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lunes, 5 de octubre de 2015
Historia, geografía y economía
Lunes 05 de octubre del 2015 | 07:43
Estado Islámico destruyó el Arco del Triunfo de Palmira
El monumento, de unos 2.000 años de antigüedad, se sumó a la larga lista de patrimonio destruido por los terroristas
Palmira. Una de las joyas del conjunto arqueológico de Palmira, el Arco del Triunfo, ha sido destruida por el grupo terrorista Estado Islámico, anunciaron hoy las autoridades sirias, que alertaron de que el yacimiento podría desaparecer en tres o cuatro meses.
Según declararon testigos a la Administración de Antigüedades, los terroristas hicieron explotar el domingo el arco, construido entre los años 193 y 211.
La pieza tenía unos 2.000 años de antigüedad y era una de las más importantes del conjunto monumental de Palmira.
El Estado Islámico ya destruyó los templos de Bel y Baal Shamin, integrados en el complejo declarado Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1980 y que desde el 2013 está incluido en la lista de patrimonio en peligro.
En mayo, el Estado Islámico conquistó Palmira, un oasis y antiguo centro comercial en medio del desierto sirio, y expulsó a las fuerzas del gobierno.
El director de Antigüedades y Museos de Siria, Maamún Abdelkarim, explicó a Efe por teléfono que su departamento recibió informaciones de fuentes locales en Palmira de que el arco está totalmente destruido después de que los yihadistas lo volaran ayer con explosivos.
Abdelkarim expresó su inquietud por el hecho de que el Estado Islámico "ya no está destruyendo, movido por su ideología, objetos con un significado religioso, sino que ataca construcciones civiles".
De hecho, alertó de que "si sigue a este paso no quedará nada de Palmira en tres o cuatro meses".
"Cada semana recibimos noticias de que alguna pieza de Palmira ha sido destrozada. Veo un escenario muy negro", lamentó el responsable de antigüedades.
Por este motivo, Abdelkarim pidió ayuda internacional: "Esto es una batalla cultural no política, necesitamos la ayuda de la comunidad internacional", subrayó.
Por su parte, el Observatorio Sirio de Derechos Humanos informó hoy de la destrucción el domingo de otros tres arcos en Palmira, de los que el Estado Islámico solo destrozó la parte de arriba y dejó intactos los pilares.
La ONG precisó que el grupo terrorista actuó de esta manera porque los arcos contenía símbolos e inscripciones.
Estas acciones de los radicales coinciden con la campaña de bombardeos de Rusia contra el Estado Islámico en el territorio sirio, que comenzó el pasado 30 de setiembre.
El viernes, aviones rusos atacaron posiciones de los extremistas en el pueblo de Al Qariatain y en la carretera que une Palmira con la población de Al Sujna, en el este de la provincia central siria de Homs.
Los yihadistas arrebataron a las fuerzas del Gobierno de Damasco el control de Palmira el 20 de mayo pasado.
Desde entonces, han estado dinamitando tesoros arqueológicos de la localidad, como el templo de Baal o tres emblemáticas torres funerarias.
Su teatro romano ha servido también en varias ocasiones de escenario para los asesinatos perpetrados por los radicales.
En julio pasado, la organización radical publicó un vídeo en el que 25 soldados sirios fueron asesinados a disparos en dicho teatro por menores de edad reclutados por el Estado Islámico.
Ubicada en un oasis, Palmira fue en el pasado uno de los centros culturales más importantes del mundo antiguo y punto de encuentro de las caravanas en la Ruta de la Seda, que atravesaban el árido desierto del centro de Siria.
Conocida como la "novia del desierto", se encontraba en una encrucijada de civilizaciones, y en ella se mezclaron técnicas grecorromanas, con tradiciones locales e influencias persas.
A mitad del siglo I, este oasis pasó a estar bajo el control de los romanos dentro de la provincia romana de Siria.
Rápidamente, comenzó a crecer por su localización en la ruta comercial que unía el Imperio Romano con Persia, la India y China.
En el siglo III, la ciudad desempeñó también un papel militar y estratégico con la ascensión de la dinastía sasánida al poder y su rebelión contra Roma.
En este periodo, Palmira estuvo gobernada por su reina más famosa, Zenobia, que conquistó toda Siria y extendió sus dominios hasta Egipto y Anatolia.
Sin embargo, esto supondría el comienzo del fin de Palmira, porque los romanos aplacaron la rebelión y destruyeron a la población, que quedó reducida a un pueblo sin territorio ni poder. Era el inicio de su decadencia a lo largo de cientos de años.
No sería hasta los siglos XVII y XVIII cuando los viajeros de la época descubrirían los restos de la ciudad.
Antes del inicio del conflicto en Siria, en marzo del 2011, sus ruinas eran uno de los principales centros turísticos del país árabe y de la región.
A lo largo de estos años de contienda, el lugar ha sufrido el saqueo de sus antigüedades, ahora en riesgo por los ataques del EI, que ya ha destruido importantes sitios arqueológicos en Irak.
Antes de que los yihadistas conquistaran en Palmira en mayo, las autoridades sirias lograron sacar un centenar de estatuas y trasladarlas a lugares seguros.
Fuente: DPA
Según declararon testigos a la Administración de Antigüedades, los terroristas hicieron explotar el domingo el arco, construido entre los años 193 y 211.
La pieza tenía unos 2.000 años de antigüedad y era una de las más importantes del conjunto monumental de Palmira.
El Estado Islámico ya destruyó los templos de Bel y Baal Shamin, integrados en el complejo declarado Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1980 y que desde el 2013 está incluido en la lista de patrimonio en peligro.
El templo de Bel fue uno de los primeros tesoros arqueológicos
destruidos por el grupo terrorista Estado Islámico. (Foto: Reuters)
También decapitaron a Jaled al Asaad, el que fuera arqueólogo jefe de Palmira durante 40 años.En mayo, el Estado Islámico conquistó Palmira, un oasis y antiguo centro comercial en medio del desierto sirio, y expulsó a las fuerzas del gobierno.
El director de Antigüedades y Museos de Siria, Maamún Abdelkarim, explicó a Efe por teléfono que su departamento recibió informaciones de fuentes locales en Palmira de que el arco está totalmente destruido después de que los yihadistas lo volaran ayer con explosivos.
Abdelkarim expresó su inquietud por el hecho de que el Estado Islámico "ya no está destruyendo, movido por su ideología, objetos con un significado religioso, sino que ataca construcciones civiles".
De hecho, alertó de que "si sigue a este paso no quedará nada de Palmira en tres o cuatro meses".
"Cada semana recibimos noticias de que alguna pieza de Palmira ha sido destrozada. Veo un escenario muy negro", lamentó el responsable de antigüedades.
Por este motivo, Abdelkarim pidió ayuda internacional: "Esto es una batalla cultural no política, necesitamos la ayuda de la comunidad internacional", subrayó.
Por su parte, el Observatorio Sirio de Derechos Humanos informó hoy de la destrucción el domingo de otros tres arcos en Palmira, de los que el Estado Islámico solo destrozó la parte de arriba y dejó intactos los pilares.
La ONG precisó que el grupo terrorista actuó de esta manera porque los arcos contenía símbolos e inscripciones.
Estas acciones de los radicales coinciden con la campaña de bombardeos de Rusia contra el Estado Islámico en el territorio sirio, que comenzó el pasado 30 de setiembre.
El viernes, aviones rusos atacaron posiciones de los extremistas en el pueblo de Al Qariatain y en la carretera que une Palmira con la población de Al Sujna, en el este de la provincia central siria de Homs.
Los yihadistas arrebataron a las fuerzas del Gobierno de Damasco el control de Palmira el 20 de mayo pasado.
Desde entonces, han estado dinamitando tesoros arqueológicos de la localidad, como el templo de Baal o tres emblemáticas torres funerarias.
Su teatro romano ha servido también en varias ocasiones de escenario para los asesinatos perpetrados por los radicales.
En julio pasado, la organización radical publicó un vídeo en el que 25 soldados sirios fueron asesinados a disparos en dicho teatro por menores de edad reclutados por el Estado Islámico.
Ubicada en un oasis, Palmira fue en el pasado uno de los centros culturales más importantes del mundo antiguo y punto de encuentro de las caravanas en la Ruta de la Seda, que atravesaban el árido desierto del centro de Siria.
Conocida como la "novia del desierto", se encontraba en una encrucijada de civilizaciones, y en ella se mezclaron técnicas grecorromanas, con tradiciones locales e influencias persas.
A mitad del siglo I, este oasis pasó a estar bajo el control de los romanos dentro de la provincia romana de Siria.
Rápidamente, comenzó a crecer por su localización en la ruta comercial que unía el Imperio Romano con Persia, la India y China.
En el siglo III, la ciudad desempeñó también un papel militar y estratégico con la ascensión de la dinastía sasánida al poder y su rebelión contra Roma.
En este periodo, Palmira estuvo gobernada por su reina más famosa, Zenobia, que conquistó toda Siria y extendió sus dominios hasta Egipto y Anatolia.
Sin embargo, esto supondría el comienzo del fin de Palmira, porque los romanos aplacaron la rebelión y destruyeron a la población, que quedó reducida a un pueblo sin territorio ni poder. Era el inicio de su decadencia a lo largo de cientos de años.
No sería hasta los siglos XVII y XVIII cuando los viajeros de la época descubrirían los restos de la ciudad.
Antes del inicio del conflicto en Siria, en marzo del 2011, sus ruinas eran uno de los principales centros turísticos del país árabe y de la región.
A lo largo de estos años de contienda, el lugar ha sufrido el saqueo de sus antigüedades, ahora en riesgo por los ataques del EI, que ya ha destruido importantes sitios arqueológicos en Irak.
Antes de que los yihadistas conquistaran en Palmira en mayo, las autoridades sirias lograron sacar un centenar de estatuas y trasladarlas a lugares seguros.
Fuente: DPA
lunes, 10 de noviembre de 2014
viernes, 30 de octubre de 2009
Ciencias Sociales
El Comercio 30 de octubre del 2009
EE.UU. INTRIGAS, GUERRAS... Y LÍOS DE FALDAS
Un centenario Salón Oval
WASHINGTON [EFE]. El Salón Oval, que si pudiera hablar tantas cosas contaría sobre la declaración de guerras, crisis mundiales… y líos de faldas, cumple mañana su primer centenario. Fue el 31 de octubre de 1909 cuando, según la Oficina del Historiador de la Casa Blanca, se introdujeron los muebles en la sala que pasaría a ser la oficina del hombre más poderoso del mundo: el presidente de EE.UU.
La construcción del pabellón de oficinas de la Casa Blanca, lo que con el tiempo pasaría a conocerse como el Ala Oeste, había comenzado en 1902, durante el mandato de Theodore Roosevelt.
Pero fue William Howard Taft el que ordenó la ampliación del Ala Oeste y la conversión de lo que había sido entonces el despacho del jefe de Gabinete, que tenía un extremo redondo, en un óvalo completo, para transformarlo en su oficina.
Fotografías como la célebre en la que el pequeño “John John” Kennedy salía entre las piernas de su padre por debajo del escritorio Resolute —hecho con la madera de una fragata británica y regalo de la reina Victoria de Inglaterra— se hicieron míticas.
Con la llegada de la televisión, las imágenes del despacho se asociaron a algunos de los momentos más solemnes de la historia reciente de EE.UU. Desde allí, el presidente Kennedy informó a la nación de la crisis de los misiles cubanos, Richard Nixon anunció su dimisión tras el escándalo Watergate y Reagan reaccionó después de que el transbordador espacial Challenger se desintegrara en el espacio.
También entre esas paredes curvas George Bush declaró la guerra a Iraq en enero de 1990. Doce años y dos meses más tarde, en marzo del 2002, su hijo George W. Bush protagonizaría la misma escena. George W. Bush fue también el responsable de dirigirse al país la noche tras los atentados del 11 de setiembre del 2001.
Pero si el Salón Oval ha sido testigo de algunos de los momentos más solemnes de la historia de EE.UU., también ha vivido sus momentos más escabrosos.
Y más que la guerra de Iraq o la dimisión de Nixon, su nombre evoca el de la becaria Mónica Lewinsky y su “relación impropia” con Bill Clinton. Quién no recuerda los lúbricos detalles, publicados en el informe del fiscal Kenneth Starr, acerca de lo que sucedía en el despacho durante las visitas de la becaria al mandatario.
EE.UU. INTRIGAS, GUERRAS... Y LÍOS DE FALDAS
Un centenario Salón Oval
WASHINGTON [EFE]. El Salón Oval, que si pudiera hablar tantas cosas contaría sobre la declaración de guerras, crisis mundiales… y líos de faldas, cumple mañana su primer centenario. Fue el 31 de octubre de 1909 cuando, según la Oficina del Historiador de la Casa Blanca, se introdujeron los muebles en la sala que pasaría a ser la oficina del hombre más poderoso del mundo: el presidente de EE.UU.
La construcción del pabellón de oficinas de la Casa Blanca, lo que con el tiempo pasaría a conocerse como el Ala Oeste, había comenzado en 1902, durante el mandato de Theodore Roosevelt.
Pero fue William Howard Taft el que ordenó la ampliación del Ala Oeste y la conversión de lo que había sido entonces el despacho del jefe de Gabinete, que tenía un extremo redondo, en un óvalo completo, para transformarlo en su oficina.
Fotografías como la célebre en la que el pequeño “John John” Kennedy salía entre las piernas de su padre por debajo del escritorio Resolute —hecho con la madera de una fragata británica y regalo de la reina Victoria de Inglaterra— se hicieron míticas.
Con la llegada de la televisión, las imágenes del despacho se asociaron a algunos de los momentos más solemnes de la historia reciente de EE.UU. Desde allí, el presidente Kennedy informó a la nación de la crisis de los misiles cubanos, Richard Nixon anunció su dimisión tras el escándalo Watergate y Reagan reaccionó después de que el transbordador espacial Challenger se desintegrara en el espacio.
También entre esas paredes curvas George Bush declaró la guerra a Iraq en enero de 1990. Doce años y dos meses más tarde, en marzo del 2002, su hijo George W. Bush protagonizaría la misma escena. George W. Bush fue también el responsable de dirigirse al país la noche tras los atentados del 11 de setiembre del 2001.
Pero si el Salón Oval ha sido testigo de algunos de los momentos más solemnes de la historia de EE.UU., también ha vivido sus momentos más escabrosos.
Y más que la guerra de Iraq o la dimisión de Nixon, su nombre evoca el de la becaria Mónica Lewinsky y su “relación impropia” con Bill Clinton. Quién no recuerda los lúbricos detalles, publicados en el informe del fiscal Kenneth Starr, acerca de lo que sucedía en el despacho durante las visitas de la becaria al mandatario.
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