La pubertad ahora empieza antes. Nadie sabe por qué
Actualmente, algunas niñas comienzan a desarrollar senos a los 6 o 7 años. Los investigadores indagan si en estos cambios inciden la obesidad, el estrés y las sustancias químicas.
Los estudios de las décadas posteriores han confirmado que, en decenas de países, la edad en que inicia la pubertad en las niñas ha descendido cerca de tres meses por década desde los años setenta. En los niños también se ha observado una tendencia parecida, aunque menos acentuada.
Pese a que es difícil identificar causa y efecto, es posible que la pubertad precoz tenga consecuencias indeseables, sobre todo para las chicas. Las niñas que alcanzan la pubertad de manera prematura tienen un mayor riesgo de padecer depresión, ansiedad, drogadicción y otros problemas psicológicos en comparación con sus compañeras que llegan a la pubertad después. Asimismo, las chicas que comienzan a menstruar a temprana edad pueden tener más probabilidades de desarrollar cáncer de mama o de útero en la edad adulta.
Nadie sabe qué factor de riesgo —o mejor dicho qué combinación de factores— está provocando ese descenso en la edad de la pubertad ni por qué hay marcadas diferencias relacionadas con la raza y el sexo. Parece que la obesidad tiene algo que ver, pero no justifica en su totalidad este cambio. Los científicos también están investigando otras causas posibles, entre ellas, las sustancias químicas que se encuentran en algunos plásticos y el estrés. Además, por razones que resultan poco claras, los médicos de todo el mundo han informado sobre un aumento de casos de pubertad precoz durante la pandemia
El 81% de los adolescentes son sedentarios: ¿cuánta actividad física debe realizar un menor para estar saludable?
Un estudio de la Organización Mundial de la Salud publicado en la
revista ‘The Lancet’ advierte sobre la falta de actividad en los
adolescentes. Conversamos con un especialista para conocer cuál es la
cantidad de ejercicios adecuada
Las
consecuencias de la falta de actividad van desde subir de peso hasta el
incremento del riesgo de padecer cáncer. (Foto: Shutterstock)
Alimentarse
bien y llevar un estilo de vida alejado de los excesos son aspectos
importantes para mantenernos saludables, pero si en este esquema falta
el ejercicio, el engranaje no está completo.
Tan
importante es la actividad física en nuestra vida que incluso
enfermedades como el cáncer de colon, el cáncer de mama o la diabetes
podrían prevenirse, en gran medida, si es que se practica adecuadamente.
Sin embargo, pese a sus beneficios, el 81% de los adolescentes en el mundo no hacen suficiente ejercicio, según advierte un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicado el pasado viernes en la revista médica ‘The Lancet’. Se trata del mayor estudio realizado hasta la fecha sobre la actividad física en niños de 11 a 17 años.
El grupo de investigadores, encabezados por Regina Guthold, ha seguido la evolución (del 2001 hasta el 2017) de 1,6 millones de jóvenes que van al colegio en casi 300 encuestas nacionales en 145 países y territorios.
Los
resultados de la investigación muestran que se ha avanzado muy poco en
este tema en los últimos 15 años. En 2001, la OMS calculó que el 82,5%
de adolescentes eran sedentarios. Asimismo, se evidencia que son las
niñas las que menos actividad física realizan, 85% frente al 79% de los
niños, muchas veces debido a cuestiones culturales como la falta de
programas de fomento del deporte entre chicas o la escasez de
instalaciones para ellas.
De mantenerse esta tendencia, el objetivo global de una reducción del sedentarismo en 15% para el 2030 no se logrará.
Factores del sedentarismo
(Foto: GEC)
Según la investigación de la OMS, uno de los principales factores que explica la falta de actividad generalizada es la irrupción de las pantallas, que han cambiado los hábitos de los más jóvenes, volviéndolos menos activos.
También se destaca la creciente inseguridad que, por ejemplo, dificulta que los niños puedan ir al colegio a pie o en bicicleta, así como la falta de infraestructura.
Por otro lado, cabe señalar que la inactividad afecta igualmente a países ricos y pobres. En el Perú, la tendencia se ha mantenido desde 2001 en 84,7%. No se han visto mejoras desde entonces.
Para Alejandro Ortega, médico traumatólogo de la Clínica Javier Prado, hay muchos factores que propician el sedentarismo.
“Desde
el punto de vista social, no se tiene la costumbre de hacer ejercicio:
un niño que nunca ha visto a su padre ejercitarse, tampoco lo va a
hacer. Por el lado de la educación, muchas personas no toman conciencia
sobre su salud; por ejemplo, ven a la obesidad como un problema estético
y no como una enfermedad”, explica el especialista a El Comercio.
¿Cuánta actividad física debe realizar un niño para estar saludable?
Ortega
recalca que es tan beneficioso para la salud de los niños hacer
deportes como realizar otro tipo de actividades recreacionales. (Foto:
Pixabay)
“Los adolescentes deberían realizar ejercicios una hora diaria, entre cinco y seis veces a la semana”, dice Ortega.
Según
el médico, las consecuencias de la falta de actividad van desde subir
de peso hasta el incremento del riesgo de padecer cáncer. “La
inactividad es causa de múltiples patologías como la obesidad, síndrome
metabólico, colesterol alto, presión alta, diabetes, algunos tipos de
cánceres, problemas en las articulaciones, entre otros”.
“Muchos
de estos males conllevan a una disminución de la esperanza de vida y
también tienen un impacto en la economía de quienes las padecen”, puntualiza.
También
está el tema de la comida. En el Perú, si bien nuestra cocina es muy
rica, también es muy alta en carbohidratos, por lo tanto exige que
quememos el exceso de calorías; de lo contrario, los carbohidratos se
acumulan como grasa e incrementan el riesgo de tener obesidad.
Por
otro lado, Ortega recalca que es tan beneficioso para la salud de los
niños practicar deportes como realizar otro tipo de actividades
recreacionales.
Asimismo, la buena noticia es que nunca es tarde para comenzar a ejercitarse.
“Lo ideal es practicarlo desde niño, pero es mejor comenzarlo a los 30 o
40 que nunca hacerlo. Aunque en este caso sería mejor estar guiado por
un profesional de la salud, porque de lo contrario puede haber
lesiones”.
Compartimos con ustedes dos artículos, uno publicado el 2015 en el diario La República y el otro en noviembre del año pasado en Perú21, sobre los hábitos de lectura de los jóvenes en el Perú.
60% de jóvenes nunca ha oído hablar de libros digitales o ebooks
Encuesta PUCP. Pese a que el 67% de
jóvenes de 18 a 29 años cuenta con internet en sus smartphones y que el
49% posee conexión en sus casas, un alto porcentaje no lo usa para leer ebooks,
pues ni siquiera los conoce. Lo peor: el 29,5% dice que no lee porque
no le interesa. Experto indica que no se fomenta la lectura desde la
niñez y hasta bibliotecas presentan carencias: el 80% de los peruanos
nunca las ha visitado.
Renato Arenas
En plena era de los dispositivos electrónicos que caben en una mano, poco menos del30% de los jóvenes de 18 a 29 años de edad tiene o tuvo acceso total o parcial a un libro digital. Mientras que, en el conjunto de la población, ese porcentaje disminuye conforme aumenta la edad.
La encuesta 'Libros y hábitos de lectura', que realizó el Instituto de Opinión Pública (IOP) de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) en el mes de setiembre, también arroja que el 60% de los jóvenes de 18 a 29 años nunca ha oído hablar alguna vez de los llamados ebooks.
Causa curiosidad que la cifra no sea acorde con el porcentaje de jóvenes entre 18 y 29 años que cuentan con servicio de internet en sus smartphones o teléfonos celulares: más del 67%. En sus hogares, el 49% posee conexión a internet y el 26% cuenta con tablets.
Más del 57% de ellos accede a internet todos los días y el 22% solo dos o tres veces a la semana.
Para Pedro Villa, consultor de la Cámara Peruana del Libro,
estas cifras llaman a la reflexión, pues si bien hay un amplio uso de
la internet, no se relaciona necesariamente con la lectura.
"Es negativo que, en la población en general, solo el 30% conozca los libros digitales. Esto afecta a la implementación de plataformas virtuales de libre acceso, por ejemplo", lamenta Villa.
Señala que si bien en el país, durante el año 2013, se registraron alrededor de 6.500 títulos impresos, solo sucedió lo mismo con 150 e-books. En el Perú, indica, el libro digital aún no despega.
"Y
de estos 150 títulos anuales en formato digital, no todos se
comercializan porque son investigaciones de universidades o similares,
por ejemplo. Esta poca oferta es una deuda que tiene el sector editorial
con los peruanos", agrega el representante de la Cámara Peruana del Libro.
Respecto a la lectura por información, el 92,9% de los entrevistados (entre 18 y 29 años) aún consume periódicos impresos y solo el 6,4% lee diarios tanto en versión impresa como digital.
El 44,6% del total de encuestados lee a diario periódicos, a
diferencia del 15,5% que lee un libro todos los días. Y de ese grupo, el
61,7% solo lee para mantenerse informado, el 47,7% lo hace para
aprender cosas nuevas o mejorar su nivel cultural, mientras que el 39,1%
abre un libro por disfrute o distracción.
No hay libros a la mano
Esto último es una clara desventaja si se pretende incrementar el hábito de la lectura y esto es una costumbre que se debe fomentar desde la niñez, pero no se da así siempre. "El 80% de los peruanos nunca ha ido a un biblioteca porque estas presentan carencias, no se compran libros, solo se abastecen por donaciones que no satisfacen los intereses de la comunidad", explica Villa.
Daniel Arroyo, bibliotecólogo, indica que el principal problema de las bibliotecas es que existen iniciativas a nivel municipal, pero no se llegan a impulsar políticas para el mejoramiento de este servicio gratuito.
"El modelo de biblioteca de una sala, en un local fijo, con una persona que atiende, no funciona en el Perú. Lo que debe existir es un puesto itinerante con libros que recorra un circuito alrededor de los centros poblados", señala.
Arroyo fue elegido en el 2014 como 'bibliotecólogo del año' por impulsar un proyecto de bibliotecas municipales en Apurímac,
donde se desembolsaron seis millones de soles para este propósito, pese
a ser una región con recursos repartidos en forma desigual y debilidad
institucional. En Apurímac, recuerda, se compraron libros nuevos y la
tercera parte de este lote se destinó para los usuarios infantiles:
libros con ilustraciones que desafiaban la inteligencia del novato
lector.
"Entonces, los
niños le toman placer a la lectura y esta no termina siendo una
actividad por obligación, no se usa para aprobar un curso en el
colegio", explica Arroyo.
Lo que desmotiva leer
¿Por qué no leen libros los peruanos? En la encuesta de la PUCP se revela que el 70,2% de los entrevistados no lo hace por falta de tiempo. El 29,5% no lee porque, simplemente, no le interesa. El 28,1% revela que los libros no llaman su atención, pues prefieren dedicarse a otras distracciones. El 5,7% afirma que no lee una publicación impresa por sus elevados precios.
"Que a una tercera parte de los encuestados no le guste leer es un
síntoma grave, porque por medio de los libros la información circula y
se va ejerciendo el compromiso ciudadano", analiza Pedro Villa.
Señala que es natural que exista un porcentaje mínimo de gente que
justifique que su falta de hábito lector se debe a los altos precios de
los libros, aunque ese 5,7% no existiría si hubiera buenas bibliotecas
que provean libros gratis, agrega. "El libro producido en el
Perú no es más caro que los extranjeros. Incluso son más baratos que
otros de la región, como los de Colombia", explica el experto.
¿Qué libros prefieren leer los peruanos? El 47,8% lee novelas
(históricas, de aventuras, romance, fantasía) y más del 29%, cuentos.
Entre 13% y 16% de las preferencias tienen los libros de autoayuda,
cocina y biografías. "Esta información va a servir para orientar el
trabajo de las editoriales y ojalá el de las políticas de Estado", anota
Pedro Villa.
Otra
forma de fomentar la lectura, recomienda el bibliotecólogo Arroyo, es
proponer servicios de préstamo de libros en el Metropolitano o instalar
zonas wifi gratuitas para que se puedan descargar clásicos de la
literatura. Así, estos se podrían leer durante el viaje en los buses.
Perú entre los primeros países con menos lectores de la región
Un reporte (2014) del Centro Regional para el Fomento del Libro en
América Latina y el Caribe reveló que alrededor del 44% de encuestados
de la región se declara como 'no lector de libros'.
La lista es liderada por México con 73%. Le sigue nuestro país con
65% y luego está Colombia con 52%. El país de América Latina con el
menor porcentaje de no lectores de libros es Chile: 20%.
Argentina, Portugal, Brasil, Venezuela, México y Colombia son los
países en los cuales se registra de manera significativa la lectura por
actualización cultural y adquisición de conocimientos generales.
La lectura por razones académicas tiene un menor peso relativo en
las encuestas, aunque aparece con mayor frecuencia en Colombia, Brasil y
Chile.
Perú 21 El 15.5% de peruanos lee cotidianamente y el 80% no acude a bibliotecas
Solo leemos 3 libros al año y los españoles, por ejemplo, leen 8 libros anualmente.
El porcentaje de lectores jóvenes, de 18 a 29 años, está aumentando en el Perú. (USI)
Mariella Sausa
Los hábitos de lectura de los peruanos están
mejorando, aunque no lo suficiente. Una encuesta nacional realizada por
el Instituto de Opinión Pública (IOP) de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), que incluyó un módulo sobre libros y hábitos de lectura de la población peruana, reveló que solo el 15.5% lee de forma cotidiana.
Según el estudio, realizado en setiembre de 2015, el 24.4% de los peruanos lee solo una vez al mes y el 23.9% lo hace una o dos veces por semana.
El porcentaje de no
lectores es mucho mayor entre las personas de 45 años o más que entre
los jóvenes, pues mientras un 15.6% de jóvenes entre 18 y 29 declara que
no lee libros nunca o casi nunca, el porcentaje entre las personas mayores de 44 años casi se duplica y llega al 31.1%.
A eso hay que agregar que en el momento en que se realizó la encuesta, en setiembre de 2015, solo el 18.5% de entrevistados indicó que había asistido a una biblioteca en los últimos 12 meses. Eso quiere decir que más del 80% de peruanos no lo hizo.
Pese a ello, los hábitos de lectura en el Perú mejoraron, pues una encuesta similar realizada por el IOP en Lima, en abril del 2007, reveló que solo el 10% de los encuestados leía todos los días, empero ahora ese porcentaje llega casi al 16%.
Las preferencias
Consultados sobre los motivos para dedicar tiempo a la lectura, el 61.7%
de los entrevistados señaló que lo hace para estar informado, un 47.7% para aprender cosas nuevas o mejorar su cultura y el 39.1% porque lo considera una actividad lúdica y de disfrute y distracción.
Aunque esta última cifra es importante —porque contribuye a
formar buenos hábitos de lectura, sobre todo entre los niños— aún dista
mucho de otras sociedades, como España, donde las personas que leen
para distraerse superan el 80%.
De acuerdo con el estudio, los peruanos leen en promedio
unos 3.3 libros al año, cifra que también resulta bastante baja si se
compara con el 8.7 libros al año que se lee en España.
Entre las razones que citan los peruanos para no leer está
principalmente la falta de tiempo, porque no le gusta o no le interesa o
porque prefiere dedicar su tiempo a otra actividad, entre otros.
Debido a esta falta de hábitos de lectura, las bibliotecas
de los peruanos son bastante modestas: el 47.6% de los entrevistados no
tiene más de 10 libros en sus casas y solo un 4.3% precisa que tiene más
de 100 libros.
Ni siquiera las personas con mejores ingresos económicos
poseen bibliotecas importantes, pues en el nivel socioeconómico A/B la
cantidad de personas que poseen más de 100 libros no supera el 15%.
La investigación también revela que el interés de los
peruanos por el libro digital e-book está aumentando, pero no de forma
veloz. A setiembre de 2015, los libros digitales solo eran conocidos por
el 27.9% de los entrevistados.
Las lecturas preferidas de los peruanos son novelas (47.8%), cuentos (29.6%) y textos de divulgación o información (16.8%), así como biografías (13.8%), libros de cocina (13.5%) o de autoayuda (13.1%).
Un dato adicional es que el 44.4% de los entrevistados
aseguró que lee periódicos y —de ese porcentaje— el 92.9% dijo que lo
hace en papel.
Youtube: el club de lectura más grande del mundo invade México
El club de lectura más grande del mundo gracias a la cantidad de suscriptores en YouTube participa en la FIL mexicana
La principal diferencia entre los críticos literarios y
booktubers, es que los primeros usan herramientas de la crítica
literaria, y los booktubers usan palabras apasionadas y recursos
audiovisuales. (Foto: YouTube)
En un mundo en el que leer no se consideraba la actividad más
popular entre los adolescentes, llegaron los booktubers a cambiarlo
todo. Quedó atrás la imagen del niño con gafas marginado, para abrir
paso a jóvenes con el pelo de colores que mueven masas recomendando a
Shakespeare.
Dentro de las múltiples cromáticas que ha llevado su pelo, YouTube Fa
Orozco hoy lo tiene teñido de fucsia y su sola presencia en la Feria
Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara genera un revuelo de
adolescentes por conseguir su firma o una foto de su ídolo.
"Somos el club de lectura más grande del mundo", asegura en una de
las charlas en las que participa esta estudiante mexicana, que cuenta
con casi 270.000 seguidores en su canal de YouTube, Las palabras de Fa.
Con un lenguaje cotidiano y cercano, la joven logró que hace unos
meses se agotara en las librerías de todo México un libro del siglo XIV,
"El Conde Lucanor", de Don Juan Manuel, después de topárselo en una
biblioteca, grabar una reseña y subirla a su canal de YouTube
Orozco, quien entrevista bajo el título de booktuber a actores de
Hollywood de películas que están basadas en libros, invitada por las
productoras, es una de las figuras que participan en las actividades de
la FIL en torno a esta nueva moda de recomendar lecturas.
Una de ellas es el Primer Encuentro Nacional de Booktubers, donde 700
jóvenes se reunieron para conocer a ídolos como Jorge Andrés Mendoza
(adiction), Joaquín Garza (EstoNoEsUnSpoiler) o Alberto Villarreal
(AbriendoLibros) y también para encontrarse entre sí.
Verónica, Katya y Anayansi son tres de estas jóvenes que acudieron a
Guadalajara para encontrar a otros "bichos raros", personas que suelen
sentirse distintas a su grupo de amigos, simplemente por el hecho de
leer.
Ayer no se conocían y hoy se han hecho amigas, gracias al lazo de los
libros, pues al juntarse se identifican entre sí y se sienten que ya no
son las únicas que leen, cuentan a Efe.
"Empecé a leer de niña, pero por una serie de problemas que tuve dejé la lectura y le agarré odio, hasta que en YouTube me
topé con Fa Orozco y entonces hizo que la lectura regresara a mí, me
hizo despertar esa pasión", recuerda Verónica, de 18 años.
Anayansi, de 14 años, también es fan de Fa y de todos los booktubers
porque "su forma de pensar y ver las cosas e interactuar con nosotros
por los vídeos, me parece genial y me identifico con muchas de las cosas
que dicen".
Los dejo con este artículo muy interesante para reflecionar: Fuente: http://www.elciudadanoweb.com/los-jovenes-de-hoy-y-la-lectura/
Los jóvenes de hoy y la lectura
Por Silvana Comba / Edgardo Toledo.-
La discusión sobre si los más chicos leen o no está instalada desde
hace años, pero las nuevas generaciones leen otros textos, en nuevos
lugares, con usos distintos y diferentes formatos. Leen blogs y se leen y
se miran en las redes sociales.
Publicado el 6 septiembre 2012
En los últimos años es común escuchar, principalmente desde los
ámbitos vinculados con la cultura y a la educación, que los jóvenes no
leen. Con esta expresión, específicamente se refieren a que no leen
libros. Desde la modernidad, el libro se convirtió en el objeto
principal de acceso al conocimiento a tal punto de que no resulta
necesario aclarar que “los jóvenes no leen” significa que no leen
libros. Generalmente este tipo de opiniones continúa, luego, con los
presuntos culpables de la falta de motivación por la lectura: la
televisión, en un primer momento, ahora acompañada por internet.
Aunque cueste imaginarlo, la lectura de libros no siempre gozó del
prestigio que aún hoy ostenta. La historia de la lectura en Occidente
muestra derroteros apasionantes que ponen en evidencia su relación con
el poder, con el contexto sociopolítico de cada época. En el libro De
Gutenberg a internet. Una historia social de los medios de comunicación,
Asa Briggs y Peter Burke cuentan que en la Venecia de finales del siglo
XVI –Venecia era el principal centro de edición y comercialización de
libros de Europa en el siglo XV– “un trabajador de la seda fue
denunciado a la Inquisición por «leer todo el tiempo» y un herrero
porque «se pasa la noche entera leyendo»… la lectura era una actividad
peligrosa, sobre todo cuando la practicaban grupos subordinados como las
mujeres y la gente común”. Las lecturas de ficción también eran temidas
porque podían despertar, sobre todo en las mujeres, emociones
peligrosas como el amor. Las pantallas
En nuestras sociedades de múltiples pantallas, evidentemente la
relación de los jóvenes con la lectura está cambiando. Leen otros
textos, en diferentes lugares, con usos distintos. Leen blogs, se
leen/miran en las redes sociales e interpretan símbolos. Los nuevos
libros necesitan hipervínculos, se diseñan para ser leídos en la
computadora o en tablets, se hacen en celulares y algunos se escriben
utilizando el habla-escritura característica de los mensajes de texto.
También se los puede pensar como registros de la actividad oral y
online. “Ahora, cuando decimos que vivimos en una sociedad multicultural
no es por la diversidad de razas, etnias o religiones, sino porque es
una sociedad donde conviven la cultura oral, escrita, audiovisual y la
hipertextual o digital”, enfatiza Roxana Morduchowicz, directora del
Programa de Escuela y Medios del Ministerio de Educación de la Nación.
Las maneras de leer están íntimamente asociadas con los soportes, con
los cambios de formato de los libros. Durante la era de los manuscritos
y en los primeros siglos de la imprenta, se practicaba un tipo de
lectura intensiva. Había pocos libros y estos eran objetos sagrados, a
los que siempre se volvía. A fines del siglo XVIII, con Londres como
gran centro editor que había desplazado a Amsterdam (siglo XVII) y a
Venecia (siglo XV), se produjo lo que algunos historiadores denominaron
una revolución de la lectura, a favor de un tipo de lectura extensiva,
que consistía en hojear, saltar capítulos, consultar diferentes libros
–que ahora eran muchos y diversos– para informarse acerca de un tema en
particular. No es extraño que hoy, ante el crecimiento exponencial de la
información que circula por las redes, una práctica habitual de lectura
sea surfear las pantallas. De todos modos, antes como ahora, y
dependiendo de los objetivos de la lectura, es posible practicar
alternativamente el estilo intensivo y el extensivo. La estructura de
los libros tal como se conocen actualmente fue el resultado de distintos
tipos de operaciones sobre los textos, cada vez más divididos en
capítulos, en párrafos, con notas al margen, sumarios e índices
alfabéticos –y de otros tipos– que ayudaban a los lectores a encontrar
la información que buscaban. Es lo que aún falta desarrollar en relación
con los textos digitales que, en algunos casos, son idénticos a las
páginas de los viejos libros puestas en las pantallas o a los rollos de
la antigüedad, como sucede cuando se hace scrolling. Sociedad de consumo
El contexto más amplio de la revolución de la lectura, con su
epicentro en Londres durante el siglo XVIII, fue lo que Biggs y Burke
denominan el nacimiento de una sociedad de consumo. Se empezó a
comercializar el ocio con, por ejemplo, las carreras de caballos en
Newmarket, los conciertos en Londres, óperas en la Real Academia de
Música, conferencias sobre ciencia en cafés y bailes y fiestas de
máscaras. Y también fueron aceptados los libros de entretenimiento,
desde chistes a novelas, que anteriormente se encontraban con la
resistencia que oponían principalmente los clérigos y los padres de
familia. Hasta ese momento las lecturas aceptadas socialmente estaban
vinculadas con obtener información e instrucción moral.
Un enfoque histórico del libro y las vicisitudes de la lectura puede
ayudar a ampliar la mirada para comprender lo que está ocurriendo hoy
con las nuevas formas de leer.