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miércoles, 4 de diciembre de 2019

Comunicación





Ribeyro por él mismo: 25 frases a propósito de sus 25 años de ausencia

Al cumplirse el 4 de diciembre un cuarto de siglo de la muerte del excepcional cuentista, seleccionamos 25 de sus lúcidas reflexiones para recordar su mirada tragicómica de la existencia.

Bohemia, depresión, hipocondría  y una soledad casi metafísica. Conmemoramos 25 años del fallecimiento del escritor limeño.

Bohemia, depresión, hipocondría y una soledad casi metafísica. Conmemoramos 25 años del fallecimiento del escritor limeño.



1

“Vivimos en un mundo ambiguo, las palabras no quieren decir nada, las ideas son cheques sin provisión, los valores carecen de valor, las personas son impenetrables, los hechos amasijos de contradicciones, la verdad una quimera y la realidad un fenómeno tan difuso que es difícil distinguirla del sueño, la fantasía o la alucinación”.
Texto 2 de sus “Prosas apátridas” (1975). 
JULIO DE 1998

ENTREVISTA AL ESCRITOR PERUANO JULIO RAMON RIBEYRO.

SESION DE FOTOS HECHA PARA LA REVISTA SOMOS.

FOTO: MONICA NEWTON/ EL COMERCIO
JULIO DE 1998 ENTREVISTA AL ESCRITOR PERUANO JULIO RAMON RIBEYRO. SESION DE FOTOS HECHA PARA LA REVISTA SOMOS. FOTO: MONICA NEWTON/ EL COMERCIO

2

“¿Por qué la palabra del mudo? Porque en la mayoría de mis cuentos se expresan aquellos que en la vida están privados de la palabra, los marginados, los olvidados, los condenados a una existencia sin sintonía y sin voz. Yo les he restituido este hálito negado y les he permitido modular sus anhelos, sus arrebatos y sus angustias”.
Carta enviada al editor Milla Batres para discutir el título de su libro publicado en 1974.

3

“Nunca he podido comprender el mundo y me iré de él llevándome una imagen confusa. Otros pudieron o creyeron armar el rompecabezas de la realidad y lograron distinguir la figura escondida, pero yo viví entreverado con las piezas diversas, sin saber dónde colocarlas”.
Texto 199 de sus “Prosas apátridas” edición aumentada. (1982).

4

“Costumbre de tirar mis colillas por el balcón, en plena Place Falguiere, cuando estoy apoyado en la baranda y no hay nadie en la vereda. Por eso me irrita ver a alguien parado allí cuando voy a cumplir este gesto. ‘¿Qué diablos hace ese tipo metido en mi cenicero?’”
Texto 161 de sus “Prosas apátridas” edición aumentada. (1982). 

5

“En realidad –tengo casi la evidencia- si alguna vez escribo un libro importante, será un libro de recuerdos, de evocaciones. Este libro lo compondré no sólo con los fragmentos de mi vida, sino con los fragmentos de mis estilos y de todas mis imposibilidades literarias. Un libro de memorias –en un grado mucho mayor que la novela- es un verdadero cajón de sastre. En él caben as anécdotas, las reflexiones abstractas, el comentario de los hechos, el análisis de los caracteres, etcétera. Es un libro, además, sin problemas de composición”.
De “La tentación del fracaso” (1992), línea de su diario personal fechada en 1957. Ribeyro apunta con asombrosa anticipación que sus diarios serían una obra literaria en sí misma.

6

“Yo he notado qua ahora hay un lector limeño fervoroso, por escritores como nosotros que venimos del extranjero esporádicamente. Hay un tipo de lector anónimo, del cual no conocemos el rostro. Los lectores de hace diez o quince años eran profesores universitarios, amigos. Ahora yo encuentro en la calle gentes que me reconocen y me piden un autógrafo. Pero yo dudo: ¿Son lectores o son presonas impresionadas por el mito, por la figura del escritor en la televisión?”
“Las letras nuestras de cada día”, entrevista a Julio Ramón Ribeyro y Alfredo Bryce Echenique a cargo de Augusto Ortiz de Zevallos, Abelardo Sánchez León y José Luis Sardón. Revista “Debate” (1986).

7

“(El festín) fue en homenaje a Vargas llosa, que vino a París para la presentación de su novela “La guerra del fin del mundo”, publicada por Gallimard. Como siempre que pasa por aquí, aproveché para agasajarlo y reunirnos en casa con algunos amigos. Por coincidencia Alfredo Bryce, que reside actualmente en Montpellier, llegó anoche de su provincia, de modo que vino a casa y, luego de varios años atrás, volvimos a estar juntos los tres ‘escritores’, lo que rara vez sucede. Claro que ni pudimos hablar entre nosotros. En esas reuniones siempre sucede que cada cual es acaparado por uno o varios interlocutores y no sabes cómo deshacerte de ellos. Solo un momento fuimos a mi escritorio para que el hijo de Luis Jaime Cisneros nos tomara unas fotos. Estas fotos seguramente quedarán y desde ahora me pregunto qué dirán de nosotros y qué quedará de nosotros cuando veinte o cincuenta años más tarde alguien vea estas fotos, publicadas en alguna revista o periódico de entonces. Se dirá seguramente: ese guapo es Vargas llosa, ese con bigote y anteojos es Bryce y el flaco de allí Ribeyro. Pero ¿qué más se dirá? ¿Quién puede saberlo?”
Del libro “Cartas a Juan Antonio. Correspondencia”. París, 18 de junio de 1983. 
​Julio Ramón Ribeyro en retrato limeño a mediados de los años setenta.
​Julio Ramón Ribeyro en retrato limeño a mediados de los años setenta.

8

“Lo que le falta, a mi juicio, a esta obra ejemplar es lo secreto, lo no dicho, lo callado, lo que debe adivinarse o leerse entre líneas, esa dimensión invisible pero operante de las obras que más admiro”.
De “Algunas digresiones en torno a “El otoño del patriarca”, ensayo sobre la novela Gabriel García Márquez (1975).

9

“El novelista se encuentra así, pues, en nuestra época, en una situación inconfortable. Las ciencias sociales acaparan y reivindican la transmisión del saber y de lo novedoso, lo que antes pertenecía a la novela. La historia banalizada expropia el pasado y el periodismo de actualidad, el presente. ¿Qué le queda pues al novelista? Felizmente le queda algo: le queda el lenguaje, le queda la fantasía, le queda la libertad de composición, le queda el carácter no inmediatamente utilitario de su quehacer, le queda tal vez la insatisfacción”.
Del ensayo “Problemas del novelista actual” (1969), reunido en su libro “La caza sutil”.

10

“Tres son los defectos capitales del escritor limeño aspirante a novelista: su escaso sentido de la dramaticidad, su excesivo espíritu crítico y su poca capacidad de trabajo”.
De su ensayo “Lima, ciudad sin novela” (1953).
Para Ribeyro, la tarea del escritor era comprender la realidad arbitraria y oscura. La antigua metáfora del mundo como una escritura que no sabemos leer.
Para Ribeyro, la tarea del escritor era comprender la realidad arbitraria y oscura. La antigua metáfora del mundo como una escritura que no sabemos leer.

11

“La discusión continúa siendo uno de los ejercicios mentales más inútiles de cuatos existen. Citar en su apoyo el viejo proverbio “de la discusión sale la luz” es contentarse con una idea recibida y revela su desconocimiento vergonzoso de la naturaleza humana”
De su ensayo “Las discusiones” (1957).

12

“La importancia de un maestro se mide no solo por la cantidad de discípulos que lo imitan, sino por la calidad de quienes se apartan de él luego de haberlo frecuentado”
Ensayo “Maupassant y el cuento”, publicado en 1993.

13

“Al escribir tengo a menudo la impresión de estar realizando una actividad clandestina o estar practicando un juego, lo que es un acto serísimo, como todos los juegos. Por ello, igualmente, leyendo y admirando a los escritores profesionales, no reconozco en ellos a mis pares, no solicito su atención ni su reconocimiento, no me intereso mayormente por las reputaciones, no acepto las declaraciones magníficas y curales, y no excluyo, en mi caso, la hipótesis de un fracaso en toda la línea”.
Del epílogo a “Pasos a desnivel”, libro del crítico literario Wolfgang A. Luchting (1968).

14

“Lo que admiramos en Arguedas, principalmente, es el amor con que escribe, con que describe. Cada objeto de la naturaleza, sea una piedra, un río, una planta, es para él un motivo de deslumbramiento. Estos objetos que para nosotros, hombres de la ciudad, mecanizados y sometidos a un paisaje de manufactura, no son más que desorden o zar tienen para Arguedas infinidad de matices, de secretos, de significaciones y de nombres”.
“Sobre Los ríos profundos”. ensayo publicado en 1959 y recogido en “La casa sutil”. 
Ribeyro enciende un cigarrillo al lado de la Catedral de Notre Dame, en París.
Ribeyro enciende un cigarrillo al lado de la Catedral de Notre Dame, en París.

15

“La cultura no es un almacén de autores leídos, sino una forma de razonar. Un hombre culto que cita mucho es un incivilizado”.
Texto 25 de “Prosas Apátridas” (1975).

16

“No he sido insultado, ni perseguido, ni agredido, ni encarcelado, ni desterrado -dice Luder-. Debo, en consecuencia, ser un miserable”.
De “Dichos de Luder” (1989).

17

“¿Por qué estaré hoy tan decepcionado? Sin dinero, sin éxitos, sin amores, mis días van cayendo como las hojas secas de un árbol. Rodeado de oscuridad, de cenizas. Hoy me siento incapaz de todo. Una pereza moral irresistible. Sólo ansío viajar. Cambiar de panorama. Irme donde nadie me conozca. Aquí ya soy definitivamente como han querido que sea. Conforme me aleje irán cayendo mis vestiduras, mis etiquetas y quedaré limpio, desnudo, para empezar a ser distinto, como yo quisiera ser. Pero, ¿a dónde ir? Si llevo dentro de mi el germen de todo mi destino, ¿para qué hacer rodar por todos los paisajes, como un circo ambulante, el espectáculo de mi vida equivocada?”
De “La tentación del fracaso” (1992). Línea de su diario personal fechada en Lima, 3 de junio de 1950.

18

“No tiene objeto mirar por la ventana cuando no se espera a nadie. Las cinco calles que se cruzan frente a mi hotel son como los cinco rostros de la indiferencia. Preferible es cerrar las cortinas y encender la luz. El domingo es largo. Sólo mi soledad me pertenece”.
De “La tentación del fracaso” (1992). Línea de su diario personal fechada en París, 14 de octubre de 1956.

19

“Le hacen notar a Luder que nunca ha manifestado celo ni envidia por el triunfo de sus colegas.
-Es verdad. Eso les puede dar una idea de la magnitud de mi soberbia”.
De “Dichos de Luder” (1989) .
Retrato de Ribeyro en su departamento en Barranco en 1994. FOTO: SERGIO URDAY.
Retrato de Ribeyro en su departamento en Barranco en 1994. FOTO: SERGIO URDAY.

20

“A mí los tullidos, los tarados, los pordioseros y los parias. Ellos vienen naturalmente a mí sin que tenga necesidad de convocarlos. Me basta subir a un vagón de metro para que, en cada estación, de uno en uno, suban a su vez y vayan cercándome hasta convertirme en algo así como el monarca siniestro de una Corte de los Milagros. La juventud, la belleza, en el andén del frente, en el vagón vecino, en el tren que se fue”.
Texto 60 de “Prosas apátridas” (1975).

21

-¡No, por favor! -protesta Luder cuando vienen a buscarlo una vez más para que firme un manifiesto humanitarista o participe en un mitin a favor del pueblo oprimido-. Amar a la humanidad es fácil, lo difícil es amar al prójimo”.
De “Dichos de Luder” (1989).

22

“El amor, para existir, no requiere necesariamente del consentimiento, ni siquiera del conocimiento del ser amado. Podemos querer a una persona que nos desprecia o incluso que nos ignora. La amistad, en cambio, exige la reciprocidad, no se puede ser amigo de quien no es nuestro amigo. Amistad, sentimiento solidario, amor solitario. Superioridad de la amistad”.
Prosa 145 de “Prosas apátridas”, edición aumentada. (1982).

23

- ¿No te preocupa escribir desde hace treinta años para haber alcanzado tan minúscula celebridad? -le preguntan a Luder.
- Por supuesto. Me gustaría escribir treinta años más para llegar a ser completamente desconocido.
De “Dichos de Luder” (1989)

24

“En Lima estamos perseguidos por el fantasma del alcohol, ¿has llevado la cuenta de la cantidad de poetas, de pintores que tanto prometían que fueron tragados por el pantano? Cuando veo un borracho me digo: a lo mejor era un Joyce, un Picasso”.
(De la novela “Los geniecillos dominicales”, 1965)

25

“Una novela es para mí, en las actuales circunstancias, una tarea superior a mis fuerzas. Tiene razón Roland Barthes cuando sostiene que una novela es ‘una forma de muerte’ porque ‘convierte la vida en destino”.
De “La tentación del fracaso” (1992). Línea de su diario personal fechada en París, 11 de septiembre de 1955. 

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miércoles, 28 de marzo de 2012

Comunicación






Vallejo y Ribeyro

Por: Abelardo Sánchez León
Miércoles 28 de Marzo del 2012
Cada sociedad concibe una serie de conductas para sus escritores. La clásica pudo haber sido convertirse en “la mala conciencia de su tiempo”. O ser el aguafiestas. La persona que funciona como el ojo crítico y no deja que la misa siga en paz. Hoy, más bien, la imagen del escritor tiende a coincidir con las exigencias del mercado: vender y ser un éxito mediático. La gran mayoría de los escritores proviene, sin embargo, de una rama psicológica propia de los tímidos y los reservados; incluso, muchos optan por la marginalidad o el exilio. Este tipo de escritor tampoco se salva de las exigencias de sus colegas, lectores y ciudadanos en general.
La imagen pública de dos grandes escritores peruanos parece no coincidir, en estos tiempos de bonanza económica, con la figura exitosa que el mercado requiere y proclama. César Vallejo nació un día que Dios estuvo enfermo, y grave, para colmo, y Julio Ramón Ribeyro vivió atraído por la tentación del fracaso, título de sus famosos y entrañables diarios literarios. Algo parece hermanar a estos dos escritores peruanos, uno nacido en los Andes de La Libertad y el otro en el barrio de Santa Cruz, en Lima. El Perú es así: hermana a quienes por geografía, clase social y experiencia de vida no tienen un piso parejo. Vallejo y Ribeyro, hermanados como Arguedas y Westphalen.
César Vallejo no es culpable de que la historia lo registre como una persona retraída, deprimida, que había nacido con el único propósito de sufrir. Una especie de “sufre, peruano, sufre”, pero en serio. Lo que no se debe olvidar es que Vallejo fue un verdadero cholo de acero inoxidable. Su poesía chirría, recompone una sintaxis, se la juega en Santiago de Chuco, en Trujillo, en París. Viajó a Rusia en el año que se debía viajar: 1931 y escribió sobre la Guerra Civil española. A Julio Ramón Ribeyro, más bien, le han dado como si él mismo fuese un verso de Vallejo; “le pegaban todos sin que él les haga nada”. Miguel Gutiérrez, a pesar de respetar su obra literaria, emite juicios severos sobre su conducta pública, sobre todo por haber aceptado durante el gobierno de Velasco la agregaduría cultural en la embajada peruana en Francia y después un cargo de funcionario diplomático en la Unesco. Para Mario Vargas Llosa, desde la ribera política opuesta, Ribeyro es un ejemplo más del intelectual barato en su libro “El pez en el agua”. Pero al menos, en esos tiempos, las observaciones, exigentes o equivocadas, eran de índole política. Lo importante era decir lo que se creía y hacer lo que se decía: predicar con el ejemplo. Observaciones distantes a los temas del mercado, el éxito y la supuesta felicidad que agobia hoy a nuestros marketeros.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Comunicación






EXPOSICIÓN. “Julio Ramón Ribeyro: la palabra del mudo”

Las palabras y los objetos

SU VIEJAQUINA DE ESCRIBIR, SUS FATIGADOS CENICEROS, UNA SOCORRIDA ESTAMPITA DE SAN MARTÍN DE PORRES: FETICHISMO Y PASIÓN RIBEYRIANA COINCIDEN EN MUESTRA DE LA CASA DE LA LITERATURA
Por: Enrique Planas
Miércoles 14 de Diciembre del 2011
Guardó perfil bajo casi toda su vida y, sin embargo, Ribeyro es el escritor peruano que mejor sale en las fotos. Sus retratos tienen un encanto peculiar, existencialista pero jovial: el delgado Julio Ramón, armado con un cigarrillo, se desliza entre la gente común por las fatigadas calles parisinas. Uno podría decir que el autor de “La palabra del mudo” sabía administrar su imagen.
Lo que le tomó tiempo valorar fue la imagen que de él los peruanos nos habíamos construido al regresar a su país, en sus últimos años de su vida. Son experiencias para las que Ribeyro no se sentía preparado: verse de pronto reconocido en la calle; que un grupo de escolares llegara a su casa para entregarle cintas para su máquina de escribir a fin de que continúe escribiendo; o que un océano de lectores, sin espacio dentro del auditorio de la Municipalidad de Miraflores, donde se presentaban sus diarios, lo aclamara como a una estrella de rock cuando el escritor salió a saludar al balcón.
Esa pasión ribeyriana se reedita con la muestra “Julio Ramón Ribeyro: la palabra del mudo”, que mañana se inaugura en la Casa de la Literatura Peruana. Una exposición didáctica que permitirá al público conocer la vida, libros y milagros del autor de “Silvio en el rosedal”, y que presenta también objetos que hacen la delicia del fetichista literario.
Así, la muestra reúne su trajinada máquina de escribir Olimpia, su mesa tablero de ajedrez, sus premios y condecoraciones, sus caset de música criolla, sus libros plagados de anotaciones, además de manuscritos, postales y correspondencia personal. Incluso, hay un objeto que llevará a más de una reflexión filosófica: una estampa de San Martín de Porres, que quizás explica que lograr la perfección literaria es comparable con poner alrededor de un plato a perro, pericote y gato.
Para Agustín Prado, curador de la muestra que se inaugurará en la antigua estación Desamparados, el primer fetiche literario con el que nos relacionamos es el objeto del libro. “Es una curiosidad de todo lector apreciar los objetos que rodean a un autor. Desde la primera edición de un libro, pasando por sus objetos cotidianos. Es una forma de acercar al gran público a la literatura. Todos tenemos algo de fetichista en nuestra relación con los autores”, señala el investigador.
Para Prado, la exposición nos descubre sus clásicas influencias literarias. “Es interesante ver cómo Ribeyro se relacionaba con sus libros, cómo los anotaba, casi destrozándolos. Son libros envejecidos y trajinados”, explica. Estarán a la vista volúmenes como “Rojo y negro” de Stendhal o los cuentos de Maupassant, que el escritor limeño traduciría con fruición. “Ribeyro siempre fue un autor muy cercano al siglo XIX, muy tradicional, en cuanto a la estructura de sus relatos y la configuración de un mundo realista. El público puede descubrir en la muestra qué autores leía Ribeyro, a quiénes admiraba y cuál era su propio panteón como escritor”, señala el curador.
Ribeyro no perteneció al ‘boom’ latinoamericano porque sus cuentos y novelas no buscaron la prodigiosa audacia técnica de los textos de Cortázar, Vargas Llosa o Fuentes. Mucho menos, se inspiraron en el hoy agónico realismo mágico de García Márquez. Pero su clásica trasparencia se ha impuesto con el tiempo convocando hoy a lectores en toda Iberoamérica y convirtiendo en sus profetas a autores contemporáneos como Rodrigo Fresán o Enrique Vila-Matas.
“Hay un Ribeyro que aún espera ser descubierto”, señala Prado. Y es que, más allá de sus escritos, Ribeyro inventó una sensibilidad para observar el mundo cotidiano, de derrotados hombres comunes, siempre dueños de historias entre cómicas y absurdas.
MÁS INFORMACIÓN
LUGAR: CASA DE LA LITERATURA PERUANA DIRECCIÓN: JR. ÁNCASH 207, LIMA. INAUGURACIÓN: JUEVES 15, 7 P.M. ENTRADA: LIBRE. HASTA EL 4 DE MARZO.