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jueves, 4 de mayo de 2017

Cinecia, tecnología y ambiente






El bonobo es nuestro pariente más cercano

Una reciente investigación revela que este simio está más estrechamente relacionado al hombre que el chimpancé común

El bonobo es nuestro pariente más cercano
El bonobo habita las selvas húmedas de África Central. (Foto: AP)
Similitudes en el ADN hacían sospechar a los científicos que, de todos los primates que existen, el más cercano al ‘Homo sapiens’ era el bonobo (‘Pan paniscus’) y no el chimpancé común (‘Pan troglodytes’). Ahora, un trabajo de la Universidad George Washington (Estados Unidos) ha confirmado esta cercanía luego de comparar en detalle la anatomía de las tres especies.
El artículo, publicado en la revista “Scientific Reports”, indica que la musculatura de los bonobos está más estrechamente relacionada a la anatomía humana que la de los chimpancés comunes; es decir, que sus músculos han evolucionado menos a partir del antepasado que las tres especies tienen en común.
Los científicos creen que el linaje de los humanos modernos y el que dio lugar a los chimpancés y a los bonobos se dividió hace unos ocho millones de años y que –tras esa separación– los dos últimos empezaron a desarrollar diferentes rasgos y características físicas, incluso permaneciendo geográficamente cerca, cada especie se ubica a una orilla del río Congo.
Para los especialistas existe una evolución en mosaico de las tres especies: algunas características son compartidas por los seres humanos y los bonobos, otras por los humanos y los chimpancés comunes, y otras tantas por las dos especies de simios.
Estudios genéticos previos afirman, por ejemplo, que cada una de las especies de chimpancés –entre las que está el bonobo– comparte alrededor de un 3% de rasgos genéticos con seres humanos que no está presente en las otras especies.
–Cercanía–
Para conseguir estudiar a fondo la musculatura de estos animales en peligro de extinción, los investigadores examinaron a siete ejemplares del zoológico de Amberes (Bélgica) que habían fallecido.
Según los expertos, estos estudios pueden dar lugar a una comprensión más clara de lo que hace a los seres humanos diferentes del resto de primates, lo que llevaría a un mayor entendimiento de la salud humana y abriría la posibilidad a crear nuevos avances para preservarla.
Además de las similitudes anatómicas y genéticas, otros estudios apoyan la cercanía de estos animales con nosotros. Una investigación publicada el año pasado en “Current Biology” descubrió que los bonobos adultos –a medida que envejecen– desarrollan hipermetropía, un error en el enfoque visual que usualmente se manifiesta con una visión borrosa de cerca y que también se presenta en humanos. Esta condición hace más difícil que los bonobos rebusquen pulgas y se acicalen entre sí.
El descubrimiento sugiere –por primera vez– que los cambios en el ojo relacionados al paso del tiempo no han variado mucho desde la divergencia del antepasado común del bonobo y del hombre.
Fuente: www.nmas1.org

lunes, 4 de julio de 2011

Ciencias Sociales



Q´eswachaka tejiendo comunidad

martes, 31 de agosto de 2010

Ciencias Sociales, Religión





ESTUDIOS. Luis Millones
Un diálogo con la muerte
EL ANTROPÓLOGO E HISTORIADOR PERUANO HA ESCRITO UN FASCINANTE LIBRO SOBRE LO QUE PASA DESPUÉS DE QUE FALLECEMOS Y CÓMO LO PROCESAMOS
Por: Gonzalo Galarza Cerf
Martes 31 de Agosto del 2010

Se lo advirtió. Si vas –le dijo el curandero– te va a ir mal y te vas a enfermar. Luis Millones estaba hincando a un viejo sabio tras ganarse su confianza: “Es un cuento que eres un curandero”. Y el viejo cayó: “Tú estás preocupado por el mal, quieres buscarlo, investigarlo, llenarlo de libros sobre el mal. Aquí en Túcume nada. Tienes que ir a Mórrope, allí está la casa del diablo, se llama Casagrande. Es el infierno. No vayas”. Al día siguiente el antropólogo peruano partió junto a su equipo y se encontró con un paisaje áspero: plantas espinosas, árboles raquíticos, alacranes… Aunque después vio dunas blancas: “El sitio es hermosísimo”. Pero cayó la tarde y su chofer le dijo: “Esto en la noche se convierte en la ciudad del demonio”.

La tradición cuenta que a las 6 p.m. esa zona se transforma en una gran ciudad antigua y allí aparecen demonios que han esclavizado sexualmente a los seres que fueron, y hay que huir de eso. Millones no huyó. Exploró Mórrope, Casagrande y Eten (territorio de donde viene su familia) en Lambayeque; Huanta y Carhuahurán, en Ayacucho; y Acobamba, en Huancavelica. Cuatro años de idas y venidas acerca de una reflexión mayor que nace de una pregunta simple: ¿Qué pasa cuando fallecemos?
El resultado es “Después de la muerte. Voces del limbo y el infierno en territorio andino”. El libro fue presentado hace un mes. Antes de que eso ocurriera, su mano derecha Hiroyasu Tomoeda falleció a causa de un cáncer. Un poco antes también, Millones, que dice nunca haberse enfermado nada más que de cosas mínimas, fue llevado al hospital y operado: le colocaron tres ‘by-pass’ en el corazón.
¿Se cumplió la advertencia?
“Era muy extraño. Sobre todo porque yo nunca he tenido operaciones. Pero soy muy frío para pensar en eso”, dice este hombre cuyos temas pilares en su carrera han sido la etnicidad y la religión popular.

Esa leyenda en Casagrande toca el tema de la muerte con el sexual.
¿Siempre se presenta esa relación?
Tiene que ver mucho con la idea de castigo, que apunta a la sexualidad. En el infierno todos los castigos son posibles. Es universal y común asumiendo el parámetro cristiano que empieza con Dante y tiene ramificaciones en las recreaciones del universo cristiano. Y son mucho más mestizas en la costa que en la sierra.
Y está también la celebración del castigo: cuando mueren los niños, por ejemplo.El tema de los niños es la reflexión de la enorme mortalidad infantil que hay en el Perú: ¿cómo procesarla?
Puedo crear un universo en el cual los niños que mueren están tocando en la orquesta de Dios, entonces allí hay un decimista en el pueblo que compone unas décimas en las cuales dice: “Compadre, comadre, ya se murió el niño, no se pongan triste, ustedes dos lo que tienen que hacer es que en lugar de estar triste tengan relaciones sexuales y tengan otro hijo para que esto les dé alegría. Su hijo ya es un angelito en el cielo”. Si uno racionaliza así, puede soportar la idea de que un tercio de todos los niños que nacen en el Perú se mueren antes de los 5 años, y la gente no empiece a suicidarse. O como en Sarhua, la muerte de un niño se celebra con una fiesta donde bailan los padres y la gente fuerza una alegría. Es una tragedia que se procesa a partir de un jolgorio que hace posible que la gente pueda vivir.
Lo fascinante del libro es que pareciera que uno puede cambiar su destino al morir…Es el núcleo del asunto: el infierno carece de eternidad. No existe porque es posible modificarla después de muerto. Y ese es el gran tema de cómo percibimos el más allá: el infierno, el purgatorio y el limbo de por sí se modifican, son instancias de castigo de alguna forma y modificables por la voluntad de uno de los parientes o de la sociedad. Es posible cambiarlo. Básicamente el que está en el otro universo puede modificar su destino. Y esa es la negativa y la sensación de rechazo que debió producir la idea del pecado mortal y la eternidad del infierno.
También se habla de la muerte en relación al paisaje: ¿Cómo han cambiado los escenarios?En Carhuahurán, en los años 40 o 50, el infierno estaba en unas cavernas. Después vino Sendero Luminoso y qué pasó: el infierno se abrió y los demonios salieron. Fuimos hace dos años y ahora los jóvenes trabajan en los cocales, se enferman, regresan y se mueren y ahora el infierno está en la selva. No se trata de que la gente fije mitos eternamente, sino que los procese así.

¿Qué tan consciente ha sido de esa búsqueda de la muerte?Vivía el universo de mi abuela: lleno de fantasmas, aparecidos, condenados, demonios, santos, vírgenes. Y en la universidad fui trastornado por la lectura de Dante, “La Divina Comedia”. El lado académico y mi infancia tuvieron un encuentro explosivo en mi vida. Después fue la influencia de Japón, las reflexiones de mi compañero de ruta (Tomoeda) sobre la vida y la muerte tan diferentes como las había escuchado me hicieron ver que había elegido el tema correcto.