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viernes, 2 de junio de 2017

Ciencia, tecnología y ambiente





Lo que dijo Obama luego de que Trump sacara a EE.UU. del Acuerdo de París

El ex presidente estadounidense hizo público el siguiente comunicado luego de la decisión de Donald Trump


Barack Obama será jefe de redacción de “Wired”


El ex presidente estadounidense, Barack Obama, rechazó la decisión de su sucesor Donald Trump de salir del Acuerdo Climático de París, pero sostuvo que el resto del mundo no detendrá sus esfuerzos contra el calentamiento global.
En un comunicado, el demócrata destacó que el acuerdo fue posible gracias al "liderazgo de Estados Unidos en el escenario mundial" y además, "el sector privado ya escogió un futuro de bajo carbono".

"Y para los países que están comprometidos con este futuro, el Acuerdo de París abrió puertas a empresas, científicos e ingenieros a buscar inversiones e innovaciones tecnológicas de bajo carbono a una escala sin precedentes", añadió.

"Los países que permanecen en el Acuerdo de París serán los que cosecharán los beneficios, con nuevos puestos de trabajo por las industrias creadas" e "incluso con la ausencia del liderazgo estadounidense, incluso cuando este gobierno se une a un puñado que rechazan el futuro, tengo confianza de que nuestros estados, ciudades y empresas saldrán adelante y harán ahora más en liderar el camino y proteger el futuro de generaciones del único planeta que tenemos", insistió.

Trump anunció la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París, pero dijo estar abierto a negociar uno nuevo, que beneficie los intereses de su país.

Fuente: AFP

martes, 10 de abril de 2012

Historia, geografía y economía







Obama tendría que explicar qué entiende por darwinismo social

Por: Christopher Caldwell (*)
Martes 10 de Abril del 2012
Barack Obama y sus adversarios republicanos no han dejado títere con cabeza en sus recientes enfrentamientos políticos, tratando de demostrar a los electores cuál de esos partidos está impidiendo que EE.UU. reduzca su déficit de billones de dólares.
El martes el presidente se salió un poco del sentido de la lógica. Al dirigirse a la American Society of Newspaper Editors sobre el tema del nuevo presupuesto presentado por el presidente del Comité de Presupuesto de la Cámara, Paul Ryan, el señor Obama acusó a los republicanos que lo respaldaron de actuar con un “darwinismo social mal disimulado”.
Hay dos problemas en la lógica del presidente. El primero es que hoy en día casi todo el mundo practica un darwinismo social mal disimulado. Desde que Edward O. Wilson publicara su libro sobre sociobiología en la década del 70, el enfoque darwiniano se ha venido aplicando a las cuestiones sociales en forma creciente e incesante.
Y es razonable que así sea, siempre y cuando uno crea que los seres humanos son animales. Aparentemente, Steven Pinker, Richard Dawkins, Daniel Dennett y sus legiones de lectores así lo creen. El darwinismo se está volviendo casi una llave maestra de las ciencias sociales. Lingüistas, psicólogos, economistas e historiadores recurren al darwinismo, lo raro sería que la moda del darwinismo no permeara también la política.
En la actualidad, Darwin es un punto de referencia en el mundo cotidiano y no científico, como lo fuera Freud. Muchos vendedores de seguros e ingenieros industriales de los años 50 podían explicar razonablemente bien qué era el “complejo de castración”. Las cenas de hoy también son frecuentadas por autodidactas que, por el hecho de haber leído un libro de Jared Diamond, están ávidos por brindar una explicación codificada, según el darwinismo, de por qué todos los chefs son hombres o por qué las estrellas de la televisión son infieles a sus esposas.
Pero la acusación del presidente plantea otro problema mucho mayor: para poder practicar el darwinismo social primero hay que creer en el darwinismo. Es posible que los republicanos sean el único grupo del mundo occidental al cual no entusiasme la teoría evolucionista. El señor Obama así lo ha reconocido. En su discurso al asumir la presidencia en el 2009 prometió “devolverle a la ciencia su justo sitial”. Dos meses después explicó a qué se refería, en un memorándum ejecutivo que resumió de esta manera: “Durante mi gobierno la ideología no volverá a desplazar a la ciencia”.
Obama hablaba de la hostilidad de los republicanos respecto al darwinismo. En Kansas, estado donde nació la madre de Obama, y en otros estados, las leyes han fomentado la enseñanza de distintos tipos de creacionismo en vez de la teoría de la evolución. El candidato presidencial Rick Santorum intentó enmendar la reforma educativa de “que ningún niño se quede atrás” de hace una década, con el fin de incluir incentivos para enseñar “interpretaciones científicas rivales” sobre la evolución. Durante su corta campaña presidencial, el gobernador de Texas, Rick Perry, hablando con un desafortunado niñito de New Hampshire cuya madre le decía entre dientes: “¡Pregúntale porqué no cree en la ciencia!”, describió la evolución como una “teoría que anda por ahí”.
Se puede acusar de muchas cosas al Partido Republicano, pero no de darwinismo.
El origen del error del presidente no es tan remoto. En 1944, el joven historiador Richard Hofstadter escribió un libro fascinante pero algo inexacto, titulado darwinismo social en el pensamiento estadounidense. Ese libro fue el que incorporó el término al lenguaje cotidiano.
Lo que Hofstadter pretendía era demostrar la eficacia del progresismo del New Deal, conocido como el Nuevo Trato, como antídoto contra el capitalismo. También quería demostrar la superioridad de este nuevo progresismo respecto al antiguo, que –considerando el tejido racial de la sociedad como una posible vía al “progreso”– había ido derivando hasta convertirse en eugenesia.
Pero Hofstadter se metió en problemas. Tal como lo escribiera Thomas C. Leonard de la U. de Princeton hace unos años en un extraordinario ensayo, la coincidencia entre la rapacidad calculada de los capitalistas y la insensible crueldad de la selección natural no era tan grande. A Hofstadter no le fue fácil encontrar villanos representativos de esa crueldad.
“No encontré más de un puñado de líderes empresariales o intelectuales estadounidenses que se pudieran considerar ‘darwinistas sociales’”, sostiene el señor Leonard. Los dos apologistas de esa competencia en que sustenta Hofstadter su acusación –Herbert Spencer y William Graham Sumner– a veces actuaron en una forma contraria a la tesis del autor. Spencer no era un darwinista, era más bien un lamarckista.
En realidad el señor Obama quiere acusar a los republicanos del vicio del laisser-faire, y hacer notar que hay algo inusualmente putrefacto en la forma en que lo promueven.
El empleo del término ‘darwinistas sociales’ para referirse a esa otra acepción resulta intelectualmente vergonzoso. El presidente nos recuerda a uno de esos conservadores que, en pleno auge de la teoría crítica hace 15 o 20 años, solía lanzar el epíteto de ‘desconstruccionista’ a toda persona escéptica frente a algún aspecto de cualquier política estadounidense.
El presidente debe decir a qué se refiere con ese término. Leer a la ligera los libros de historia en busca de lecciones en improperios no es nada constructivo. De hecho sería mejor que empezara preparando su propia versión de un presupuesto responsable.
(*) Columnista de política, cultura y asuntos internacionales

jueves, 4 de agosto de 2011

Ciencias Sociales






POLÍTICA ANTIINMIGRATORIA

¿Hispanos contra Obama?

Por: Andrés Oppenheimer Periodista
Jueves 4 de Agosto del 2011
Cuando el presidente Obama habló ante una de las principales organizaciones hispanas días atrás sobre las dificultades que está encontrando en sus esfuerzos por flexibilizar las leyes inmigratorias de este país, muchos en la sala empezaron a corear espontáneamente: ¡Sí, tú puedes! La consigna de la convención anual del Consejo Nacional de la Raza celebrada el lunes en Washington, D.C., un recordatorio irónico del eslogan de la campaña de Obama en el 2008, representó un raro momento de confrontación entre Obama y sus electores hispanos. Obama ganó el 67% del voto hispano en el 2008, y está acostumbrado a recibir una cálida bienvenida de las audiencias latinas.
Muchos hispanos están indignados con las deportaciones de casi un millón de personas implementadas en los últimos tres años bajo el gobierno de Obama. Y no creen al presidente cuando dice que no puede hacer nada para cambiar las leyes inmigratorias, porque los republicanos bloquean todos sus esfuerzos.
Según varios líderes hispanos, a pesar de las posturas antiinmigración de los republicanos en el Congreso, hay muchas cosas que el presidente podría hacer usando la autoridad del Poder Ejecutivo. Por ejemplo, dicen, podría conceder prórrogas a las deportaciones de estudiantes que entren en la universidad o al ejército y que fueron traídos al país por sus padres cuando eran niños. Obama ha apoyado el proyecto de ley Dream Act, que ofrecería una vía de legalización a estos estudiantes, pero este ha sido bloqueado por los republicanos en el Senado.
“Estamos decepcionados de que el presidente no haya hecho más para reducir el alto número de deportaciones”, me dijo la presidenta del CNLR tras el discurso de Obama. “Todos estamos de acuerdo en que hay que deportar a los criminales violentos, pero no creemos que haya que hacerlo con gente que hace una verdadera contribución a este país. No creemos que esa debería ser una prioridad en este momento”.
El mismo día en que Obama hablaba ante el Consejo Nacional de la Raza recibí una llamada del cónsul argentino en Miami, quien me llamó la atención sobre el caso de un estudiante argentino que enfrentaba una deportación inminente. Más tarde, cuando hablé con el joven, Miyen Spinelli, no pude dejar de preguntarme por qué el Gobierno Estadounidense, tan apretado financieramente, está gastando tiempo y dinero en la deportación de buenos estudiantes.
Spinelli, de 23 años, me dijo que no tiene prontuario criminal, que se graduó entre el 15% del mejor promedio de su clase en la escuela secundaria, alcanzó su título en Administración Deportiva en la Universidad de St. Thomas, y se está preparando para hacer su maestría en comercio internacional. Poco antes de graduarse, durante un viaje a Maine para un torneo de fútbol con el equipo de su escuela, el auto en el que viajaba, conducido por un amigo, fue detenido por un policía. No iban a alta velocidad ni habían violado ninguna ley de tránsito. El policía dijo que los había detenido para comprobar la patente de Florida que tenía el auto. “Me pidió mis documentos, y después llamó a la patrulla de fronteras”, me dijo Spinelli. “Me tuvieron seis días en la cárcel y después me entregaron una orden de deportación para el 15 de agosto, y me colocaron un brazalete electrónico en el tobillo”.
Cuando su historia apareció en “The Miami Herald”, el martes 26 de julio, los funcionarios de inmigración le dieron a Spinelli una prórroga de un año de su orden de deportación. Ahora, el joven espera que, en ese lapso, el Dream Act sea aprobado.
Se estima que hay alrededor de 825.000 estudiantes extranjeros en EE.UU. que podrían beneficiarse del Dream Act. La mayoría de ellos llegaron al país a muy temprana edad. Algunos son estudiantes destacados de ciencias e ingeniería, cuyas habilidades el país necesita cada vez más. Otros países como Canadá, Francia, Inglaterra, Alemania o Singapur hacen todos los esfuerzos para concederles visas legales a los mejores estudiantes extranjeros, o a los trabajadores calificados cuyas capacidades necesitan. En Canadá, alrededor del 36% de las visas inmigratorias son concedidas anualmente dentro de la categoría de “visas calificadas”, contra apenas el 6,5% en Estados Unidos, según un estudio reciente de la Brookings Institution.
Mi opinión: Deportar a estudiantes calificados y a voluntarios militares es malgastar el tiempo y el dinero del gobierno, contradice la tradición de EE.UU. de ser un país de inmigrantes, y disminuye su energía creativa en un momento en que otros países aplican políticas inmigratorias destinadas a atraer talentos. Los fanáticos antiinmigración del Partido Republicano están perjudicando al país con su oposición al Dream Act. Pero hasta que recobren el sentido común, Obama debería usar sus poderes ejecutivos para demorar las deportaciones de los estudiantes extranjeros calificados. Como le dijo su audiencia pocos días atrás, ¡Sí, tú puedes!

viernes, 26 de marzo de 2010

Ciencias Sociales








FILOSOFEMAS
Triunfo espectacular del sentido humano de Obama
Por: Francisco Miró Quesada C Filósofo
Viernes 26 de Marzo del 2010
Como ha sido difundido ampliamente por los medios de comunicación, de los múltiples proyectos que el nuevo presidente de Estados Unidos se ha propuesto llevar a cabo para mejorar la situación de los ciudadanos en ese país el prioritario es el del seguro de salud universal.
La ley que acaba de ser aprobada, después de una batalla denodada del presidente, permite que los ciudadanos pobres del país gocen de un seguro gratuito de salud. Además, establece que se elevarán los impuestos a las personas con mayores ingresos y prohíbe prácticas de rechazo a las personas en condiciones médicas preexistentes. La ley cubre, así, todos los casos.
“Es una victoria para el pueblo estadounidense y una victoria del sentido común —agregó en su discurso, vibrante de emoción, tras la aprobación de la ley—, esta no resolverá todos los problemas, pero nos mueve en la dirección correcta”. La medida incide sobre la sexta parte de la economía del país. El seguro de salud permite atender a 32 millones de ciudadanos y, además, otorgar subsidios para que familias modestas puedan tener seguro privado. Se estima que con la aprobación de la ley el 95% de los casi 300 millones de estadounidenses dispondrá de cobertura médica.
La reforma tendrá un costo de US$940.000 millones en diez años y reducirá, en ese mismo período, a US$130.000 millones el déficit estadounidense.
Para comprender bien la lucha que ha dado Obama por el seguro universal de salud, hay que recorrer un poco de historia. El padre de Obama era negro y había nacido en Kenia. Su madre, en cambio, era blanca y de nacionalidad estadounidense. Nació en Hawái y, por eso, es considerado de nacionalidad estadounidense.
Aún niño se trasladó a Estados Unidos y, en el colegio en que estudió, estuvo siempre entre los primeros de su clase hasta que terminó la secundaria.
Los estudios universitarios de Barack Obama fueron extraordinarios. Primero estudió en la Universidad de Columbia, en Nueva York, y cuando terminó su bachillerato se trasladó a Los Ángeles, donde estudió en el Occidental College. Dos años después regresó a la Universidad de Columbia y obtuvo la licenciatura en Ciencia Política, con especialización en Relaciones Internacionales.
En 1998 ingresó a la Escuela de Derecho de la Universidad de Harvard y, en 1991, se graduó summa cum laude que significa, en la tradición de las universidades estadounidenses, el máximo nivel que se puede obtener en una graduación. Obama aspiraba al título de doctor en Jurisprudencia que, naturalmente, le fue concedido.
De todo lo dicho se desprende que Obama tiene una inteligencia superior en grado máximo. Fue además de un tino innato, lo que le permitió salir victorioso en las últimas elecciones a la Presidencia de Estados Unidos, además del enorme prestigio del que gozaba.
Pero la historia es aún más larga. No podemos olvidar que Barack Obama es un afroamericano y que recuerda con horror los sufrimientos de sus hermanos negros durante casi dos siglos. Y el asesinato de Martin Luther King, quien abogaba por una lucha pacífica contra la discriminación.
Por eso Obama sentía compasión y amor por los pobres. Desde que se graduó como doctor en Derecho y al iniciar su gobierno comenzó a luchar por los desamparados; su principal proyecto fue el seguro universal de salud.
Barack Obama es hoy día un símbolo del altruismo y señala el camino que deben seguir los países de nuestro mundo. Desgraciadamente su ejemplo no ha sido escuchado y las guerras fratricidas siguen destrozando a la humanidad. Ojalá llegue alguna vez a prevalecer el profundo humanismo del nuevo presidente de Estados Unidos.

miércoles, 21 de enero de 2009

Ciencias Sociales


El Comercio 21 de enero del 2009

FILOSOFEMAS

Barack Obama: Una revolución sin igual
Por Francisco Miró Quesada Cantuarias. Filósofo

Barack Obama, el nuevo presidente de Estados Unidos de Norteamérica, nació en Honolulu, Hawái, en 1961. Es hijo de un hombre negro, habitante de Kenia, y de una mujer blanca estadounidense. Ayer asumió la Presidencia de Estados Unidos a los 47 años.

La elección de Obama como el presidente 44 de la gran nación del norte ha marcado un hito increíble en la historia de dicho país. Porque Estados Unidos fue un país racista por más de tres siglos y el nuevo presidente es de origen afroamericano. Su elección como el nuevo presidente de Estados Unidos constituye un acontecimiento revolucionario que ha impactado al mundo entero.

Desde que comenzó su carrera hacia la presidencia despertó una enorme simpatía en el mundo occidental. En Inglaterra, Francia y España el entusiasmo por su candidatura llegó a tal extremo que fue calificado como 'obamanía'.

¿Por qué este entusiasmo? Creo que se debe a dos razones: la primera es que la Unión es el país más poderoso del mundo, y la grave crisis económica que está sufriendo ha repercutido en toda Europa Occidental, incluso en Japón y China y está amenazando América Latina.

La segunda es porque la situación mundial se ha tornado angustiosa. Las guerras en Iraq y Afganistán, la amenaza de un conflicto nuclear, han creado un desasosiego general. Barack Obama, a través de toda su trayectoria política, siempre ha estado del lado de la paz y las relaciones internacionales basadas en el respeto mutuo y en la dignidad de los pueblos.

Por otra parte, algunos países europeos han sido extremadamente racistas. Y tal vez, en su subconsciencia colectiva desean liberarse de una culpa que no pueden dejar de reconocer. Pero esto no es todo. Para explicarnos la simpatía mundial por Obama debe tenerse en cuenta, además de todo lo anterior, la carrera intelectual de Obama. Sus estudios de Derecho y de ciencias sociales en las universidades de Harvard y Columbia revelaron una capacidad intelectual extraordinaria. Y, si además de todo, se considera que es un orador eximio, se logra comprender por qué cuando llegó a ser presidente electo, en noviembre del 2008, su triunfo fue arrollador.

Gracias a la televisión, uno de los inventos más notables de la inteligencia humana, pudimos ver la ceremonia en la que Barack Obama asumió el cargo de nuevo presidente de Estados Unidos. Fue realmente grandiosa.

En primer lugar, la inmensa multitud que se congregó en la explanada que queda frente al Capitolio, en Washington, calculada en dos millones de personas, a pesar del intenso frío que aquejaba a la capital; en segundo lugar, todo lo que se realizó antes de la juramentación, música, canto, recitación de un poema, y la gran cantidad de personas invitadas, todo ello contribuyó a darle una gran solemnidad al acto.

Pero lo más impresionante de todo fue el discurso de Barack Obama, después de su elección. El nivel de su oratoria superó el de todos sus discursos anteriores. Fue no solo brillante en la forma, sino diplomático, conciliador y optimista. Reconoció la gravedad de la situación y dijo que enfrentarían "este invierno de nuestras dificultades". Señaló que no podía saber cuánto duraría el proceso de recuperación y expuso algunas de las medidas que adoptará para favorecer al pueblo, sobre todo a los más afectados por la crisis, como disminución de impuestos a los más pobres, universalización del seguro social, y severos castigos para los especuladores.

En pocas palabras, considero una suerte haber visto todo lo que he descrito, entre otros aspectos, la fascinante personalidad del carismático Barack Obama.