso, lo revelado apunta a que la conducta ante los depredadores de los monos es más flexible de lo que se pensaba.
“La mayoría de los estudios realizados previamente sobre reacciones de los primates frente a los depredadores se ha enfocado en depredadores animales o en monos africanos, y mostraban una conducta mucho menos flexible”, afirma Papworth.
No obstante, esta flexibilidad podría no ser suficiente para asegurarle el futuro a estos monos sudamericanos.
“Puede salvar individuos pero a largo plazo, su efecto es limitado: para evitar que los cacen, los monos lanudos tienen que evitar que los cazadores los vean todas las veces, mientras que el cazador sólo los tiene que ver una vez”, lamenta.
Especie de mono en el Perú sabe identificar quién lo viene a cazar
Los simios lanudos pueden distinguir entre los humanos que se acercan con malas intenciones y los que vienen en son de paz
Estos simios viven amenazados por los cazadores de la Amazonía.
Los Lagothrix poeppigii viven en los bosques tropicales de Ecuador, Perú y Brasil amenazados por la población local de la Amazonía, que los cazan para comérselos.
Para entender cómo responden los monos a esta amenaza, un grupo de científicos del Imperial College de Londres viajó a Ecuador.
“Les presentamos a personas que se comportaban como cazadores, recolectores o investigadores, en dos lugares en los que la intensidad de la caza era distinta”, explica Sara Papworth, coautora del estudio.
DEPENDE DE QUIÉN
Los recolectores eran locales que recogen comida y materiales cerca de los asentamientos y los investigadores, académicos que estudian la selva y sus animales.
“Cuando veían a un cazador, los monos lanudos hacían menos ruido, se movían menos y eran menos visibles que si se trataba de los otros“, señala Papworth, quien además notó que lo que los llevaba a comportarse así no eran sólo las evidencias visuales.
Los cazadores “usan armas como pistolas y sopletes”. Estos últimos “son más de dos metros de largo y sólo los cargan los cazadores, así que son una indicación de que la intención de quien los carga es letal”.
“Pero como los monos plateados se la pasan en las copas de los árboles, su campo visual puede ser bloqueado por hojas y ramas, así que tienen que recurrir a otras pistas, como el nivel de ruido”.
Comparando las reacciones de los monos en un área asociada con la cacería y otra que no, Papworth descubrió algo más.
Cuando los monos estaban en el área más peligrosa, se mantenían callados si los recolectores se acercaban. Pero si se trataba de investigadores, hacían más vocalizaciones.
En contraste, cuando estaban en el área segura, se escondían de los investigadores pero no de los recolectores. Papworth piensa que esto se debe a que viven tan alejados de asentamientos humanos que quizás sólo se sentían cómodos con los recolectores que les eran familiares.
MÁS FLEXIBLES QUE LOS AFRICANOS
En cualquier caso, lo revelado apunta a que la conducta ante los depredadores de los monos es más flexible de lo que se pensaba.
“La mayoría de los estudios realizados previamente sobre reacciones de los primates frente a los depredadores se ha enfocado en depredadores animales o en monos africanos, y mostraban una conducta mucho menos flexible”, afirma Papworth.
No obstante, esta flexibilidad podría no ser suficiente para asegurarle el futuro a estos monos sudamericanos.
“Puede salvar individuos pero a largo plazo, su efecto es limitado: para evitar que los cacen, los monos lanudos tienen que evitar que los cazadores los vean todas las veces, mientras que el cazador sólo los tiene que ver una vez”, lamenta.
lunes, 2 de julio de 2012
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